Loteras de calle… por Navidad

Loteras de calle… por Navidad

Iñaki Alrui*. LQS. Diciembre 2020

Va por Pilar Sierra Oliva, por sus compañeras.
Durante años llenaron la Puerta de Sol,
con sus voces, con sus mandilones azules,
con su presencia, su constancia…

La Navidad cada vez es más un espectáculo chocarrero que se aleja de aquella tradicional fiesta de amor y paz que nos inculcaron, y que no seré yo quien lo reivindique, ni la de antes ni la de ahora. Artificios luminosos en constante competición, trampantojos por calles y plazas, ciudad de escaparates, un señor de Laponia vestido de forma bufa, un muñeco en un establo que necesita adoración, unos reyes vestidos de oropeles raperos, y por estos lares la rifa cantada y coreografiada conocida como Lotería. Un juego de azar que llena las arcas del estado a cambio de unos pequeños premios en metálico, pequeño en relación con lo recaudado, grande para el afortunado.

En medio de todo siempre hay personas, son parte de la fiesta, son la vida de la ciudad, pasado, presente, futuro.

Lotería, personas… ¿te acuerdas de aquellas vendedoras que llenaban la Puerta de Sol con su griterío coral? ¡El gordo! ¡Para navidad! ¡Para el Niño! ¿Quién se acuerda del pasado en Navidad? Una fecha cargada de obligaciones y falsos compromisos sociales: comidas de empresa, de amigos, familiares, menús desorbitantes, conversaciones para cumplir con hipócritas parabienes, regalos obligados, forzados, encuentros tan familiares como farsantes… ¡Compre! ¡Derroche! Y finja bondad. Este año, de algunas cosas nos libra la pandemia… Y lotería, siempre lotería.

Del párrafo anterior muchas personas se descuelgan, la pobreza y la exclusión obligan, pero hay algo a lo que siempre se agarran quienes naufragan… ¡la lotería! La tabla en medio de la mar que da una esperanza de salvación. Lotería, última llamada para náufragos.

Si yo nombro a Pilar Sierra Oliva, Custodia y María (madre e hija), María Albasan, María Cárdenas, Concepción Ayuso, Visitación Redondas, Rafaela, Matilde, Martina… Estos nombres no dirán nada para quien lea esta nota, y es que ellas son del mundo de las “nadie” que nos contó Galeano, como la mayoría de las personas con las que interactuamos en nuestro día a día.

Pilar nació en 1928 el mismo día que inauguraron la estación de Canfranc, un dato que forma parte de la historia de este país. Pilar también es historia viva.

Formó parte de un grupo de cinco mujeres vendedoras de lotería en la Puerta del Sol, pero antes de eso, de niñas, en época de la República, ya vendían piedras de mechero y banderines con los colores de la tricolor, y antes lo hicieron sus padres, sus abuelos. Puerta de Sol, cruce obligado de caminos del destino y la historia, lugar de loteras, aguadores, castañeras, barquilleros, trileros, carteristas… Lugar de paso y de encuentro, punto de venta.

Buscavidas: formas de ganarse la vida honradamente.

Pilar estuvo muchos años vendiendo en “Doña Manolita” de Gran Vía y su madre vendía en “La Chata” que estaba enfrente, en un quiosquillo. Solo desconectó de la venta durante la infancia de sus hijos, pero cuando tuvieron la edad de llevarlos al colegio, volvió a vender, a lo que había hecho siempre. Pilar vendía en las puertas de los cines y teatros de Gran Vía, allí conoció a muchas artistas y a la farándula de diversas décadas; guarda un recuerdo destacado para Lola Flores, a la que define como generosa y muy cariñosa.

También vendía a las puertas del metro, desde las seis de la madrugada con las heladas hasta las nueve, y con lo sacado a hacer la comida —obligada ama de casa también, definición al multitrabajo ineludible en los 60, 70, 80, 90…—, y luego a Sol, y vuelta a empezar.

Cúmulos de historias vividas, conocer, ver a tanto gentío y vivir la dictadura a pie de calle, en directo, sin que nadie te lo cuente, con tus propios ojos.

De la Puerta de Sol guarda muchas historias: son muchas horas, muchos días, muchos años. Desde conocer a “Billy el niño” y a mucha de la gentuza que andaba por la zona (DGS), a ver cómo entraban sus propios hij@s o los de las compañeras a la Dirección General de Seguridad, apañándoselas también para que les llegara un bocadillo o una manta limpia.

Historias como las que se chuparon en los 80 con su movida, sus cambios… y toda una generación de la juventud que enfermaba entre drogas y acudía a Sol a buscarse la vida, tiempos de mucho sufrimiento. Todas tuvieron hij@s que se engancharon a la heroína, vieron y vivieron cómo lo mejor de sus sueños se les escapaba como agua por las alcantarillas. Mucha batalla, mucho vivido. Entre el cielo y el infierno. Pelear, luchar. Madres. ¡El Gordo! ¡Para Navidad! ¡Para el Niño!

