Criando malvas en Gaza

Criando malvas en Gaza
Malvas en las islas de las autopistas

Por Nònimo Lustre

Porque aflige a la estéril, que no da a luz; y a la viuda nunca hace el bien. A los fuertes arrastra con su poder; se levanta y no cree ni en su propia vida. Dios deja que se sientan seguros y que en ello se apoyen, pero sus ojos están sobre los caminos de ellos. Son ensalzados por un poco, pero desaparecen. Son abatidos y recolectados como malvas. Se marchitan como la cabeza de las espigas (Job 24: 21-24) Pero ahora se ríen de mí los que son en edad más jóvenes que yo, aquellos a cuyos padres yo habría desdeñado poner junto con los perros de mi rebaño. ¿Para qué habría necesitado yo la fuerza de sus manos, si su vigor se había ido de ellos? Por la miseria y el hambre Están anémicos; roen la tierra reseca, la tierra arruinada y desolada. Recogen malvas entre los arbustos y la raíz de la retama para calentarse. Están expulsados de la comunidad y gritan contra ellos como a ladrones (Job 30: 1-5)
Cuentan de un sabio que un día / tan pobre y mísero estaba / que sólo se sustentaba de unas hierbas que cogía. / ¿Habrá otro, entre sí decía, más pobre y triste que yo? / Y cuando el rostro volvió, halló la respuesta viendo / que iba otro sabio cogiendo las hierbas que él arrojó (Ramón de Campoamor, Pequeños poemas)

En 2007, cuando la población de la Franja de Gaza rondaba los 1,5 millones de almas, Dev Weiglass, asesor del entonces primer ministro Ariel Sharon, anunció al mundo el destino que Israel reservaba para los gazatíes: “No les mataremos de hambre pero les vamos a someter a una dieta tan reducida que van a quedar muy delgaditos”.

Desde hace 16 años, los sionistas están cumpliendo ese atroz pronóstico. En este sentido, hace pocos días, pudimos comprobar que los sionistas están obligando a los gazatíes a comer los más contaminados hierbajos -las malvas de las carreteras. Leamos lo que sólo es un suelto periodístico pero que, seguramente, tiene más sustancia de la que los media mainstream atribuyen a un vulgar yuyo que crece en las cunetas: Khubeza, the Wild Plant Palestinians in Gaza Are Foraging for Amid Soaring Hunger and War (06 marzo 2024, en Haaretz) La planta silvestre jubeza, es recolectada en Gaza para ahuyentar la hambruna y la guerra. La jubeza (= malva, mallow, mauve), hierba oportunista que crece silvestre en las cunetas y en los solares urbanos, ha sido para los palestinos, un estacional complemento alimenticio. Pero ahorititica, en pleno genocidio, la inmensa mayoría de los gazatíes de la Franja Norte de Gaza, han sido expulsados de sus casas y de sus tierras. Sólo unos 300.000 habitantes sobreviven in situ. Huelga añadir que debilitados e incluso moribundos por la hambruna, ahorititica, se alimentan de comida podrida, piensos para animales y mascotas y, cada día más veces, de las malvas que crecen incultas en las zanjas urbanas y periurbanas.

Inmediatamente, pasamos a estudiar los escondidos y/o patentes beneficios nutritivos de las malvas. Por ejemplo, ¿qué relación pueden tener las malvas con esos cereales que nos llevan hasta el pan? A este respecto, cf. El pan más antiguo conocido se elaboró en Turquía hace 8.600 años. (La Vanguardia, Barcelona, 07/03/2024) Según esta gacetilla, “la masa redonda y esponjosa [del antiguo pan] que se ha descubierto en la antigua ciudad de Çatalhöyük… Era un pequeño objeto que fue encontrado en el rincón de una estructura que parecía un horno entre los restos de la antigua Çatalhöyük (Turquía), el conjunto urbano más grande y mejor preservado del Neolítico en Oriente Próximo, considerado por algunos historiadores como la primera ciudad del mundo.

Una casa de Çatalhöyük con un horno y una escalera para acceder desde el tejado

Simultáneamente al cotejo de la actualidad periodística, pasamos a observar unos cuantos aspectos caleidoscópicos de las hipotéticas utilización, procesamiento e intríngulis botánica propias de las malvas:

