Recesión global y colas de hambre en el mundo: la ganancia o la vida

Por Paula Giménez* y Matías Caciabue*. LQSomos.

El dato obliga a la pregunta: ¿Cómo es posible habitar un mundo hambriento cuando la Ciencia y la Tecnología gozan de tales grados de desarrollo?

En las últimas semanas las imágenes han recorrido el mundo: largas colas en Londres, en España y en Milán frente a instituciones de caridad para acceder a un plato de comida y manifestaciones en Viena, para exigir baja de los precios de energía, combustibles, alimentos y aumento del salario mínimo.

El hambre, un flagelo bastante común en los países del llamado “tercer mundo”, ha llegado al corazón de las economías más potentes y revela con esto el grado de descomposición sistémico, cuando las poblaciones que habitan los países del otrora centro geopolítico, van quedando condenadas a vivir como en lo que ellos mismos, desde sus academias bautizaron como la periferia.

De acuerdo con datos publicados por organismos oficiales de España y Alemania, el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social creció hasta 27,8% en España y 16,6% en Alemania durante 2021, donde 13,8 millones de personas viven bajo el límite de la pobreza.

Según el último informe de seguridad alimentaria del Banco Mundial, actualizado a mediados de este mes, “el 93,3% de los países de ingresos bajos, el 90,9 % de los países de ingresos medianos bajos y el 93% de los países de ingresos medianos altos han registrado niveles de inflación superiores al 5%”. Pero lo que más preocupa es que el aumento en el precio de los alimentos es aún mayor que la inflación, y afecta con más fuerza a los países con menores ingresos. Para ejemplificarlo, el informe toma el índice de precios de algunos productos agrícolas, que refleja que “los precios del trigo, el maíz y el arroz son un 17%, un 29% y un 6% más altos, respectivamente, que en septiembre de 2021”.

La FAO, prevé que casi 670 millones de personas (el 8% de la población mundial) seguirán pasando hambre en 2030, aun teniendo en cuenta una recuperación económica global. Se trata de una cifra similar a la de 2015, cuando se estableció el objetivo de acabar con el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición para finales de esta década en el marco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Grandes objetivos y narrativas que se encuentran materialmente cada vez más alejados de la realidad cotidiana de millones de seres humanos que sobreviven en condiciones poco dignas.

El dato proporcionado por la FAO nos muestra que la inseguridad alimentaria crece en un mundo en el que el año pasado se registraba, según Forbes, una “explosión” de multimillonarios. Para el 2021, 2.755 personas acumularon una fortuna estimada en 13,1 billones de dólares, por encima de los ocho billones de la lista de 2020, con la estimación de que un 86% de ellos mejoró su estatus financiero en medio de la crisis del coronavirus.

En términos más sencillos, estos números son reflejo de un sistema en el que cada vez hay menos personas que concentran una cantidad cada vez mayor de riquezas, al tiempo que una enorme y creciente masa de la población vive cada vez en condiciones más miserables.

Economías frías prometen un crudo invierno

El invierno se acerca en el hemisferio norte y al dato del aumento de la población que no logra procurarse diariamente un plato balanceado de comida, se suma el aumento de los precios de la energía, que promete que los meses más fríos serán difíciles de atravesar. Un video que se volvió viral semanas atrás, refleja cómo la inseguridad energética de las y los europeos, en muchos casos quedará librada a un golpe de suerte: el programa televisivo inglés «This morning», sorteaba el pago de las facturas de luz hasta fin de año. Con el subsidio estatal, cuyo porcentaje varía según el país pero que existe en todos los casos, evidentemente no alcanza.


Las protestas por el aumento de los precios de la energía también se están multiplicando, y las imágenes de las quemas masivas de facturas de luz y gas en Escocia o Italia se convierten en un claro ejemplo de ello.

En un análisis publicado este mes por la revista digital española Contexto y Acción, se explica cómo el conflicto entre Rusia y Ucrania, si bien incide, no es el único factor que explica el aumento de precios en la energía. El mercado energético y la subida desmedida de los precios, están siendo alterados por la especulación. “El precio de las materias primas, gas y petróleo se establece de acuerdo con los mercados en los que se compran y venden títulos de futuros, que representan petróleo o gas natural, e incluso así se negocia la compraventa de derechos de emisión para contaminar el planeta, del mismo modo que se invierte en acciones o bonos públicos. Solo hay que hacerse con ellos, esperar o contribuir a que suban y venderlos con la correspondiente plusvalía”, expresa el medio en su editorial.

Por otro lado, la inflación, aunque influenciada en algunos sectores económicos por la guerra en Ucrania, es un fenómeno que ya sufría el mundo antes de la operación militar rusa, y que cuyo principal origen se encuentra en la inyección de dinero más grande de la historia, encabezada por la Reserva Federal de los Estados Unidos, como respuesta a la pandemia, la cual benefició principalmente a un puñado de actores en un sistema financiero que encontró masas de “dinero gratis” para el juego especulativo.