Amistades en todos los lados y siempre respetadas, incluyendo a los cacos de la zona, mucha dignidad de por medio para tocar ahí de cualquier manera.
La calle es lo que da: soci@s, amig@s, apoyo, dolor y también ternuras.

Amigos como el que fue alcalde de la ciudad, Don Enrique, el “Don” es obligado desde el cariño que le guarda. Enrique Tierno Galván fue el que más las ayudó. Le comentaron que no ganaban nada salvo lo que pedían por su cuenta y riesgo, que estaban fuera de la ley y que deberían poder cargar legalmente el 20% de cada décimo para asegurarse su ganancia. Don Enrique les respondió de inmediato que por supuesto, lo legalizó y hasta las sermoneó por no haberlo solicitado antes. Enrique Tierno Galván las quiso mucho, y esa relación fue recíproca.

A partir de esa legalización del beneficio, empezaron a vender con más ganas la lotería. Estas cinco mujeres trabajaban a escote, vendían y luego se repartían las ganancias de ese 20% que les correspondía de cada décimo. Cinco montones iguales en el suelo repartidos en el mismo portal de la calle Arenal, donde una marquesa les dejaba guardar en un bajo los escasos enseres para la venta: la silla de tijera, el cojín, la tabla de los décimos. Cinco montones comunales de igualdad, sin preguntar quien vende más o mejor, cinco montones de socialismo autogestionado sin necesidad de Marx o Proudhon… Pilar Sierra Oliva, Custodia y María (madre e hija), María Albasan, María Cárdenas, Concepción Ayuso, Visitación Redondas, Rafaela, Matilde, Martina… Puerta de Sol, a pie de calle

En Navidad, como pasará ahora en 2020, se vendían miles de décimos, miles de millones para Hacienda, que como buen ministerio nunca se preocupó de cómo se recaudaba, de quién lo hacía y cómo. Mucho dinero siempre a ganar, sin dejar nada para las vendedoras, las inexistentes, ignoradas, las nadie. Vendedoras por la Puerta de Sol, por la Gran Vía, por Cuatro Caminos, en la Glorieta de Bilbao, en cualquier punto neurálgico de la ciudad. ¿Cuánto dinero le dieron a ganar a Hacienda estas mujeres? Lugares de loteras, aguadores, castañeras, barquilleros, trileros, carteristas… Lugares de paso y de encuentro, puntos de venta.

Pilar Sierra Oliva, testigo del paso del tiempo desde la Puerta de Sol, más de medio siglo vendiendo en la calle da para mucho: la proclamación de la República, los desfiles golpistas, la dictadura, las manifestaciones poco antes y después de la muerte del dictador, la transición, la democracia… Del blanco y negro al color, en la calle siempre, en la calle eterna.

Pilar resiste y a sus 92 años sigue siendo una enciclopedia que atesora centenares de recuerdos, de datos, de caras, de vida. Sus compañeras se han ido poco a poco, en silencio, sin decir adiós, lejos de los tumultos navideños de la Puerta de Sol. Seguramente por estas fechas algún periódico se hubiera pasado para entrevistarlas y volverlas a sacar en la prensa como un reducto étnico intemporal con el que rellenar los huecos de la no información. Las imágenes que ilustran esta nota así lo demuestran, loteras de Sol, por Navidad. ¡El Gordo!

Pilar se retiró hace una década, o mejor dicho, la retiraron sus hij@s: ¡hasta aquí ha llegado madre!, se acabó.

La historia de las loteras, las castañeras, son historias de amistad sincera, forjada en la relación diaria, en la supervivencia de la calle como modo de vida. Ellas dejaron de vender, luego vinieron otras por un corto espacio y se acabó. L@s buscavidas de la calle, l@s del trabajo honrado, han desaparecido, afeaban la imagen del centro de una ciudad convertida en escaparate de las grandes empresas, no eran personajes aptos para el parque temático en que se ha convertido Madrid.

Toda una vida de lucha para ganar el pan, y siempre, pasara lo que pasara, Pilar cantando, con la copla en la boca, regalando felicidad. Historias que no deben olvidarse, historias de mujeres como motores para sacar a la familia adelante, para mejorar su entorno. Sagas familiares enteras. Toda la vida allí. Todas amigas de mucha gente, de muchas mujeres de todas partes.

Ahora que nadie habla de ellas, yo he tenido la suerte de poder contarlo, aprenderlo. Llenaron la Puerta de Sol, pero sobre todo llenaron muchas vidas, a las que siempre cuidaron, los grandes corazones no tienen límites de generosidad. ¿Quién se acuerda del pasado en Navidad?

PD: Gracias Anchy por esta historia.

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