• Sobre la productividad de los hierbajos, arroyos y prados según datos empíricos obtenidos en la comarca de Ganja-Kazakh (Azerbaiján): (cf. Anara Nasirova Ikhtiyar y Farida Verdiyeva Bahram. 2017. Determination of Feed Quality and Mallow Organic Residues; https://doi.org/10.7546/CRABS.2023.05.17)
• Sobre la potencialidad de las malvas para fabricar biogás y metano: (cf. Using the Mixed Culture of Fodder Mallow (Malva verticillata L.) and White Sweet Clover (Melilotus albus Medik.) for Methane Production; en Fermentation 2022, 8(3), 94; https://doi.org/10.3390/fermentation8030094)
• Sobre la eficacia de la ‘mímesis floral’ para mejorar la polinización: (cf. Santiago Benitez-Vieyra, Natalie Hempel de Ibarra, Anna M. Wertlen y Andrea A. Cocucci. 2007. How to look like a mallow: evidence of floral mimicry between Turneraceae and Malvaceae https://doi.org/10.1098/rspb.2007.0588)
• Sobre unos experimentos en laboratorios checos que apenas nos proporcionan datos para el hipotético porvenir de las malvas: (cf. J. Rechka. 1937. The mallow, a forage crop of the future? Krmny slez (malva) pícninoubudoucnosti? State Agric. Exp. Sta., Praha; Ceskoslovensky zemedelec, 1937, Vol. 19, pp. 179-80)
• Un libro de cocina gazatí: (cf. Beyond Hummus and Falafel: Social and Political Aspects of Palestinian Food in Israel by Liora Gvion. Translated by David Wesley and Elana Wesley The Gaza Kitchen: A Palestinian Culinary Journey by Laila El-Haddad and Maggie Schmitt (recension); en Journal of Palestine Studies, Vol. 43: 2 (Winter 2014), https://doi.org/10.1525/jps.2014.43.2.73)

Una vez esbozado un somero -y disperso- caleidoscopio de las malvas, nos preguntamos la relación que pueden tener los hierbajos –la fusca– y las plantas domesticadas/cultivadas. Para empezar, nos preguntamos, ¿surgieron simultáneamente? Para unos autores, los hierbajos (weeds) están presentes en todos los ecosistemas del planeta -menos en los Polos. Aunque sus respectivos comienzos de evoluciones no están suficientemente estudiados, estos investigadores asumen que se desarrollaron simultáneamente, quizá desde que, hace unos 12.000 años, apareció la agricultura. Los oportunistas hierbajos colonizaron exitosamente las áreas intervenidas por el Sapiens. Ejemplo de proto-weeds: en Ohalo II (costa del mar de Galilea, Palestina), un huerto de cazadores y recolectores de hace 23.000 años, tras el examen arqueobotánico de unos 150.000 especímenes en el que cuidadosamente se distinguía entre especies domesticadas y especies no domesticadas, se demostró que, entre más de 140 plantas y de recetas gastronómicas que incluían la molienda del trigo y de la cebada, se encontraron 14 especies de hierbajos. Esta colección supone la más antigua evidencia de que, antes de la agricultura, ya había rastros de las proto-weeds (cf. Snir A, Nadel D, Groman-Yaroslavsi I, Melamed Y, Sternberg M, Bar-Yosef O, et al. 2015. “The Origin of Cultivation and Proto-Weeds, Long Before Neolithic Farming”; en PLoS ONE 10(7), e0131422. doi:10.1371/journal.pone.0131422)

Traducido este paper al presente genocidio, es plausible colegir que los jerarcas sionistas quieren confinar a los gazatíes unos once o doce mil años atrás, cuando los hierbajos evolucionaban al unísono con las plantas ‘útiles’. Sin duda, miles de años de hambruna, conseguirán que se cumpla la profecía del infame Dev Weiglass con la que abrimos este artº y los gazatíes que sobrevivan se queden ‘muy delgaditos’ -ya lo están.

Correlativamente, echamos una ojeada a los biotopos terciados por el Sapiens -i.e., los antropogénicos. Los yuyos evolucionaban ayer y evolucionan hoy. En el caso de los ambientes antropogenizados, suelen seguir tres vías: la colonizadora -los invasores seleccionan semillas y esquejes antes de implantarlos en las tierras robadas-; la darwiniana de la selección natural y la que escoge la selección artificial (hibridación) Como era obvio, las especies silvestres requieren menos cuidados que las domesticadas.

Recolectar la comida en el monte representa una de las menos estudiadas maneras del uso de las plantas silvestres. Aunque el imaginario popular engorda con las truculentas visiones de los ‘humanos primitivos’ cazando animales salvajes, es más cierto que las recientes evidencias arqueológicas y antropológicas apuntan a que estos cavernícolas -las cuevas no son universales, donde no hay caliza, tampoco hay cuevas-, eran más bien vegetarianos -repetimos, por razones obvias, salvo en los Polos (cf. J. M. J. De Wet & J. R. Harlan. 1975. “Weeds and Domesticates: Evolution in the man-made habitat”; en Economic Botany, Vol. 29, pages 99–108)

Otrosí, viviendo en un mundo absolutamente dominado por la agricultura, tendemos a olvidar que los hierbajos fueron cruciales en la evolución tanto de los Sapiens como de los primates; estamos ante un olvido nefasto porque, en el planeta actual, todavía quedan varios pueblos de esos que antes se denominaban cazadores y recolectores -a veces, también llamados forrajeros y hunters and gatherers, por mucho que fueran menos cazadores que recolectores (cf. ibid, ByIvan Crowe. 2004. Cap. The Hunter-Gatherers en The Cultural History of Plants, sir Ghillean Prance y Mark Nesbitt (eds), Routledge; ISBN 0-415-92746-3 y también cf. Andrea Pieroni. 2004. Gathering Food from the Wild, cap. 3 en Prance & Nesbitt, ibid)

