Segunda edición del libro Cherid. Un sicario en las cloacas del estado

Redacción. LQS. Abril 2019

El interés del público confirma el ansia de conocimiento y de difusión del pasado traumático que vivió este país.

A primeros de mayo estará en las librerías la segunda edición del libro de Ana María Pascual y Teresa Rilo «Cherid. Un sicario en las cloacas del Estado». La primera, por lo que hemos podido ver, tuvo una buen acogida tanto por parte del público como en diversos medios de comunicación y en redes sociales

LoQueSomos: ¿Podrías hacernos un resumen de todo ello y una valoración de esta acogida?

Ana María Pascual: La valoración es muy positiva. El interés del público confirma el ansia de conocimiento y de difusión del pasado traumático que vivió este país. No es que exista una moda en estos momentos sobre la temática de la memoria histórica: es que hay hambre por esclarecer muchos de los episodios impunes de represión. Por eso, creo que el libro Cherid. Un sicario en las cloacas del Estado está siendo tan bien acogido. Con los compañeros de la prensa, la promoción del libro va de maravilla. Les gusta mucho. Tan solo hemos tenido un problema, que ya está solventado, y fue el error que publicó Iñaki Egaña en Gara hace unos días. Afirmó que era un libro de encargo de la viuda de Cherid y que me había contratado para dar forma a las memorias de su marido. Esto es absolutamente falso y GARA ya ha rectificado. Es un libro de investigación periodística que yo le propuse a Teresa Rilo, al conocer su extraordinaria historia. A partir de su experiencia al lado del sicario Cherid y de otros mercenarios que participaron en la guerra sucia, con los que ella misma convivió, el libro explora aquellos años negros de violencia parapolicial, de asesinatos ordenados por los servicios secretos españoles.

LoQueSomos: En cuanto al público lector y las presentaciones ya realizadas, ¿qué te ha resultado de más interés, qué preguntas os han hecho, qué preocupaciones han expresado los lectores respecto a lo que se cuenta en el libro de las cloacas del estado?

Ana María Pascual: Lo que me ha llegado por parte de los lectores es su asombro porque esta parte de la historia de las cloacas del Estado, como es la creación del Batallón Vasco Español y la continuidad después del terrorismo de Estado con los GAL, haya estado tanto tiempo oculta, salvo honrosas excepciones en el pasado por parte de algunos periodistas. Me dicen algunos lectores que agradecen en el libro la abundancia de datos que capítulo a capítulo van quedando contextualizados hasta llegar a un final donde se entiende la conexión y complicidad de todos los personajes que dirigieron y participaron en la guerra sucia. También me indican que Teresa Rilo, viuda de Cherid, ha sido muy valiente al decidirse a contar su experiencia. Algunos se compadecen, otros piensan que se mereció el sufrimiento por haberse casado con un mercenario…

LoQueSomos: ¿Alguna reacción en medios políticos?

Ana María Pascual: Han sido numerosos los medios de comunicación que se han hecho eco de la publicación de este libro. Echamos en falta a la prensa vasca y también a algún político o política que plantee, al menos, pedir explicaciones de los atentados terroristas ordenados por los gobiernos de la UCD y del PSOE contra ciudadanos vascos y a los exmiembros de la cúpula policial y de la Guardia Civil que podrían aclarar más de un caso sin resolver. Por ejemplo, el de Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, cuyos restos aún no han sido localizados. Miembros de esos comandos del Batallón Vasco Español siguen vivos y localizados.

LoQueSomos: ¿Os veremos pronto presentado esta nueva edición?

Ana María Pascual: Sí. La presentaremos en la Librería Muga, de Vallecas, el próximo 9 de mayo a las 19,30 horas. Además, para celebrar la Noche de los Libros, el viernes 26 estaremos en la jornada de Autoras del Garaje (Garaje Ediciones), junto con escritoras muy interesantes, en la Fundación Anselmo Lorenzo (FAL),de Madrid, en Peñuelas 41 también a las 19,30.

Diálogos con Ana María Pascual: Cherid. Un sicario en las cloacas del Estado
CHERID. Un sicario en las cloacas del Estado

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Le sang des Espagnols, Mourir à Paris

Acacio Puig. LQS. Abril 2019

El compromiso de estos hombres (cuatro de ellos militantes comunistas, un masón y uno anarquista) es recuperado mediante el meticuloso trabajo historiográfico de Henri Farreny que explora nuevas fuentes documentales y archivos, polemiza con inexactitudes establecidas por estudios anteriores y ubica sus combates en la trama de organizaciones que constituyeron en Francia las Fuerzas Francesas del Interior

De Morir en Madrid, el excelente documental realizado por Fréderic Rossif recuperando filmaciones hechas en el curso de la Guerra como homenaje a tres años de combate por la Libertad, toma prestado el título este interesante libro que asigna un lugar de honor a seis de los españoles muertos en Paris como activos miembros de la Resistencia.

Libro recién publicado y presentado por su autor, Henri Farreny del Bosque, en Montalzat el 17 de marzo en el curso de la Fiesta por la Libertad, que nos ofrece un documentado estudio de seis españoles combatientes. Un rescate cálido y oportuno durante este año 2019 en que conmemoramos el 80 aniversario de La Retirada y el 75 de la Liberación de Paris y la derrota del gobierno de Vichy.

Subrayamos “combatientes” en un contexto en que nuestro memorialismo, parece encontrarse cómodo – quizá demasiado cómodo- en el cultivo (¿victimista?) de la barbarie represiva de la dictadura, dejando con frecuencia a un lado, las luchas que desde la difícil clandestinidad la pusieron en la picota. Y fueron muchas…desde la inicial resistencia guerrillera, a la organización de sindicatos y partidos clandestinos, movilizaciones populares obreras y estudiantiles, huelgas y manifestaciones; la dictadura fue desafiada durante décadas que costaron muertos, torturas, exilio y encarcelamientos, pero que quebraron en buena medida su voluntad de continuidad y permanencia.

Una continuidad que –no obstante- subsistió por acuerdos contra natura y pactos que diluyeron las posibilidades del cambio radical que necesitaba el país. La Ley de Amnistía y la Constitución Monárquica y centralista, abrieron el angosto camino de una democracia alicorta y permanentemente amenazada de regresión a tiempos oscuros.

Aunque solo fuera por eso –y hay mucho más en sus páginas- el libro de Henri Farreny, historiador y actual presidente de *AAGEF-FFI (Amical de Antiguos Guerrilleros Españoles en Francia-Fuerzas Francesas del Interior) constituye un excelente referente de la implicación de nuestra gente en el combate armado por la Libertad, un referente estimulante y esclarecedor que indaga en el pasado, crea historia e ilumina el presente.

La Sangre de los Españoles investiga y amplía las biografías de José Roig Armengote, Conrad Miret i Musté, Manuel Bergés i Ardereu, Domingo Tejero Pérez, Celestino Alfonso Matos y José Barón Carreño, fusilados, tiroteados en la acción o muertos bajo tortura en Paris, entre 1941 y 1944. Seis personalidades que se perfilan en el amplio fresco de 400 combatientes españoles movilizados por las Fuerzas Francesas del Interior (FFI) durante la insurrección parisina y otros 400 que entraron en Paris formando parte de la 2ª División Blindada al mando de Leclerc (Pág. 111). Como bien señala el autor “No fueron los españoles quienes liberaron Paris. Sin embargo, una fracción importante de quienes se batieron el 25 de agosto en la capital eran extranjeros y entre ellos, numerosos españoles”.

Roig era masón, miembro de la Gran Logia de Francia. Un humanista comprometido en la resistencia no violenta, que estimuló desde Francia -donde residía- la solidaridad con la Segunda República. Durante la ocupación alemana, se comprometió en el paso entre la zona ocupada y la llamada zona libre. En 1941 fue detenido y fusilado por “ayuda al enemigo y reclutar” para el ejército de la Resistencia. La Estela Memorialista levantada en Meudon le honra como “Héroe de la Resistencia fusilado por los Nazis”.

Roig forma también parte de la memoria masónica desde que la logia 137 de la Gran Logia de Francia adoptó, tras la Liberación, el nombre de Logia José Roig (Pág.13).

El libro escudriña después las biografías de dos combatientes catalanes (Miret y Bergés) un asturiano (Tejero) el almeriense Barón Carreño y el salmantino Alfonso Matos. Celestino Alfonso Matos, incluido en el conocido Affiche Rouge y presentado en ese reclamo fascista de caza y captura, como “Alfonso: Español Rojo” fue uno de los fusilados del Grupo Manouchian, el heróico comando antifascista homenajeado años más tarde por Louis Aragon y Léo Ferré.

El compromiso de estos hombres (cuatro de ellos militantes comunistas, un masón y uno anarquista) es recuperado mediante el meticuloso trabajo historiográfico de Henri Farreny que explora nuevas fuentes documentales y archivos, polemiza con inexactitudes establecidas por estudios anteriores y ubica sus combates en la trama de organizaciones que constituyeron en Francia las Fuerzas Francesas del Interior (FFI), los Franco Tiradores y Partisanos Franceses (FTPF), el MOI (Mano de Obra Emigrada) o la AGE (Agrupación de Guerrilleros Españoles) entre otras. Pero además, Farreny indaga en más de 50 referencias bibliográficas que informan de un afán investigador del que extrae decenas de testimonios de miembros españoles de la Resistencia en muchos casos, compañeros de combate de los biografiados.

Profusamente ilustrado, las imágenes enfatizan el proyecto de conocer la historia para hacer Historia y Memoria. El monolito a José Roig, la estela en el boulevard Arago y la Placa en Barcelona a Conrad Miret, la Mención de honor “Muerto por Francia” a Manuel Bergés, la reconstrucción (rebuscando en los archivos policiales) del interrogatorio en el hospital y bajo tortura de un Domingo Tejero ya herido de balas y finalmente muerto (y el logro de la mención de Honor correspondiente que logró AAGEF-FFI en 2016) la placa en la calle Tolbiac de Paris a Celestino Alfonso o la placa en el Boulevard Saint Germain de Paris, a Barón Carreño (inaugurada en agosto de 2017) incorporan a la Historia y la Ciudad, la memoria de nuestros combatientes por la Libertad, todo un ejemplo que en buena parte sigue pendiente en nuestras tierras.

En definitiva, este libro como indica en su prefacio Anne Hidalgo, constituye un importante paso adelante en la incorporación de héroes anónimos a la memoria colectiva de la izquierda.

