Nigeria: Boko Haram a la hora de votar

Guadi Calvo*. LQS. Febrero 2019

El próximo sábado 16 de febrero, el presidente Buhari, pondrá en juego su reelección frente a un conglomerado de unos veinte candidatos

Boko Haram mantuvo hasta principios de 2015, en el noreste del país un territorio del tamaño de Bélgica, pero desde que el presidente Muhammadu Buhari, asumió su cargo, en cumplimiento de su promesa de campaña de exterminar la guerrilla fundamentalista, que desde 2009, se ha convertido no solo en la pesadilla de los nigerianos sino también de muchos de sus vecinos. Para ello Buhari, ha puesto en marcha la Operación Lafiya Dole, desde mayo de 2016, ha conseguido desalojar gran parte de ese territorio. Reconquistado a sangre y fuego, por las tropas de Ejercito nigeriano, y la Fuerza Multinacional Conjunta o MJTF (Chad, Camerún, y Níger), esta guerra no ha sido siempre limpia y son numerosas las denuncias acerca de violaciones a los Derechos Humanos. Más allá de las acciones por parte de los ejércitos regulares, los 26 mil hombres de la Fuerza de Tarea Conjunta Civil (FTCC) y los Comités Civiles de Vigilancia (CCV) grupos de autodefensas de vecinos, mal entrenados y peor armados, que su improvisación los ha llevado a cometer varios asesinatos de inocentes, mientras que los regulares han sido denunciado de ejecuciones sumarias, secuestros y torturas, cayendo en muchas oportunidades en los excesos de todas guerra sucia, como si alguna, alguna vez hubiera sido limpia.

A consecuencia que el próximo sábado 16 de febrero, el presidente Buhari, pondrá en juego su reelección frente a un conglomerado de unos veinte candidatos y en el actual presidente se acerca al fin de su primer mandato sin haber concretado su promesa de derrotar a Boko Haram, que desde 2009 ha provocado más de 35 mil muertes y un números de desplazados que sobrepasa los cinco millones de almas. En procura de interferir en las elecciones tanto Boko Haram y su desprendimiento de 2016, el Daesh de África Occidental (ISWA), han comenzado a intensificar sus ataques contra bases militares, poblados y ciudades con el fin de desestabilizar al ex general Buhari a pocas semanas de las votaciones.

Según fuentes cercanas a Washington, el plan del ISWA y Boko Haram, para hacer naufragar las elecciones, es darle más intensidad y continuidad a los ataques contra mercados, terminales de ómnibus, hoteles y centros comerciales, para aterrorizar a la sociedad civil y desgastar el acto eleccionario, por lo que se prevé en las próximas semanas una seguidilla de nuevos atentados.

Dado la cantidad de los golpes demoledores sufridos por los wahabitas, y las malas condiciones en que se encuentra muchos de sus frentes, es previsible que la oleada de ataques iniciada en diciembre pasado, se continúe de todavía más sangrienta. Por lo que habrá que preparase para lo peor, sin no logran ser detenidos, por los servicios de inteligencia locales y norteamericanos que operan en el terreno.

De hecho ya son al menos cien los efectivos del Ejército Nigeriano muertos a causa de la intensificación de estos ataques al tiempo que los muyahidines lograron incautar una gran cantidad de armas. Mientras que se mantiene en secreto el número de bajas civiles, en esta nueva campaña de los takfiries, aunque se estima estaría llegando a los 300 muertos.

El último 26 de diciembre el ISWA tomó por algunas horas el cuartel general de la fuerza multinacional en el estado de Borno, próximo a la frontera de Camerún y Chad. La presencia de los muyahidines provocó el desplazamiento de unos 50 mil vecinos de la localidad de Kukawam hacia la de Monguno, todavía con el recuerdo fresco de la matanza de unos 2 mil aldeanos de Baga, el 9 de enero de 2015, a manos de Boko Haram, que prácticamente pasó desapercibido para el mundo muy atento en la masacre de Charlie Hebdo.

Un segundo ataque se produjo a los cuarteles de Kekeno y Monguno, el día 28, provocando todavía más terror en la población, que ha comenzado a movilizarse hacia la frontera con Camerún.

El 13 de enero, fue atacada la base militar cercana a la ciudad de Magumeri en Borno y al día siguiente, fue saltada Rann, cercana a Camerún, en el área Kala Balge, una aldea improvisada, que llegó a albergar a unas 76 mil personas todos provenientes de otros puntos del noroeste nigeriano.
Tras el ataque a Rann, donde fueron asesinados unos 10 civiles, incendiadas las viviendas y saqueadas los locales de alimentos y medicinas ahora, esas 76 mil almas se enfrentan a una crisis alimentaria y sanitaria, ya que los equipos de las agencias de las Naciones Unidas que trabajan en la zona, por razones de seguridad han detenido sus operaciones.