Lamentablemente, tras efectuar en 2015 una encuesta de urgencia, el 56% de las aldeas y ciudades de Gaza registró una considerable pérdida de hierbas nativas como la malva, el tomillo y la camomila palestina, ingredientes habituales de la dieta y de la medicina popular gazatí. Asimismo, propiciada por la sobreproducción de escombros urbanos fruto de los bombardeos de la enésima invasión de la Franja, el 48% de esas localidades denunciaron la vertiginosa propagación de roedores (cf. Ahmad Saleh Safi. 2015. 2014 War on Gaza Strip: Participatory Environmental Impact Assessment (Palestinian Environmental NGOs Network – FoE Palestine, Maan Development Center y Heinrich-Böll-Stiftung, eds)

Punto y aparte merecen las malvas urbanas -la inmensa mayoría pueden considerarse tales. Un artículo enfoca el tema desde la geografía crítica del espigueo alimenticio urbano, un complejo compuesto por las especies cultivadas, las silvestres y los desechos de ambas. Teniendo en cuenta la informalidad urbana, la economía y la ecología política, sostienen sus autores que se detectan formas estructurales del Poder, de inclusión/exclusión, de injusticia y de desigualdad capitalista (cf. Flaminia Paddeu. 2019. “Waste, weeds, and wild food. A critical geography of urban food collecting” en EchoGéo, http://journals.openedition.org/echogeo/16623)

Por otro lado, aprovechando al límite su corta historia nacional, los sionistas se vanaglorian de haber sobrevivido con jubeza -muy nutritiva pero sólo si la comen ellos. Por ejemplo, propagandean que, en pleno genocidio de la Primera Nakba (1948), durante el asedio de Jerusalén sus habitantes salieron a los campos a recoger hojas de jubeza, ricas en hierro y vitaminas. La radio sionista instruyó que, para cocinarlas, eran preferibles las jordanas intentando con ese bulo -dirigido exclusivamente a los palestinos- hacer creer ‘al enemigo’, que los judíos se estaban muriendo de hambre y que la victoria mahomética estaba cerca. En este siglo XXI, los nutricionistas sionistas aconsejan a sus feligreses que guisen jubezas para festejar el día de la Independencia israelí.

Etnobotánica infantil

Coda en roman paladino

En la inmarcesible lengua castellana, como referencia a que las malvas crecen en todo tipo de terrenos incluyendo cementerios, la locución verbal criar malvas significa estar muerto y bajo tierra. Ahora bien, si recurrimos a la fuente clásica por antonomasia -el Quijote-, observaremos que Cervantes las menciona una única vez y sólo para subrayar la vieja prosapia cristiana de Sancho: Mirad, Sancho –dijo Sansón–, que los oficios mudan las costumbres, y podría ser que viéndoos gobernador no conociésedes a la madre que os parió. -Eso allá se ha de entender –respondió Sancho– con los que nacieron en las malvas, y no con los que tienen sobre el alma cuatro dedos de enjundia de cristianos viejos, como yo los tengo (cf. Quijote II, cap. 4: Donde Sancho Panza satisface al bachiller Sansón Carrasco)

Tras el Quijote, inquirimos en el elemento paremiológico -vulgo, en los refranes. Pocos hay sobre las malvas y, encima, abusan de una pueril casualidad fonética: Blas, si por malvas vienes, mal vas; Niña, si por malvas vas, mal vas por ese camino; Si te curas con malvas, mal vas.

Panecillos de las malvas

Para finalizar, una delicatessen infantil: los panecillos. Los frutos de las malvas, abundantes y fáciles de recolectar y de comer, han sido uno de los alimentos más utilizados desde la más remota antigüedad, como recoge Plutarco (c. 50-120) en el Banquete de los siete sabios: “junto a otras plantas sencillas y silvestres, portadas al templo como recuerdo y señal del alimento primitivo, había malvas”. Son pequeños frutos discoidales divididos en sectores circulares y cubiertos por los restos del cáliz fácilmente separable del conjunto; por su forma y tamaño, se les describe con variedad de fitónimos: panets (“panecillos”), carabassetes (“calabacines”), coquetes, tomaquetes (“tomatitos”), formatgets (“quesitos”), mançanetes (en el sentido de botones pequeños) Ricos en melibiosa, ofrecen un dulzor tenue, inferior a un tercio del de la sacarosa.

Después de haber consultado todas las referencias anteriores, es obvio que las malvas, con panecillos o sin ellos, no pueden alimentar a los sobrevivientes gazatíes. Obligarles a consumir los hierbajos de las cunetas u hombrillos, representa un genocidio en diferido quizá más cruel que el asesinato en directo. Y sólo un desalmado puede creer que, acordes con las hipócritas intenciones de los sionistas, en los próximos miles de años los palestinos domesticarán las malvas hasta transformarlas en espléndidas fuentes alimenticias.Rafah, paradigma de la hambruna y de la hecatombe, bombardeada entre los farolillos de los buhoneros.

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