Le sang des Espagnols, Mourir à Paris. Autor : Henri Farreny. Éditions Espagne au cœur
El libro (escrito en francés) puede adquirirse dirigiéndose a:

 

 

– Acacio Puig, artista plástico y pensionista. Militante de la izquierda revolucionaria, represaliado por el franquismo, activista memorialista de la asociación «En Medio de Abril». Es editor del blog Afinidades Anticapitalistas
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Max Aub, la voz de los vencidos

Arturo del Villar*. LQS. Abril 2019

Las Guerrillas del Teatro continuaron la excelente labor de las Misiones Pedagógicas, y para ellas escribió Aub varias piezas de intención educadora, a fin de comprometer a los espectadores activamente en una guerra que implicaba a todos sin excepción posible

La Generalitat Valenciana organiza unas actividades culturales para conmemorar los ochenta años del final de la guerra librada por el pueblo español frente a los miliares monárquicos sublevados contra la República y sus patrocinadores, las naciones nazifascistas, Alemania, Italia y Portugal, con la complicidad y la ayuda económica del llamado Estado Vaticano. Bajo el título general “Alicante 2019, capital de la memoria”, dedica una atención especial a Max Aub, no sólo por ser valenciano de elección, sino porque la serie de novelas inspiradas por la guerra constituye probablemente la mejor crónica escrita sobre el conflicto, y expresan la voz de los vencidos con el vigor del testimonio personal.

Nacido en París en 1903, de padre alemán y madre judía francesa, la guerra que en 1914 enfrentó al Imperio Alemán y la República Francesa animó a la familia a exiliarse en Valencias, en donde Max aprendió el castellano y se integró perfectamente en la sociedad local. Su vida se transformó a causa de la sublevación militar en 1936, su consecuencia inmediata, la guerra, y la remota, el exilio. Es lo mismo que les sucedió a todos los españoles, con la diferencia de que él acertó a narrar lo que vio y lo que padeció.
Le importaba la política: en 1927 se afilió al Partido Socialista Obrero Español, y nunca abandonó esa militancia, pese a las disensiones entre sus dirigentes, en España y en el exilio. Se implicó en la defensa de una ideología marcada por Pablo Iglesias, apodado El Abuelo, como partido marxista, republicano y laicista, pero manteniendo intactos sus criterios estéticos. En sus inicios como escritor suponía factible realizar el arte por el arte, según norma aceptada en la época. La República elegida por el pueblo español en 1931 le obligó a modificar sus esquemas inspiradores, de modo que el arte pasó a convertirse en un servicio social para la difusión de la cultura entre gentes que nunca antes oyeron hablar de ella..

Por el pueblo

Colaboró con el Gobierno de la República integrándose en las Misiones Pedagógicas, demostración de un interés por educar a un pueblo abandonado en la incultura durante la monarquía, por deseo de la Iglesia y el Estado. Le animó la misma intencionalidad para dirigir el grupo teatral El Búho, organizado por la Federación Universitaria Escolar de la Universidad de Valencia. Sin embargo, esa actitud política no trascendió inmediatamente a la escritura. Su obra más importante en este período es Luis Álvarez Petreña, un supuesto escritor de tono romántico, interesado únicamente por sus preocupaciones íntimas de carácter erótico, que apareció en 1934.
En esa época de convulsiones sociales algunos escritores adquirieron un compromiso político con el pueblo, y pretendieron alentar la revolución proletaria con las armas a su alcance, que eran sus escritos. No es el caso de Aub; durante la etapa republicana en paz su escritura también era pacífica, y él mismo asistía a tertulias literario—políticas en las que participaban personas con ideologías muy apartadas de la suya, tanto anarquistas como falangistas. Parece que solamente el teatro le resultaba idóneo para exponer un sentimiento aplicable a la política. Por ese motivo se puso al frente de un grupo teatral, con la intención de recuperar obras clásicas que en su origen fueron populares, después olvidadas por las compañías comerciales.
A comienzos de 1936 en algunos mítines del Frente Popular se representó una obra dramática de Aub, El agua no es del cielo, y en mayo se tiraba en una imprenta valenciana su todavía útil Proyecto de estructura para un Teatro Nacional y Escuela Nacional de Baile. En aquellos años en los que el cine tenía escaso desarrollo en España y no existía la televisión, indudablemente el teatro constituía el mejor método de educación popular.

Guerrillero del teatro

Con la sublevación de los militares monárquicos en el mes de julio se cancelaron todos los proyectos, y se echó mano de la improvisación para afrontar a los agresores fascistas españoles, alemanes, italianos y portugueses. Las Guerrillas del Teatro continuaron la excelente labor de las Misiones Pedagógicas, y para ellas escribió Aub varias piezas de intención educadora, a fin de comprometer a los espectadores activamente en una guerra que implicaba a todos sin excepción posible: ¿Qué has hecho hoy para ganar la guerra? es el título de una de ellas. Se tata de literatura de circunstancias, pero tan singulares que exigían una literatura especial.
Los periódicos derechistas criticaron muy negativamente las actividades de Aub, ya que contribuían a despertar los sentimientos populares por la justicia y la paz. La acusación más reiterada se refería a su condición de ser judío, lo que para ellos constituía un delito, siguiendo el ejemplo de la Alemania nazi.
Los tres años escasos de la República en armas dieron un sentido nuevo a su vida y, en consecuencia, a su escritura. Es poco lo que escribió en ese período, pero la experiencia impresionó decisivamente su espíritu. En Valencia, donde se instaló el Gobierno constitucional, dirigió el periódico socialista Verdad. Nombrado después agregado cultural en la Embajada en París, contribuyó a la organización del Pabellón Español para la Exposición Internacional de 1937, en el que expuso Picasso su magistral Guernica, cuadro que Aub comentó especialmente el día de la inauguración.
De vuelta a Valencia, fue secretario del Consejo Central de Teatro, presidido honoríficamente por Antonio Machado. Tradujo y adaptó al cine L’Espoir de André Malraux, y colaboró en la filmación. Con el equipo cinematográfico salió de España por la frontera francesa el 1 de febrero de 1939, perdida ya la esperanza de una victoria republicana.

En los campos franceses

Puesto que había elegido la nacionalidad española en 1923, y se sentía un patriota español, tuvo que abandonar la patria de elección, conquistada por los nazifascistas, para regresar a la de nacimiento, que muy pronto iba ser también derrotada por los nazis, sin oponer resistencia. Sus dos patrias dejaron de serlo, puesto que deseaba vivir en libertad, y en ninguna de las dos le era posible conseguirlo.
Francia se portó con él tan mal como con todos los republicanos españoles. La actitud de la República Francesa ante la República Española fue inicua durante la guerra, e inhumana respecto a los exiliados tras ser vencidos. Gran culpa de la derrota la tuvieron la República Francesa y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, con su criminal política de no intervención en la guerra, cuando era notoria la intervención de la Alemania nazi, la Italia fascista y el Portugal salazarista, con la ayuda económica del presunto Estado Vaticano. La disculpa dada por el Frente Popular francés para no ayudar al español fue que se encontraba entre dos potencias agresivas, a las que no deseaba molestar. De nada le sirvió su cobardía, porque Francia fue invadida y el 22 de junio de 1940 se rindió ante la Wehrmacht: la República Francesa quedó convertida en colonia de la Alemania nazi.
Denunciado por José Félix de Lequerica, embajador de la dictadura, ante las autoridades francesas como judío y comunista, Aub conoció los inhumanos campos de concentración franceses, a semejanza de los alemanes. Era joven y consiguió sobrevivir en aquel ambiente hostil. Estuvo internado en el famoso estadio de Roland Garros, convertido en gran cárcel para la desesperanza, después en el campo de concentración de Vernet d’Ariège, más tarde en la prisión de Niza, de nuevo en Vernet, hasta que el 25 de noviembre de 1941 fue embarcado con destino al campo de concentración de Djelfa, en Argelia, donde el sufrimiento superó todos los padecimientos anteriores. Consiguió evadirse el 8 de julio de 1942, y cuando pudo y como pudo embarcó para México, adonde llegó el 1 de octubre.

México, última patria

Pasó casi exactamente treinta años exiliado en México, puesto que falleció el 22 de julio de 1972, como ciudadano mexicano, ya que obtuvo su cuarta nacionalidad en 1956, después de tener la alemana por su padre, la francesa por su nacimiento y la española por elección. No obstante, patrias efectivas no tuvo más que dos, España y México, y de ellas fue la americana la que le mostró un mejor comportamiento. En México pudo trabajar como profesor, dictar conferencias, colaborar en periódicos, publicar 61 libros, redactar guiones cinematográficos, estrenar piezas teatrales, y por encima de todo, consiguió vivir en libertad.
La obra fundamental de Max Aub está hecha en el exilio. La editada antes fue una preparación estilística, en la que ensayó diversas expresiones en diálogo teatral, narración y verso. Le faltaba el gran tema inspirador, que hiciera necesario un replanteamiento estético. Si durante la etapa de la República en paz buscó el medio de servir al hombre de la calle con su escritura como referencia, con la República en armas descubrió la razón inspiradora, y en el exilio la puso en práctica. Al llegar a México tenía 39 años, de modo que estaba completa su formación biológica, ideológica y estilística. La experiencia de la guerra y el exilio es el gran tema esencial de su obra literaria, el que le hizo definitivamente escritor.
Por haber vivido aquel momento trágico, lo describió documentalmente con viveza testimonial. Puso en boca del médico socialista Julián Templado, en Campo de los almendros, su opinión sobre el valor de las novelas como testimonios de la historia:

–Los únicos documentos fehacientes: las novelas.
–¡Pero sin son cosas inventadas! –aduce, candoroso, Juanito Valcárcel.
–Por eso: por lo menos tienen como base una cosa real: la imaginación. (Almendros, p. 237.)

Gracias a su imaginación colocó a unos personajes ficticios como protagonistas de sucesos reales. Así convirtió las novelas sobre la guerra en documentos fehacientes de la realidad, bien redactados imaginativamente y ajustados a los hechos históricos con personajes ficticios, pero realistas.

Escritor sin lectores

Las seis novelas integrantes de la serie El laberinto mágico, tituladas cada una de ellas como un campo, constituyen el documento principal de su obra completa: Campo cerrado (1943), Campo de sangre (1945), Campo abierto (1951), Campo del Moro (1963), Campo francés (1965), y Campo de los almendros (1968). Vamos a examinarlas como exponentes de la ética y la estética maxaubianas, un resumen de la totalidad de su obra escrita en prosa narrativa o teatral y en verso.
Nos importa saber que Aub pagaba las ediciones de sus libros, aunque varios luzcan en la cubierta el nombre de Tezontle, empresa del Fondo de Cultura Económica, la mayor y mejor editorial mexicana. Es seguro que no recuperaba el coste de la publicación, cubierta con los ingresos obtenidos con sus trabajos como profesor y periodista. Sus ediciones tenían prohibida la entrada en España, debido a la temática que trataban, y en los países hispanoamericanos se vendían poco. Lo reconoce el autor en sus Diarios: el 1 de noviembre de 1954, cuando ya contaba con una bibliografía de treinta libros editados, anotó su extrañeza por la escasa atención que recibían:

Uno de los casos más curiosos, que no me explico, es mi falta total de éxito. Mis libros no se venden. No tengo editor […] Viste mucho eso del Fondo de Cultura, lo que no sabe la gente es que los libros los pago yo y que el Fondo de Cultura Económica únicamente los distribuye. (Diarios, p. 252.)