Tres días después de ese ataque, se registró la llegada de unas 8 mil personas a Camerún, mientras se espera que el número alcance los 15 mil. Lo que ha generado la preocupación del gobierno de Yaundé, que habría ordenado operativos de seguridad, para impedir el arribo de más desplazados. Los refugiados llegaron a pie desde Rann hasta Bodo (Camerún) un pueblo fronterizo a siete kilómetros de Rann.
La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (UNOCHA) en Nigeria, ha pedido al gobierno camerunés que no expulse a los recién llegados, ya que no hay manera de recibirlos otra vez en Nigeria.
Los desplazados internos, que ahora tienes estatus de refugiados, han llegado a Camerún en muchos casos solo con lo puesto y en pésimas condiciones físicas y mentales, según las ONGs que trabajan en el lugar, que también declararon carecer de alimentos, agua y atención médica para asistirlos. Según las organizaciones humanitarias que operan en ese sector de la frontera, muchos de ellos permaneces en estado de shock y profundo estado de angustia, dado que la gran mayoría han vivió en varias oportunidades ataques de los integristas. Sin lugar donde guarecerse se han improvisados campamentos a cielo abierto y debajo de los árboles. En 2017, en un campo de refugiados de Rann, un avión de combate atacó por error el lugar asesinando a 200 personas.
El día 16 de enero, ISWA atacó al ejército en la ciudad de Gajiram aunque fueron repelidos después de algunas horas de intensos combates lo que demuestra más allá de la actividad frenética de los insurgentes estas últimas semanas, su capacidad de combate para poder ordenar esta ofensiva, que se intensificara por los menos hasta las elecciones.

Una guerra de múltiples frentes

Si bien tanto Boko Haram, liderado por Abu Bakr Shekau, que hizo su bayat (juramento de fidelidad) a Califa Ibrahim líder del Daesh (Abu Bakr al-Bagdadí) en marzo de 2015, también los hombres del ISWA, son leales a al-Bagdadí, pero la metodología netamente terrorista de Shekau, los obligó a separarse en 2016. Abu Musab al-Barnawi, líder de ISWA, no está de acuerdo con los ataques contra objetivos civiles con carros u hombres bombas y prefiere el combate contra las fuerzas de seguridad, mientras ha sido una característica típica de Shekau, los ataques utilizando suicidas, ya no solo militantes sino, y en muchas oportunidades, mujeres y niños, que son detonados a control remoto en lugares atiborrados de civiles como mercados, procesiones, iglesias, mezquitas y terminales de ómnibus.

Este renovado impulso en los ataques frenéticos de los muyahidines tanto de Boko Haram, como de ISWA, obligará al presidente Buhari a redoblar sus esfuerzos para contener la ofensiva e investigar si detrás de esta campaña sangrienta no están enmascarados interés político de algunos de sus contrincantes electorales ya que la presidencia de Nigeria significa administrar el mayor productor del continente de petróleo y gas. Por lo que Buhari, ya no solo debe guardar por la seguridad de los casi 200 millones de nigerianos, sino también, por su propia sobrevivencia política.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Nigeria: Boko Haram lejos de la derrota

Guadi Calvo*. LQS. Septiembre 2018

El presidente Muhammadu Buhari, realiza una fuerte campaña para incentivar a los desplazados internos, entre un millón y medio y dos, comiencen a retornar a sus lugares de origen para volver a poner en marcha la cadena productiva, prácticamente paralizada en el norte del país, desde que el grupo wahabita intensificó sus acciones

Desde hace dos años, con alguna frecuencia se anuncia la derrota definitiva del grupo terrorista nigeriano Boko Haram, a manos de los efectivos de la Operación Lafiya Dole, que desde mayo de 2016, conforman la Fuerza Multinacional Conjunta (MJTF) compuesta por tropas de Nigeria, Níger, Chad y Camerún.
Aunque según se ve los muyahidines parece no enterarse. Desde este último viernes se registra una gran actividad en el área de Guzamala, en el nordestino estado de Borno, donde una facción escindida de Boko Haram, capturó la ciudad de Gudumbali, donde al menos murieron ocho civiles, después de ocupar y saquear una base militar cercana donde capturaron gran cantidad de armamento, incluso tanques y otros vehículos, mientras lo que no alcanzaron a llevarse ha sido destruido.

El hecho ha vuelto a provocar que más de tres mil de pobladores buscaran refugio en los bosques cercanos. Muchos de los que escaparon se refugiaron en Damasak, a unos 80 kilómetros de la frontera con Níger, mientras que otros huyeron hacia Gajiram, una ciudad ubicada al sur de Gudumbali, donde en un ataque similar en junio último fueron asesinados nueve militares. Los vecinos reportaron que a diferencia de otras oportunidades que la ciudad fue conquistada por los integrista y fueron sometidos a las estricta sharia o ley islámica, fueron alentados a abandonar el área de combates.

El hecho se produce mientras el gobierno del presidente Muhammadu Buhari, realiza una fuerte campaña para incentivar a los desplazados internos, entre un millón y medio y dos, comiencen a retornar a sus lugares de origen para volver a poner en marcha la cadena productiva, prácticamente paralizada en el norte del país, desde que el grupo wahabita intensificó sus acciones, en 2011, provocando cerca de 25 mil muerto y la destrucción de millones sembradíos.
El presidente Buhari, ex militar y presidente de facto entre 1983 y 1985, llegó a la presidencia tras imponerse en las elecciones de 2015, con la promesa fundamental de exterminar el terrorismo, a meses de las nuevas presidenciales, en febrero de 2019, Buhari que aspira a un segundo mandato, sabe que si no logra dar grandes pasos en esa dirección, será muy difícil de poder alcanzar la reelección.

