28-Abril: El miedo, el asco y otras cosas

Alejandro Pacheco*. LQS. Mayo 2019

En un inaudito afán por aliviar la difícil realidad, muchos aceptan, clonando el lenguaje del sistema mediático, el triunfo del “bloque de izquierda”, en el que incluyen, además como protagonista y líder, al PSOE

Hay muchos análisis sobre estas elecciones. La mayoría de ellos utilizan la misma terminología y las mismas categorías: bloque de izquierda, bloque de derecha, centro, moderación, extremos, pacto…Creo que interesa, más que los líderes y las siglas, valorar lo que nos dicen los resultados respecto a qué piensa la gente, qué está dispuesta a hacer, a qué le tiene miedo y dónde está su valor, hasta dónde confía en sí misma o, por el contrario, si sigue esperando que una milagrosa solución a sus problemas le caiga del cielo institucional y de la clemencia de sus dioses.

Según se observe desde un ángulo u otro, la misma cosa puede ser bien distinta. Puede ser rectangular o circular, como demuestra un bote de fabada. Vamos al tema.

Primera observación: En España se vota por miedo o por asco. Sobre todo por miedo. Algo heredado de sus progenitores, la dictadura franquista y la Constitución del 78, cuya principal herramienta de aceptación fue el miedo: al Ejército, a la marcha atrás camino de la guerra civil, a la dictadura sin concesiones y al tufo a Edad Media.

Segunda observación: En España, en periodo electoral, no importan los programas ni las propuestas en positivo. Nadie se los cree (salvo en la parte relativa a las cosas a temer, a los anuncios apocalípticos). Es la apoteosis del blablablá, la fase álgida de las pompas de jabón.

Tercera observación: España es una cosa y Cataluña y Euskadi son otra: otras naciones, otras culturas, otras sociedades civiles… Mayoritariamente, allí se vota por un proyecto de país soberano, democrático y republicano. Es el valor y la conciencia de la propia fuerza y los propios objetivos de la sociedad civil organizada lo que decide, más que el miedo.

Cuarta observación: Un eje principal de la campaña ha sido ver quién era más español y, por tanto, más anti independentista y más negador del derecho a la autodeterminación. Ser “español” –VOX, PP, C’s y PSOE, es decir: el constitucionalismo– significa estar rabiosamente a favor de la sagrada unidad de España (si es preciso, como hasta ahora, con el recurso a la fuerza) y, por añadidura, ser monárquico. Hasta los dirigentes de Podemos, como si se hubieran caído del caballo y convertido a la fe, han evitado siquiera mencionar la República y han predicado que bastaría con que se cumpliera la Constitución para que España fuese un modelo de excelencia social.

Quinta observación: El miedo a VOX ha sido el otro eje de campaña. El principal beneficiado ha sido el PSOE, que se ha subido a lomos de ese miedo y lo ha alentado para pescar en él sus votos. Los partidos no entran en el Parlamento como el caballo de Pavía. Entran porque les vota la gente; por tanto la pregunta es: qué significa que haya una masa social de votantes dispuestos a abrirles la puerta, qué cultura democrática tenemos, qué análisis y juicio democrático se ha hecho desde la Transición acerca de la naturaleza y las consecuencias del franquismo y la dictadura, qué clase de tropelías contra los más desfavorecidos se han cometido, asociadas a lo que se viene llamando democracia, para generar el odio a la democracia misma y la nostalgia de aquella dictadura negra y criminal, pero paternalista. VOX es el espantajo que seguirán agitando cuando les convenga: les ayuda a recomponerla ilusión óptica “derecha”, “centro” e “izquierda”, alimenta un provechoso miedo y es un vector de derechización que justifica y justificará muchas cosas.

Sexta observación: En un inaudito afán por aliviar la difícil realidad, muchos aceptan, clonando el lenguaje del sistema mediático, el triunfo del “bloque de izquierda”, en el que incluyen, además como protagonista y líder, al PSOE. No es poca concesión. Se dice: han perdido los del 155, y se obvia interesadamente que el PSOE fue un apoyo imprescindible para aprobar ese 155 en el senado. Sin PSOE no habría habido tal violencia institucional. De las dos últimas reformas laborales, la primera la hizo el PSOE; la segunda, el PP. Y el ”nuevo” Sánchez no ha revocado ninguna. Los espantados progresistas se olvidan de que el PSOE ha desindustrializado el país cuando Europa y los poderes económicos se lo ordenaron; que el PSOE organizó los GAL y la guerra sucia cuando se lo ordenaron el Ejército y la Guardia Civil; han olvidado que votó, al alimón con el PP, el artículo 135 de la Constitución, cuando Alemania se lo ordenó con una simple llamada telefónica; que inventó el “factor de sostenibilidad” que roe las pensiones; que no ha derogado la ley mordaza; que ha negado encarnizadamente el derecho de autodeterminación y la condición de presos políticos de los presos políticos; que ha defendido rabiosamente la monarquía y ha cerrado cualquier posibilidad de que su actuación sea investigada democráticamente. En fin, una joya de izquierdas. Ya se decía en el 15M: “PSOE, PP, la misma mierda es”. Ahora muchos de los que eso gritaban, se alivian olvidándolo o poniéndole sordina: “por ahora, mejor lo pasamos por alto, que así nos sube la moral”. Es una concesión innecesaria que deforma y confunde la realidad. De ilusión también se muere.