Y dos años antes de su muerte, el 21 de marzo de 1970, cuando tenía impresos 62 libros con su nombre, realizó un examen íntimo, por la necesidad de entender por qué y para quién escribía, una interpelación a la conciencia muy frecuente entre los escritores:

No escribo con ningún eco. Lo hago por gusto, porque no sé hacer otra cosa, porque no hay nada que me guste más, […] No busco el éxito, no busco renombre, no busco honores; no busco lectores (tendría que escribir menos y corregir más). ¿Para quién escribo? No lo sé, ni creo que ningún escritor bien nacido lo sepa. Para quien le dé la gana. (Diarios, p. 449).

Es una confidencia muy explicativa. Confirma que escribía por necesidad vital, que debía escribir para continuar viviendo, y además que invertía el dinero conseguido con los restantes trabajos en pagar la edición de sus escritos. Editar consiste en compartir ideas propias con otras personas, lo que exige necesariamente la existencia de lectores. Sin embargo, Aub reconocía carecer de ellos. No obstante, escribía y publicaba porque no podía dejar de hacerlo.

Por un solo lector

Si en aquel momento resultó ignorado por los lectores, ahora ha conseguido el reconocimiento como escritor testigo de su tiempo aterrador, cronista de la República en armas para defender al pueblo de los militares monárquicos sublevados, y del exilio sufrido por ese mismo pueblo derrotado por el nazifascismo internacional. En Campo de los almendros incluyó en medio del relato novelesco unos comentarios del autor en torno al concepto de la novela, titulados “Páginas azules (porque habrían de ir impresas en papel de ese color)”, donde afirmó:

Ahora bien, lo que importa es que quede, aunque sea para uno solo en cada generación, lo que aconteció y lo sucedido en Alicante esos últimos días del mes de marzo de 1939. El autor cree que, si en vez de escribirlo en prosa, lo cantara en ferias y plazas tendría éxito; pero es un medio que ya no se emplea, y el cine y la televisión, que lo han reemplazado, ignoran esos caminos. (Almendros, p. 363.)

Como cronista, le importaba que permaneciese para la historia el testimonio escrito de lo vivido por el pueblo. Fue una gesta que debería ser cantada por las plazas, como hacían antiguamente los juglares, y en épocas posteriores los ciegos. El mester de juglaría cantaba las hazañas de los combatientes castellanos contra los invasores moros, y eso mismo hizo Aub. Aunque no haya más que un lector en cada generación, está justificado escribir y publicar la crónica de los sucesos, a fin de que el testimonio perdure en la memoria de las gentes y sea conocido por las generaciones posteriores. Vamos a examinar los testimonios declarados por Max Aub en las novelas de El laberinto mágico, una canción de gesta del siglo XX.

Sin republicanos

Lo primero que constató Aub es que en aquella España no había republicanos, algo que comentó asimismo en su momento Manuel Azaña. En Campo cerrado expuso una opinión personal como cronista, al estudiar la evolución del sentimiento republicano en la sociedad. El asunto es de enorme interés, y nos obliga a reflexionar para ver qué había pasado con aquel entusiasmo popular compartido por la gran mayoría de los españoles que votó por los candidatos republicanos para expulsar al rey dictador:

En 1930, el mundillo burgués fue republicano. Cuando se proclamó la que había de ser panacea, un tanto por chiripa, como si del dicho al hecho hubiese desengaño, no fue tanto: los de buen nombre vieron aquello como un insulto personal, los de buen capital con temor. Ser republicano con la República no vestía ya nada. Y cuando los socialistas intentaron unas tímidas reformas, los de posibles y los radicales se dieron la lengua y quebraron la niña. (Cerrado, p. 124.)

Es cierto que el Gobierno formado por la conjunción republicano—socialista, vencedora en las elecciones de 1931, actuó con timidez a la hora de intentar poner coto a los privilegios de clase, sin atreverse siquiera a llevar a cabo una reforma agraria a fondo, como reclamaban los trabajadores del campo. A pesar de ello, las fuerzas de las derechas anticonstitucionales se oponían por principio a cualquier innovación, y no digamos la ultraderecha, azuzada por los monárquicos y los clérigos. Las izquierdas se agrupaban en partidos con su propia ideología, la única que les importaba. Solamente les interesaba la República para conseguir sus fines particulares, sin atender al bien común de los ciudadanos. En cuanto a los nacionalistas, no atendían más que a su conveniencia, sin preocuparles lo que ocurriera en el Estado español.
Era escasa la afiliación en los partidos estrictamente republicanos, los únicos defensores de ese ideario sin otras connotaciones. Y alguno, como el Radical presidido por Alejandro Lerroux, atendía a sus propios negocios económicos más que al bien público, lo que le condujo al desastre en el caso del estraperlo.

Memoria de Azaña

El político más respetado en aquellos años fue Manuel Azaña, elegido por eso presidente de la República el 10 de mayo de 1936. La opinión de Aub sobre él era ambivalente. En sus Diarios censuró algunas actitudes humanas y políticas del líder de Izquierda Republicana, y criticó negativamente sus Memorias políticas y de guerra: léanse las páginas 418 a 421 para comprobarlo. No obstante, reconocía su honradez y entrega al ideal que servía; por ejemplo, cuando escribió: “Su amor a España, a la que llevaba dentro, le salvará” (p. 188).
Un personaje de ficción en Campo abierto, el dramaturgo Ambrosio Villegas, asiste a una reunión del Comité de Espectáculos Públicos UGT—CNT, mantenida en Valencia al comienzo de la sublevación militar, y rememora el histórico mitin de Azaña en Mestalla el 26 de mayo de 1935. El narrador le hace evocar el sentimiento de los asistentes:

Villegas se recuerda del mitin de Mestalla. El sentimiento conjunto, regado, machimbrado de cien mil personas. Lloró al oír hablar a Azaña. No era la oratoria: era el deseo de aquella masa, su ilusión idealmente solidificada, la seguridad de un mundo mejor a la vuelta de unas semanas, por carisma. (Abierto, p. 26.)

El carisma de Azaña hacía sentir al pueblo la realidad de la promesa de una España mejor, más justa y solidaria. Tal era la opinión popular. Sin embargo, algunos partidos y algunos sindicatos, entregados a sus intereses exclusivistas, denostaban su figura. Así, a una intervención de Villegas replica el presidente cenetista: “Es una gracia de intelectual partidario de Azaña”, y anota el narrador: “Dijo Azaña, con el mismo desprecio que si hubiese dicho Sanjurjo.” En esa escena Aub se comporta como un simple cronista: opone el recuerdo emocionado de un personaje al despectivo de otro. Estaban dos españas en guerra, pero en una de ellas combatían entre sí otras varias españas minúsculas, algunas ridículas.

Represalias contra los vencidos

Las escenas de barbarie ejecutadas en la zona nacionalista en el nombre de Dios fueron sanguinarias. Convertida la rebelión militar en una cruzada contra los sindiós, según dictamen de la Carta colectiva del Episcopado español, quedaba bendecido el exterminio de los ateos, lo mismo que se hizo durante las cruzadas medievales contra los infieles. Con una diferencia notable, como era que aquellas cruzadas fueron promovidas para destruir a los musulmanes, y en cambio en España los moros marroquíes combatían junto a los militares rebeldes como soldados auxiliares fanáticos y sádicos.
En la misma novela, el maestro socialista de Albarracín (Teruel) relata una de tantas escenas protagonizadas por los falangistas y sus cómplices, atestiguada por las descripciones de los supervivientes en cualquiera de los lugares conquistados por los rebeldes, siempre iguales en la aplicación del horror como arma de guerra para exterminar a los enemigos:

Después de lo de La Puebla, unos doscientos desgraciados de la C. N. T. intentaron meterse por Bezas. Los coparon. Y los moros no dejaron uno para muestra. Empalaron en las bayonetas las orejas de todos y las partes. […] Y ataviados con estos despojos desfilaron tan majos por el Óvalo ante lo mejor del pueblo. […] Las señoritas en los balcones y detrás los falangistas. […] El general brillaba con todas sus cruces, la tripa partida por su fajín celeste. Y el obispo a su lado. (Sangre, pp. 254 s.)

No es una escena inventada, porque en cada ciudad o pueblo conquistados por los rebeldes contaban algo parecido. Como cronista, Aub se limitó a narrar lo que vio o escuchó a testigos presenciales. Nadie ignoraba el atroz salvajismo con que fueron tratados los republicanos en la plaza de toros de Badajoz, superador de las escenas vividas en el circo romano. No lo describió Aub, aunque lo recordó al historiar la reclusión de los republicanos en la plaza de toros de Alicante, en Campo de los almendros, la novela de la derrota con el final de la esperanza:

Formaron grupos en el ruedo de la Plaza. Siete mil hombres. En los tendidos, a media altura, frente a las puertas, ametralladoras y sus servidores. Todos –con los ojos— recuerdan la Plaza de Badajoz. (Almendros, p. 495.)

Era la represalia contra los que se mantuvieron fieles a la legalidad constitucional, por parte de los rebeldes, Cualquier lugar se convertía en cárcel, y cualquier pared en muro de fusilamientos. Se fusilaba por múltiples motivos, porque todo varón que no se hubiera unido a la rebelión era acusado por los rebeldes de auxiliar a la rebelión, una paradoja sarcástica provocadora de miles de muertes.
En Campo de los almendros se describe la epopeya de los derrotados por el nazifascismo internacional, en páginas llenas de angustia, dolor y terror, continuadas en Campo francés con nuevos detalles de horror. El nazifascismo llevó a cabo un genocidio atroz en España, pero las naciones que presumían de ser democráticas no querían enterarse.

Asesinatos legales

Los vencedores actuaron con absoluta impunidad, tanto durante la contienda como en la interminable posguerra. Tras la victoria publicaban los diarios las listas de los fusilamientos llevados a cabo la víspera, como una información normal; llegaron a ser tan extensas que dejaron de imprimirse. Algunos ensayistas disculpan las ejecuciones, alegando que en las retaguardias siempre se cometen actuaciones criminales, y eso es cierto, pero en este caso no cometían los crímenes sujetos incontrolados quizá depravados, sino que los ordenaban las autoridades militares vencedoras.
Aub relató la historia vivida y padecida por él. En Campo de sangre el médico socialista Julián Templado cuenta a un periodista extranjero cómo su padre fue denunciado acusándole de falangista, por un amigo al que ha-bía prestado diez mil pesetas que no deseaba tener que devolverle, como ocurriría si era ejecutado. Le explica que casos de falsas delaciones se dieron en la zona leal, pero en la sublevada se asesinó “legalmente”:

Aquí, por lo general, diéronse los paseos por motivos personales y mala baba; el resentido, vuelto delator si no tenía braveza suficiente para llevar a cabo la realización postrera de sus reconcomios. […] No sucedió así del lado de Franco, donde el impulso mortal era consciente, las listas previamente establecidas y los denunciadores del mejor mundo. (Sangre, pp. 39 s.)