La toma de Gudumbali, se inició el viernes último cuando un número indeterminado de muyahidines, ingresaron a la ciudad en camiones militares perfectamente uniformados y pertrechados, que con artillería pesada atacaron la base militar con una dotación de750 efectivos. Según algunos vecinos el ataque al regimiento habría empezado a las 7:50 pm del viernes y se continuó hasta la madrugada del sábado, cuando las tropas regulares se vieron obligadas a retirarse.

Ataques similares se han producido estas últimas semanas en otras localidades de los estados de Borno y Yobe, que han sido negados por la jefatura, aunque ya se ha advertido a los comandantes de las unidades militares, los graves castigos que podrían sobrevenir si abandonaran sus posiciones frente a la insurgencias wahabita.

Gudumbali, ya había sido tomada en 2014 por los integristas que la mantuvieron bajo su control hasta 2016. En julio pasado el Jefe del Estado Mayor del Ejército, Tukur Buratai, había inaugurado en esta ciudad un cenotafio para recordar el asesinato de 144 soldados en un ataque de terrorista en 2014.
Algunas autoridades civiles del estado de Borno, han sugerido que entre los regulares, habría agentes encubiertos de Boko Haram, como ya se ha observado en situaciones similares, que lograron evitar que lo tropa resistiese con más empeñó, instalando el terror entre los soldados que finalmente se dieron a la fuga.

Los terroristas que participaron de la toma de la ciudad y la base de Gudumbali son miembros de la facción de Boko Haram, liderada por Abu-Mosad al-Barnawi, el nuevo emir del Daesh en África Occidental, luego de haber desplazado de su cargo a Abubakar Shekau, en 2016, quien estaba al mando de la organización desde 2009 y quien en marzo de 2015, había realizado el bayat (juramento de fidelidad) al líder del Daesh, Abu Bakr al-Bagdadí.
La escisión lejos de ser pacifica fue el resultado de largas y sangrientas disputas internas donde se llegaron a asesinar altos mando de la organización que finalmente eclosionó en agosto de 2016, lo que obligó al Daesh, a elegir al-Barnawi como su nuevo emir en ese Wilāyat (provincia del califato).
Volver a los orígenes.

Abu Mus’ab al-Barnawi, quien ha sabido ganarse la gracia del Califa Ibrahim, está dando un giro importante en las acciones militares de la organización, estableciendo el fin de los ataques indiscriminados contra objetivos civiles, en los que han muerto miles de inocentes, preferentemente en mercados y terminales de buses, donde atacantes suicidas, por lo general mujeres y niños, detonados a control remoto, estallaban entre la multitud. En los últimos años de mandato de Abubakar Shekau, prácticamente había desechado los ataques a blancos militares, concentrándose, por su facilidad, en ataques suicidas. Shekau, todavía controla un número importante de la fuerza de Boko Haram, por lo que no se descarta que los ataques contra la población civil se continúen.
Con el liderazgo al-Barnawi, su nueva organización también conocida como Wilayat Gharb Ifriqiya o ISWAP (Provincia de África Occidental del Estado Islámico), parece haber tomado el rumbo original de la organización fundada en la ciudad de Maiduguri en 2002 por Ustaz Mohammed Yusuf, padre de Abu Mus’ab al-Barnawi, conocida como Jama’atu Ahlis Sunna Lidda’awati wal-Jihad, (Comunidad comprometida con la propagación de las enseñanzas del Profeta y la Yihad).

El mullah Yusuf fue asesinado extrajudicialmente por la policía en 2009 después de que ordenó una insurrección armada generalizada en las ciudades del noreste, atacando comisarías, saqueando tiendas e incendiando residencias de funcionarios. El hecho convirtió hasta la entonces secta religiosa para la promoción de wahabismo, financiada por Arabia Saudita, en el movimiento terrorista, más letal del oeste africano que siguió siendo financiada por la familia Saud.
A la muerte del mullah Yusuf, ocupó el cargo de emir Shekau, cambiando el nombre de la organización a Boko Haram en lengua hausa “La educación occidental está prohibida”, mientras que Abu Musab al-Barnawi, fue por años portavoz de la organización y también jefe logístico, quien tuvo a su cargo la responsabilidad de la creación de nuevas redes de aprovisionamiento de armas procedentes de Sudán y otros países africanos, que llegaban con regularidad a Nigeria, atravesando miles de kilómetros desérticos.

