Suprimir suntuarios daría ejemplo y sería solidario

Por Domingo Sanz. LQSomos.

Disculpe por la rima fácil del título, pero los partidos políticos que se enfrentan a grandes crisis desde el gobierno tienen difícil lo de ganar en las siguientes elecciones pues, sean cuales sean las decisiones que adopten, a muchos electores les quedan más grabados los mensajes de la oposición, tanto si cuentan verdades como puños o mentiras de bellacos. A la hora de votar lo que quieren es cambiar sin tener que pensar.

Y más, teniendo en cuenta que mucha gente opina que todos los políticos son iguales, y que su voto en las urnas solo servirá para que intercambien los “distintos collares”. Además, los mensajes de la oposición de derechas suenan más autoritarios, y en épocas de crisis la mano dura se vende barata.

Así ocurrió tras la primera crisis económica desde el final de la dictadura, la de 1993. Tres años después el PSOE de González cayó derrotado por el PP de Aznar.

¿Había tomado aquel PSOE gobernante, el del mismo Felipe González que afirmó haber escuchado el mensaje de las urnas en 1993, alguna decisión política de envergadura que trasladara al electorado una voluntad decidida de solidaridad y sacrificio de la clase política y que, por tanto, sirviera de ejemplo en un periodo tan difícil para la sociedad?

Yo no recuerdo ninguna.

Así ocurrió también cuando se desató la gran crisis mundial de 2008, aquella que comenzó con las hipotecas en USA. Zapatero dimitió tres años después y convocó generales anticipadas con un PSOE sin tiempo para reconstruir la imagen decidida de querer gobernar que necesita cualquier candidato.

¿Había tomado, aquel gobierno socialista que solo tras las de 2008 comenzó a pronunciar la palabra “crisis”, alguna decisión política de envergadura que sirviera para trasladar a la sociedad un ejemplo creíble de solidaridad y sacrificio de la propia clase política?

Yo no recuerdo ninguna.

Y así está ocurriendo ahora, en estos tiempos casi fuera de control tras la pandemia primero y ahora la guerra de la Rusia de Putin contra la Ucrania de Zelenski, sometida Europa a un futuro imprevisible en medio de la mayor inflación de los últimos 40 años.

¿Ha anunciado, este gobierno de coalición progresista del Reino de España, alguna medida de envergadura que pueda trasladar al electorado una voluntad real de solidaridad y sacrificio exclusivo de la clase política, que sirva de ejemplo para toda la sociedad en unos tiempos tan complicados?

Yo no recuerdo ninguna, por tercera vez consecutiva, y le ruego, a usted que está leyendo, que disculpe el que me haya plagiado a mí mismo. Dicen que la historia no se repite, pero a veces se parece demasiado.

Escribo “gasto suntuario” en mi buscador de Internet y me responde que se trata del “gasto que, sin aumentar la capacidad de rendimiento del bien, sirve únicamente para su embellecimiento y ornato”. No hacía falta decirlo, pero he cometido el mismo error, gastando su tiempo y el mío con un texto suntuario.

Por supuesto que el gobierno de Sánchez y Díaz y los que se le parecen en las Autonomías están aprobando escudos sociales e impuestos solidarios que salvarán vidas, mientras la derecha española aprobaría medidas que podrían provocar desahucios y suicidios.

Pero tan cierto como lo anterior es que ni el PSOE ni el PP suprimirán los entramados más inútiles y suntuarios de entre todos los que montaron hace casi medio siglo, durante aquel tiempo de confusiones, oscuridades y amenazas. Saben que lo que inventen ahora tendría que serlo con luz y taquígrafos, un ambiente en el que les cuesta mucho hacer política de Estado.

Ni durante las crisis que comenzaron en 1993 y en 2008, ni durante esta de ahora que nos tiene agarrotados, ha salido un solo político proponiendo cerrar un Senado innecesario ni tampoco derogar para siempre una monarquía ejemplo de delito continuado porque, entre otras cosas, no existe la posibilidad legal de que sea investigada y condenada. Otro día miraré lo que cuestan estos dos suntuarios cuya supresión constituiría un gran ejemplo de ahorro público, y también de autoridad y firmeza contra sus propios excesos.

Mucho me temo que Íñigo Domínguez, tras los resultados de las próximas elecciones generales que se celebren en el que seguirá siendo Reino de España, sentirá la tentación de repetir el título que eligió para su análisis de las que ha ganado Meloni: “La izquierda decidió que prefería perder”.

Por lo visto, era más importante modificar el DNI para que apareciera la marca «Reino de España».

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