Lo mismo aduce un supuesto corresponsal del autor al final de Campo de los almendros, sobre las muertes violentas ocurridas en las dos zonas enfrentadas, con sus características opuestas:

[…] lo que nadie podrá ocultar, olvidar ni borrar es que [en la zona leal] se mató porque sí. Es decir, porque fulano le tenía ganas a mengano, con razón o sin ella. Ese es otro problema. Pero allá, del otro lado, y aquí, cuando entraron, mataron a sabiendas de quien mandaba. Se mataba con y por orden, con listas bien establecidas, medidas. (Almendros, pp. 542 s.)

La guerra no terminó con la victoria de los sublevados, sino que se prolongó con la represión, mediante los consejos de guerra sumarísimos que duraban unos pocos minutos, puesto que la sentencia era siempre la misma: pena de muerte “por auxilio a la rebelión”. A los condenados con amigos influyentes se les conmutaba por un elevado número de años de prisión, que iban disminuyendo con el paso del tiempo. Toda España se convirtió en un inmenso campo de concentración custodiado por falangistas auxiliados por frailes. El hambre, los piojos y la tuberculosis fueron los compañeros inevitables de los condenados.

Una canción de gesta

El pueblo español fue traicionado, combatido, derrotado, escarnecido, encarcelado y fusilado si no consiguió exiliarse, un pueblo que defendió con más ánimos que armas su libertad y su dignidad. Perdió la libertad con la guerra, pero mantudo la dignidad ante el pelotón de fusilamiento, en la cárcel o en su peregrinaje por el mundo. El pueblo español fue el protagonista de aquella gesta contada y cantada en El laberinto mágico, porque es una canción de gesta desarrollada en prosa, ahora que ya no hay juglares para cantarla en las plazas de los pueblos.
Los personajes aparecen en varias escenas de novelas distintas, pero ninguno es protagonista de la serie: el único protagonista es el pueblo español armado de esperanza para defender a la República. No lo consiguió, pero su gesta fue heroica. Se lo explicó un maestro de escuela y capitán forzoso de artillería, Claudio Piqueras, a su hijo de cinco años, en Campo de los almendros, mientras aguardaban la llegada de una esperanza salvadora con forma de barco, que nunca alcanzó la costa:

Estos que ves ahora deshechos, maltrechos, furiosos, aplanados, sin afeitar, sin lavar, cochinos, sucios, cansados, mordiéndose, hechos un asco, destrozados, son, sin embargo, no lo olvides, hijo, no lo olvides nunca pase lo que pase, son lo mejor de España, los únicos que, de verdad, se han alzado, sin nada, con sus manos, contra el fascismo, contra los militares, contra los poderosos, por la sola justicia; cada uno a su modo, a su manera, como han podido, sin que les importara su comodidad, su familia, su dinero. Estos que ves, españoles rotos, derrotados, hacinados, son, no lo olvides, lo mejor del mundo. No es hermoso. Pero es lo mejor del mundo. No lo olvides nunca, hijo, no lo olvides. (Almendros, p. 405.)

No se olvidará su gesta gracias a crónicas como El laberinto mágico. Max Aub actuó en ese caso a la manera de un cronista narrador de unos acontecimientos observados por él mismo o escuchados a testigos presenciales, por lo que manifiestan un tono de veracidad y a la vez sencillez incomparables. Al unificarse los trabajos del novelista y el historiador en una misma escritura, el relato es simple y directo, como una crónica periodística redactada en el lugar de los hechos, al mismo tiempo que emotiva por tratarse de unos acontecimientos que cambiaron por completo la vida de los españoles, incluido el autor.

Bibliografía citada:
ABIERTO: Campo abierto, México, D. F., Tezontle, 1951.
ALMENDROS: Campo de los almendros, México, D. F., Joaquín Mortiz, 1968.
CERRADO: Campo cerrado, México, D. F., Tezontle, 1943.
DIARIOS: Diarios (1939—1972), ed. de Manuel Aznar Soler, Barcelona, Alba, 1998.
MORO: Campo del Moro, México, D. F., Joaquín Mortiz, 1963.
SANGRE: Campo de sangre, México, D. F., Tezontle, 1945.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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CHERID. Un sicario en las cloacas del Estado

Redacción. LQS. Marzo 2019

Nos llega esta reciente publicación, CHERID. Un sicario en las cloacas del Estado, un trabajo de investigación de varios años realizada por la periodista Ana María Pascual que entre archivos e indagaciones, y dando texto a los relatos de Teresa Rilo

Las cloacas del estado, las heredadas del franquismo, las que vigilaron la transición, las cloacas de nuestros días… un libro que destapa verdades silenciadas.

Jean Pierre Cherid (1940-1984). Atracador en Francia, miembro de la OAS (Organización del Ejército Secreto, grupo de militares golpistas franceses) en Argelia, en labores contra el Frente de Liberación Nacional (FLN); mercenario en Biafra; protegido por el régimen de Franco con Carrero Blanco; íntimo amigo de Antonio González Pacheco (Billy el Niño), conocido torturador de la Brigada Político Social de la dictadura y de los primeros años de la Monarquía; destacado activista del GAL con Felipe González en el gobierno… Con carné del Servicio de Inteligencia de la Guardia Civil (SIGC), expedido a uno de sus “nombres de guerra” con categoría de sargento primero.

Cherid se casó en España con Teresa Rilo cuyos recuerdos, entreverados de amargura, se recogen en estas páginas junto a la exhaustiva investigación llevada a cabo por la conocida periodista Ana María Pascual.

Un libro que pone al desnudo los entresijos del quehacer regular de las cloacas del Estado y el drama de una mujer que los vivió junto al hombre en quien un día creyó.

“Una mujer herida, agonizante e invisible, casi inexistente. Me veía a mí misma como una sombra, sin consistencia alguna, relegada a un rincón oscuro por todos los que aprovecharon mi debilidad para lucrarse.”
(Teresa Rilo).

Las autoras:

Ana María Pascual. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Periodista de investigación, está especializada en temas sociales y en memoria histórica. Curtida en los semanarios Interviú y Tiempo, ha trabajado en Diario 16 y El Nuevo Lunes, y ha colaborado en los suplementos El Semanal y La Mirada. Ha cubierto los grandes sucesos ocurridos en España en los últimos años, en especial los relacionados con terrorismo y corrupción. Además, ha realizado una incisiva investigación de la conocida como trama de los niños robados, labor que le ha valido el reconocimiento de las asociaciones de afectados, que le otorgaron el Premio Solidaridad, en la modalidad Prensa, en 2017.

Teresa Rilo. Nació en 1951 en Pontevedra, en el seno de una familia obrera y emigrante. Se crio en San Sebastián, donde regentó una afamada peluquería. Se casó con el mercenario francés Jean Pierre Cherid y fue testigo de la creación y de la evolución de los primeros grupos organizados por el Terrorismo de Estado. Tras la muerte de su marido, se ganó la vida en el mundo de la hostelería hasta su jubilación.

CHERID. Un sicario en las cloacas del Estado. El Garaje Ediciones.
Autoras: Ana María Pascual / Teresa Rilo. 208 páginas . ISBN: 978-84-949265-0-1 . 15€

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El bostezo nacional según Machado

Arturo del Villar*. LQS. Febrero 2019

Machado conocía al pueblo porque se crió en él. Aunque pertenecía a una familia culta, el abuelo médico y catedrático universitario, el padre abogado y folclorista, en su niñez sevillana escuchó a cantaores y guitarristas que le contaban coplas al padre, y ya en Madrid se educó en la Institución Libre de Enseñanza, en donde se respetaba la cultura popular tanto como la científica

Muchos poemas de Antonio Machado son capítulos de la triste historia de España puestos en verso. Vanos a analizar la personalidad de “Este hombre de casino provinciano”, retratado en su poema “Del pasado efímero”, incluido en su libro Campos de Castilla. Conocía a los contertulios de los casinos provincianos, porque él mismo distraía las horas en ellos, cuando no acudía a una rebotica de un farmacéutico amigo. Tenemos la creencia de que le gustaba más escuchar las opiniones ajenas que expresar las suyas, porque era “misterioso y silencioso”, según el retrato lírico que le trazó Rubén Darío.
De modo que el protagonista del poema es un español medio, como tantos otros con los que debió de reunirse el poeta en los casinos. Un burgués, porque los obreros no acudían a los casinos, sino a las casas del pueblo para intercambiar ideas. Sabemos que es un hombre mayor, tiene el pelo cano y el bigote gris, de modo que en 1915, fecha en que pudo ser compuesto el retrato, contaría alrededor de 70 años. En los labios muestra el hastío y presenta “una triste expresión, que no es tristeza”, sino aburrimiento, porque lo cierto es que no sabe qué hacer para justificar su vida, y por eso pierde el tiempo en el casino.

Su problema consiste en que no se encuentra nada interesante en su cerebro, representado en el poema por la cabeza, al tomar una parte por el todo: se halla “el vacío / del mundo en la oquedad de su cabeza”, una particularidad común a muchos hombres de su tiempo, a juzgar por la reiteración con que expuso el poeta esa identidad nacional, quizá extensible a otros períodos también. Por ejemplo, el número L de los “Proverbios y cantares” en el mismo libro explica:

–Nuestro español bosteza.
¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?
Doctor ¿tendrá el estomago vacío?
–El vacío es más bien en la cabeza.

Este anónimo personaje del casino también bosteza, y lo hace por aburrimiento al hablar de política, en una de esas pláticas de café en las que ninguno de los contertulios acierta a comentar algo importante, porque carece de inquietudes de cualquier tipo: “Bosteza de política banales / dicterios al gobierno reaccionario”, puesto que él es liberal y espera que vengan los suyos para resolver los graves problemas de España. Pero sus comentarios son banales, seguramente lo que ha aprendido en alguna revista de partido o en los periódicos afectos, no se le ha ocurrido al leerlo en un ensayo, porque no gasta el dinero en comprar libros.

Las dos españas

Como tantos otros españoles, también él espera que vengan a arreglar los problemas nacionales los políticos de su partido. Está convencido de que vencerán en las próximas elecciones, debido a que los gobernantes actuales, los conservadores, han demostrado ser un completo fracaso. Pero él mientras tanto no hace nada para colaborar en esa solución, pasa las tardes ociosamente en el casino, bostezando y esperando que llegue el momento del cambio. Así se enquistan los problemas, denunciados por sus correligionarios en la tertulia del casino, aunque ninguno de ellos decide poner manos a la obra para empezar a actuar con el fin de intentar solucionarlos. Esa dejadez permite que los jóvenes pierdan la confianza en el futuro inmediato, y se contagien de su inacción, como lo relata el proverbio LIV:

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Esas dos españas se encuentran en la misma situación, porque ninguna de las dos hace nada válido, una por hallarse en la agonía y otra por sentirse aburrida. Inevitablemente el bostezo continuado termina en la muerte. Para el español medio el último bostezo se convierte en el rigor mortis. Si en ese instante supremo pudiera expresar sus sentimientos, diría que al fin y al cabo no resultó duro pasar la vida en un bostezo. De esa forma evitó verse obligado a enfrentarse a los problemas cotidianos presentados en el vivir de cada día. Total, se iba a morir lo mismo.
El español joven que quiere empezar a forjar su vida se encuentra desanimado para emprender alguna actividad, debido a que sus mayores le cortan la esperanza de conseguir algo positivo, cuando mira su ejemplo. Quiere vivir, pero se lo impide el común bostezo nacional, que no valora sus iniciativas, sino al contrario, las corta al considerar que no merece la pena actuar. También él acabará malgastando las horas en el casino, criticando a los gobernantes contrarios a su ideología y esperando la llegada de los suyos para poner a España en pie. No obstante, el cambio político no le incitará a salir del casino para intervenir activamente en la vida nacional.