La nueva táctica del ISWAP, concentra sus recursos no solo en atacar objetivos militares, presidiendo de asesinar civiles, sino también al modo de la organización chií político-militar libanesa Hezbollah de asistir a las comunidades aisladas proveer de equipos para extracción de agua y provisión de electricidad, además de perseguir y ejecutar a miembros de Boko Haram, aparados en la indefensión de las aldeas, y ejecutar a sus propios combatientes acusados de violar, robar o matar. Además en áreas del norte de Borno, que limita con el lago Chad y que se encuentra bajo control del ISWAP, proporcionan ayuda a los desplazados y préstamos blandos a pequeños productores, táctica también utilizada en un primer momento por Yusuf, para conquistar adeptos.
Ocupar el lugar del estado ausente, generará en el ISWAP, un importante colchón de sostenimiento en las poblaciones que controla, dando un giro político importantísimo frente a la sociedad civil y obligando a las autoridades federales a implementar otros métodos para combatir al ISWAP, fuera de los estrictamente militares.

La guerra de Boko Haram, ha obligado a casi dos millones de nigerianos a refugiarse a las orillas del lago Chad, sumándose a los más de veinte millones de personas que viven en sus riveras, de las que nueve, se encuentran próximos a sobrellevar una crisis alimentaria y sanitaria, dada la escasez de agua en la región, ya que la insurgencia, según estudios de UNICEF, ha dañado el 75% de la infraestructura de agua en el noreste de Nigeria, que alberga a más de 24 millones de personas, lo que ha provocado una reducción drástica de lo que fue el lago más grande del continente pasado de ocupar un área de 25 mil kilómetros cuadrados, en los años 60, con más de 135 especies de peces, a 2500 veinte años después, reducido casi a la nada la fauna ictícola, incrementando las áreas desérticas. La evaporación del lago se debe a una conjunción de distintos efectos como el manejo irresponsable del agua y al cambio climático, que acaba con los pueblos tanto como la guerra.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Las mil vidas de Boko Haram

Guadi Calvo*. LQS. Agosto 2018

Las operaciones militares conjuntas del ejército nigeriano junto a los de países vecinos, el surgimiento de los Comités Civiles de Vigilancia (CCV) grupos de autodefensas de vecinos, por lo general mal armados y peor entrenados, que en más de una oportunidad utilizan su fuerza para ejecutar venganzas y ajustes de cuentas

Con alguna frecuencia, las autoridades nigerianas han dado por derrotado al grupo insurgente Boko Haram, en diciembre de 2015, solo a siete meses de haber asumido el cargo, el presidente Muhammadu Buhari, anunció que: “Boko Haram había sido técnicamente derrotado”, lo que se reiteró el 1 de enero de 2018. Casi de manera calcada el 4 de febrero, pasado el general de división Rogers Nicholas del ejército nigeriano anunció que había “derrotado totalmente la insurgencia de Boko Haram”. Y parecía cierto, el viernes anterior, cientos de militantes se habían rendido mientras otro buen número de ellos escapaban al otro lado de la frontera.

Horas después de este último anunció, la fracción Abu mus’ab al-Barnawi, el joven líder que disputa el poder al mesiánico jefe Abu Bakr Sheakau, del grupo integrista que desde el 2009 provocó más de 30 mil muertes, y 2.5 millones de desplazados, asesinaba nueve soldados, en un asalto al cuartel de Kanama en el estado de Borno. Mientas que al día siguiente, Sheakau, tan alucinado como siempre, en un video advertía: “Tenemos buena salud y nada nos ha sucedido”. Y al parecer no miente.

A pesar de la asfixiante Operación Lafiya Dole, puesta en marcha en mayo de 2016, por el gobierno del presidente Buhari, con la coordinación de la Fuerza Multinacional Conjunta (MJTF) con sede en Yamena (Chad) compuesta por los efectivos de los ejércitos de Nigeria, Níger, Chad y Camerún, que ya ha conseguido abatir a centenares de militantes wahabitas, del grupo Boko Haram, la organización integrista que en marzo de 2015 hizo su bayat o juramento de lealtad al Daesh, sigue golpeando, ahora con intermitencias, pero siempre de manera sanguinaria y efectiva.
El viernes 20 de julio un atacante suicida, se inmoló en una mezquita en el área de Mainari en Konduga, al noreste del estado de Borno, en el primer rezo del día, asesinado a por lo menos ocho personas e hiriendo a cerca de una docena. El atacante habría operado un IED (Dispositivo Explosivo Improvisado) lo suficientemente poderoso como para hacer colapsar al edificio.

El último 17 de julio, un grupo de camiones con carga comercial y custodia militar, fue emboscado en el estado de Borno, cerca de la aldea de Mussini a pocos kilómetros de la frontera con Camerún. Tras forzar a la columna a detenerse y asesinar a nueve choferes, Saquearon la carga y prendieron fuego a los vehículos.
El penúltimo fin de semana de julio, los muyahidines tendieron una nueva emboscada a las tropas del ejército en Bama estado de Borno, al tiempo que ocuparon la base militar de la vecina Yobe, donde procedieron a saquearla y robar armamento.

Diferentes versiones hablan de numerosas bajas producidas a los atacantes mientras se confirma la muerte de una veintena de soldados. El pasado jueves 19, en Chad, en la región del lago, elementos de Boko Haram atacó un pueblo al sur de Dabua, cercana a Níger, degollando a 18 personas, hirieron a dos y secuestraron a diez mujeres. Así todo las autoridades locales informaron a las poblaciones de la región que, “su seguridad está garantizada”, a pesar de las reiteradas emboscadas y atentados suicidas.

