Contenedores quemados y malvadas contagiadoras

Cristina Ridruejo*. LQS. Marzo 2021

Todo el mundo sabe que las feministas no vamos a quemar contenedores, para desacreditarnos hacía falta algo equivalente y ya lo tienen: el riesgo de contagio

El patriarcado está encantado con esto del covid. Tienen una excusa perfecta para desacreditar al feminismo e incluso para prohibir su expresión.

Esto es peligroso: 5000 personas en el concierto de Raphael en Madrid

Cuando miles de personas se echaron a la calle indignadas por el encarcelamiento de Pablo Hasél, los medios no hablaron del problema por el que se protestaba, sino de los escasos contenedores quemados. La conclusión que transmitían: los miles de personas que salieron a protestar son «delincuentes antisistema».

Ahora viene el 8M. Pero claro, todo el mundo sabe que las feministas no vamos a quemar contenedores, para desacreditarnos hacía falta algo equivalente y ya lo tienen: el riesgo de contagio.

Este año las convocatorias feministas para el 8M están siendo extremadamente cuidadosas en cuanto a medidas sanitarias: sustitución de las manifestaciones masivas por pequeñas concentraciones o actos en barrios, limitación de la concurrencia, marcas en el suelo para mantener la distancia de seguridad, grandes equipos de vigilancia de las medidas covid.

Podemos trabajar, podemos ir en metro, podemos consumir. Pero no podemos salir al aire libre a protestar. Qué vergüenza de democracia…

Sin embargo, nada de eso importa. Por muy escrupulosas que fueran, el titular manipulador de después ya estaba escrito de antemano («El 8M provoca la cuarta ola de covid») por esos medios que se obtinan en contar su versión de las cosas, ocurran o no. Sin embargo, ahora nos vemos en una situación peor aún: la delegación del gobierno prohíbe todas las concentraciones del 7 y el 8M.

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Estoy esperando que la delegación del gobierno prohíba igualmente ir en metro a hora punta, cenas como la organizada por Pedro J. Ramírez, muchedumbres de compras en la calle Preciados, conciertos multitudinarios en espacios cerrados como el de Raphael. Pero parece que el único foco peligroso somos las feministas.

De nuevo, la misma estrategia que con las protestas con el encarcelamiento de Hasél y con tantas otras protestas: hablar de la movilización en sí y criminalizarla, pero no hablar jamás de por qué se protesta.

En los momentos más crudos de la pandemia miles de mujeres han estado al pie del cañón en primera línea de los servicios esenciales: enfermeras, médicas, limpiadoras, auxiliares en residencias, cuidadoras a domicilio, cajeras en supermercados en tiempos de confinamiento total. Podemos trabajar, podemos ir en metro, podemos consumir. Pero no podemos salir al aire libre a protestar. Qué vergüenza de democracia. Luego se extrañarán de que un día estalle una revolución…

#8M2021 #DiaInternacionalDeLaMujer

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Miembro de Mujeres x la República. Forma parte del colectivo LoQueSomos
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