Daniel, microrelatos, de Cullá

Cara candao

En Ínsula Barataria, los señores de la porra, las esposas y boqueras infiltraos tendrán absoluta y entera jurisdicción sobre los vasallos para castigar, absolver y perdonar como dictadores, que ya lo dijo su presidente comiendo un palomino en una posada del Camino de Santiago:

– Echaos atrás, compadres, pringaos, teneos por pagados con el sonido de este candao como en ese otro tiempo os tuvisteis por contentos con el olor a fosa común, o astilla santa de garrote vil, que la iglesia católica ha celebrado siempre.

Congreso de mi partido

Mi partido, imitando a los otros partidos que se dan matraca por lugares con sus bolsillos llenos y su calabaza alegre y hueca y que a falta de res comen Burro por carnero, y que dicen que “ la cola para los de la oposición”, se ha reunido en Yepes y en Ocaña, lugares abundantes de vino, aprobando como único punto del Congreso que, en día de elecciones, en vez de ir a votar, irán a retozar pues no hay que consentir a estos otros sus vicios y menos su comezón que ha de rascar el pueblo.

Constitución de los Heveos

Thartac, sobrio como los Asnos y los frailes, rey de los Heveos, de Heba (¡que buenos Asnos hay alli¡), con cabeza de Asno y que figura en Congresos,  Templos y Colegios, firmó una Constitución  en la que hay una página que contiene hasta setenta veces siete Rebuznos que no es poco; y destacando que la leche de Burra es la más medicinal; que las almas de los capitalistas pasan a una raza de Asnos superior; que el origen de la palabra es la de un Asno que habló; y que la instrucción Rebuznal es la que forma en los Burros su talento.

Elefante Real

Un rey, un poco holgazán y licencioso,  que no admitía apelación, se trajo a Moscas, un lugar de León, un elefante del África septentrional que quería regalar a una aldeana viuda para aliviarla de su lamento y duelo por la muerte de su marido y que, ahora, esperaba al Rey para que le diese agua para hierba y buen tempero, porque, antes de matar la vaca el sábado por la tarde, quería decirle con gracia y malicia en la ambigua alusión a otra cosa:

«Mi señor, hay mucha prisa al hígado».

La minga

Como en la faena corta que hacen voluntariamente los trabajadores  en las haciendas de campo los días festivos, frente al edificio u oficina de un ministro minuendo, en la operación aritmética de la sustracción , cantidad que ha de sufrirla, están jugando Mingo Revulgo, español, Juan Toro, inglés, y Diego Buenhombre, francés, cargos y dignidades de muy varias categorías y atribuciones, muy compuestos y ataviados,  a ver quien de los tres, tocándole las bolas al toro de Osborne, fuera capaz de  componer y ataviar su objeto menudo y primoroso para montar la vaca que va por delante de los agentes inmediatos del rey. El rey ya les había dejado dicho:

– Dadle a mi vaca que llegará primero.

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