La cabeza como arma

Paralelo a este poema “Del pasado efímero” es el titulado “Del mañana efímero”, en el que Machado abrió una puerta a la esperanza, al entrever la posibilidad de que una nueva generación joven limpiase de bostezos a la patria adormecida. Supuso que llegaría “con un hacha en la mano vengadora”. El hacha es símbolo de revolución. Los problemas nacionales tan arraigados precisaban de una revolución para quedar resueltos, después de tantos años de corrosión y corrupción. Sucedería en el futuro, porque el presente (el poema está fechado en 1913) era tan efímero como el pasado. Así describió a la patria bajo la monarquía de Alfonso XIII:

Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste
cuando se digna usar de la cabeza, […]

Por lo que resulta preferible que el español mantenga vacía la cabeza, ya que cuando la usa únicamente le sirve para embestir a los que no comparten sus ideas. Al bostezo habitual le añadió aquí otra característica de ese español medio, que es su entrega a la oración. El español tradicional cumple los preceptos de la Iglesia, por lo menos ante la gente, aunque en su cerebro piense que son tonterías. No tiene la cabeza vacía, sino repoblada con algunas ideas aprendidas en los sermones clericales, que es peor.
Lamentablemente, esas ideas son de una brutalidad tal que incitan a embestir al contrario, para impedirle que exprese las suyas. El contrario nunca puede tener razón, es su axioma. Y es verdad que la triste historia de España cuenta con numerosos ejemplos de embestidas, empezando por las proporcionados por los reyes, como el fatídico Alfonso XIII empeñado en dirigir la campaña de África desde su palacio madrileño, hasta conducir a las tropas al desastre inevitable.

Los que embisten

Machado conocía al pueblo porque se crió en él. Aunque pertenecía a una familia culta, el abuelo médico y catedrático universitario, el padre abogado y folclorista, en su niñez sevillana escuchó a cantaores y guitarristas que le contaban coplas al padre, y ya en Madrid se educó en la Institución Libre de Enseñanza, en donde se respetaba la cultura popular tanto como la científica. Y además, como él mismo escribió en su “Retrato” para que los lectores aprendieran su ideología, “Hay en mis venas gotas de sangre jacobina”, desperdigadas en algunos poemas.
Por conocer bien al pueblo tenía necesidad de censurar algunas de sus malas costumbres, como las de bostezar en vez de actuar y emplear la cabeza para embestir. El proverbio XXIV insiste en la crítica, por el deseo de incitar a esos pobres seres sin civilizar a mejorar sus costumbres:

De diez cabezas, nueve
embisten y una piensa.
Nunca extrañéis que un bruto
se descuerne luchando por la idea.

No se trata de una paradoja, puesto que el más bruto de los seres, incapaz de pensar, es precisamente el que con más ahínco intentará defender una idea arraigada en él, quizá por la predicación de un cura. Lo malo es que esa idea no puede ser positiva, sino una brutalidad. Por eso sus argumentos bestiales tendrán un apoyo feroz para derrotar al enemigo. Esto es habitual en la historia de España. El ultramontano Ramón Nocedal, fundador del Partido Católico Nacional y director del periódico integrista El Siglo Futuro, le advirtió en el Congreso a Gumersindo de Azcárate, uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza y presidente del Instituto de Reformas Sociales: “No discuta conmigo, porque lleva las de perder: usted, con sus ideas, tiene que respetar las mías, mientras que yo, con las mías, le puedo aplastar tranquilamente.” Y tenía razón en su sinrazón obtusa. Pudo ser el modelo para ese español que bosteza y embiste descrito por Machado, un hombre de su tiempo, pero no exclusivo de él.

Una biografía posible

Situemos al hombre “Del pasado efímero” en su tiempo vital: nació hacia 1845, al comienzo del reinado de Isabel II, cuando se promulgó una nueva Constitución para afianzar el poder real. En consecuencia cumplió 23 años en el momento en que el ejército y el pueblo organizaban la Gloriosa Revolución en setiembre de 1868, y la abominada Isabel II tuvo que exiliarse en París. Vivió el reinado de Amadeo de Saboya, la I República, la restauración borbónica en la persona de Alfonso XII, el desastre de 1898, y en el momento del poema es vasallo de Alfonso XIII con 70 años. Una vida, pues, en la que ocurrieron acontecimientos notables, en los que debió de limitarse a ser espectador, ya que no se nos dice que interviniese en nada.
Destaca el poeta que “vio a Carancha recibir un día”, el popular torero José Sánchez del Campo, más bien entrado en carnes, razón de su apodo Cara–Ancha en los carteles, que Machado hace una sola palabra. Pasó a la historia de la tauromaquia por ejecutar la suerte de recibir al toro desde que la probó en 1881, según copio de una enciclopedia taurina sin entender lo que eso significa, ni me importa. En ese año nuestro hombre cumpliría 36 de su edad, por lo que pudo verle torear, ya que sus únicas distracciones, además de las tertulias en el casino, eran poco recomendables, y entre ellas figuraba contemplar corridas taurinas:

Sólo se anima ante el azar prohibido,
sobre el verde tapete reclinado,
o al evocar la tarde de un torero,
la suerte de un tahúr, o si alguien cuenta
la hazaña de un gallardo bandolero,
o la proeza de un matón, sangrienta.

Y sus contertulios lógicamente seguirían esos mismos modelos de distracción, por lo que se entiende la postración de España, animada por estos liberales con una idea muy extraña sobre el comportamiento cívico adecuado. El afán de Machado, como el de todos los institucionistas, consistía en educar a los españoles a la usanza europea, cultivando las tradiciones nacionales, pero las buenas, no las protagonizadas por tahúres, toreros, bandoleros o matones. Aquella España de la restauración borbónica volvía a ser tan decadente como la de Isabel II, de modo que la Gloriosa Revolución no había servido para nada, fue una esperanza frustrada.

Un tipo sin historia

Le hemos inventado unas fechas biográficas, para adaptarlo a la época del poema. Sin embargo, Machado advierte en los versos finales que este hombre es un arquetipo, no pertenece a ninguna época: es un español intemporal, que puede ubicarse en cualquier momento que prefiramos, precisamente porque él carece de historia, pese a haber sido testigo de tantos sucesos:

Este hombre no es de ayer ni de mañana,
sino de nunca; de la cepa hispana
no es el fruto maduro ni podrido,
es una fruta vana
de aquella España que pasó y no ha sido,
esa que hoy tiene la cabeza cana.

Aunque dice que es un hombre de nunca, por el contexto se deduce que eso significa que en realidad tipos así no existen para la historia de España, no dejan huella, viven una vida anodina sin pertenecer a ningún tiempo, aunque se hallen situados en uno concreto, incluso revolucionario, porque no son seres de ese tiempo. En el hoy del poema España “tiene la cabeza cana”, como la de aquella generación nacida hacia 1845. Ya que no posee un pasado tampoco puede aspirar a conseguir un futuro, no es nadie.
Vivió en una España “que pasó y no ha sido”, porque no ha quedado ninguna influencia de la Gloriosa Revolución, sino solamente el recuerdo de una faena realizada por Cara–Ancha en el ruedo. Esa etapa pasó sin hacer algo positivo, de modo que es factible considerar que no fue. Así es siempre España, en cualquier momento de su triste historia. Así la vio Machado y así la describió en sus versos. Es inútil lamentarse por lo que pudo ser y no fue. Su poema resume la biografía de cualquier español de ese tiempo.

La rabia y la idea

Sin embargo, no quiso perder la esperanza a causa de esa realidad comprobada. El pasado y el presente eran terriblemente desesperados, pero tal vez en el futuro resultase posible otra España, según adivinó en “El mañana efímero”. Quería creer que una generación que estaba naciendo entonces, hacia 1913, conseguiría modificar la historia. Era la nueva “España de la rabia y de la idea”, que traería un alba de oro al siglo XX. Las estructuras anquilosadas de la vetusta monarquía serían destruidas y reemplazadas por un sistema sólido, apuntalado por quienes cumplirían 23 años en 1936.
No acertó en la profecía, porque cuando pareció que se estaba cumpliendo con la proclamación de la República, traída por una generación impulsiva que imponía con decisión rabiosa sus ideas renovadoras, la otra España arraigada en el pasado borbónico se sublevó, para retroceder hasta las peores etapas de la triste historia secular de España, y repetir la más sanguinaria. Esa España embistió a la otra con ímpetu, y la destruyó, puesto que siempre la fuerza bruta consigue imponer sus ideas monstruosas. Así se estableció el fascismo, y Machado fue a morir en la libertad del exilio.
Y así continuamos, mordiendo con rabia nuestras ideas, en espera de algo nuevo que tal vez llegue algún día. Nosotros así nos lo decimos confiadamente en nuestras conversaciones de café, entre bostezos incontenibles. Suponemos que alguna vez cambiará nuestra mala suerte, la misma suerte que padecieron nuestros mayores. Y qué vamos a hacer si es así siempre la historia de España, y se repite inexorablemente. Esperar y bostezar.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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‘Pioneras’, historia y compromiso de las hermanas Úriz Pi

Redacción. LQS. Enero 2019

Fueron dos navarras vanguardistas, feministas y revolucionarias, dos profesoras que renovaron la educación en Cataluña y, adelantadas a su tiempo, lucharon por los derechos de las mujeres y la infancia. Una vida de heroica resistencia antifascista en la que se profundizará en la tertulia organizada en el Ateneo de Madrid el próximo sábado 26 de enero, a las 18:00 horas

Desconocidas hasta ahora, su apasionante trayectoria vital merece ser contada debido a la proyección internacional de su compromiso social y político. Pepita y Elisa Úriz Pi, nacidas en Navarra, fueron verdaderas precursoras de la renovación pedagógica en las primeras décadas del siglo XX pero, después, asumieron responsabilidades de primer orden tanto en la Segunda República como durante la Guerra Civil. Integrantes de las primeras organizaciones feministas, jugaron un papel clave en el exilio español, formando parte de los primeros grupos de la Resistencia en Francia, colocando así a los refugiados republicanos en el cuadro de honor en el combate contra el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Víctimas de la Operación Bolero-Paprika, uno de los episodios más oscuros y vergonzosos en la historia contemporánea de Europa, lucharon contra la dictadura franquista, por la paz mundial durante la Guerra Fría y, sobre todo, por los derechos de la mujer y la infancia en todo el mundo.

