Vaquero secuestra a indiecita

Por Nònimo Lustre. LQSomos.

Diez estampas femíneas, segunda parte o continuación de continuación de los collages de la serie «Mujer». Historia de la mujer occidental: de la mutilación a la esclavización pasando por los magnicidios…

Los hiper-mitificados vaqueros del Oeste norteamericano, los cow-boys, eran los más pobres entre los pobres. Lo eran tanto que fumaban marihuana local porque les resultaba más barata que el tabaco ‘de Virginia’. Sólo los afortunados vestían esa prensa imprescindible que son los zahones de cuero pero la mayoría los confeccionaba en sus infinitos ratos de ocio a base de lonetas y andrajos. Algunos tenían escopetas de trabajo pero ninguno poseía las carísimas armas cortas. Aunque aparezcan poco en la iconografía vaquera, tocaban el caramillo y vivían rodeados de perros, utilísimos para encauzar unas manadas de bóvidos que no eran tan homogéneas como ahora nos las representan en las pantallas ni, desde luego, eran tan veloces en sus estampidas –huelga añadir que eran analfabetos.

Y se mestizaban con las indígenas, unas veces por secuestro y otras por causas menos violentas. Este punto del mestizaje, marca de fábrica de la Colonia ibérica, merece una aclaración: la sociedad de castas –españoles, indios y negros-, se acentuó durante el siglo XVIII e incluía la cada año más elusiva categoría de castas de mezcla, inasible porque del oprobio mestizo o mulato se podía escapar mediante la obtención de una cédula de gracias al sacar. En 1810, los alegales mestizos y mulatos no pasaban del 6%; fue durante la República cuando el mestizaje creció exponencialmente.

En el imaginario colectivo que Occidente ha construido sobre el Far West, predominan algunas intrépidas mujeres blancas (ver Westward the Women, Caravana de mujeres, 1951) que, a menudo, son femmes fatales Pero sólo excepcionalmente son indígenas –olvidemos a Pocahontas que nunca estuvo en el Oeste. Si entre indias y vaqueros surge el amor, será descrito como ‘aventura’ con unos tintes románticos que apenas ocultan que estamos ante una relación maldita; por ello, la india debe morir a manos del villano -blanco o indio- o bien se sacrifica a sí misma para librar al Vaquero de la muerte o de la humillación. Inverosímil sacrificio cristiano que oculta criminalmente la violación y el abuso de autoridad.

. Segunda parte: Diez estampas femíneas en sus collages
· Primera parte: Diez estampas femíneas en sus collages
· Otra serie de collages sobre la reproducción animal y humana

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