De Juan Ramón Jiménez a la bandera republicana

Arturo del Villar*. LQS. Abril 2019

Es el primer poema de temática política escrito por Juan Ramón. Antes había compuesto poemas de intención social, acerca de los pobres, especialmente los niños, los trabajadores sin cualificación, los parias o los despreciados por la sociedad

Monumento a Juan Ramón Jiménez en Moguer

Los herederos de Juan Ramón Jiménez han sido siempre fascistas, y algunos además numerarios de la secta ultrafundamentalista del Opus Dei. Su ahijado Juanito Ramón Jiménez Bayo murió en la batalle del Ebro, combatiendo en las filas rebeldes. Otro sobrino también luchó a su lado y llegó a ser coronel. Solamente el poeta defendió una ideología de izquierdas entre todos sus familiares. Por eso han procurado siempre distorsionar su imagen, propalando la idea de que era apolítico. En mi ensayo Juan Ramon Jiménez, poeta republicano (Madrid, 2006) expongo en 94 páginas su vinculación al ideario republicano, desde su juventud hasta su muerte en el exilio puertorriqueño por no aceptar vivir bajo la dictadura fascista, pese a las enormes presiones hechas para que retornase, después de la concesión del premio Nobel de Literatura y la muerte de su esposa en 1956. Los trajeron embalsamados.

Para festejar este 14 de abril reproduzco el poema que dedicó a la bandera tricolor, compuesto el 17 de abril de 1931. Lo tituló “Bandera española”, para significar que era la verdadera enseña del pueblo español, rechazando la rojigualda borbónica. Es un himno a las tres franjas que representan la libertad, la igualdad y la fraternidad, identificadas por el poeta con las alegorías del trabajo, la alegría y el amor.
Lo envió al Heraldo de Madrid, el viejo diario vespertino de ideología republicana, firmado solamente por “Un español”. No quiso poner su nombre, ya ilustre en todo el mundo culto, para que fuese una aportación anónima a las celebraciones republicanas. Pero los responsables del diario no lo publicaron, y quedó inédito en sus archivos hasta que en 1987 lo di a conocer abriendo el primero de los Cuadernos de Zenobia y Juan Ramón, como una exhibición de su ideología, aunque molestase a sus herederos.
Es el primer poema de temática política escrito por Juan Ramón. Antes había compuesto poemas de intención social, acerca de los pobres, especialmente los niños, los trabajadores sin cualificación, los parias o los despreciados por la sociedad. Recordemos que su obra más internacionalmente reconocida, Platero y yo, está dedicada a la memoria de una pobre loca de su pueblo con la que mantuvo buena amistad. El himno a la bandera tricolor establece inequívocamente el compromiso del poeta con la República, a la que siempre sirvió, aunque toda su familia esté con el fascismo. Lo que no les representa ningún escrúpulo para cobrar los derechos de autor de sus ediciones.

Bandera española

Hermosa flor,
la ardiente primavera
nos ha tornado la bandera
de la esperanza entera:
¡Trabajo, alegría y amor!

¡Viva
la libertad verdadera!
¡Viva
la igualdad verdadera!
¡Viva
la fraternidad verdadera!

Sobre el tedio, la sombra y el rencor,
¡al cielo de la paz la bandera,
a la tierra de todos la bandera,
al mar hermano la bandera
de nuestra vida entera!
¡Trabajo, alegría y amor!

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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Max Aub, la voz de los vencidos

Arturo del Villar*. LQS. Abril 2019

Las Guerrillas del Teatro continuaron la excelente labor de las Misiones Pedagógicas, y para ellas escribió Aub varias piezas de intención educadora, a fin de comprometer a los espectadores activamente en una guerra que implicaba a todos sin excepción posible

La Generalitat Valenciana organiza unas actividades culturales para conmemorar los ochenta años del final de la guerra librada por el pueblo español frente a los miliares monárquicos sublevados contra la República y sus patrocinadores, las naciones nazifascistas, Alemania, Italia y Portugal, con la complicidad y la ayuda económica del llamado Estado Vaticano. Bajo el título general “Alicante 2019, capital de la memoria”, dedica una atención especial a Max Aub, no sólo por ser valenciano de elección, sino porque la serie de novelas inspiradas por la guerra constituye probablemente la mejor crónica escrita sobre el conflicto, y expresan la voz de los vencidos con el vigor del testimonio personal.

Nacido en París en 1903, de padre alemán y madre judía francesa, la guerra que en 1914 enfrentó al Imperio Alemán y la República Francesa animó a la familia a exiliarse en Valencias, en donde Max aprendió el castellano y se integró perfectamente en la sociedad local. Su vida se transformó a causa de la sublevación militar en 1936, su consecuencia inmediata, la guerra, y la remota, el exilio. Es lo mismo que les sucedió a todos los españoles, con la diferencia de que él acertó a narrar lo que vio y lo que padeció.
Le importaba la política: en 1927 se afilió al Partido Socialista Obrero Español, y nunca abandonó esa militancia, pese a las disensiones entre sus dirigentes, en España y en el exilio. Se implicó en la defensa de una ideología marcada por Pablo Iglesias, apodado El Abuelo, como partido marxista, republicano y laicista, pero manteniendo intactos sus criterios estéticos. En sus inicios como escritor suponía factible realizar el arte por el arte, según norma aceptada en la época. La República elegida por el pueblo español en 1931 le obligó a modificar sus esquemas inspiradores, de modo que el arte pasó a convertirse en un servicio social para la difusión de la cultura entre gentes que nunca antes oyeron hablar de ella..