Aunque las operaciones militares conjuntas del ejército nigeriano junto a los de países vecinos, el surgimiento de los Comités Civiles de Vigilancia (CCV) grupos de autodefensas de vecinos, por lo general mal armados y peor entrenados, que en más de una oportunidad utilizan su fuerza para ejecutar venganzas y ajustes de cuentas, que poco tienen que ver con las acciones de los terroristas y la implementación por parte del ejército de los Batallion d’intervention rapide (BIR) fuerzas móviles de rápido desplazamiento, no consiguen detener a Boko Haram, que a pesar de haber perdido poder de fuego y respuesta, siguen muy operativos.

La guerrilla integrista en agosto de 2016, sufrió un desprendimiento importante, cuando la jefatura del Daesh, decidió el remplazo de Abu Bakr Shekau, por Abu mus’ab al-Barnawi. Lo que Shekau se negó a aceptar, produciendo un “sisma” en el interior de la organización, más violenta del oeste africano, Estado Islámico de África Occidental (ISWA), al mando de Abu Mus’ab al-Barnawi, según se cree negociando con el gobierno una rendición, que junto a su lugarteniente, Mamman Nur, se ocuparon una importante área del lago Chad, mientras los seguidores de Shekau parece haberse asentado, una vez más, en el bosque de Sambisa

La división no ha debilitado a la organización, muy por lo contrario, ha vuelto a aumentar sus acciones tras casi año y medio de derrotas. En este último junio 43 personas, murieron en una ola de ataques suicidas en la ciudad de Damboa.
Los ataques suicidas contra objetivos civiles o “blandos” como mezquitas, mercados y estaciones de autobuses, en muchos casos llevados a cabo por mujeres o niños, se han convertido en lo más característico de los ataques de la facción dirigida por Shekau.

Sangre en lago del Chad

La región del lago Chad, que comparten fronteras Níger, Chad, Camerún y Nigeria, de muy duras condiciones de vida, donde se han asentado, más de dos millones de desplazados, es de muy poca profundidad, pero tiene un espejo de agua de aproximadamente 1300 kilómetros cuadrados, que desde hace cuarenta años se encuentra en un franco proceso de agotamiento y donde la pesca es cada vez más escasa.

En toda la región del lago la violencia terrorista, sigue en constante aumento desde 2015. Allí pelotones de Boko Haram se han atrincherado en la región, sacando provecho de las vastas extensiones pantanosas de muy difícil acceso, provocando incontables acciones terroristas de diferentes rangos de violencia, ataque y saqueos contra los campos de refugiados, robos, ataques a unidades del ejército y secuestros extorsivos, en 2015 fueron 392, en 2016, se produjeron cerca de 280 operaciones y en 2017, fueron 362 las incursiones wahabitas.

El estado norteño de Borno, y la ciudad de Maiduguri, su capital, han sido otro claro objetivo del terrorismo, donde más de 90 ciudades y pueblos del estado fueron atacados el año pasado, mientras que Maiduguri, se convirtió en el centro urbano con el mayor número de ataques. En su mayoría ataques suicidas, que acumulan casi una 12 mil víctimas mortales desde 2015.

Un elemento fundamental en la conflictividad de la región, es la presencia cada vez más activa de los Estados Unidos, que de manera muy gradual han ido elevando el número de efectivos cerca de 7 mil, en todo el continente, y en menor grado tropa francesas, solo en Níger unos 800 boinas verdes, asisten a las tropas nigerinas, en su lucha contra el terrorismo asentado fundamentalmente en el norte de Mali, militantes a fines a al-Qaeda y al Daesh, que transitan en rutas del desierto entre Mali, Libia y Níger.

El gobierno de Camerún ha reconocido que un número indeterminado de comandos de SEAL, están colaborando con sus cuerpos especiales para luchar contra Boko Haram, un fantasma siempre oportuno.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Nigeria: Boko Haram no se rinde

Guadi Calvo*. LQS. Marzo 2018

Boko Haram, aún cuenta con estructura suficientemente importante como para atacar lugares tan distantes como el norte de Camerún, donde en 2016 produjo 26 y el año pasado 32 ataques; o en la región fronteriza de Diffa, entre Níger y Nigeria, que en 2016 fueron 18, mientras que al año siguiente se constataron solo 7

El ataque del viernes 16 de febrero, en que tres suicidas del grupo Boko Haram, de lo que se cree participaron mujeres, detonaron sus chalecos explosivos en medio de la concurrencia del mercado de pescado de Konduga, a las afueras de Maiduguri, capital del norteño estado de Borno, dejando al menos 22 muertos (algunas fuentes ya hablan de que serían 40 los muertos) y más de 40 heridos, trae una vez más la atención de la prensa internacional sobre el grave conflicto que asuela a Nigeria desde el año 2009 ya ha producido más de 30 mil muertos y casi tres millones de desplazados.

