Zagalón de podemos
Están hablando tres. A cada uno de ellos se le nota los alvéolos en las quijadas donde encajan los dientes.
– Menos mal que este mocito sabe del uso del Zaradion, medicina que se emplea para curar la sarna de los perros, dice un tal Mitrídates. Hoy, continúa, es el enemigo más formidable con que tendrá que habérselas la monarquía y sus perros guardianes.
– Mocito y político, fuerte y gallardo, esperamos no esté subordinado al rabadán, mayoral de pastores, y que sepa atalajar, enganchar y arrear a las bestias en la hierba alta del pasto, dice un tal Aníbal, descendiente del “cura de Tamajón”, que se distinguió en la guerra de la Independencia y se opuso al régimen liberal falseando de modo violento la interpretación o sentido de la constitución de ese entonces, como hacen ahora todos los hijos de curas.
– Un tal Leonardo, con cabeza de Medusa, rastas, y que lleva en su mano derecha una bolsa pequeña que contiene la bilis, nos recuerda que “la historia siempre se repite”. Verbigracia: que Zacarías, papa del siglo VIII, aprobó la exaltación al trono de los francos de Pepino el Breve; y que hoy Francisco, papa del siglo XXI, aprueba la exaltación al trono de los Españos de otro Pepino el Breve.
– La prensa zafia, grosera, cerril, inculta, de modales toscos y fascistoides, día a día, intenta abalanzarse contra él, intentando difamarle a horas y a deshoras Su triunfo político ha levantado ampollas en los clérigos y barones, mosénes y messires de la falsa política y la truhanería, tanto, que la piel de toro ha quedado mosqueada, sembrada de pintas, demostrando que la Prensa no es más que trozos de tiras de papel montados en un mango para espantar o matar las moscas, cual cola de bestia o res vacuna, dice Mitrídates.
Y Aníbal continúa perseverante:
– La falsedad, la malevolencia, la corrupción y la perfidia son hoy los patrones que sirven para pesar y sopesar el estado de la nación en la balanza, como se presenten las cosas, conforme sean las circunstancias.
– Lo que si es cierto es que hacen impresión y fuerza en el ánimo las razones y motivos de su Programa, concluye Leonardo.