Marià Fortuny, el gran orgullo de Reus

Por Aure Farran*. Ara.
Traducido por Leticia Palacios. LQSomos.

Cultivó una figuración preciosista, atenta a los detalles y juegos de luces, plasmada con asombrosa precisión mediante un toque de pincel aparentemente libre y espontáneo

Es el pintor con más proyección internacional del arte ochocentista catalán

De familia menestral, Marià Fortuny (Reus, 1838 – Roma, 1874) es uno de los pintores catalanes de referencia, que saboreó el éxito en vida y que enriqueció su trayectoria y su obra gracias a los viajes por diversos países como Italia, Francia y Marruecos, entre otros. Desde muy joven, animado por su abuelo -modelista y exhibidor de figuras de cera-, asistió a la escuela de dibujo del ayuntamiento y al taller de Domènec Soberano, donde pronto mostró una gran facilidad para el dibujo. “Todos los biógrafos coinciden acertadamente en destacar la importancia del abuelo paterno en los primeros años de la vida de Fortuny y en la formación de su personalidad, creador de un ambiente familiar propicio a las artes”, apunta Albert Arnavat, doctor en historia por la Universitat de Barcelona y gran conocedor de la vida del reusense, que también se formó en la orfebrería y que fue aprendiz en un taller de relojería y joyería, espacios en los que entró en contacto con la minuciosidad que posteriormente caracterizaría su pintura. “Las tres disciplinas que aprendió en su infancia cuando vivía en Reus -talla de madera, dibujo y platería- están en la base de la prodigiosa habilidad técnica de Fortuny”, dice Arnavat.

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El también profesor investigador en la Universidad Técnica del Norte, en Ecuador, apunta: “La obra y también la vida de Marià Fortuny fueron una leyenda en el ámbito artístico desde mediados del siglo XIX hasta bien entrado el XX. Fue un artista polifacético, excelente y magnífico dibujante, acuarelista, pintor y grabador, además de destacar como experto y apasionado coleccionista. Su matrimonio, sus innovaciones artísticas y su éxito en el mercado internacional le aportaron una amplia e importante red de contactos y amistades”. El inmediato éxito internacional que obtuvo en el mercado artístico le hizo muy famoso y eso se tradujo en una altísima cotización de sus obras. Su arte representaría durante muchas décadas el distintivo de una clase social que exhibía orgullosa el privilegio de su posesión.

Arnavat es autor del libro “Fortuny i Reus. La construcció d’un mite”, publicado por Viena Edicions, centrado en la etapa de formación y los primeros éxitos de Marià Fortuny, así como en la relación que mantuvo en este periodo con su ciudad natal, aspectos poco tratados por la historiografía del artista. El historiador reconoce que “a lo largo de estos 175 años de historia, el fenómeno mitificador de Marià Fortuny es abrumador, de una intensidad desmedida”. El fulgurante y contundente triunfo internacional de su pintura, añadido a la muerte prematura e inesperada en el mejor momento de su carrera, comportó una mitificación de la figura del artista sin precedentes. “En vida fue la mejor representación del triunfo artístico internacional y su ascendente fue determinante en toda una generación de pintores -dice Albert Arnavat-. Sin su aportación sería más difícil entender una parte de la pintura europea y norteamericana del último tercio del siglo XIX”. Arnavat lamenta, sin embargo, que a pesar de la importancia de esta aportación, buena parte de la historiografía del arte internacional aún no lo valora como merece: hasta hace pocos años el sesgo de modernidad que ha dominado la interpretación de la pintura ochocentista europea ha perjudicado a Fortuny, que no figura entre los representantes de ninguna de las corrientes modernas representativas del último tercio del siglo XIX .

Proyección internacional

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Así pues, Fortuny llegaría a ser el pintor con más proyección internacional del arte catalán ochocentista. Después de los primeros años en Barcelona y Roma, en 1860, cuando estalló la Guerra de África, la Diputació de Barcelona le encargó pintar escenas de las batallas, época en la que realizó obras costumbristas y obras bélicas como la espectacular “La Batalla de Tetuan”. Se enamoró de la luz de Marruecos y del exotismo de los lugares y la gente, y se convirtió en uno de los máximos representantes del orientalismo en Catalunya. “Sin duda, los tres viajes que realizó a Marruecos cambiaron su manera de pintar. Todo un mundo nuevo se abría ante sus ojos, un mundo que cambió definitivamente su estilo”, reflexiona Arnavat.
En 1861, de vuelta en Barcelona, tiene la oportunidad de viajar por Europa y visitar los museos más importantes, pero poco después solicita volver a Marruecos, donde hace una serie de pinturas costumbristas. Al volver, continúa viajando y agrandando su leyenda, pasando por Roma, París, Madrid -donde supuestamente se inspiró para uno de los cuadros que le hará mundialmente conocido, “La Vicaría”-, Sevilla, Granada, Nápoles o Londres.

Una relación peculiar con su ciudad natal

El hecho de que Fortuny fuera el primer artista catalán de fama internacional ha hecho que su nombre sea permanentemente rememorado en su ciudad natal. Reus, a la que entregó literalmente el corazón, lo recuerda con monumentos, escuelas, exposiciones, libros, conferencias, homenajes y galardones artísticos. Y también está presente en el nombre de diversos espacios urbanos. Pero, como apunta Albert Arnavat, “su relación con la toponimia local ha sido tempestuosa y durante décadas los intentos de cambiar los nombres de algunas calles y llamarlas Fortuny no cuajaron, ya que las propuestas eran poco afortunadas al intentar sustituir nomenclaturas fuertemente arraigadas a la tradición local. La gran admiración por Fortuny tampoco consiguió concretarse en un monumento hasta 65 años después de su muerte”. Por contra, como señala y documenta Arnavat en su libro, un aspecto tabú de esta relación entre Fortuny y Reus es que “se puede detectar una cierta desafección del pintor hacia los reusenses -a excepción de la familia y de la docena de buenos amigos que tenía allí-, que se manifestó en diversos momentos de su vida”. Ni su esposa ni su hijo, por ejemplo, quisieron ir nunca a la ciudad, que él visitó por última vez en 1863.

* Nota original: Marià Fortuny, el gran orgull de Reus
Traducido para LoQueSomos por Leticia Palacios

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