Carta abierta desde una fosa cerrada

memo197Joan*. LQSomos. Febrero 2015

Desde este agujero oscuro donde ya no tengo constancia de mi propio cuerpo, mis huesos se mezclan con los de mis compañeros y me esfuerzo para asirme a la persona que fui. Nadie aquí sabe dónde empieza y dónde termina su esqueleto y dentro de esta hermandad de tierra y piedras, que es nuestro orgullo y nuestra pena, lloramos polvo y olvido. Es aquí mismo donde nuestra sangre derramada se solidificó junto a nuestras ideas antifascistas, que continúan tan fuertes como el tronco del árbol que sabemos crece hermoso sobre nuestros cráneos agujereados, alimentado desde su cuna, aquel día lluvioso, por nuestra carne valiente. Este árbol es nuestro contacto con la vida, sus raíces se entrelazan con nuestros restos y nos hablan de hojas, flores y frutos, y así sabemos que fuera de esta cavidad húmeda el mundo conserva todavía cosas que podríamos reconocer. Entendemos que la vida continúa sin nosotros, los que perdimos, pero que no nos arrodillamos para que los que seguían nuestros pasos se mantuvieran de pie sin agachar la cabeza.

En esta soledad infinita en la cual nos hacemos una compañía muda, las preguntas nos asaltan, en silencio, porque sabemos que estamos muertos y porque somos conscientes que el aliento que nos robaron una noche sin estrellas nunca volverá. Una respuesta si tenemos, la certeza de que no veremos ni madres, ni padres, ni hijas, ni hijos, ni hermanas, ni hermanos, ni compañeras, ni compañeros, nunca más. Nos preguntamos con mucha desazón, si aquellos que nos sobrevivieron nos tienen en su recuerdo y en su corazón. Tenemos miedo de saber porqué todavía estamos aquí ¿es que quizás todavía manda y ordena el terror fascista? Nuestro consuelo en la helada oscuridad sólo son sus memorias y saber que quizá todavía nos buscan con la determinación de encontrarnos.

Yo no creo en ningún dios, sólo necesito tener fe en que un día alguien abra esta fosa, que la luz del sol me vuelva a tocar, que el viento me acaricie y poder volver a casa a descansar, a mi pequeña tierra, con aquellos que amé y que me amaron.

Dentro de nuestros silencios que encierran celosamente las historias compartidas en una celda, las repensamos una por una para que no desaparezcan, para recordar quiénes somos y porqué luchamos, y en este silencio añoramos tanto y tantas cosas… No puedo gritar, no puedo arañar este pesado techo, pero yo, que no sé rezar, ruego para que unas manos vivas y firmes retiren este peso que me ahoga. Por favor, alguien lo tiene que hacer antes de que nuestros huesos pierdan la memoria y nadie pueda decir que yo un día fui un trabajador, apodado filósofo -cosas de mi pueblo-, que con un fusil y muchos sueños partió al frente a defender la libertad. Un carpintero que hacía ataúdes para los que emprendían el viaje sin retorno, muchos, antes de tiempo por culpa de la injusticia. Un hombre que tenía una familia y unos amigos. Yo, qué ironía, no tuve el abrigo de la madera, y para dormir este sueño inducido por los asesinos, como único colchón la fría tierra de esta fosa que no sé ubicar. Hace tanto de tiempo que estoy aquí que ya no tengo fuerzas ni para recordar desde cuándo os espero.

Carta oberta des d’una fossa tancada

Des d’aquest forat fosc on ja no tinc constància del meu propi cos, els meus ossos es barregen amb els dels meus companys i m’esforço per agafar-me a la persona que vaig ser. Ningú aquí sap on comença i on acaba el seu esquelet i dins d’aquesta germanor de terra i pedres, que és el nostre orgull i la nostra pena, plorem pols i oblit. És aquí mateix on la nostra sang vessada es va solidificar amb les nostres idees antifeixistes, que continuen tan fortes com el tronc de l’arbre que sabem creix formós sobre els nostres cranis foradats, alimentat des del seu bressol, aquell dia plujós, per la nostra carn coratjosa. Aquest arbre és el nostre contacte amb la vida, les seves arrels s’entrellacen amb les nostres restes i ens parlen de fulles, flors i fruits i així sabem que fora d’aquesta cavitat humida el món conserva encara coses que podríem reconèixer. Entenem que la vida continua, sense nosaltres, els que vam perdre, però que no ens vam agenollar per a què els que seguien les nostres passes es mantinguessin dempeus sense acotar el cap.