Por el pueblo

Colaboró con el Gobierno de la República integrándose en las Misiones Pedagógicas, demostración de un interés por educar a un pueblo abandonado en la incultura durante la monarquía, por deseo de la Iglesia y el Estado. Le animó la misma intencionalidad para dirigir el grupo teatral El Búho, organizado por la Federación Universitaria Escolar de la Universidad de Valencia. Sin embargo, esa actitud política no trascendió inmediatamente a la escritura. Su obra más importante en este período es Luis Álvarez Petreña, un supuesto escritor de tono romántico, interesado únicamente por sus preocupaciones íntimas de carácter erótico, que apareció en 1934.
En esa época de convulsiones sociales algunos escritores adquirieron un compromiso político con el pueblo, y pretendieron alentar la revolución proletaria con las armas a su alcance, que eran sus escritos. No es el caso de Aub; durante la etapa republicana en paz su escritura también era pacífica, y él mismo asistía a tertulias literario—políticas en las que participaban personas con ideologías muy apartadas de la suya, tanto anarquistas como falangistas. Parece que solamente el teatro le resultaba idóneo para exponer un sentimiento aplicable a la política. Por ese motivo se puso al frente de un grupo teatral, con la intención de recuperar obras clásicas que en su origen fueron populares, después olvidadas por las compañías comerciales.
A comienzos de 1936 en algunos mítines del Frente Popular se representó una obra dramática de Aub, El agua no es del cielo, y en mayo se tiraba en una imprenta valenciana su todavía útil Proyecto de estructura para un Teatro Nacional y Escuela Nacional de Baile. En aquellos años en los que el cine tenía escaso desarrollo en España y no existía la televisión, indudablemente el teatro constituía el mejor método de educación popular.

Guerrillero del teatro

Con la sublevación de los militares monárquicos en el mes de julio se cancelaron todos los proyectos, y se echó mano de la improvisación para afrontar a los agresores fascistas españoles, alemanes, italianos y portugueses. Las Guerrillas del Teatro continuaron la excelente labor de las Misiones Pedagógicas, y para ellas escribió Aub varias piezas de intención educadora, a fin de comprometer a los espectadores activamente en una guerra que implicaba a todos sin excepción posible: ¿Qué has hecho hoy para ganar la guerra? es el título de una de ellas. Se tata de literatura de circunstancias, pero tan singulares que exigían una literatura especial.
Los periódicos derechistas criticaron muy negativamente las actividades de Aub, ya que contribuían a despertar los sentimientos populares por la justicia y la paz. La acusación más reiterada se refería a su condición de ser judío, lo que para ellos constituía un delito, siguiendo el ejemplo de la Alemania nazi.
Los tres años escasos de la República en armas dieron un sentido nuevo a su vida y, en consecuencia, a su escritura. Es poco lo que escribió en ese período, pero la experiencia impresionó decisivamente su espíritu. En Valencia, donde se instaló el Gobierno constitucional, dirigió el periódico socialista Verdad. Nombrado después agregado cultural en la Embajada en París, contribuyó a la organización del Pabellón Español para la Exposición Internacional de 1937, en el que expuso Picasso su magistral Guernica, cuadro que Aub comentó especialmente el día de la inauguración.
De vuelta a Valencia, fue secretario del Consejo Central de Teatro, presidido honoríficamente por Antonio Machado. Tradujo y adaptó al cine L’Espoir de André Malraux, y colaboró en la filmación. Con el equipo cinematográfico salió de España por la frontera francesa el 1 de febrero de 1939, perdida ya la esperanza de una victoria republicana.