Es relativamente cierto lo declarado en varias oportunidades, desde fines de 2015, por el presidente nigeriano Muhammadu Buhari, sobre la derrota del grupo fundamentalista, que hasta su asunción en mayo de ese año, protagonizó infinidad de matanzas quizás la más importante se produjo en enero de 2015 en la localidad de Baga, también en el estado de Borno, que a lo largo de tres días arrasaron varias aldeas, lo que dejó un saldo cercano a los 2 mil muertos. Aunque disminuido Boko Haram sigue golpeando.

Desde que el general Buhari, asumió su segundo mandato presidencial, las operaciones del ejército nigeriano junto a la Fuerza de Tarea Conjunta Multinacional (MNJTF), compuesta por unidades militares de Benín, Chad, Camerún y Níger, Boko Haram ha recibido innumerables golpes que obligaron a replegarse a los fundamentalistas, perdiendo grandes porciones del territorio que había conquistado frente a la desidia de las fuerzas armadas en conjunto con las fuerzas políticas, a las que se las sospecha que esta guerra contra el terrorismo, ha sido una excelente cuartada para esquilmar las arcas del estado.

Más allá de esas victorias del ejército, la banda liderada por el mediático y estrafalario Abubakar Shekau, quien alguna vez amenazó a Barack Obama con vender como esclavo, suele golpear con fiereza a la población civil, sin impórtale que la enorme mayoría de los muertos son musulmanes. Con la debacle la organización se ha fracturado por lo menos en dos grupos a partir de agosto de 2016.

Este último ataque es uno más de los muchísimos que viene pergeñando con las mismas características, utilizando como atacantes a mujeres, incluso niñas, que disimulan los explosivos en sus burkas, y se infiltran en lugares con aglomeración de personas: mercados, plazas, mezquitas, terminales de buses. Se ha comprobado que en algunas oportunidades esas “atacantes” son detonadas por control remoto. Como los sucedidos en el mercado de Biu, en diciembre último que provocó 13 muertos y 53 heridos, unos días antes con la misma metodología dos mujeres se detonaron en una mezquita de Adamawa, en el noreste del país, en esa oportunidad los muertos fueron 50. En agosto de 2017, 27 personas murieron y otras 80 resultaron heridas, en Mandari, cerca de Mandiguri. La lista que describe esta metodología es tan extensa como la de otras aberraciones que han producido la banda terrorista, a lo largo de su historia.

Tras este último ataque el Jefe del Estado Mayor del Ejército, general Tukur Buratai, ha ordenado la búsqueda y captura, vivo o muerto, de Abubakar Shekau, a las tropas acantonadas, en Camp Zairo, un antiguo Centro de Comando y Control, arrebatado en enero de 2016, tras la operación “Deep Punch II” a los terroristas en el bosque Sambisa, hasta entonces un verdadero santuario para los muyahidines nigerianos, según algunas versiones Shekau tras la pérdida de Sambisa, estaría refugiado en la zona montañosa de Mandara.

Más allá de estar batiéndose en derrota, la milicia que ha jurado bayat (lealtad) al Daesh en marzo de 2015, en 2016 produjo 910 muertos y el año pasado cerca de 1000.

Boko Haram, aún cuenta con estructura suficientemente importante como para atacar lugares tan distantes como el norte de Camerún, donde en 2016 produjo 26 y el año pasado 32 ataques; o en la región fronteriza de Diffa, entre Níger y Nigeria, que en 2016 fueron 18, mientras que al año siguiente se constataron solo 7, en el litoral del lago del Chad, lugar donde se han refugiado la mayoría de los desplazados, la frecuencia es la más baja 2 en 2016 y 3 en 2017. Mientras que en Nigeria los ataques en 2016 fueron 80 y en 2017, 119, de ellos, 59 suicidas.
Se cree que la ofensiva del ejército a lo largo de este año podría llegar a estrangular a la guerrilla takfiristas ya que Washington ha decidido levantar las restricciones para la venta de armas a Abuya, aunque las condiciones norteaméricas aún no han sido aceptadas por parte de Nigeria.
Un frente fracturado, pero activo.

La división en dos líneas de producida en agosto de 2016, hasta ahora no parece haber tenido más consecuencias, que las que venía sufriendo por la embestida del ejército nigeriano, hasta esa fecha, ni mucho menos hay indicios de una guerra interna entre ambas facciones, como muchos habían augurado.
Las disputas entre Abubakar Shekau y el líder de la banda escindida, Abu Musab al-Barnawi, no han sobrepasado hasta ahora, las contradicciones tácticas de ambos líderes. Se espera que dada la situación de la organización, no resuelvan sus pleitos por la vía armada, ya que una guerra interna sería el golpe final para el grupo. Para 2014 se consideraba que la banda contaba entre 15 y 20 mil militantes, mientras que en la actualidad el número ha disminuido en un 50 % y algunos informen dicen que la mayoría de esos milicianos se ha ido con al-Barnawi. Ya que sus estrategias no contemplan el ataque a civiles, lo que ha redundado, no solo en la aceptación de la tropa, sino también en la recuperación del apoyo popular que siempre tuvo la Boko Haram.