En aquesta soledat infinita en la qual ens fem una companyia muda, les preguntes ens assalten, en silenci, perquè sabem que estem morts i perquè som conscients que el alè que ens van robar una nit sense estels mai tornarà. Una resposta si en tenim, la certesa de què no veurem ni mares, ni pares, ni filles, ni fills, ni germanes, ni germans, ni companyes, ni companys, mai més. Ens preguntem amb molt neguit, si aquells que ens van sobreviure ens van tenir en el seu record i en el seu cor. Tenim por de saber perquè encara estem aquí, és que potser encara mana i ordena el terror feixista? El nostre consol en la gelada foscor només és la seva memòria i saber que potser encara ens busquen amb la determinació de trobar-nos.

Jo no crec en cap déu, només necessito tenir fe en què un dia algú obri aquesta fossa, que la llum del sol em torni a tocar, que el vent m’acaroni i que em tornin a casa a descansar, a la meva petita terra, amb aquells que vaig estimar i em van estimar.

Dins dels nostres silencis que tanquen gelosament les històries compartides en una cel·la, les repensem una per una perquè no desapareguin, per a recordar qui som i perquè vam lluitar, i en aquest silenci enyorem tant i tantes coses… No puc cridar, no puc gratar aquest pesat sostre, però jo, que no sé resar, prego per a què unes mans vives i fermes retirin aquest pes que m’ofega. Si us plau, algú ho ha de fer abans que els nostres ossos perdin la memòria i ningú pugui dir que jo un dia vaig ser un treballador de sobrenom filòsof, coses del meu poble, que amb un fusell i molts somnis va partir al front a defensar la llibertat. Un fuster que feia taüts per qui emprenia el viatge sense retorn, molts, abans d’hora per culpa de la injustícia. Un home que tenia una família i uns amics. Jo, quina ironia, no vaig tenir l’abric de la fusta, i per dormir aquesta son induïda pels assassins, com únic matalàs la freda terra d’aquesta fossa que no en sé ubicar. Fa tant de temps que resto aquí que ja no tinc forces ni per a recordar-me des de quan us espero.

* Mesa de Catalunya d’Entitats Memorialistes
Barcelona. Cinquanta-vuitena concentració veritat, justícia i reparació

2 comentarios sobre “Carta abierta desde una fosa cerrada

  • el 3 marzo, 2015 a las 13:07
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    Desde hace mucho tiempo vengo citando, en toda ocasión que tengo, que al parecer en España no hay más víctimas que los muertos de ETA, y claro los descendientes o ascendientes de ellos. Periódicamente, pero con una periodicidad más frecuente que la anualidad global, se hacen actos de recuerdo, se hacen marchas reclamando todo lo máximo posible para los asesinos de esas víctimas, y todo lo que se les ocurra a esos descendientes para que su memoria no se pierda. Y todo ello a mí me parece bien, pero . . ..
    Cierto que son cerca de mil, pero esos no llegan a las decenas de miles de muertos víctimas del franquismo y no hablemos ya de los descendientes o ascendientes que dejaron, la mayor parte ya también desaparecidos. A pesar de haber una ley sobre la Memoria Histórica, que pretendió resolver el tema, ya se han encargado los herederos del fascismo, otro fascismo más moderno, más sibilino, con presunción de demócratas, que han puesto toda clase de dificultades para que se lleve a efecto esa recuperación de restos y su entierro digno.
    No obstante la HISTORIA está siempre presente y llegará el día en el que se haga justicia, a los muertos, a todos los muertos, y también a esos vivos.

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  • el 28 febrero, 2015 a las 07:15
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    Impresionante y conmovedor, triste por real.

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