En los campos franceses

Puesto que había elegido la nacionalidad española en 1923, y se sentía un patriota español, tuvo que abandonar la patria de elección, conquistada por los nazifascistas, para regresar a la de nacimiento, que muy pronto iba ser también derrotada por los nazis, sin oponer resistencia. Sus dos patrias dejaron de serlo, puesto que deseaba vivir en libertad, y en ninguna de las dos le era posible conseguirlo.
Francia se portó con él tan mal como con todos los republicanos españoles. La actitud de la República Francesa ante la República Española fue inicua durante la guerra, e inhumana respecto a los exiliados tras ser vencidos. Gran culpa de la derrota la tuvieron la República Francesa y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, con su criminal política de no intervención en la guerra, cuando era notoria la intervención de la Alemania nazi, la Italia fascista y el Portugal salazarista, con la ayuda económica del presunto Estado Vaticano. La disculpa dada por el Frente Popular francés para no ayudar al español fue que se encontraba entre dos potencias agresivas, a las que no deseaba molestar. De nada le sirvió su cobardía, porque Francia fue invadida y el 22 de junio de 1940 se rindió ante la Wehrmacht: la República Francesa quedó convertida en colonia de la Alemania nazi.
Denunciado por José Félix de Lequerica, embajador de la dictadura, ante las autoridades francesas como judío y comunista, Aub conoció los inhumanos campos de concentración franceses, a semejanza de los alemanes. Era joven y consiguió sobrevivir en aquel ambiente hostil. Estuvo internado en el famoso estadio de Roland Garros, convertido en gran cárcel para la desesperanza, después en el campo de concentración de Vernet d’Ariège, más tarde en la prisión de Niza, de nuevo en Vernet, hasta que el 25 de noviembre de 1941 fue embarcado con destino al campo de concentración de Djelfa, en Argelia, donde el sufrimiento superó todos los padecimientos anteriores. Consiguió evadirse el 8 de julio de 1942, y cuando pudo y como pudo embarcó para México, adonde llegó el 1 de octubre.

México, última patria

Pasó casi exactamente treinta años exiliado en México, puesto que falleció el 22 de julio de 1972, como ciudadano mexicano, ya que obtuvo su cuarta nacionalidad en 1956, después de tener la alemana por su padre, la francesa por su nacimiento y la española por elección. No obstante, patrias efectivas no tuvo más que dos, España y México, y de ellas fue la americana la que le mostró un mejor comportamiento. En México pudo trabajar como profesor, dictar conferencias, colaborar en periódicos, publicar 61 libros, redactar guiones cinematográficos, estrenar piezas teatrales, y por encima de todo, consiguió vivir en libertad.
La obra fundamental de Max Aub está hecha en el exilio. La editada antes fue una preparación estilística, en la que ensayó diversas expresiones en diálogo teatral, narración y verso. Le faltaba el gran tema inspirador, que hiciera necesario un replanteamiento estético. Si durante la etapa de la República en paz buscó el medio de servir al hombre de la calle con su escritura como referencia, con la República en armas descubrió la razón inspiradora, y en el exilio la puso en práctica. Al llegar a México tenía 39 años, de modo que estaba completa su formación biológica, ideológica y estilística. La experiencia de la guerra y el exilio es el gran tema esencial de su obra literaria, el que le hizo definitivamente escritor.
Por haber vivido aquel momento trágico, lo describió documentalmente con viveza testimonial. Puso en boca del médico socialista Julián Templado, en Campo de los almendros, su opinión sobre el valor de las novelas como testimonios de la historia:

–Los únicos documentos fehacientes: las novelas.
–¡Pero sin son cosas inventadas! –aduce, candoroso, Juanito Valcárcel.
–Por eso: por lo menos tienen como base una cosa real: la imaginación. (Almendros, p. 237.)

Gracias a su imaginación colocó a unos personajes ficticios como protagonistas de sucesos reales. Así convirtió las novelas sobre la guerra en documentos fehacientes de la realidad, bien redactados imaginativamente y ajustados a los hechos históricos con personajes ficticios, pero realistas.

Escritor sin lectores

Las seis novelas integrantes de la serie El laberinto mágico, tituladas cada una de ellas como un campo, constituyen el documento principal de su obra completa: Campo cerrado (1943), Campo de sangre (1945), Campo abierto (1951), Campo del Moro (1963), Campo francés (1965), y Campo de los almendros (1968). Vamos a examinarlas como exponentes de la ética y la estética maxaubianas, un resumen de la totalidad de su obra escrita en prosa narrativa o teatral y en verso.
Nos importa saber que Aub pagaba las ediciones de sus libros, aunque varios luzcan en la cubierta el nombre de Tezontle, empresa del Fondo de Cultura Económica, la mayor y mejor editorial mexicana. Es seguro que no recuperaba el coste de la publicación, cubierta con los ingresos obtenidos con sus trabajos como profesor y periodista. Sus ediciones tenían prohibida la entrada en España, debido a la temática que trataban, y en los países hispanoamericanos se vendían poco. Lo reconoce el autor en sus Diarios: el 1 de noviembre de 1954, cuando ya contaba con una bibliografía de treinta libros editados, anotó su extrañeza por la escasa atención que recibían:

Uno de los casos más curiosos, que no me explico, es mi falta total de éxito. Mis libros no se venden. No tengo editor […] Viste mucho eso del Fondo de Cultura, lo que no sabe la gente es que los libros los pago yo y que el Fondo de Cultura Económica únicamente los distribuye. (Diarios, p. 252.)

Y dos años antes de su muerte, el 21 de marzo de 1970, cuando tenía impresos 62 libros con su nombre, realizó un examen íntimo, por la necesidad de entender por qué y para quién escribía, una interpelación a la conciencia muy frecuente entre los escritores:

No escribo con ningún eco. Lo hago por gusto, porque no sé hacer otra cosa, porque no hay nada que me guste más, […] No busco el éxito, no busco renombre, no busco honores; no busco lectores (tendría que escribir menos y corregir más). ¿Para quién escribo? No lo sé, ni creo que ningún escritor bien nacido lo sepa. Para quien le dé la gana. (Diarios, p. 449).