Historias de canibalismo forzado, rituales de sangre, violaciones, torturas a los propios militantes, alentados por Shekau, que se desarrollan en los campamentos de Boko Haram se han generalizado en los últimos años, lo que ha hecho que muchos de los hombres de Shekau, decidan desertar e incluso entregarse a las autoridades.

Aunque la derrota de Boko Haram, en este caso se prevé y estos ataques configuren los estertores de una muerte segura, la compleja situación del norte nigeriano, tardará en resolverse, ya que al ser la parte más pobre del país, Nigeria está claramente dividida en dos sectores un norte musulmán y sin grandes recursos económicos y el sur cristiano y con riquísimas explotaciones petroleras y agrícolas que al decir en verdad poco redunda en la población. Esta diferencia sumada a la violencia terrorista del norte que reclama cada vez más recursos financieros para combatirla es lo que está alentado un fuerte movimiento separatista.

Tras la derrota del fundamentalismo, el norte del país necesitara más allá de un proceso de negociaciones y reconciliación, de políticas de inclusión para ciento de miles de jóvenes abandonados de la mano del Estado, lo que dio oportunidad a las mezquitas y madrassas wahabitas financiadas por el Reino Saudita a la formación de terroristas. Incluso son muchos emires del islam nigerianos que se han formado en la Universidad Islámica de Medina en Arabia Saudita.

La guerra pareciera estar cerca del fin, aunque ahora Nigeria deberá vencer los motivos que la han generado, fundamentalmente marginación, exclusión y pobreza, de no ser así Boko Haram, tarde o temprano será invencible.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Nigeria: Boko Haram vive… matando

Guadi Calvo*. LQSomos. Noviembre 2017

Más allá de las declaraciones del presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, a fines del año pasado, sobre que el grupo integrista Boko Haram, (la educación no islámica es pecado) en hausa, una de las 400 lenguas locales, había sido “aplastado”, Boko Haram, vive y vive matando, tras el lanzamiento en mayo de 2016 de la operación Lafiya Dole, en hausa bien hecho.

El martes 21 de noviembre se volvía a registrar un ataque suicida en la ciudad de Mubi, en la región de Adamawa, en una mezquita repleta de fieles, quienes se preparaban para el primero de los cinco rezos o salat a los que obliga el Corán, el salat del alba o fayr. El ataque que dejó por lo menos cincuenta muertos y un número indeterminado de heridos se produjo en el sector masculino, donde se encontraban muchos menores. La particularidad del atentado, responde al modus operandi, que la organización viene practicando, tras las sucesivas derrotas que el ejército nigeriano le está propinando desde el cambio presidencial en mayo de 2015, en que utiliza menores y mujeres como suicidas, en muchos de esos casos detonados a control remoto. En este caso se cree que habrían sido dos los menores suicidas.

La agencia de la ONU para la Infancia (UNICEF) denunció en 2016 el aumento de la utilización de menores de ambos sexos, incluidos bebés, para acciones suicidas de Boko Haram, no solo en Nigeria, sino también en Níger, Camerún y Chad. En 2014 habían sido solo cuatro los ataques de estas características, mientras que en 2015 fueron 56, en 2016 “bajó” a 30 y hasta donde hay registro de este año el número ya habría trepado a 35, según la misma fuente las tres cuartas partes de los menores serían niñas.

Las nuevas políticas antiterroristas han podido desalojar al grupo de los grandes bosques de los Estado de Borno y Adamawa con un territorio similar al tamaño de Bélgica. Durante más de diez años, la organización fundada por el emir Mohammed Yusuf, en 2002, utilizó como cuartel general, donde tenía sus campos de entrenamiento y mantenía cientos de rehenes, por los que cobraba importantes rescates o los obligaban a incorporase a sus filas. Se cree que fue justamente en ese sector donde han mantenido por muchos meses a las 220 alumnas secuestras de una escuela católica en la localidad de Chibok en abril de 2014.

La organización integrista, si bien nació como un grupo religioso, se radicalizó mucho más tras la confusa muerte de Yussuf en 2009 según la comunicación oficial murió en combate, mientras otras fuentes insisten en que fue asesinado en cautiverio, víctima de “la ley de fuga”. Tras la asunción como emir del segundo de Yussuf, Abubakar Shekau, la banda integrista se radicalizó en extremo hasta que en marzo de 2015, juró bayat (lealtad) al califa Ibrahim, (Abu Bakr al-Bagdadí) líder y fundador de Daesh. Pocos meses más tarde, en agosto de ese mismo año, Shekau declaró la creación del califato islámico en el municipio de Gwoza, en el Estado de Borno, donde se cree fue fundado el grupo.

Se estima que las víctimas mortales de Boko Haram rondarían entre las 20 y 25.000 almas y produjo casi tres millones de desplazados, que se encuentran en una situación humanitaria crítica, viviendo en campamentos, que suelen ser blanco de ataques. El grupo ha llegado a operar en países vecinos a Nigeria, como Camerún, Níger, Chad y Beni, cuyos ejércitos han debido conformar una fuerza conjunta para repeler sus acciones.

Este último ataque revela que los wahabita, si bien han sido reducidas sus acciones en muchos sectores de noroeste del país, donde se asienta la mayoría musulmana, se encuentra todavía en condiciones de producir daños de magnitud.