El libro Pioneras. Historia y compromiso de las hermanas Úriz Pi es el resultado de un proyecto para la recuperación de la trayectoria vital de estas dos mujeres iniciado el año 2013 por el ayuntamiento navarro del Valle de Egüés, el tercero en importancia de esta Comunidad Foral, y el Concejo de Badostáin, pequeña localidad próxima a Pamplona, de la que eran originarias. Gracias a esta intervención, se realizó una exposición gráfica bajo el título “De Badostáin a Berlín Oriental. Historia y compromiso de las hermanas Úriz”, que, con 16 paneles, en la actualidad ya tiene cuatro versiones: castellano, castellano-euskera, catalán y alemán-castellano.

La exposición ha sido visitada ya por miles de personas en decenas de localidades tanto en la región vasco-navarra como en Cataluña y en seis ciudades de Alemania, incluidos los centros que el Instituto Cervantes tiene en Berlín y Hamburgo. Igualmente ha sido expuesta en el Parlamento de Navarra y en el Museo del Exilio de Cataluña, estando prevista su próxima inauguración en la sede del Memorial Democratic de Barcelona, organismo dependiente de la Generalitat de Catalunya, realizándose gestiones para su montaje en París y Toulouse, además de haber servido como herramienta de trabajo para varios institutos de Secundaria en Navarra y facultades de la Universidad del País Vasco.

Especial significación tuvieron los actos que se celebraron en Berlín el 24 de marzo de 2015, en colaboración con la Embajada de España y el Instituto Cervantes, ya que la inauguración de la exposición en el Instituto Cervantes sirvió para realizar el primer homenaje oficial del Estado Español al exilio republicano en la República Democrática de Alemania. Fueron impulsores de este homenaje quien fuera entonces embajador de España en Berlín, Pablo García-Berdoy, y la directora del Instituto Cervantes, Cristina Conde de Beroldingen.

La obra coeditada por Txalaparta y el Ayuntamiento del Valle de Egüés está dividida en cuatro partes: una biografía general elaborada a partir de la investigación llevada a cabo por el historiador Manuel Martorell, dos capítulos monográficos sobre la aportación pedagógica de las dos hermanas y las medidas represivas tomadas contra ellas, a cargo, respectivamente, de Salomó Marquès (Universidad de Girona) y Carmen Agulló (Universidad de Valencia) y un bloque documental gráfico, compuesto fundamentalmente por las fotografías personales que conservó la doctora Olga García Domínguez, amiga y compañera de las dos hermanas durante su exilio en la República Democrática de Alemania.

Manuel Martorell –Elizondo (Navarra), 1953– es periodista y doctor en Historia. Ha centrado sus investigaciones en figuras relevantes de la militancia comunista en Navarra y en la actitud política del carlismo bajo la dictadura franquista. Resultado de estos trabajos, destacan, entre otros, los libros Jesús Monzón, el líder comunista olvidado por la Historia, Retorno a la lealtad y ahora el dedicado a las hermanas Úriz. Como periodista, está especializado en Oriente Medio y el problema kurdo, sobre el que ha publicado varias obras de referencia, además de haber ocupado cargos de responsabilidad en Diario 16, El Mundo y Cuartopoder.

Salomó Marquès Sureda –L’Escala (Girona), 1942– ha sido catedrático de Historia de la Educación en la Universitat de Girona y ha realizado estudios sobre la escuela republicana y franquista, especialmente el exilio y la depuración del magisterio en Catalunya, habiendo publicado libros y artículos sobre la materia en España, México, Venezuela, Italia y Francia. Entre sus obras, destaca L’exili dels Mestres. También ha formado parte de la Sociedad de Historia de la Educación y la Societat Catalana d’Història de l’Educació.

Mª Carmen Agulló Díaz –Xinzo de Limia (Ourense), 1957– es profesora titular de Historia de la Educación en la Universitat de València. Sus ámbitos de investigación son la historia de la educación de las mujeres, especialmente durante la Segunda República y la Dictadura franquista, la utilización de nuevas fuentes en la historia educativa y la recuperación del patrimonio histórico-educativo valenciano. Ha publicado diversos libros y artículos, destacando Mestres valencianes republicanes, y Maestros valencianos bajo el franquismo. La depuración del magisterio 1939-1944, con J.M. Fernández Soria.

Pioneras. Editorial Txapalarta. Colección ORREAGA
Ensayo. ISBN 978-84-17065-56-0. Páginas 197

Presentación de ‘Pioneras’ y tertulia sobre las hermanas Úriz Pi en Madrid
«Tertulia de las Tres Tertulias. Reflexiones sobre el Ser» del Ateneo de Madrid
Fecha: 26 enero 18:00 horas
Lugar: Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid (Calle del Prado, 21 )
Tomarán parte: María Victoria Caro, Manuel Martorell, Alfonso Etxeberria, Olga García

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Entre las Inca Fries y las papas platónicas

Francisco Cabanillas. LQS. Enero 2019

Más que recordarlo, siento el pasado.
Eduardo Lalo

La modernidad, como proyecto de expansión capitalista,
ha sido ‘irracional,’ según Enrique Dussel…
Adolfo Albán Achinte

I

Por necesidad histórico-poética, hay que empezar con las de Neruda: “Oda a la papa” y “Oda a las papas fritas,” ambas de 1956. Las más literarias, “purísima / rosa blanca / enterrada,” de la huerta latinoamericana que, feraz, cuenta con hortalizas a granel, como la “Silva a la agricultura de la zona tórrida” (1826) de Andrés Bello: “tú en urnas de coral cuajas la almendra [el cacao] / que en la espumante jícara rebosa.”

Imantación agropoética; desde Neruda, la poesía se deja llevar por la fuerza de gravedad literaria: “Papa, / materia / dulce, / almendra / de la tierra.”

La oda de Neruda mueve montañas, en las que, desde una geopolítica de la feminidad lunar, como se verá en breve, la papa andina (“sorda” y “ciega,” dice el poeta) ha cavado sus fosos: “Papa / te llamas / papa / y no patata, / no naciste castellana.”

No del sol, sino de la luna; la papa, según Rodolfo Sánchez Garrafa en “Simbolismo y ritualidad en torno a la papa de los Andes” (2011), complementa, desde lo femenino, la masculinidad solar del maíz.

Subterránea y húmeda, ella es, oscura y terrosa, la luna de los Andes.

La papa de Neruda, “compacta como un queso / que la tierra elabora / en sus ubres / nutricias”; estoica, “Apenas / si hablas en el infierno del aceite”; solidaria, “enemiga del hambre, / en todas las naciones,” la papa de Neruda, botánica del demos, se plantea como lo que ha sido: “tesoro / interminable de los pueblos.”

Tesoro que acompañó a los “capitanes derrotados” de la “España inquisidora” del siglo XVI —en busca del “oro salvaje / en la matriz / quemante de la araucanía”; “sus uñas / codiciosas / fueron exterminadas”— cuando regresaron, cabizbajos, a las “piedras de Castilla”: “los pobres capitanes derrotados / levantaron en las manos sangrientas / no una copa de oro, / sino la papa / de Chiloé marino.”

Por eso, en la “Oda a las papas fritas,” Neruda empieza con esta fricción: “Chisporrotea / en el aceite / hirviendo / la alegría / del mundo.”

II

Desde Marruecos, donde radica, en Kinitre, desde 2015, invitado a Usamérica para la celebración del Mes del Legado Hispánico (septiembre y octubre, 2018), el poeta nuyorican, o mejor, diasporriqueño (Puerto Rico-Nueva York; Nueva York-California; California-Puerto Rico; Puerto Rico-Marruecos), Víctor Hernández Cruz, autor, entre otros poemarios posnuyoricans, de By Lyngual Wholes (1982), se presenta en una universidad del norte de Ohio: Bowling Green State Univeristy.

Nacido en Aguas Buenas, Hernández Cruz trae en el equipaje, a prueba de rayos x y de kriptonita, los tres últimos poemarios de su nueva diasporidad marroquí (¿una rizomaticidad boricua diría la poeta Área María Sotomayor?): The Mountain in the Sea (2006), In the Shadow of Al-Andalus (2011) y Beneath the Spanish (2017).

Ante el público universitario, Hernández Cruz se presenta con la cadencia pausada, quizás imantada o caleidoscópica, de un poeta que, a los diecinueve años, puso en las bibliotecas un poemario nuyorican, demasiado nuyorican, como Snaps (1969), sobre el que Allan Ginsberg, el Poeta de la Generación Beat, se dio el placer de usar un arcaísmo resplandeciente: “poesy.”

Entre los libros, Hernández Cruz baraja poemas como si fuera un jugador de páginas.

En medio de una incursión histórico-poética por el imaginario cultural de la América mestiza y mulata, Hernández Cruz gravita de golpe —¡vórtice, imantación!— hacia la poesía de Neruda, cuando toca, en una referencia a la cultura popular boricua, el tema culinario de las Antillas, presente en su poesía sinestésica y melómana, además de gastrocéntrica, desde Snaps (1969): “Energy / is red beans” / Energía / es la habichuela roja.”

En otros poemas que celebran y “cerebran” la agricultura prehispánica en general y la taína en particular; tradición que, hasta la irrupción de la papa y el maíz transgénicos al final de la segunda mitad del siglo XX, ha dado mucho de comer al mundo poscolombino, la poesía de Hernández Cruz, desde Nueva York, Puerto Rico, California y Marruecos, huele a tierra de Aguas Buenas y de las Américas.

En otra reflexión mito-poética del poeta se da un momento de silencio cargado de poesía; condensación. Desde una referencia a la yuca taína, Hernández Cruz salta a la papa andina, pero ahora con una envoltura nueva que busca contrarrestar el afrancesamiento de las papas fritas usamericanas (French fries): ¡Inca Fries!

Papas fritas, dice Neruda: “somos americanos, / papa, / somos indios.”

III

Desde la poesía, las Inca Fries del poeta boricua cargan el espacio literario de espejismos. En uno de sus poemarios, Red Beans [Habichuelas rojas] (1991), se derrama la salsa de tomate; “red be-ings [seres rojos]” que se pasan el tiempo en la cocina “Cooking red beans [cocinando habichuelas rojas]” emergen como si fueran entes del recetario de Oswald Rivera: Puerto Rican Cuisine in America: Nuyorican and Bodega Recipes (2002).

Las imágenes en flujo que produce el poeta boricua neomarroquí, Hernández Cruz, en tándem con el guiso poético de Red Beans, llenan de humo y de sabor las páginas de sus poemarios y su conversación con el público.

Las Inca Fries se quedan con la poesía.

A su vez, intersecan con otra papa. Otro tipo de metáfora, de diferente textura, puesta sobre la mesa, desde La botánica del deseo. El mundo visto a través de las plantas (2008), por un ensayista, Michael Pollan; quien, además de jardinero y periodista investigativo de temas culinarios, parece poeta al acuñar la nueva realidad transgénica del tubérculo andino, apropiado por la transnacional Monsanto, como “la papa platónica.”

