La prostitución, madre de la filosofía

Por Nònimo Lustre. LQSomos.

Diez estampas femíneas en sus collages.
Historia de la mujer occidental: de la mutilación a la esclavización pasando por los magnicidios…

A menudo se ha definido a la prostitución como ‘el oficio más viejo del mundo’. Quizá sea un brillante eslogan, pero sólo es efectivo entre los pueblos patriarcales –o hetero/autoritarios-, no entre los pueblos matriarcales que también los hay, y muchos. Sea como fuere, los sempiternos intentos de la izquierda rutinaria por abolirla, no tienen la menor probabilidad de lograrlo puesto que las policías no permitirían que se evaporaran sus sobresueldos -en metálico y en especie-, ni los chulos dejarían sus ‘pupilas’ (¿) a su libre albedrío. También se opondrían las escasas putas libres –léase, sin proxenetas ni policías guardianes de la moral-, los profesionales de los servicios sociales que verían peligrar sus proyectos de desarrollo ético… y no digamos los puteros cuyas esposas notarían un aumento de la violencia doméstica.

Las hetairas desempeñaron un papel crucial en la Antigua Grecia. Ejemplos: Teódota, musa del estadista Alcibíades; Pitónica, amante del tesorero de Alejandro Magno; Tais, compañera del mismo Alejandro y después de Ptolomeo I; etcétera. O la aquí representada Friné (n. ca. 371 ane), musa del pintor Apeles y del escultor Praxíteles, de quien se escribió “Arde en metal precioso su blancura / veneren, pues les cuesta seso y vidas, / los griegos su pecado y su locura.”

Pero la hetaira griega más famosa fue Aspasia de Mileto, amante del célebre Pericles. A todas ellas se les ha negado su saiduría y su influencia cotidiana, en especial a Aspasia, una científica por méritos propios sin cuya ‘asesoría’ es más que probable que Pericles no hubiera pasado a los anales.

En Roma, la emperatriz Mesalina ha pasado a la Historia con el indeleble baldón de haber sido ninfómana, libidinosa y putísima. Esta tercera esposa de Claudio, se prostituía bajo el mote de Licisca (Mujer Loba; volveremos a encontrar otra Loba) El indemostrable oprobio llegó a propalar que desafió al colosal puterío romano para demostrar que era más lumia que las profesionales –se enfrentó a la famosísima Escila y se dice que Mesalina la superó beneficiándose a más de 25 verracos en una sola noche. Sin llegar a semejantes torneos erótico-crematísticos, pareja calumnia -¿o verdad?- sufrieron la emperatriz Teodora de Bizancio, esposa de Justiniano I y, siglos más tarde, Jeanne-Antoine Poisson, duquesa-marquesa de Pompadour, mecenas de la Enciclopedia de Diderot. En general, todas las mujeres que ostentaron cargos importantes han sido difamadas per omnia secula seculorum.

Durante la II República española, en el drama versificado Prostitución. La vida en las mancebías (Ardavín, 1933), se presenta a las meretrices con unos apodos que, carcomidos por los anglicismos, todavía subsisten: “La Loba [cf. supra] hace solitarios con los naipes, La Montañesa cose un trajecito de niña. Pepa fuma indolente”. Esta obra promete mucho más que ofrece. Excepto un detalle significativo: menos El Chulito, los proxenetas no tienen motes o, como éste, lo tiene en cariñoso diminutivo.

Ilustraciones: En el centro, Portadora de Ofrendas encontrada en 1920 en la tumba de Meketre, dinastía XII, necrópolis de Assasif. Abajo a la izqda., la distinguida prostituta Friné según Henryk Siemiradzki, 1889, Museo Estatal, San Petersburgo. Arriba a la drcha., tragedia en la Ópera ocurrida en 1896, cuando se desplomó una araña sobre el público.

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