La salida de este período de flexibilización cuantitativa y la inauguración del período de suba de tasas de interés, se encontró con el conflicto armado entre Rusia y la OTAN y sus consecuencias económicas. Esta semana, la FED volvió a subir la tasa de interés en 75 puntos básicos, siendo ésta la cuarta suba consecutiva, cuando la anterior había roto ya un récord vigente desde 1994.

Las subidas de tasas de interés que están llevando adelante los bancos centrales del mundo buscan enfriar la economía y ponen cada vez más en agenda el riesgo de recesión mundial. Además, la suba de tasas de la FED afecta principalmente a los países llamados “emergentes”, ya que los dólares invertidos en ellos emprenden su viaje de regreso a los Estados Unidos incentivados por las cada vez más altas tasas de interés. ¿Para qué producir, si se puede especular? sería la pregunta que rápidamente se responden los conglomerados corporativos desplegados en red en todo el globo, en favor del casino financiero.

A fines de julio el Fondo Monetario Internacional presentaba su actualización de Perspectivas de la economía mundial. Pierre-Olivier Gourinchas, economista jefe del FMI, escribió: “el mundo pronto podría estar al borde de una recesión mundial, solo dos años después de la última” y vaticinó un panorama para la economía mundial «cada vez más sombrío». El especialista afirmó que bajo este escenario, “la zona del euro experimentará un crecimiento cercano a cero el próximo año, con efectos colaterales negativos para el resto del mundo”.

Un diagnóstico similar, arrojó el Banco Mundial, hace pocas semanas en un estudio en el que calculó un incremento de las tasas monetarias hasta un promedio de 4% entre este año y el 2023 –un aumento de más de 2 puntos porcentuales sobre el promedio de 2021. El organismo estimó que la inflación mundial, sin incluir el componente energético, se mantendría alrededor del 5% anual en 2023 y recomendó que los bancos centrales aumenten sus tasas en dos puntos porcentuales adicionales, en caso de que no se solucione la cuestión del suministro energético. Bajo estas previsiones, el crecimiento del Producto Bruto Mundial se reduciría al 0,5% lo que técnicamente implica, para el Banco Mundial, una recesión global.

En Estados Unidos, donde los precios de los alimentos ya acumulan una cifra inédita desde 1979, del 11,4% de aumentos este año, el ex secretario de Trabajo de Bill Clinton, Robert Reich, opinó en un News Letter que publica periódicamente, sobre el impacto de la inflación y el aumento de tasas. Según Reich, el costo no lo pagarán los ejecutivos corporativos, Wall Street o la clase media alta sino los trabajadores con salarios más bajos. De acuerdo con el renombrado economista, “a medida que la economía se enfríe debido a las subas de tasas de interés, estos trabajadores serán los primeros en ser despedidos cuando la economía se desplome y los últimos en ser contratados».

Mientras, los más ricos viajan a la luna

El 20 de julio del año pasado, Jeff Bezos, por entonces el hombre más rico del planeta, viajaba al espacio durante 11 minutos junto a su hermano y dos personas más, 9 días después de que el multimillonario Richard Branson hiciera lo mismo en un viaje de 9 horas. Una de las personas que iba a viajar con Bezos, y que había pagado 28 millones de dólares por su pasaje, finalmente no fue “por problemas de agenda”. La carrera entre Bezos y Branson, a la que en ocasiones se quiso sumar Elon Musk, es por conquistar el mercado del “turismo espacial”, que según el banco suizo UBS, podría valer 3.000 millones de dólares anuales en una década.

El dato, en el contexto antes planteado, obliga a la pregunta: ¿Cómo es posible habitar un mundo hambriento cuando la Ciencia y la Tecnología gozan de tales grados de desarrollo?

Parecería que detrás de los números, proyecciones estadísticas y porcentajes no hubiera vidas humanas en juego. Cuando economistas o cualquier especialista en estos temas se refieren a la recesión global, deberíamos pensar inmediatamente en el acceso o la marginación de enormes porciones de la humanidad, a los derechos fundamentales que son cada vez menos universales.

La crisis estructural del capitalismo, con su polarización abismal entre quienes acaparan la riqueza socialmente producida y quienes la producimos sin poder gozar de ella, ni del tiempo disponible que genera el desarrollo científico tecnológico, barre con cualquier retórica de organismos internacionales y “filántropos” sin patria.

* Cacciabue es licenciado en Ciencia Política y Secretario General de la Universidad de la Defensa Nacional, UNDEF en Argentina. Giménzs es Licenciada en Psicología y Magister en Seguridad y Defensa de la Nación y en Seguridad Internacional y Estudios Estratégicos. Ambos son Investigadores del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

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