Es una confidencia muy explicativa. Confirma que escribía por necesidad vital, que debía escribir para continuar viviendo, y además que invertía el dinero conseguido con los restantes trabajos en pagar la edición de sus escritos. Editar consiste en compartir ideas propias con otras personas, lo que exige necesariamente la existencia de lectores. Sin embargo, Aub reconocía carecer de ellos. No obstante, escribía y publicaba porque no podía dejar de hacerlo.

Por un solo lector

Si en aquel momento resultó ignorado por los lectores, ahora ha conseguido el reconocimiento como escritor testigo de su tiempo aterrador, cronista de la República en armas para defender al pueblo de los militares monárquicos sublevados, y del exilio sufrido por ese mismo pueblo derrotado por el nazifascismo internacional. En Campo de los almendros incluyó en medio del relato novelesco unos comentarios del autor en torno al concepto de la novela, titulados “Páginas azules (porque habrían de ir impresas en papel de ese color)”, donde afirmó:

Ahora bien, lo que importa es que quede, aunque sea para uno solo en cada generación, lo que aconteció y lo sucedido en Alicante esos últimos días del mes de marzo de 1939. El autor cree que, si en vez de escribirlo en prosa, lo cantara en ferias y plazas tendría éxito; pero es un medio que ya no se emplea, y el cine y la televisión, que lo han reemplazado, ignoran esos caminos. (Almendros, p. 363.)

Como cronista, le importaba que permaneciese para la historia el testimonio escrito de lo vivido por el pueblo. Fue una gesta que debería ser cantada por las plazas, como hacían antiguamente los juglares, y en épocas posteriores los ciegos. El mester de juglaría cantaba las hazañas de los combatientes castellanos contra los invasores moros, y eso mismo hizo Aub. Aunque no haya más que un lector en cada generación, está justificado escribir y publicar la crónica de los sucesos, a fin de que el testimonio perdure en la memoria de las gentes y sea conocido por las generaciones posteriores. Vamos a examinar los testimonios declarados por Max Aub en las novelas de El laberinto mágico, una canción de gesta del siglo XX.

Sin republicanos

Lo primero que constató Aub es que en aquella España no había republicanos, algo que comentó asimismo en su momento Manuel Azaña. En Campo cerrado expuso una opinión personal como cronista, al estudiar la evolución del sentimiento republicano en la sociedad. El asunto es de enorme interés, y nos obliga a reflexionar para ver qué había pasado con aquel entusiasmo popular compartido por la gran mayoría de los españoles que votó por los candidatos republicanos para expulsar al rey dictador:

En 1930, el mundillo burgués fue republicano. Cuando se proclamó la que había de ser panacea, un tanto por chiripa, como si del dicho al hecho hubiese desengaño, no fue tanto: los de buen nombre vieron aquello como un insulto personal, los de buen capital con temor. Ser republicano con la República no vestía ya nada. Y cuando los socialistas intentaron unas tímidas reformas, los de posibles y los radicales se dieron la lengua y quebraron la niña. (Cerrado, p. 124.)

Es cierto que el Gobierno formado por la conjunción republicano—socialista, vencedora en las elecciones de 1931, actuó con timidez a la hora de intentar poner coto a los privilegios de clase, sin atreverse siquiera a llevar a cabo una reforma agraria a fondo, como reclamaban los trabajadores del campo. A pesar de ello, las fuerzas de las derechas anticonstitucionales se oponían por principio a cualquier innovación, y no digamos la ultraderecha, azuzada por los monárquicos y los clérigos. Las izquierdas se agrupaban en partidos con su propia ideología, la única que les importaba. Solamente les interesaba la República para conseguir sus fines particulares, sin atender al bien común de los ciudadanos. En cuanto a los nacionalistas, no atendían más que a su conveniencia, sin preocuparles lo que ocurriera en el Estado español.
Era escasa la afiliación en los partidos estrictamente republicanos, los únicos defensores de ese ideario sin otras connotaciones. Y alguno, como el Radical presidido por Alejandro Lerroux, atendía a sus propios negocios económicos más que al bien público, lo que le condujo al desastre en el caso del estraperlo.

