Y ahora, Biden

Javier Sáenz Munilla. LQS. Noviembre 2020

«Tarde o temprano Trump admitirá su derrota, pero la crisis de la democracia estadounidense no termina con eso, porque no empezó con él». Alma Guillermoprieto

Somos conscientes, porque lo vislumbramos, que el imperio americano se acaba. Como también percibimos el fin de nuestra forma de vida, tal y como la hemos conocido hasta ahora. Y barruntamos que, a este paso, podemos convertirnos en la enésima especie en extinción. Pero no hacemos mucho por evitarlo. Me refiero al calentamiento global.

Pensar que, visto lo visto, 73 millones de personas han votado a Trump, no es nada alentador. Y quizá sea otra prueba más de la inevitabilidad de ambos finales. El del imperio y el de lo que llamamos civilización. Pensaba en esto y me venía a la mente lo que Darwin denominaba ‘salto involutivo’. ¿Estará nuestra especie en un salto involutivo? Y un amigo psiquiatra colombiano me envió un artículo que acaba de publicar en el diario El Espectador de Bogotá, en el que recuerda que ya Linneo hablaba del homo insapiens-insapiens, por no sabio e insípido.

Y a todo esto, quien piense que sin Trump, que acabará dejándolo, va a cambiar de forma radical la política de la Casa Blanca, pues es que no. Bienvenido sea, si al mal le adornan con algunos matices. Pero, no echemos las campanas al vuelo. En mi tierra, La Rioja, esperan que Biden baje los aranceles al vino. Y en general el campo desea que reduzca también los del aceite, los quesos, los cereales… Pues me temo que, tampoco.

Por otro lado, Trump ha dejado el poder judicial atado y bien atado con sus últimos nombramientos. Allí le llaman hacer un ‘hat trick‘, 3 goles en un partido, 3 magistrados conservadores en el Supremo. Antes ya había colocado a decenas de magistrados vitalicios en los niveles inferiores. ¿División de poderes? No. Allí, tampoco.

Trump deja, además del Covid, una economía destrozada, una deuda colosal, una policía racista y una ultraderecha crecida. Las minorías frustradas (negros, chicanos, indoamericanos, inmigrantes en general) y un patio internacional hecho unos zorros.

En política económica, que siendo EE.UU aun la gran potencia se convierte en una aspecto de su política internacional, como ha dicho el sabio Noam Chomsky en el New Yorker: «Es difícil encontrar un presidente estadounidense que se haya dedicado más a enriquecer y empoderar a los ultrarricos y al sector empresarial, que es, por supuesto, la razón por la que están felices de tolerar sus payasadas». Añadía Chomsky que su política fiscal ha multiplicado la riqueza de los ultrarricos y «perjudicado a la clase trabajadora, a los pobres y a todos los demás».

Entre las cosas que deja Trump está el desastroso sistema sanitario, que consume el 17,7% del PIB y sin embargo abandona a 28 millones de personas sin seguro médico. Tampoco aquí Biden va a cambiar nada. El Supremo, que ya anuló la tímida reforma de Obama, tiene la última palabra.

En cuanto al calentamiento global, aunque seguir con Trump era condenar a la humanidad a la catástrofe anunciada, tampoco Biden apoya las soluciones necesarias. Ya rechazó el Green New Deal, el plan de descarbonización propuesto por el ala izquierda de los Demócratas.

Respecto a China, la gran potencia emergente, son los grandes intereses económicos los que decidirán si Biden va a continuar la ‘Guerra fría’ iniciada por Trump o si debe abrir un proceso de distensión. En cualquier caso, Biden o Trump, Estados Unidos seguirá con las medidas proteccionistas que tanto daño han hecho a China. Porque nadie, y una gran potencia en declive menos, entrega sus bastiones a cambio de nada.

Siguiendo con la política internacional, Trump ya empezó a cargarse la llamada ‘relación transatlántica’ ( y si releen mi anterior artículo, «El miedo a Trump», ya saben qué parte ganaba siempre con ella) y Biden seguirá con el empeño. Porque la tendencia, siempre cíclica en el Departamento de Estado, al aislamiento es irreversible, dadas las circunstancias de la malparada globalización.

Esto, para Europa, podría ser bueno, si se lograra reducir la dependencia, aunque lo dudo mucho. Cuando las cosas cambian, también pueden ir a peor. Y con la panoplia de gobiernos en los países de la UE, a mejor me da que no va a ir. Veremos.

Por terminar, con el lamentable espectáculo del recuento de votos en los Estados ¿Unidos?, en cuya necesaria reforma parecen coincidir casi todos los analistas. Aunque muy pocos critican la evidencia de que, con lo que cuesta una campaña, sólo los muy ricos pueden aspirar a presidir esa ¿Democracia? Más bien, Plutocracia. Pero ya se sabe que siempre se induce a mirar el dedo y no a la Luna.

Y tres cosas sobre Biden:

– Sus vinculaciones con el llamado ‘Complejo Militar-Industrial’ y los sectores financieros de Wall Street.

– Biden apoyó, como senador, todas las invasiones norteamericanas del siglo XXI, incluidas las de Irak y Afganistán. Como Vicepresidente con Obama, es corresponsable de las guerras contra Libia y Siria y de los golpes contra Zelaya en Honduras (2009), Fernando Lugo en Paraguay (2012) y Dilma Roussef en Brasil (2016).

– Representa al ala conservadora del Partido Demócrata.

Lo siento. Esto es lo que hay.

Javier Sáenz Munilla, periodista y analista internacional @pepitorias

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