Escrito por ECOagricultor*. LQSomos. Abril 2013
Los aditivos son otra componente inseparable del alimento industrializado. Necesidades productivas, comerciales y de conservación, hacen que se utilicen gran cantidad de sustancias químicas en el procesamiento de los alimentos masivos, las cuales aportan significativamente al ensuciamiento cotidiano.
Los conservantes son un buen ejemplo de ello. Estos preservantes de alimentos actúan por inhibición de procesos enzimáticos (fermentación, putrefacción, etc.). Esto, que resulta benéfico para el alimento que debe conservarse en una góndola, una vez ingerido, continúa produciendo inhibición enzimática en nuestro organismo. Esto afecta a la flora intestinal y al hígado, cuyas funciones dependen de las reacciones enzimáticas que los mismos conservantes bloquean.
La prueba de la acción prolongada en el tiempo de estos conservantes, está dada por los problemas detectados en Estados Unidos con la preservación de los cadáveres humanos. Al exhumar féretros de cierto tiempo, los cuerpos se encuentran intactos y deben ser cremados, a causa de la inhibición que generan los conservantes alimentarios sobre los microorganismos encargados de su natural descomposición. Los conservantes utilizados alimentos y bebidas, pueden ocasionar exacerbaciones de asma, dermatitis, alteraciones sanguíneas (metahemoglobinuria) e incluso, ser uno de los factores desencadenantes de problemas vasculares y angioedema [1].