Feminismos en el 15-M: un año de resistencia a los ajustes

“La revolución será feminista o no será”: la primavera de 2011, mientras decíamos que no somos mercancía de políticos y banqueros, en las acampadas de todo el Estado español emergían comisiones feministas que proponían otro modelo socioeconómico con perspectiva de género, clase y etnia.

En Madrid, Barcelona, Santiago, Murcia, Zaragoza, Euskalerria, Sevilla, Valencia… los feminismos diversos e independientes se hicieron visibles con estrategias diversas (comisiones temáticas, ubicación en lugares estratégicos de las acampadas, intervenciones puntuales) y un objetivo común: visibilizar el vínculo entre capitalismo y patriarcado, explicar una vez más que la economía productiva y financiera se sostiene con la explotación invisible de millones de mujeres en todo el planeta en el trabajo doméstico, reproductivo y de cuidados, que también vive una crisis profunda por la falta de corresponsabilidad y soluciones colectivas, y de los recursos y los ecosistemas de un planeta cercano al colapso de su sostenibilidad.

Para muchas de nosotras no bastaba con que las mujeres fuéramos visibles y cruciales en las acampadas, como efectivamente sucedió: dinamizando asambleas de miles de personas; facilitando la toma de decisiones; participando y tendiendo puentes en diferentes comisiones y sectores y sosteniendo las plazas desde las comisiones de cocina y salud, desde los hogares que posibilitaron la participación de millones de personas en la toma de las calles. Aunque, como dicen algunas compañeras de @Feminismos_Sol, el 15-M “es feminista, consciente o inconscientemente, porque en su núcleo de propuestas está el poner a las personas en el centro, y comparte planteamientos del feminismo radical: horizontalidad, desjerarquización, asamblearismo, decisión por consenso, restitución de la soberanía popular, exigencia de transparencia y cambios en el sistema de representación” (1), se trataba, según @SetasFeministas, de “seguir dando la matraca como lo hicieron nuestras madres y las madres de nuestras madres, pero esta vez sin regalar nuestra energía a quienes después se olviden de la equidad” (2). Y de explicitar un sujeto político no androcéntrico que supere el paradigma obrerista del siglo XIX (‘los trabajadores’): mujeres, niñ@s, transexuales, madres, transgénero, lesbianas, abuelas, trabajadoras domésticas, precarias, migrantes, paradas, maricas, hombres que construyen una masculinidad liberadora y no dominante, prostitutas, personas con cuerpos diversos no prototípicos, haciendo una revuelta desde y para todas las personas.

Aportando feminismos al 15-M y viceversa

La apuesta de crear comisiones con propuestas y sujetos feministas fue un éxito, pese a las resistencias que Feminismos de la Acampada Obradoiro en Santiago y Feministas Bastardas en Zaragoza vivieron de forma extrema. Con el bagaje de paciencia y perspectiva de siglos de lucha, los feminismos hemos contaminado el 15-M: hemos explicado cómo las mujeres amortiguamos los recortes en la sanidad y educación públicas y las ayudas familiares con más carga de trabajo no asalariado, como las reformas (laboral, de la negociación colectiva, del sistema de pensiones, del régimen especial del trabajo doméstico, la fijación del déficit público en la Constitución) nos señalan el camino de vuelta al hogar para sostener una vida depredada por el capital. Nos hemos articulado con las asambleas de barrio y comisiones temáticas en el 15-J, 19-J, 150, 17-N, 19-F; hemos parado desahucios; hemos apoyado y participado en la huelga general del 29-M, en la campaña contra el recorte neofascista de derechos y libertades, dando apoyo a las miles de personas represaliadas.

Y al mismo tiempo hemos llevado el 15-M a los feminismos. En las plazas confluimos mujeres, lesbianas y trans con propuestas cercanas al feminismo radical, de la diferencia, transfeminista, de la igualdad… Desde diferentes movimientos, orígenes, espacios, edades y clases, fuimos capaces de construir una agenda común y mantenerla el 25-N, el 8-M… y, al mismo tiempo, de abordar debates con posturas divergentes sobre temas, como la prostitución o el uso del velo, que atraviesan el movimiento feminista, desde el respeto, el reconocimiento y el cuidado mutuo.

Un año después, es un buen momento para pensar cómo mantenemos la diversidad, la confluencia, la energía y el compromiso que hemos desplegado en estos doce meses de camino compartido; cómo nos relacionamos con feministas de estructuras partidistas y sindicales que han vuelto a la calle en la fase de oposición y de reflujo de la multitud sin siglas, y cómo afrontamos de forma articulada y unitaria la ofensiva misógina desatada por el PP.

Retos, sostenibilidad, alternativas y futuro

Aunque nos hemos multiplicado, no siempre hemos conseguido que las propuestas feministas fueran transversales y de primer orden en el 15-M: todavía hay grandes dificultades para vincular la demanda de aborto libre y gratuito a la lucha por la sanidad pública, cuando hace más de veinte años que tenemos que pagar para ejercer el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. Somos el 51% del 99%, pero cuesta que el movimiento se sume a acciones contra la ofensiva misógina, por ejemplo, contra una reforma de la ley de aborto y derechos sexuales y reproductivos, que no es sólo “cosa de mujeres” .

Y si analizamos el proceso con visión de género, además de superar la división sexual del trabajo que pervive en los espacios activistas, tenemos el reto de construir un activismo sostenible para todas las personas y compatible con la vida, trascender la lucha de egos y la competencia, el ‘qué verde era mi ghetto’, y asumir que somos interdependientes. Más aún cuando se avecina un auténtico tsunami contra los derechos y las libertades que criminaliza y penaliza la resistencia a los ajustes y supondrá enormes costes económicos y humanos.

Hacer una apuesta real por sumar y confluir como hicimos en mayo de 2011 en plazas y calles. Para defender los derechos. Para intentar superar el capitalismo salvaje, para crear y consolidar alternativas en el trabajo asalariado, doméstico, reproductivo y de cuidados; la soberanía alimentaria; la vivienda; la educación y la salud; la crianza y el envejecimiento dignos; la resolución de precariedades económicas y afectivas y el apoyo mutuo. Para garantizar nuestra supervivencia y la de las generaciones futuras.

O salimos de ésta juntas o no lo haremos. Y para ese viaje nos será muy útil seguir, entre otras huellas, la enseñanza de siglos de relación, confluencia y alianzas de las mujeres y los feminismos.

* Publicado en Pikara magazine

Notas:

1 y 2: R-evolucionando: Feminismos en el 15M (VV.AA., Barcelona, 2012, Icària Editorial).

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