Memoria de Azaña

El político más respetado en aquellos años fue Manuel Azaña, elegido por eso presidente de la República el 10 de mayo de 1936. La opinión de Aub sobre él era ambivalente. En sus Diarios censuró algunas actitudes humanas y políticas del líder de Izquierda Republicana, y criticó negativamente sus Memorias políticas y de guerra: léanse las páginas 418 a 421 para comprobarlo. No obstante, reconocía su honradez y entrega al ideal que servía; por ejemplo, cuando escribió: “Su amor a España, a la que llevaba dentro, le salvará” (p. 188).
Un personaje de ficción en Campo abierto, el dramaturgo Ambrosio Villegas, asiste a una reunión del Comité de Espectáculos Públicos UGT—CNT, mantenida en Valencia al comienzo de la sublevación militar, y rememora el histórico mitin de Azaña en Mestalla el 26 de mayo de 1935. El narrador le hace evocar el sentimiento de los asistentes:

Villegas se recuerda del mitin de Mestalla. El sentimiento conjunto, regado, machimbrado de cien mil personas. Lloró al oír hablar a Azaña. No era la oratoria: era el deseo de aquella masa, su ilusión idealmente solidificada, la seguridad de un mundo mejor a la vuelta de unas semanas, por carisma. (Abierto, p. 26.)

El carisma de Azaña hacía sentir al pueblo la realidad de la promesa de una España mejor, más justa y solidaria. Tal era la opinión popular. Sin embargo, algunos partidos y algunos sindicatos, entregados a sus intereses exclusivistas, denostaban su figura. Así, a una intervención de Villegas replica el presidente cenetista: “Es una gracia de intelectual partidario de Azaña”, y anota el narrador: “Dijo Azaña, con el mismo desprecio que si hubiese dicho Sanjurjo.” En esa escena Aub se comporta como un simple cronista: opone el recuerdo emocionado de un personaje al despectivo de otro. Estaban dos españas en guerra, pero en una de ellas combatían entre sí otras varias españas minúsculas, algunas ridículas.

Represalias contra los vencidos

Las escenas de barbarie ejecutadas en la zona nacionalista en el nombre de Dios fueron sanguinarias. Convertida la rebelión militar en una cruzada contra los sindiós, según dictamen de la Carta colectiva del Episcopado español, quedaba bendecido el exterminio de los ateos, lo mismo que se hizo durante las cruzadas medievales contra los infieles. Con una diferencia notable, como era que aquellas cruzadas fueron promovidas para destruir a los musulmanes, y en cambio en España los moros marroquíes combatían junto a los militares rebeldes como soldados auxiliares fanáticos y sádicos.
En la misma novela, el maestro socialista de Albarracín (Teruel) relata una de tantas escenas protagonizadas por los falangistas y sus cómplices, atestiguada por las descripciones de los supervivientes en cualquiera de los lugares conquistados por los rebeldes, siempre iguales en la aplicación del horror como arma de guerra para exterminar a los enemigos:

Después de lo de La Puebla, unos doscientos desgraciados de la C. N. T. intentaron meterse por Bezas. Los coparon. Y los moros no dejaron uno para muestra. Empalaron en las bayonetas las orejas de todos y las partes. […] Y ataviados con estos despojos desfilaron tan majos por el Óvalo ante lo mejor del pueblo. […] Las señoritas en los balcones y detrás los falangistas. […] El general brillaba con todas sus cruces, la tripa partida por su fajín celeste. Y el obispo a su lado. (Sangre, pp. 254 s.)

No es una escena inventada, porque en cada ciudad o pueblo conquistados por los rebeldes contaban algo parecido. Como cronista, Aub se limitó a narrar lo que vio o escuchó a testigos presenciales. Nadie ignoraba el atroz salvajismo con que fueron tratados los republicanos en la plaza de toros de Badajoz, superador de las escenas vividas en el circo romano. No lo describió Aub, aunque lo recordó al historiar la reclusión de los republicanos en la plaza de toros de Alicante, en Campo de los almendros, la novela de la derrota con el final de la esperanza:

Formaron grupos en el ruedo de la Plaza. Siete mil hombres. En los tendidos, a media altura, frente a las puertas, ametralladoras y sus servidores. Todos –con los ojos— recuerdan la Plaza de Badajoz. (Almendros, p. 495.)

Era la represalia contra los que se mantuvieron fieles a la legalidad constitucional, por parte de los rebeldes, Cualquier lugar se convertía en cárcel, y cualquier pared en muro de fusilamientos. Se fusilaba por múltiples motivos, porque todo varón que no se hubiera unido a la rebelión era acusado por los rebeldes de auxiliar a la rebelión, una paradoja sarcástica provocadora de miles de muertes.
En Campo de los almendros se describe la epopeya de los derrotados por el nazifascismo internacional, en páginas llenas de angustia, dolor y terror, continuadas en Campo francés con nuevos detalles de horror. El nazifascismo llevó a cabo un genocidio atroz en España, pero las naciones que presumían de ser democráticas no querían enterarse.

