Una reedición especial: “Atom Heart Mother” de Pink Floyd

Una reedición especial: “Atom Heart Mother” de Pink Floyd

Por Mariano Muniesa

Probablemente el mejor momento para haber sacado esta nueva reedición especial para coleccionistas de “Atom Heart Mother” de Pink Floyd hubiera sido 2020, con motivo de su 50 aniversario, pero aunque nos parezca ahora ya difícil de recordar, en plena pandemia todo estaba en el filo de la navaja, muy especialmente el mundo de la música, que se quedó de un día para otro sin actuaciones en directo, giras ni festivales

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Por ello no debe sorprendernos que sea ahora, con la industria musical –o lo que quede de ella– más o menos de vuelta a la normalidad, que sea ahora, a mediados del mes de diciembre 2023, cuando se ha lanzado finalmente esta edición especial de este controvertido disco de Pink Floyd, al que en España se llamó durante muchos años “el disco de la vaca”. En este aspecto, vamos con retraso con respecto al mercado japonés; esta reedición se puso en circulación en el país asiático en 2021.

Como es habitual en este tipo de relanzamientos, además de la remasterización de los temas originales del disco y su presentación en CD y LP contiene una serie de extras como siempre en estos casos, pensados a la medida del fan más acérrimo de Pink Floyd, como por ejemplo el vídeo extra de tres minutos con imágenes del festival Hakone Aphrodite, en cuyo escenario Pink Floyd actuaron por primera vez en Japón en agosto de 1971, un libro de fotografías de 60 páginas y diferente memorabilia de recuerdos del festival, incluido un cartel, réplicas de las entradas al concierto, un folleto y un mapa del lugar y sobre todo, un documento excepcional al que solo se había tenido acceso en el mercado bootleg: un Blu-ray que contiene un fragmento de unos 20 minutos aproximadamente del concierto de Pink Floyd en ese peculiar festival japonés tocando la canción que daba título al disco. Esta grabación anteriormente solo estuvo disponible en el costoso box-set “Early Years”, editado solamente en Estados Unidos. El primer disco básicamente es la remasterización de 2011 del LP original, cuyo aventurero título instrumental de seis partes y 24 minutos yo personalmente siempre lo consideré como un predecesor de “Echoes” de “Meddle”. Presenta muchos cambios de tempo y variaciones en apariencia improvisadas -algunos dirían que sin rumbo, otros dirían que de manera fascinante- antes de llegar a un clímax dramático cargado de intensidad reforzado por un coro bien trabajado y una bien intercalada sección de metales. Una suite orquestal instrumental dividida en fragmentos unidos a partir de la guitarra en capas de Gilmour, excursiones vocales corales, teclados muy elaborados y varios efectos de sonido que anuncian lo que sería una seña de identidad musical inequívoca de “Dark Side Of The Moon”. Creo que cabe señalar como hecho anecdótico que debido a las restricciones del horario del estudio, Roger Waters y Nick Mason tocaron el bajo y la batería durante toda la pista de 23 minutos en una sola toma.

Le siguen tres temas relativamente breves y más convencionales, pero bien elaborados: “If” de Roger Waters, más folk y evocador, “Summer ’68”, de Rick Wright, en la que la sección de viento resulta un acierto para darle fuerza, musicalidad y originalidad a un tema que está en la génesis del rock sinfónico de los 70 y “Fat Old Sun”, pieza muy característica del estilo musical de David Gilmour. Las tres canciones suenan casi como creaciones en solitario de sus compositores y la última prácticamente lo es, ya que Gilmour no sólo es el cantante sino que toca todos los instrumentos a excepción del órgano.

Concluye el trabajo con “Alan’s Psychedelic Breakfast”, una compleja y surrealista obra de 13 minutos en su mayoría instrumental, acreditada a los cuatro miembros del grupo. Aunque obviamente es un producto de la era del LSD, ofrece más de un destello de genialidad verdaderamente brillante junto al sonido del road manager Alan Styles preparando y tomando su desayuno mientras va diciendo “Mi cabeza está en blanco” a medida que la pista se desvanece.

El audio remasterizado está bien, pero en realidad no supone una gran mejora con respecto al disco original de Pink Floyd. Sin embargo, el video del show del grupo en Japón es lo suficientemente bueno como para hacer desear que “Atom Heart Mother” no fuera el único de los seis temas del álbum que ha sobrevivido en la película.

Haciendo un poco de historia, el disco se puso a la venta el 2 de octubre de 1970, siendo el primer álbum de Pink Floyd que no incluye a la banda ni su nombre en ninguna parte de todo el empaque del álbum, exactamente igual que en el “White Album” de los Beatles y de “Led Zeppelin IV” de Led Zeppelin. “Atom Heart Mother”, tal y como me comentó en cierta ocasión mi querido y siempre añorado maestro Jordi Tardá, debe ser uno de los discos más extraños que jamás haya encabezado las listas del Reino Unido.

Sí, han leído bien ustedes, el ambicioso quinto álbum de Pink Floyd, “Atom Heart Mother”, fue el primer éxito relevante del grupo en las listas británicas, su primer nº1 en los charts ingleses, pero no lo fue entre la crítica musical de aquel momento, ni siquiera entre la propia banda. Roger Waters dijo de él que era “un espanto que le producía vergüenza” y David Gilmour, quizá en una de las escasísimas ocasiones en las que estuvo de acuerdo con Waters, lo calificó como “un montón de mierda”. Nick Mason y Rick Wright nunca discreparon públicamente al menos de estas opiniones.

Sin embargo, debo decir que para muchos de sus fans y también en gran medida para mí, “Atom Heart Mother” y otros trabajos de Pink Floyd de este periodo, como “Ummagumma” y “Meddle”, siempre han sido no más interesantes que los magistrales álbumes con los que se convirtieron en mitos como “Dark Side Of The Moon” o “Animals”, pero sí muy atractivos y en gran medida, muy reveladores a la hora de explicar y de proporcionar claves básicas de cómo se produjo la evolución de Pink Floyd como grupo en un momento en el que creativamente hablando todo sucedía a velocidad de vértigo en el mundo del rock. Son discos que reflejan muy fielmente, si se quiere de manera tal vez demasiado densa, la acumulación de ideas que bullían en la cabeza de sus creadores y como si en esos discos se derramaban de manera más o menos aparentemente anárquica, su elaboración les ayudó a enfrentar con mucha más racionalidad esos discos posteriores que les convertirían en estrellas de rock absolutas.

Un documento que refleja a la perfección los cambios que se estaban produciendo en el rock en un año tan crucial como 1970, el año de las muertes de Janis Joplin y Jimi Hendrix, de la separación de los Beatles y del nacimiento de las dos grandes corrientes que otorgarían su marchamo a la nueva década en sus primeros años, el hard rock/heavy metal y el rock sinfónico en sus diversas variantes. Sumergirse en él puede resultar una más que atractiva aventura.

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