Agropolítica; del monocultivo que promueven las transnacionales como Monsanto —una agricultura “apolínea,” demasiado apolínea, de la que no puede sino surgir un concepto paradójico, como el “sublime agrícola,” también acuñado por Pollan, según el cual la perfección del monocultivo, sus líneas rectas y su limpieza total, ensalza el poder del hombre (en vez de evanescerlo)—; de esos monocultivos transgénicos, dice La botánica del deseo, surgen papas perfectas, idóneas, como las ideas de Platón. Papas platónicas que seducen el paladar del comensal socializado en las sazones corporativas de la cocina fast food de McDonald’s.

Las papas platónicas de McDonald’s crean el deseo de comerlas, dice Pollan; y el deseo de comerlas, subraya, las perpetúa. Circuito de tres colonialidades, nos vemos compelidos a subrayar: la del poder (una brutalidad trabada entre la raza y el trabajo), la del saber (un terrorismo científico-corporativo que privatiza genomas milenarios) y la del sabor (un gustema transnacional manufacturado para el éxito comercial).

Choque; entre las papas andinas de los poetas y las platónicas del ensayista —y no porque este las defienda— se produce un estallido; estruendo que solo oyen los que, autocríticos, han dejado de comer las papas platónicas —en el fondo, ¡caras, demasiado caras!— que otro ensayista, Michael Apple, ha puesto bajo el microscopio del “pensamiento relacional” en su crónica “Comiendo papas fritas baratas” (2003).

Pensamiento relacional que, como el decolonial, rastrea las conexiones invisibilizadas por el Poder. Como las relaciones entre el espacio de la “blanquedad,” según Apple, el cual hace realidad las “papas fritas baratas” de McDonlad’s para el consumo usamericano; y el espacio de la “otredad” —añadimos desde una charla de Ramón Grosfoguel; espacio del “no-ser” acuñado por Franz Fanon—, espacio donde habita “el lado oscuro” de la modernidad —la subordinación racista y sexista— que Walter MIgnolo alumbró, en The Darker Side of the Reniassance (1995), con luz decolonial: la modernidad como inseparable de la colonialidad, fuerza que domina desde una “diferencia colonial” eurocentrada.

La Filosofía Latinoamericana de la Liberación, encabezada por Enrique Dussel, tiende un puente político entre las Inca Fries de Hernández Cruz y las papas andinas de Neruda: “honrada eres / como / una mano / que trabaja la tierra.” Papas cargadas de una sociabilidad incaica que democratiza la agricultura y por ello el acceso a la comida: “enemiga del hambre, en todas las naciones / se enterró su bandera / vencedora.” Papas marcadas por la poesía: “[papa] harina de la noche / subterránea.”

Las Inca Fries de Hernández Cruz y las papas de Neruda atraviesan, como una flecha en busca de un mejor futuro, la modernidad/posmodernidad de la papa platónica-transgénica-neoliberal de Monsanto, horadando por aquí y por allá las colonialidades que la Filosofía de la Liberación desmonta desde la “exterioridad relativa” del pensamiento “transmoderno,” elaborado por Dussel. Un pensamiento que rearticula filosofías y políticas que, como las indígenas, la modernidad no pudo erradicar, pero que excluyó, como el “mandar obedeciendo” de los zapatistas, tras el golpe de gracia imperial de 1492.

Porque las Inca Fries y las papas de Neruda se inscriben en la terrosidad de la sabiduría prehispánica, combaten desde la poesía el “epistemicidio” que, como crítica a la colonialidad del saber de la “universidad occidentalizada,” Ramón Grosfoguel resume en tanto clave de una política latinoamericana “pluriversa,” liberada de los espejismos racistas y sexistas, entre otros, de la modernidad eurocéntrica: “la transmodernidad… rechaza una universalidad de soluciones donde una epistemología defina para el resto lo que es la solución” (“Racismo/sexismo epistémico, universidades occidentalizadas y los cuatro genocidios/epistemicidios del largo siglo XVI,” 2013).

(En un McDonald’s belga, Zizek comparte con Mario Vargas Llosa su fe en la modernidad, mientras que este comparte con aquel su fe en el liberalismo).

IV

Desde la poesía y la filosofía, la papa, que no se reproduce por semillas sino por tubérculo-semilla, se solidariza —por necesidad antropológica, diría Garraga: la papa como lo femenino en diálogo con lo masculino del sol— con el agrofeminismo de la activista de la India Vandana Shiva en su “Declaración de las semillas” (2013): un contraataque a las semillas transgénicas-patentizadas/privatizadas de los agromonopolios: “La semilla es fuente de vida, es el ansia de vida por expresarse a sí misma, para renovarse, para multiplicarse, para evolucionar libremente en perpetuidad” (Shiva).

Protectora de la vida, como la Filosofía de Liberación, Vandana Shiva reafirma su feminidad desde un feminismo que, a partir de la madre, protege el saber milenario acumulado en las semillas tradicionales.

V

Solidaridad feminista de la papa con las semillas orgánicas, contrarias a la apropiación genético-corporativa de la vida; “poesy” de una papa decolonial que también, y con mucha razón, se solidariza con la yuca taína. Otro tubérculo prehispánico que, clave de la dieta en las Antillas, llega también a la poesía de Victor Hernández Cruz, cuya poesía, además de honrar la guayaba, el tabaco, el plátano…, testimonia, en Mainland (1973), el traslado de semillas de Puerto Rico a Nueva York más dramático de la poesía nuyorican.

La yuca de los taínos que llegaron a Puerto Rico del norte de Suramérica, quienes crearon una técnica para sembrarla encima de la tierra, los llamados “montones”; la yuca es otro tubérculo que, como vio primero que nadie Carmelo Ruiz Marrero en “Puerto Rico y la yuca de Bill Gates” (2010), está siendo reclamado por la colonialidad del poder-saber-sabor-ser que ejerce Monsanto, ahora en asociación con la Fundación Bill y Melinda Gates, “filantrocapitalismo” que Ruiz Marrero describe como entidad neoliberal.

“La yuca de Bill Gates,” expone Ruiz Marrero, tiene como objetivo, no alimentar a los empobrecidos africanos hambrientos, como reza la narrativa corporativa oficial, sino conquistar para la agroindustria monopólica de Monsanto el último espacio intocado —África— por la corporatización de la agroeconomía neoliberal. Misma que, en El hambre al servicio del neoliberalismo (2006), Juan Carlos Morales González describe como una “industria del hambre.” Tema que también aborda, con prosa literaria, Martín Caparrós en El hambre (2015): “Comemos sol. / Sol, algunos / tanto más que otros.” Y que, desde la historia personal, el salvadoreño Elmer Hernán Rodríguez Campos testimonia en Bajo el sol. Agrio sol. El hambre desde los ojos de un niño (2016).

Solidaridad feminista; entre la papa de los poetas y la tradición femenina de la yuca taína —eran las mujeres las que cultivaban los “montones”— se trenza una resistencia decolonial que, a la altura del año 2010, Ruiz Marrero saca a la luz pública para visibilizar la política genética que lleva a cabo Monsanto en Puerto Rico, con la complicidad aparentemente insospechada de profesores boricuas que, desde el Colegio de Mayagüez, participaban del “mejoramiento” molecular de la yuca sin saber que eran parte de un proyecto que le daría a Monsanto el derecho de propiedad intelectual de la yuca mejorada.

Desde el giro decolonial, “la yuca de Bill Gates” aparece como clasista, racista y machista. Pura hipermasculinidad corporativa que, a partir del “ego conquiro/yo conquisto” de Hernán Cortés en 1519, el cual la Filosofía de la Liberación (1977) de Dussel subraya como antecedente directo del “pienso, luego soy” de Descartes en el siglo XVII, se apropia por la fuerza de todo lo que no puede crear.

En los archivos que documentan la lucha boricua contra los OGM (organismos genéticamente modificados), donde están testimoniadas las tres protestas anuales que, de 2013 a 2015, llevó a cabo el grupo de activistas por una agricultura ecológica, Nada Santo sobre Monsanto; en ese archivo, el texto fundacional de Ruiz Marrero, Balada transgénica: biología, globalización y el choque de paradigmas (2005), queda como una luz que visibiliza la corporatización de la agricultura y las luchas sociales contra su poder monopólico.

“Satyagraja contra los transgénicos” reza la balada activista de Ruiz Marrero, cuya resistencia no violenta, gandhiana, apuesta a un “futuro posible” en el devenir de una agricultura ecológica.

VI

Desde el inglés que marca su poesía ultradiaspórica puertorriqueña, Hernández Cruz, en estado de frenesí americanista y por ello, con espíritu contraplatónico, traduce bien las papas de Neruda como Inca Fries; papas indias, como la yuca que, junto al resto de la canasta boricua, llega a la poesía de Hernández Cruz (la cual traduzco a continuación):

Okra / Quimbombó
that slides / que se pasa
with malanga as the bacalao / con malanga según el bacalao
wet with olive oil / mojado en aceite de oliva
pushes into the yucca / se acerca a la yuca
still dry / todavía seca
moving forward / empujando
the edge of the plate, / el límite del plato
oh, how delicious it is. / oh, qué delicioso.

¡”Satyagraja”! contra la “papa platónica” y la “yuca de Bill Gates” (que es también el maíz transgénico de Monsanto).

¡”Satyagraja”!

Más artículos del autor
* Francisco Cabanillas (1959, Puerto Rico) enseña lengua castellana, cultura y literatura hispanoamericana en Bowling Green State University, Ohio. Ha publicado cuatro libros de ensayo: Escrito sobre Severo (1995), Pedreira nunca hizo esto (2007), K-lores del trópico: ensayos transboricuas (2012) y Ensayos silenistas (2014). Miembro de LoQueSomos

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Navarra 1936. De la esperanza al terror: 10ª edición

Redacción. LQS. Diciembre 2018

Altaffaylla presentará la nueva edición de Navarra 1936. De la esperanza al terror en un acto público el próximo jueves 27 de diciembre a las 19.00 en Katakrak (Iruñea). Tomarán parte asociaciones de la memoria histórica de Navarra y el Instituto Navarro de la Memoria

Este libro es sin duda uno de los documentos más contundentes y estremecedores de la historia de Navarra. Con su aparición en 1986 se rasgó el silencio, impuesto por el franquismo primero y la transición después. Todo el mundo ha tenido que reconocer la magnitud de la tragedia. Esta décima edición incrementa notablemente las cifras de personas represaliadas: 355 asesinados más, de ellos 114 navarros. Nuevos datos, como el circo desaparecido de Lodosa, salen por vez primera a la luz. Nos acercamos al final. Al menos la memoria de lo ocurrido quedará a salvo. La justicia, la reparación de aquella barbaridad, sigue esperando. Este libro, ya un clásico, sigue gozando de total actualidad. Y sigue clamando contra la impunidad.