Asesinatos legales

Los vencedores actuaron con absoluta impunidad, tanto durante la contienda como en la interminable posguerra. Tras la victoria publicaban los diarios las listas de los fusilamientos llevados a cabo la víspera, como una información normal; llegaron a ser tan extensas que dejaron de imprimirse. Algunos ensayistas disculpan las ejecuciones, alegando que en las retaguardias siempre se cometen actuaciones criminales, y eso es cierto, pero en este caso no cometían los crímenes sujetos incontrolados quizá depravados, sino que los ordenaban las autoridades militares vencedoras.
Aub relató la historia vivida y padecida por él. En Campo de sangre el médico socialista Julián Templado cuenta a un periodista extranjero cómo su padre fue denunciado acusándole de falangista, por un amigo al que ha-bía prestado diez mil pesetas que no deseaba tener que devolverle, como ocurriría si era ejecutado. Le explica que casos de falsas delaciones se dieron en la zona leal, pero en la sublevada se asesinó “legalmente”:

Aquí, por lo general, diéronse los paseos por motivos personales y mala baba; el resentido, vuelto delator si no tenía braveza suficiente para llevar a cabo la realización postrera de sus reconcomios. […] No sucedió así del lado de Franco, donde el impulso mortal era consciente, las listas previamente establecidas y los denunciadores del mejor mundo. (Sangre, pp. 39 s.)

Lo mismo aduce un supuesto corresponsal del autor al final de Campo de los almendros, sobre las muertes violentas ocurridas en las dos zonas enfrentadas, con sus características opuestas:

[…] lo que nadie podrá ocultar, olvidar ni borrar es que [en la zona leal] se mató porque sí. Es decir, porque fulano le tenía ganas a mengano, con razón o sin ella. Ese es otro problema. Pero allá, del otro lado, y aquí, cuando entraron, mataron a sabiendas de quien mandaba. Se mataba con y por orden, con listas bien establecidas, medidas. (Almendros, pp. 542 s.)

La guerra no terminó con la victoria de los sublevados, sino que se prolongó con la represión, mediante los consejos de guerra sumarísimos que duraban unos pocos minutos, puesto que la sentencia era siempre la misma: pena de muerte “por auxilio a la rebelión”. A los condenados con amigos influyentes se les conmutaba por un elevado número de años de prisión, que iban disminuyendo con el paso del tiempo. Toda España se convirtió en un inmenso campo de concentración custodiado por falangistas auxiliados por frailes. El hambre, los piojos y la tuberculosis fueron los compañeros inevitables de los condenados.

Una canción de gesta

El pueblo español fue traicionado, combatido, derrotado, escarnecido, encarcelado y fusilado si no consiguió exiliarse, un pueblo que defendió con más ánimos que armas su libertad y su dignidad. Perdió la libertad con la guerra, pero mantudo la dignidad ante el pelotón de fusilamiento, en la cárcel o en su peregrinaje por el mundo. El pueblo español fue el protagonista de aquella gesta contada y cantada en El laberinto mágico, porque es una canción de gesta desarrollada en prosa, ahora que ya no hay juglares para cantarla en las plazas de los pueblos.
Los personajes aparecen en varias escenas de novelas distintas, pero ninguno es protagonista de la serie: el único protagonista es el pueblo español armado de esperanza para defender a la República. No lo consiguió, pero su gesta fue heroica. Se lo explicó un maestro de escuela y capitán forzoso de artillería, Claudio Piqueras, a su hijo de cinco años, en Campo de los almendros, mientras aguardaban la llegada de una esperanza salvadora con forma de barco, que nunca alcanzó la costa:

Estos que ves ahora deshechos, maltrechos, furiosos, aplanados, sin afeitar, sin lavar, cochinos, sucios, cansados, mordiéndose, hechos un asco, destrozados, son, sin embargo, no lo olvides, hijo, no lo olvides nunca pase lo que pase, son lo mejor de España, los únicos que, de verdad, se han alzado, sin nada, con sus manos, contra el fascismo, contra los militares, contra los poderosos, por la sola justicia; cada uno a su modo, a su manera, como han podido, sin que les importara su comodidad, su familia, su dinero. Estos que ves, españoles rotos, derrotados, hacinados, son, no lo olvides, lo mejor del mundo. No es hermoso. Pero es lo mejor del mundo. No lo olvides nunca, hijo, no lo olvides. (Almendros, p. 405.)

No se olvidará su gesta gracias a crónicas como El laberinto mágico. Max Aub actuó en ese caso a la manera de un cronista narrador de unos acontecimientos observados por él mismo o escuchados a testigos presenciales, por lo que manifiestan un tono de veracidad y a la vez sencillez incomparables. Al unificarse los trabajos del novelista y el historiador en una misma escritura, el relato es simple y directo, como una crónica periodística redactada en el lugar de los hechos, al mismo tiempo que emotiva por tratarse de unos acontecimientos que cambiaron por completo la vida de los españoles, incluido el autor.

Bibliografía citada:
ABIERTO: Campo abierto, México, D. F., Tezontle, 1951.
ALMENDROS: Campo de los almendros, México, D. F., Joaquín Mortiz, 1968.
CERRADO: Campo cerrado, México, D. F., Tezontle, 1943.
DIARIOS: Diarios (1939—1972), ed. de Manuel Aznar Soler, Barcelona, Alba, 1998.
MORO: Campo del Moro, México, D. F., Joaquín Mortiz, 1963.
SANGRE: Campo de sangre, México, D. F., Tezontle, 1945.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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¡Cuidado con los poetas!

