Sin tregua

Para qué esperar a los 100 días que suelen darse a los nuevos gobiernos? Han pasado 50 y ya hemos podido confirmar la naturaleza reaccionaria y ultraliberal del formado por el PP de Rajoy. NI siquiera tratan de dar la falsa sensación de otros que dicen “gobernar para todos”, y en un alarde de prepotencia y autocomplacencia con su electorado más visceral, ya han anunciado una batería de medidas a cual más reaccionaria, consiguiendo sorprender hasta al más precavido.

Esperábamos la implantación del copago en sanidad y otros servicios, pero Gallardón, el calificado de liberal por algunos falsos progresistas, se ha adelantado anunciando el copago en la justicia y hasta en las bodas, para satisfacción de sus amigos los notarios. Pretenden recortar los derechos de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo y decretan una reforma laboral que recorta “de manera agresiva” los derechos históricos de los trabajadores, avisando, eso sí, que estas medidas no servirán para crear empleo, ya que se seguirá destruyendo en los próximos meses y años.

¿Entonces para qué estos recortes y las medidas económicas? No es difícil adivinar. Los banqueros y empresarios se frotan las manos, expulsan a los hipotecados de sus casas, estafan a los pequeños ahorradores, despiden con impunidad y barato, haciendo recaer en los demás las consecuencias de su avaricia.

Las políticas impuestas desde mayo de 2010 por el gobierno, mal llamado socialista, de Zapatero, llevaron a la decepción a buena parte de su electorado, que lo abandonó propiciando una mayoría, falsamente absoluta, del partido de la derecha reaccionaria.

Pareciera que no hay alternativa y que nos vemos abocados a soportar los mayores recortes y agresiones como si de un fatalismo se tratara, pues la pinza PP-PSOE, tantos años puesta de manifiesto en los grandes temas económicos y de estado, oculta cualquier otra alternativa posible.

Además nos encontramos con los sindicatos CC.OO. y UGT que pagan su servidumbre al sistema firmando pactos cada vez más inasumibles incluso por sus propias bases.

Pero el sistema, lejos de ser monolítico, está mostrando en los últimos meses sus grietas estructurales, despojándose de la careta que lo presentaba como un régimen amable, justo y democrático: Corrupción por doquier, hasta en la propia monarquía, cuya connivencias con los golpistas del 23-F va siendo documentada; corruptos que son indultados o absueltos por tribunales franquistas que además procesan y condenan a quien investiga los crímenes del franquismo y los delitos de sus herederos. Legisladores que ovacionan a Fraga, exministro de Franco y responsable de asesinatos y persecución de la oposición democrática.

Han bastado 50 días para que la población que se creyó que algo iba a mejorar con el triunfo del PP se haya dado de bruces con la realidad, generando un desconcierto creciente. Tenemos ante nosotros la oportunidad de que esta situación salte por los aires. El desprestigio de ese gobierno no ha hecho nada más que comenzar, y poca alternativa se puede esperar de un PSOE reafirmado en sus planteamientos más conservadores que le hicieron cosechar el mayor de sus fracasos. Tampoco podemos esperar de las direcciones de esos sindicatos institucionalizados, atrapados como están en una maquinaria burocrática que depende de las subvenciones y prebendas del poder.

Este gobierno, como todos, es vulnerable, y no debemos darle tregua. Frente a los recortes que nos está imponiendo debemos presentar batalla sin cuartel, con iniciativas que deben ser radicales y que superen el marco que hasta ahora han bloqueado un partido y unos sindicatos institucionalizados.

Es verdad que esta crisis no nos pilla en el mejor momento organizativo, con una fragmentación política, sindical y social que no favorece el entendimiento. Pero también es verdad que cada vez son más numerosas las movilizaciones convocadas por organizaciones alternativas, que reclaman su protagonismo en el frente de lucha.

Se debe buscar la mayor unidad posible de convocatoria, y realizar propuestas que sean comprensibles para el mayor número de trabajadores afectados por los recortes y la crisis. Porque de nosotros depende que esta situación revierta o que dejemos pasar una vez más la oportunidad que la historia nos ofrece. No nos lamentemos luego.

* Pedro Casas es integrante de la Asamblea de Trabajadores y Trabajadoras de Carabanchel.

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