El ataque del pasado martes 21 de noviembre que se produjo a las 5,30 de la madrugada, es el primero que desde que Boko Haram fue expulsado de la ciudad de Mubi a finales del 2014. Y fue llevado a cabo no por acciones de militares, sino por milicias conformadas por un grupo civiles constituidos en muchos sectores del país, para contrarrestar las acciones no solo de los terroristas, sino también del propio ejército que en muchas oportunidades han cometido abusos contra los pobladores civiles y sus propiedades, dejándolos así entre dos fuegos.

Mubi, a 200 kilómetros de Yola, capital de la provincia del Estado de Adamawa, con una población de 130.000 personas se ubica al este del país, próxima a la frontera con Camerún, había sido tomada por los muyahidínes en octubre de 2014, estableciendo la rigurosa ley islámica, conocida como sharia (senda o camino del Islam) y cambiándole en nombre por Madinatul Islam, en lengua árabe Ciudad del Islam.

En los últimos meses, Boko Haram, concentra sus actividades en el extremo norte del Estado de Adamawa, donde se cree tiene su cuartel general en las montañas de Mandara, al este del Estado. Desde allí practica acciones de baja y media intensidad, como el atentado de fines de octubre a las afueras de la ciudad de Maiduguri, capital del estado de Borno, que se saldó con 13 muertos y 18 heridos, que le sirven para mantener la tensión y dar una continuidad a la leyenda de ser la organización fundamentalista más mortífera de África Occidental.

Una guerra inadecuada

A pesar de los ocho años de guerra que el ejército nigeriano contra Boko Haram, todavía no termina de concretarse en una victoria definitiva y por lo visto faltan años para alcanzarla.
Los hombres del ejército nigeriano, que ya han arrebatado 27 áreas que estaban en manos de los terroristas, no solo deben luchar contra una de las organizaciones más letales del mundo, equipadas con armamento de última generación y con un gran entrenamiento, sino que también tienen que enfrentarse a la corrupción imperante de los mandos medios y altos, no solo de las fuerzas armadas sino también del gobierno.

Se sabe que Boko Haram financia su guerra y sus hombres con otros “negocios” como el de dar apoyo armado a los carteles sudamericanos de la droga, que desembarcan su mercadería en el Golfo de Guinea para enviarlas a Europa, tras alcanzar la costa sur del Mediterráneo en Argelia, Túnez y Libia. Y eso mientras que a los hombres del ejército en el frente de combate, se les escamotean los sueldos, el armamento e incluso los víveres y la asistencia sanitaria, algo que obliga a los soldados a endeudarse o ser sostenidos por sus familias. El presidente Baharí, que ha tenido una larga carrera y movida carrera militar llegando a general, llegando a la presidencia tras un golpe de Estado en 1983, lugar del que fue desalojado del mismo modo dos años más tarde, es un perfecto conocedor del estado de semi esclavitud al que son sometidos los soldados, quienes se cobran sus padecimientos a la población civil cada vez que tienen oportunidad.

En una carta anónima que le han hecho llegar, se le informa al presidente que ni siquiera los soldados muertos en combate reciben un entierro adecuado y sus cuerpos son abandonados en los lugares que cayeron.

Desde que asumió a través de unas elecciones el cargo de presidente Buhari, sabía que el primer y más grande problemas del era Boko Haram. Por esa razón había tomado la responsabilidad de atender a la tropa involucrada de manera directa con esa guerra, incrementando el presupuesto militar de 2016 y 2017, mejoras que evidentemente han sido desviadas hacía los bolsones de la corrupción.

El gobierno anterior presidido por Goodluck Jonathan había gastado en 2015 la cantidad de 2100 millones de dólares en la compra de armamento, que nunca llegó a destino, razón por lo que en este momento se están juzgando varios alto funcionarios de Jonathan.

Mientras en 2016, un grupo de viudas de militares muertos en combate contra Boko Haram, denunciaron que sus pensiones no eran pagadas, lo que ha obligado a muchas de ellas a retirar a sus hijos del colegio.

Por otra parte, se ha conocido que cerca de 2.300 hombres, sospechosos de haber pertenecido a la organización terrorista, están siendo enjuiciados desde el mes pasado, a puerta cerrada, sin acceso de familiares y la prensa, por lo que será muy difícil creer en un debido proceso cuando lleguen las condenas. Los primeros 1.670 de los detenidos que fueron a juicio se encuentran en la base militar en Kainji, en el Estado central de Níger. Terminado este primer juicio, le seguirán 651 detenidos en el cuartel Giwa en Maiduguri, capital del Estado de Borno.

Organizaciones humanitarias han denunciado las terribles condiciones de los centros de detención militares y reveló que cerca de 1.200 prisioneros fueron ejecutados extrajudicialmente y otros 7.000 murieron desde 2011, estando bajo custodia de las fuerzas de seguridad. Por eso se cree que el número de miembros de Boko Haram, según agencias occidentales, es de 6.000 hombres, alcanzaría un número mucho mayor en una guerra donde todos viven… matando.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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