Arturo del Villar*. LQS. Marzo 2019

Multa fero, ut placem genus irritabile vatum, que en román paladino se traduce como “Aguanto mucho, para complacer a la irritable raza de los poetas”

Monumento a Horacio en Venosa

Desde que la UNESCO declaró el 21 de marzo Día Mundial de la Poesía, en la reunión celebrada en París en 1999 durante su 30º período de sesiones, la poesía se ha integrado en la larga e inútil lista de los días mundiales, como el del cáncer, el de las enfermedades raras, o el de los diversos síndromes que nos afectan. Y muchos poetas en todo el mundo ese día componen un poema alegre dedicado a la primavera. No tienen en cuenta que en alguna parte del mundo ese día se combate, que en otra se tortura, en otra se muere de hambre o de sed, en otra alguien se suicida para evitar un desahucio, y tantísimas calamidades que impiden la alegría si somos solidarios con la sociedad.
Además, debe tenerse cuidado con los poetas, por que son gentes peligrosas. Lo escribió, en verso, por supuesto, Quinto Horacio Flaco en el segundo libro de las Epístolas, publicado el año 15 antes de la era cristiana: Multa fero, ut placem genus irritabile vatum, que en román paladino se traduce como “Aguanto mucho, para complacer a la irritable raza de los poetas”, Sabía lo que decía, puesto que él mismo pertenecía a esa raza, a la que facilitó ideas muy repetidas después en la lírica europea, como el beatus ille para promocionar la vida retirada, el carpe diem para invitar al disfrute del momento, o el aurea mediocritas para ensalzar el dorado término medio de las cosas, convertidos en tópicos renacentistas.

Desconfiaba de sus compañeros de oficio, porque los conocía bien, y advirtió a sus lectores para que tuvieran cuidado con ellos, ya que son proclives a la irritación. Y si un poeta se enfada con alguien, lo más probable es que le dedique una sátira con la que destroce su fama para siempre, y quede así retratado para toda la historia. Es preciso, pues, tomar precauciones cuando se trata con un poeta, como Horacio nos dice que él hacía, y aconsejaba a los lectores que imitasen su ejemplo.

La advertencia de Quevedo

Tampoco el más grande de los poetas castellanos, don Francisco de Quevedo, se sentía solidario con sus compañeros de oficio, y por ello les dedicó una “Premática” incluida en su Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos, en el capítulo tercero del libro segundo. Es una sátira burlona, pero con intenciones críticas, y tal vez moralizadoras, según acostumbró a hacer en verso, que comienza de este modo:

Atendiendo a que este género de sabandijas que llaman poetas son nuestros prójimos, y cristianos aunque malos; viendo que todo el año adoran cejas, dientes, listones y zapatillas, haciendo otros pecados más inormes; mandamos que la Semana Santa recojan a todos los poetas públicos y cantoneros, como a malas mujeres, y que los prediquen sacando Cristos para convertirlos. Y para esto señalamos casas de arrepentidos.

Debe tenerse en cuenta que en aquel tiempo los poetas se habían reproducido escandalosamente, ya que el mismo Quevedo encontraba “en cada esquina cinco mil poetas”, lo que sin duda haría las calles intransitables, y además se corría el grave peligro de que alguno de ellos se empeñara en leer sus composiciones al inadvertido viandante. Por eso llegó a exclamar airado: “¡Cuerpo de Dios con tanta poetambre!”, debido a que además de estar dispuestos a leer sus versos a la primera oportunidad, o incluso sin ella, solían pedir prestado dinero al incauto confiado, ya que la poesía tampoco en aquel siglo que los historiadores llaman de oro proporcionaba un modo de vida cómodo a sus autores.
Bien es verdad que la situación del reino era calamitosa, según él mismo la describió en el “Memorial para el Rey N. S. año de 1639”, un atrevimiento que le costó la cárcel, porque la persona del monarca también entonces era inviolable, incriticable e insoportable, aunque carecía de Constitución que la protegiese, como sucede ahora.

En tiempos de guerra

Sin embargo, el dato histórico de que un poeta pueda ser encarcelado sin juicio y privado de sus derechos y bienes, demuestra que por muy irritables que sean los de su raza son convenientes a la sociedad. A causa de su carácter irritable no toleran las injusticias y las denuncian, señalando a los culpables, incluso a los tiranos, a riesgo de perder la libertad o incluso la vida. Son los poetas solidarios con su gente, a los que por eso Miguel Hernández definió como viento del pueblo, antes de ir a morir en una prisión. También existen algunos otros acomodaticios que hacen todo lo contrario, esto es, ensalzan a los tiranos y sus secuaces para medrar y recibir premios y honores.
Lo comprobamos, por ejemplo, al revisar la situación de la poesía durante las guerras. Cada bando tiene sus cantores, irritados por las noticias que a unos les agradan y para otros resultan condenables, conforme a su personal ideología. La guerra sirve para irritar más todavía a los poetas, ya por su naturaleza irritables, y de ese modo les incita a componer poemas, que sin duda son ocasionales, pero es cierto que la ocasión merece ser tenida en cuenta. Por ejemplo, Bernardo López García alcanzó gran fama en el siglo XIX con su oda “¡Dos de Mayo!”, en la que ensalzó la sublevación del pueblo español contra el ejército napoleónico invasor:

¡Guerra!, clamó ante el altar
el sacerdote con ira;
¡guerra!, repitió la lira
con indómito cantar;[…]

Y suenan patrias canciones
cantando santos deberes,
y van roncas las mujeres
empujando los cañones, [..]

