Diálogo con la avecilla del campo que pasó por Valencia recientemente

– Hola avecilla del campo.

– Hola Kevin. He venido volando, volando y he pasado por Valencia. Vengo horrorizada. Los pobres niños apaleados por los votos de sus papás y sus mamás, quiero decir por la policía enviada con instrucciones orales de darles duro / hasta dejarles el coco maduro. Oh, me ha salido un dístico divino. ¿Te imaginas, Kevin?

– Me lo imagino, poética avecilla, y te digo que cosas así me parecen un magnífico espectáculo. Cosas así hacen que la educación de nuestros chicos y chicas vaya por el mejor de los caminos.

– Te oigo y no me lo puedo creer, amable Kevin, ¿cuánto peor, mejor?, ¿es así como piensas?

– En absoluto, delicada avecilla. Pero, por poner un ejemplo, qué dirías de un estudiante o una estudianta (como diría Baroja o el inolvidable don José Bergamín) que quisiese aprobar sus estudios y se la pasase de juerga, con el gin-tonic en la mano o de pastilleo nocturno a tutiplén? No, no, no, aprender es duro, exige concentración, muchos codos, mucho estudiar, en fin, todos lo sabemos, exige esfuerzo, renuncia; sacrificio, en una palabra. Y la educación respecto al Estado al servicio de financieros, banqueros y multinacionales, la educación respecto al verdadero papel de sus cuerpos policiales encargados de administra la violencia estatal no se imparte con libros ni en los centros de estudio, sino en la calle, luchando por lo que se considera justo y contra lo que se considera injusto, abusivo y canallesco. Tal educación y aprendizaje pasa por la experiencia de la protesta indignada y de la lucha, y esa experiencia nos enfrenta y enfrenta a estos jóvenes con la verdadera cara de sus gobernantes y de su policía. Así se llega al conocimiento y al saber, así ha sido siempre y seguirá siendo. El saber cuesta, pero da satisfacciones, las mejores. La percepción de la policía por parte de nuestros jóvenes está cambiando y va por buen camino, el camino de la realidad real, y no por el de las monsergas de los políticos o de las versiones oficiales.

– Oh, dulce Kevin, yo creía que el saber venía así, como se decía antes, como coser y cantar, por las buenas, diciendo amén, aceptando la autoridad y viendo mucha tele.

– Craso error, avecilla volandera. Y ten cuidado por donde emprendes tu vuelo, video-vigilada estás y si, además de ver, vas y lo cuentas sin atenerte a las citadas versiones oficiales, puedes quedarte sin alas; el último grito en represión son las tijeras corta-alas.

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