Retos pendientes en Mali después de un año de intervención francesa

Después de un año de intervención en Mali, que ha devuelto a primer plano la creciente tutela francesa sobre sus excolonias, el país afronta todavía importantes retos económicos y de seguridad.

En el plano institucional, todo va bien. Ha habido elecciones. En el plano de la seguridad las cosas son más complicadas», reconoce Suleiman Drabo, analista político del diario «L’Essor». Señala que la intervención ha devuelto cierta seguridad a las regiones de Tombuctú y Gao, pero la activida de grupos yihadistas sigue presente en torno a Kidal, que se ha convertido en una «zona sin ley», a merced de «bandas armadas incontroladas», bien de tuaregs, islamistas y otros.

Ibrahim Boubacar Keita, elegido presidente en las elecciones del pasado verano, en sus propósitos para 2014 presentaba la botella medio llena recordando que hace un año «las tres cuartas partes del país estaban en manos de fuerzas bárbaras, yihadistas y grupúsculos irrendentistas que no han dejado de violar, amputar, flagelar, lapidar y ejecutar».

La crisis comenzó con la revuelta independentista tuareg, que consiguió tomar el territorio de Azawad, en una lucha facilitada por un golpe de Estado en Bamako. Pero, al mismo tiempo, grupos yihadistas aprovecharon para avanzar y expulsaron a los independentistas haciéndose con el control de varias ciudades. Con el Ejército maliense inutilizado, el Estado francés aseguró que intervino entonces para impedir el avance yihadista hacia la capital y el 11 de enero de 2013 el presidente, François Hollande, decidió llevar los soldados al país africano.

Con la operación -bautizada como Serval- logró en menos de un mes recuperar las tres grandes ciudades ocupadas por los yihadistas -Gao, Tombuctú y Kidal- anque en el último caso con una negociación con los tuareg. Al menos fue suficiente para poder presentar unas elecciones que muchos observadores criticaron por precipitadas y aún bajo la amenaza de la inseguridad.

Durante la crisis casi 500.000 personas huyeron para refugiarse al sur del país o en estados vecinos.

Inseguridad, pobreza, represión

Pero a pesar de la intervención francesa, los yihadistas siguen activos, y regularmente se suceden ataques y atentados suicida.

Además, Keita y su gobierno deben afrontar los retos económicos de un país ya extremadamente pobre en 2012 (182 de 187 en la lista de desarrollo humano), esencialmente agrícola, y devastado por dos años de crisis.

«Hay mucha ayuda prometida a Mali, con la condición del progreso institucional En 2014 empezará a llegar, pero la economía local tarda en despegar. Hacen falta inversiones en sectores productivos para relanzar la economía tanto en el norte como en el sur», estima el analista Suleiman Drabo.

La comunidad internacional se comprometió en mayo de 2013 a aportar una ayuda de 3.250 millones de euros a Mali, y Hollande estimó que correspondía «ahora a los malienses respetar sus compromisos para la reconciliación, la seguridad, el Estado de derecho y la buena gobernanza». Condiciones que están lejos de cumplirse. La reconciliación no está ni en sus comienzos. Los tuareg siguen denunciando discriminación, detenciones arbitrarias, torturas y represión; la seguridad está asegurada por las tropas francesas y de la ONU (Minusma), no por las malienses, y la buena gobernanza es algo todavía pendiente de llegar a las costumbres de este país, donde la corrupción se practica a todos los niveles.

París vuelve a África para quedarse

La operación francesa en Mali, y posteriormente la de la República Centroafricana, han hecho que el Estado francés recupere con decisión el papel de gendarme en sus antiguas colonias, protegiendo los grandes intereses de empresas francesas, sobre todo energéticas y mineras.

Desde Bamako el ministro francés de Defensa, Jean-Yves Le Drian, se felicitó del trabajo cumplido en Mali asegurando que el país había sido «liberado» de yihadistas y que el «éxito» francés era «reconocido unánimemente» en la escena internacional», aunque en las últimas semanas, Kidal ha sido objetivo de varios atentados.

Pero el tono de las autoridades francesas cambia sobre la República Centroafricana (RCA), donde un mes después del inicio de la operación Sangaris, la violencia y el caos reinan en la capital, Bangui, y el desarme de las milicias solo se ha quedado en un primer paso. Los 1.600 soldados franceses desplazados no controlan la situación. Su presión ha conseguido, eso sí, que el presidente, Michel Djotodia, deje el poder al que llegó con la rebelión de la coalición Seleka.

En ambos países, París cuenta con 7.000 soldados, con el objetivo de «luchar contra el terrorismo» en el Sahel y «restablecer la estabilidad» en la RCA.

África de nuevo es una prioridad estratégica para París e interviene aunque aparente hacerlo forzado por las circunstancias y bajo criterios humanitarios y de seguridad. Tampoco es ajena la pérdida de influencia y mercados a costa de la creciente presencia china.

Con 5.000 hombres instalados de forma permanente en el continente, el Estado francés dispone de un instrumento de intervención rápida organizado en torno a dos polos principales, Libreville al oeste (940 hombres) y Djibuti al este (2.000), con bases en Chad (950), Senegal (350) y Costa de Marfil (450). Sin olvidar a las fuerzas especiales -estacionadas sobre todo en Níger, donde tiene un alto interés en la seguridad de las minas de uranio de la empresa Areva y donde opera con drones recientemente comprados a Estados Unidos-.

La reducción del contingente en Mali, de los 2.500 hombres actualmente a un millar en primavera obliga a París a adaptar su dispositivo. El Gobierno francés quiere hacer permanente la relación militar con Mali y Le Diran prevé firmar un acuerdo en este sentido la próxima semana en Bamako.

«Estamos en fase de reorganización, de regionalización de nuestra presencia en esta parte de África. Y en esta reorganización, la plataforma de N’Djamena tendrá un rol central, porque tenemos que anticiparnos, disuadir las amenazas que pesan sobre esta región», declaró el ministro en Chad.

El objetivo es aproximar el dispositivo francés a la banda del Sahel, desarrollando puntos de apoyo en el norte de Chad y Níger.

Por otra parte, sus aliados europeos no están dispuestos a prestar un gran apoyo a la hora de enviar tropas, con lo que el Esstado francés se apoya sobre todo en sus aliados africanos.

* Publicado en el diario GARA

 

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