Tortilla judicial a la española

Tortilla judicial a la española

Nunca me gustó el estilo megalómano del juez Baltasar Garzón, cuando era la más rutilante estrella en el universo jurídico de la Audiencia Nacional, antes denominada Tribunal de Orden Público.

Estaba claro que su histriónica ambición era acaparar poder, cuanto más mejor, y así alcanzar metas cada vez más altas de triunfo personal. Y si para ello había que pactar con Felipe Gal y salir cada día en las fotos de la Prensa, se "sacrificaba" y lo hacía. El Garzón de la Vanidad era así. Instruyó sumarios lamentables por su falta de rigor y de ecuanimidad, como algunos de los concernientes al llamado, quizá con excesiva frivolidad, “entorno de ETA”. El caso “Egunkaria”, por ejemplo…

Sin embargo, la historia no es estática y se alteran a menudo los factores que la constituyen. Hasta llegar a menudo al absurdo más absoluto: Garzón como reo, juzgado por sus mismos colegas de magistratura. Ya se dice que no hay peor cuña que la de la misma madera. Hoy, organizaciones internacionales de Derechos Humanos como Human Rights Wach, A.I. y otros colectivos de prestigio lamentan la presente imagen de una España huérfana de Montesquieu. Otrosí, la persecución de que es objeto Garzón por parte de la judicatura ultra de este país de monipodio. Artefactos tan “democráticos” como Falange Española y de las JONS y Manos Limpias han promovido este safari. Una caza al juez instructor que ha sido secundada por el mismísimo Tribunal Supremo, cogiéndose los fundamentos del Derecho con papel de fumar.

El despropósito, ilustrativo del país real que padecemos, es ver cómo dos organizaciones fascistas a ultranza han conseguido mover los hilos hasta sentar en el banquillo de los acusados al empecinado Garzón. Este renegó de aplicar la Ley de Amnistía que consolidaba la impunidad fascista de los 40 años en España. Así que lo acusaron de un delito de prevaricación; por arrogarse el derecho de juzgar el régimen de Franco y sus innegables crímenes, cuyos principales testigos son los huesos de las fosas comunes que siguen apareciendo, día sí día no, por las cunetas del territorio ibérico. El más fundado y cruento terrorismo de estado, llevado a cabo con metódica impunidad y extrema eficacia por las huestes que perpetraron el golpe militar contra la democracia republicana.

Todo ello para restaurar al Borbón y que su dinastía se pudiera montar en el eurodólar. Como así ha sido. Para que Alí Babá y las 40 familias oligárquicas del IBEX se repartieran todos los recursos materiales y espirituales, en nombre de la patria ultracatólica española. Al fondo suena una banda sonora de pasodoble. La Transición tiene nombre de complaciente prostíbulo, donde meten el cazo todos los proxenetas que han podido joder desde 1939 sin pagar por el servicio.

Nos venden democracia pero no lo es. Ni lo podrá ser mientras no exista transparencia en los entresijos. Así pues, esos poderes fácticos impiden y juzgan a Garzón por su osadía y para dar un aviso a otros posibles navegantes, con las mismas intenciones investigadoras. El franquismo no se toca. El nacional-catolicismo de la última Cruzada tampoco se toca. Las órdenes son pasar página. En las escuelas no se nombra a Franco como dictador sino como militar patriótico. Los amos han decretado que la cuitada plebe debe elegir entre la lobotomía de la memoria o el electroshock apaciguador de impulsos.

El juez Baltasar Garzón, fiel a su estilo populista, había emprendido ya antes una campaña judicial que puso en la picota al siniestro general chileno Augusto Piñochet, un simple imitador de Francisco Franco Bahamonde. El suyo fue un error de cálculo. Una cosa es Chile o Argentina, que quedan muy lejos, y otra la eterna España Non Plus Ultra. La Reserva Espiritual de Occidente. Tela.

* Director del desaparecido semanario "La Realidad"

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