Lo peor de 1936 no fue la guerra, ni siquiera la sangre vertida en retaguardia. En ocasiones la sangre trae la resurrección de los pueblos si saben aprender del pasado y se organizan de forma que esta no vuelva a derramarse. Lo peor de todo, la gran tragedia que nos atenaza, es que la derecha sabe que ‘aquello’ fue para ellos un negocio rentable, redondo, por el que nunca pagaron factura alguna, como no sea la molesta aparición, de cuando en vez, de algún libro como este.
Si después de lo que hicieron en 1936 nadie los sentó en un Nüremberg, ¿a qué pueden temer ahora? Y si esta democracia controlada se les va alguna vez de las manos y las demandas populares ponen en peligro su posición, siempre tendrán el recurso del golpe de fuerza, más o menos regresivo o sangriento, según lo requiera la ocasión. El pretexto no va faltar y siempre hay un Mola o un Tejero esperando su oportunidad.

Navarra 1936. De la esperanza al terror
Editorial: ALTAFFAYLLA KULTUR TALDEA
Género: Ensayo. Edición 10
ISBN 978-84-94636-53-0. Fecha de publicación 14 diciembre 2018
Páginas 578.

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Diccionario borbónico-español

Redacción*. LQS. Noviembre 2018

El insigne lingüista alemán Wolfgang Wolfram Wolf es profesor emérito de la Universidad Libre de Chemonitz (Sajonia), porque en la Republica Federal de Alemania existe la libertad, a diferencia de lo que sucede en otros países, en los que se «estremera» a los que tienen ideas propias. Después de muchos años de trabajo, ha elaborado un práctico Diccionario borbónico—español, muy necesario. El ilustre hispanista ha tenido la gentileza de permitirnos reproducir algunas de sus definiciones, antes de la inminente aparición del libro, que tiene en máquinas ahora la Partners Verlag, de Hamburgo

Borbón. n. pr. Dícese de la dinastía que llegó a España desde Francia en 1701, en medio de una guerra, lo que sería costumbre de la dinastía, al enfrentarse sus ramas por el afán de reinar para no tener que trabajar, porque lo consideran cosa de vasallos.
borboncracia. f. Típica forma de gobierno característica de los borbones, causante de muchas ejecuciones de patriotas militares y civiles, como Mariana Pineda, el general Riego, Torrijos y sus compañeros, o Fermín Galán y Ángel García Hernández, convertidos por eso en héroes de la libertad contra la tiranía.
borbondura. f. La dictadura borbónica, una especialidad de la dinastía apoyada por magistrados, fiscales y carceleros. Provoca que muchos españoles se exilien para vivir en libertad, principalmente en Bélgica, nación que por haber sido colonia española sabe cómo las gastan, y sobre todo las desgastan, los militares españoles cuando quieren imponer su voluntad.
borbonear. tr. Manera de intervenir el rey en los asuntos del gobierno. Especialmente se dejó notar durante los reinados tiránicos de Fernando VII y de Alfonso XIII. Precisamente se cree que el verbo lo inventó el general Primo de Rivera, cuando refiriéndose a Alfonso XIII exclamó: “¡A mí no me borbonea éste!”, pero claro que lo borboneó, para cargar sobre él todos los errores derivados del golpe de Estado que le invitó a dar en 1923 de real consejo. Como los vasallos no quieren dejarse borbonear, los reyes utilizan la colaboración de su ejército y sus fuerzas brutas policiales, para convencer a los recalcitrantes de que están mejor calladitos, si no quieren ser contundentemente borboneados.
borbonería. f. Dicho o hecho por algún Borbón, que generalmente produce o hilaridad o repugnancia entre sus forzados vasallos, como cuando el rey Juan Carlos I de Borbón y Borbón se desencaderó en Botsuana por irse de putas una noche, y después prometió que no lo haría más, cuando ya no se tenía en pie y le había abandonado la barragana diciendo que era un viejo. Es difícil mejorarla.
borbones. m. pl. Conjunto de personas apellidadas Borbón, especialmente las integrantes de la mal llamada familia real, que es la más irreal del reino. Al llegar los borbones de Francia fueron rechazados por muchos españoles, que no querían dejarse avasallar por ellos, pero ellos habían venido a quedarse y organizaron la llamada guerra de sucesión, una sangría que duró de 1701 a 1715. A los que no los aceptaban les dieron matarile, especialmente a los indomables catalanes, quienes por ese motivo no los pueden ver ni en fotografía, así que las rompen primero y después las queman en sus típicas hogueras mientras bailan una sardana.
borbonez. f. La hez de la borbonería, el no va más de la avilantez, como cuando Fernando VII aseguró al jurar la Constitución de Cádiz: “Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”, mientras maquinaba cómo eliminar cuando antes a los patriotas que se lo habían exigido, y no dejó ni uno con vida. La verdad es que actuó francamente, aunque él no pudiera adivinar lo que iba a ser el franquismo.
borbonfobia. f. Sentimiento de odio a los borbones, provocado por sus actividades delictivas. En dos ocasiones se ha manifestado en toda su intensidad, en la Gloriosa Revolución de 1868 que expulsó a Isabel II de Borbón con su Corte de los Milagros, y en 1931, cuando el pueblo madrileño gritaba jubiloso por las calles “¡No se ha marchao, que lo hemos echao!”
borbónica. adj. Dícese sarcásticamente “peste borbónica” del conjunto de la dinastía, por semejanza con la peste bubónica que tantas muertes natrales causó. La borbónica no las causó naturales, sino de real orden. A los vasallos que no los mata los encarcela.
borbonicidio. m. Muerte violenta de un Borbón, como el rey Luis XVI de Francia, apodado por sus guasones vasallos Capeto, guillotinado el 21 de enero de 1793 en la Plaza de la Revolución de París, por el verdugo Charles Henri Sanson, entre los vítores de la muchedumbre feliz. En España no ha habido borbonicidios hasta ahora.
borbónico. adj. Perteneciente o relativo a los hechos y dichos de los borbones. Algunos tienen repercusión histórica, como el juramento que Juan Carlos de Borbón y Borbón pronunció en las llamadas Cortes de la dictadura el miércoles 23 de julio de 1969, arrodillado ante un crucifijo y puesta la mano derecha sobre los Evangelios: “Sí, juro lealtad a su excelencia el jefe del Estado y fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional y demás leyes fundamentales del reino”, y es el único juramento cumplido por un Borbón en toda la historia.
borbonidad. f. Conjunto de personas que forman la familia, la Corte, los lacayos, los servilones, los compisyoguis y demás fauna que pulula en torno al trono. Especialmente notable fue la borbonidad que rodeó a Isabel II de Borbón, conocida en la historia como Corte de los Milagros, formada por sus amantes de guardia, el esposo putativo con los cuernos muy retorcidos y su fiel amante al lado, el confesor despistado que sería proclamado santo por haber vivido en el limbo, una monja desvergonzada que se producía las llagas de Jesucristo en su pasión, militares servilones y ministros crapulosos domesticados. Esa borbonidad ha quedado muy bien representada en el libro Los borbones en pelota, fiel retrato de la dinastía.
borbonista. adj. Perteneciente o relativo a la borbonería, como por ejemplo el escriba real que redacta los discursos para que los lea el rey campanudamente, pretendiendo hacer creer que los ha escrito él, porque es tan listo que sabe de todo, y especialmente engañar al pueblo que se lo permite.
borbonitis. f. Enfermedad contagiosa propagada por los borbones, culpable de miles de muertes, aplicadas por los verdugos o los pelotones de fusilamiento en nombre del rey.
borbonlandia. elem. compos. Significa lugar donde reinan los borbones. Hace siglos lo hacían sobre muchos lugares en Europa, América, África y Oceanía, pero ahora ya solamente pueden hacerlo sobre España, que es un país diferente a todos los demás, como bien decía el eslogan acuñado por la dictadura y heredado por la monarquía del 18 de julio.
borbonoso. adj. Dícese principalmente de cualquier hecho o dicho del rey carente de sentido, semejante a bochornoso, como la costumbre de Felipe V, el iniciador de la dinastía, de pasearse desnudo por palacio pegando alaridos como una fiera.
desemborbonear. tr. Limpiar de borbones algo, principalmente un país, como hicieron los revolucionarios franceses en etapas sucesivas, hasta consolidar la República Francesa como una de las naciones con mayor nivel de vida y libertades. En España se los ha limpiado también, pero los generales perjuros y traidores los reponen en toda su suciedad.

* Por la transcripción: Arturo del Villar, poeta republicano.

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CARVALHO. Biografía de un detective de ficción

Redacción. LQS. Octubre 2018

La vida real de un personaje de ficción llega a las librerías con los textos de Manuel Blanco Chivite y Javier Coria. Manuel Blanco escribió la primera biografía de Manuel Vázquez Montalbán en el año 1992. Javier Coria además aporta decenas de imágenes de la Barcelona “carvahliana”

Aunque el detective Carvalho jamás existió fuera de la imaginación y de las novelas de Manuel Vázquez Montalbán, tiene, no obstante, su propia biografía y una trayectoria vital que los autores de estas páginas rastrean a dos bandas. Por un lado, el relato textual, lleno de aventuras y vicisitudes, a veces inverosímiles y contradictorias, como la vida misma; y, por otro, el relato fotográfico de la ciudad de Barcelona, en cuya intrincada geografía desarrolló el detective sus aventuras. Aventuras que hoy se prolongan al margen ya de la desaparecida pluma de Vázquez Montalbán.
Esas calles y esos rincones “carvahlianos” siguen ahí, aunque su contenido humano en buena parte haya cambiado. Pese a todo y como quien vea y lea este libro puede comprobar, el maridaje Carvalho-Barcelona permanece, para disfrute y placer de empedernidos lectores.

Sobre los autores:

Javier Coria. Lugo, 1958.
Desde los cinco años vive en Catalunya. Durante años ejerce como fotógrafo de prensa. En 2000 deja la fotografía para ser escritor. Colabora con diversos medios, como la revista Rambla y diario Público. En el Canal de Historia (A&T Televisión Networks), participa en los documentales: “La noche de los muertos” (1 de noviembre 2010) y “Barcelona secreta”.
Es autor de los libros “Epitafios, la voz de los cementerios”, “Fisgando la historia” y “Rambla historia”. Con varios autores publica “Jules Verne. Tierra, Agua, Aire, Fuego”. Escribe el prólogo de la edición digital de “20 mil leguas de viaje submarino”, de Norma Editorial.

Manuel Blanco Chivite
Donostiarra, periodista y escritor. Autor de varias aportaciones al género negro (“De matar y de morir”, “Los comunicados del Lobo”, “Laguardia negra”, “Parejas sangrientas”…). Escribió la primera biografía de Manuel Vázquez Montalbán, publicada en 1992. Producto colateral de ese trabajo fue la también primera biografía de Carvalho, que ahora llega a su segunda edición en El Garaje Ediciones.

CARVALHO. Biografía de un detective de ficción
Manuel Blanco Chivite y Javier Coria
Fotografías: Javier Coria
EL GARAJE EDICIONES- Colección TextoImagen
148 páginas. Formato: 21 x 14,8 cms.
ISBN: 978-84-947949-8-8
Precio: 12 euros

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