Séptima observación: Unidas Podemos se ha convertido en una sombra. Del Podemos se ha pasado al “solo podemos si el PSOE quiere”. Cuando ha descubierto que hay cosas que hacen perder votos, se ha apuntado al silencio o al papel de Pepito Grillo lastimero. De las importantísimas cosas políticas que han ocurrido en este país, no han dicho casi ni mu, y han desarrollado un nivel cero de movilizaciones. Por desgracia, han cumplido una norma repetida a lo largo de la Transición: cuando una fuerza de izquierda entra en las instituciones, su nivel de presencia en las movilizaciones tiende a cero. Es en la movilización donde podrían generar la fuerza para soportar su acción institucional, pero, hasta ahora, se han perdido en el camino, seguramente con plena conciencia y voluntad de ello. En el rellano del parlamento, conscientes de su papel cada vez más subsidiario del PSOE, UP ha renunciado a la música rupturista con la que sorprendieron en un primer momento y con la que alcanzaron sus mejores resultados electorales. Nada de república, nada de movilización contra la represión en Cataluña, o contra el secuestro de presos políticos, o contra las arbitrariedades bárbaras de la JEC, o contra o a favor de cualquier cosa… Se conforman con ser parte del “bloque progresista” junto al PSOE, al que imploran entrar a formar parte del Gobierno, cosa bastante dudosa: el partido de Sánchez prefiere por el momento tener las manos libres para ir gobernando en solitario con acuerdos puntuales a derecha e izquierda. Sabe que no le faltarán y que así tendrá coartada para justificar unas cuantas acciones u omisiones.

Octava observación: Se ha jugado como argumento de campaña con la cantinela de que el IBEX 35 tiene su opción de gobierno: PSOE-C’s. Eso es un tanto frívolo. El IBEX35 manda gobierne quien gobierne, lo haga solo, en coalición o en pactos no visibles. Pensar que los partidos presentes en el Parlamento tienen plena autonomía en su acción política, en el diseño de país, en las acciones de Estado, es una ingenuidad difícil de justificar. El IBEX 35 sólo necesita tener el teléfono a mano.

Última observación: La izquierda en España o es rupturista (contra la Constitución del 78) o no es. Lo que no quiere decir ser maximalista. La izquierda constitucionalista sólo busca hacer temporalmente soportable lo inaceptable. No nos podemos engañar: la voluntad rupturista es, hoy, muy débil a nivel estatal. Panorama difícil, hemos de saberlo y decirlo.

Lo único que puede modificar o entorpecer o frenar los planes de los grandes poderes económico-financieros nacionales e internacionales es la movilización sostenida de la sociedad civil organizada, que empieza por que la sociedad se vaya organizando y definiendo sus propios objetivos (la marea verde, la blanca, la de los pensionistas, apuntan a ello). Lo único que puede conquistar derechos y avances sociales son esa organización y movilización. A partir de ellas se podrá tener una incidencia mucho más efectiva en la acción institucional; y, a la vez, esta, la acción institucional, habrá que valorarla precisamente en función de si ha repercutido y favorecido el aumento de nivel, amplitud, conciencia y solidez de acción de la sociedad civil organizada.

Sólo cuenta lo que se hace desde la convicción y el valor, no desde el miedo. Y en muchos sitios nos queda casi todo por hacer.

– Imagen: Obra de Eugenio Merino “Franco vota”
* Miembro de la Asamblea de Redacción de LoQueSomos
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Un comentario sobre “28-Abril: El miedo, el asco y otras cosas

  • el 13 mayo, 2019 a las 21:40
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    El éxito de VOX quizás habría que buscarlo en el evidente hundimiento del PCE, en la timidez y la ternura -ternura de blandos- de PODEMOS, en que el español medio llega exhausto ya a estas consultas electorales del S. XXI. Se están muriendo aquellos veteranos que salían a las calles en los años sesenta, aquellos ideólogos, aquellas gentes que leían y debatían sobre lo divino y lo humano; se nos murió la Universidad, y ni siquiera podemos decir que corren los mejores tiempos para una posible consulta a favor de la república.

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