Guadi Calvo*. LQS. Diciembre 2018

El trashul, tridente sagrado del Dios Shiva, el señor de la destrucción y uno de los más venerados del hinduismo, es el símbolo bajo el que se alinea el ultranacionalismo hindú que en estas horas, han llegado a la ciudad santa de Ayodhya

En el norteño estado de Uttar Pradesh, el más poblado de India, con 230 millones de habitantes, población que de ser un país independiente lo convertirían en el quinto más poblado del mundo, después de China, India, Estados Unidos e Indonesia, se está jugando una vez más el delicado equilibrio entre las dos religiones más nutridas de la nación, el hinduismo con un 73% y el islam con casi un 17 % de un total de 1350 millones de habitantes.

Con innumerables, constantes y sangrientos enfrentamientos a lo largo de los casi setenta años de la vida independiente de India, se puede disparar un conflicto de características aterradoras, ya que la “minoría” islámica cuenta, no solo con unos 130 millones de fieles, sino con el respaldo de la República Islámica de Pakistán, que al igual que India, son dos potencias nucleares, que ya han librado tres guerras en disputa por Cachemira, que comparten una frontera de casi 3 mil kilómetros, siempre calientes.

En la constante política anti islámica establecida desde su asunción en 2014, el gobierno del ultra derechista Bharatiya Janata party o partido Popular Hindú (BJP) del Primer Ministro Narendra Modi, que irá por su relección en el próximo mayo, utiliza el sentimiento anti musulmán como una de las banderas más efectivas de su discurso y accionar político (Ver: ¿India, hacia una guerra religiosa?).

Desde su llegada al poder Modi ha intensificado la idea de la “identidad hindú”, reemplazando las divisiones de castas y clases, por exacerbar el odio hacia las minorías religiosas, haciendo foco contra la comunidad musulmana.

Un nuevo episodio se ha librado este domingo 25 de noviembre en la ciudad santa de Ayodhya, un pueblo cercano a los 90 mil habitantes a 700 kilómetros de Nueva Delhi, con una preponderancia hinduista del 93.23% frente al 6.19% musulmán.

Cerca de unos 200 mil hombres del BJP, junto a otras organizaciones afines como el poderoso Vishwa Hindu Parishad o Consejo Mundial Hindú (VHP) y Shiv Sena (Ejército de Shiva) un partido fundado en 1966, además de un nutrido grupo de, kar-sevaks (militantes religiosos), videntes, sadhus (asestas) y ram bhakts (santones) se han reunido en Ayodhya, para reclamar a las autoridades la creación de un templo dedicado a shiri (señor) Ram, el Dios Guerrero, uno de los más venerados del hinduismo cuyo lugar de nacimiento y reinado justamente fue en esa ciudad sagrada y que la mitología marca como epicentro del Ramayana, uno de los textos épicos más emblemáticos y sagrados del culto.

La presencia de los militantes integristas en Ayodhya, es por un largo entredicho religioso que estriba que en el sitio que durante siglos funcionó la mezquita de Babri, fundada por el emperador mogol Babur (1483- 1530) en el año 1528, hasta que fue destruida el domingo 6 de diciembre 1992. Según los hinduistas, la mezquita fue construida, sobre un antiguo templo dedicado al shiri Ram., y donde el integrismo hinduista pretende la reconstrucción de ese templo.

En el ataque y destrucción de la mezquita de Babri, murieron aquel día dieciocho miembros de la comunidad musulmana de Ayodhya, al tiempo que muchas de sus viviendas y tiendas fueron asaltadas y destruidas, junto a casi 200 mezquitas vandalizadas. Aquellos incidentes replicaron en otros lugares del país dejando en pocas horas más de 2 mil muertos musulmanes, elevando la tensión al máximo.
Por entonces el Uttar Pradesh, era gobernado por el BJP, por lo que primer ministro de entonces, Narashima Rao, del Partido del Congreso, destituyó a los primeros ministros provinciales del BJP, prohibiendo al Vishwa Hindu Parashad (VHP) y al Rashtriya Socialist Samaj o Partido Social Nacional (RSS), organización donde militaba Nathuram Godse, el asesino de mahatma Gandhi. Además de las destituciones ordenadas por Rao, se produjeron múltiples encarcelamientos de importantes dirigentes ultraderechistas.

Tras el largo juicio, en septiembre de 2010, un tribunal dictaminó, que el sitio en disputa de 25 hectáreas, debía particionarse en tres, dos para los hindúes y una para los musulmanes. Cuestión que no fue aceptada por ninguna de los dos confesiones, ya que junto a la mezquita funcionaba un cementerio lo que da a los terrenos características sagradas, mientras que el jefe de gobierno de Uttar Pradesh, Yogi Adityanath, monje fundamentalista, prometió la construcción de un templo dedicado a Ram, donde se construirá una estatua de bronce de 223 metros de altura del Dios guerrero. Que se convertirá en la más elevada del mundo, superando a la recién inaugurada “Estatua de la Unidad” en el Estado de Gujarat, en honor al “Hombre de Acero de la India”, Sardar Patel (1875-1950), de 182 metros.

En octubre último, la Corte había postergado, hasta el próximo enero, su dictamen, acerca del destino final de las 25 hectáreas en disputa entre los seguidores de Allah y de Rama. Esa decisión a pocos meses de las elecciones generales ha encolerizado a los fundamentalistas hindúes, por lo que llamaron a la movilización de sus militantes en las cuarenta y cinco jurisdicciones de Uttar Pradesh, centro de lo que se conoce como: “el cordón hindú de India”. Keshav Thackeray, presidente de Shiv Sena, amenazó al gobierno central de Nueva Delhi con “perder el poder si no construye el templo” y Champat Rai el líder del VHP, declaró que el Consejo solo aceptará toda el área para la construcción del templo y que “no considerarían compartir el sitio con los musulmanes”.

A la sombra del trashul

El trashul, tridente sagrado del Dios Shiva, el señor de la destrucción y uno de los más venerados del hinduismo, es el símbolo bajo el que se alinea el ultranacionalismo hindú que en estas horas, han llegado a la ciudad santa de Ayodhya, las multitudes que llegaron en ómnibus y trenes durante todo el sábado, vestidas de azafrán, agitando espadas y gritando “Alabado sea el carnero”, reclamando la construcción del templo de Ram y exhibiendo pancartas con imágenes de la mezquita en el momento que era destruida, en franca provocación a la comunidad musulmana.
Durante la concentración las fuerzas de seguridad han extremado sus controles para evitar los desbordes, aunque la mayoría de los musulmanes de la ciudad optaron por evacuarla durante todo el fin de semana.

Cámaras de video, drones, unos 5 mil policías, un número indeterminado de agentes de civil y comandos de élite han controlado la manifestación hinduista, para impedir que se reproduzcan los hechos del 1992, con un momentáneo éxito, ya que para los días 6 y 18 de diciembre, aniversario de la demolición de la mezquita de Babri, los nacionalistas han anunciado otras dos manifestaciones que estiman convocara a más de medio millón por el templo, nada menos que en Delhi, para presionar tanto al gobierno como a los jueces, del Tribunal Supremo.

El primer ministro Modi, depende de los electores de Uttar Pradesh, que lleva la mayor cantidad de bancas a la cámara baja del Parlamento, que le aportaron los números para la contundente victoria de 2014, por lo que se espera que apoyé con vehemencia las demandas ultranacionalistas para alcanzar la relección, de un lugar donde los Dioses, no tienen memoria y van a repetir las mismas sangrientas experiencias.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
Asia global – LoQueSomos

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