La guerra invita sin duda a expresar los sentimientos patrióticos, y la mejor manera de hacerlo es mediante la poesía. La calidad alcanzada depende de las cualidades del autor, como es lógico. Los poetas se irritan a causa de su carácter irascible y de las circunstancias bélicas, y a veces de esa confluencia surgen obras de arte notables.

Poesía humana, no bélica

En tiempo de conflictos armados la irritabilidad de los poetas suele incitarles a dedicar toda su atención a las acciones bélicas. Las conquistas de territorios enemigos merecen la atención de los poetas, que loan la victoria, sin tener en consideración que ese hecho de armas lo han realizado unos seres humanos enfrentados a otros seres humanos semejantes a ellos, con ideas diferentes en el caso de los mandos, no siempre así en el de la tropa, movilizada forzosamente. Lo comentó Manuel Azaña en su diario el 22 de junio de 1937, después de recibir a una delegación de poetas editores de la revista Hora de España:

Me parece corto, escaso, el impulso que lleva, más o menos a sabiendas, a cantar el heroísmo. La guerra no se compone toda de heroísmo, ni principalmente. Habría que mostrar, con la evidencia comunicativa de lo poético, el sufrimiento humano, dentro del cuadro grandioso y terrible de la guerra; el eterno sufrimiento del hombre, aherrojado por su destino implacable. (Obras completas, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2007, volumen 6, página 345.)

Así lo entendían los poetas de la España republicana, que mayormente expresaban en romances las aspiraciones del pueblo, su lucha cotidiana por sobrevivir a las dificultades inherentes a aquellas circunstancias, y el sufrimiento angustiado por ver a la muerte cerca. Sirva como ejemplo lo que Rafael Alberti evocó en el poema “Defensa de Madrid”, en el que su natural irritabilidad se atemperó al contemplar el heroísmo del pueblo que gritó “¡No pasarán!” a los fascistas, y cumplió su palabra hasta el final:

Que cada barrio a esa hora,
si esa mal hora viniere
–hora que no vendrá–, sea
más que la plaza más fuerte.
Los hombres, como castillos;
igual que almenas sus frentes,
grandes murallas sus brazos,
puertas que nadie penetre.

Los madrileños que en la retaguardia vigilaban su ciudad, llamada por su heroísmo “Capital de la gloria”, quedan descritos como los castillos medievales inexpugnables para los atacantes moros. Los moros traídos como fuerza de choque por los militares monárquicos sublevados, fracasaban en sus intentos por conquistar la ciudad.
De modo que la irritabilidad congénita de los poetas en algunas ocasiones resulta aprovechable. No en el caso de Horacio, republicano opuesto a Julio César enrolado en el ejército de Bruto contra los triunviros, que en la batalla de Filipos se irritó tanto como para dejar las armas y marcharse a escribir pacíficamente sus poemas. Eso salimos ganando sus lectores. Y no desatendamos su advertencia: ¡cuidado con los poetas, que se irritan por nada enseguida!

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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El bostezo nacional según Machado

Arturo del Villar*. LQS. Febrero 2019

Machado conocía al pueblo porque se crió en él. Aunque pertenecía a una familia culta, el abuelo médico y catedrático universitario, el padre abogado y folclorista, en su niñez sevillana escuchó a cantaores y guitarristas que le contaban coplas al padre, y ya en Madrid se educó en la Institución Libre de Enseñanza, en donde se respetaba la cultura popular tanto como la científica

Muchos poemas de Antonio Machado son capítulos de la triste historia de España puestos en verso. Vanos a analizar la personalidad de “Este hombre de casino provinciano”, retratado en su poema “Del pasado efímero”, incluido en su libro Campos de Castilla. Conocía a los contertulios de los casinos provincianos, porque él mismo distraía las horas en ellos, cuando no acudía a una rebotica de un farmacéutico amigo. Tenemos la creencia de que le gustaba más escuchar las opiniones ajenas que expresar las suyas, porque era “misterioso y silencioso”, según el retrato lírico que le trazó Rubén Darío.
De modo que el protagonista del poema es un español medio, como tantos otros con los que debió de reunirse el poeta en los casinos. Un burgués, porque los obreros no acudían a los casinos, sino a las casas del pueblo para intercambiar ideas. Sabemos que es un hombre mayor, tiene el pelo cano y el bigote gris, de modo que en 1915, fecha en que pudo ser compuesto el retrato, contaría alrededor de 70 años. En los labios muestra el hastío y presenta “una triste expresión, que no es tristeza”, sino aburrimiento, porque lo cierto es que no sabe qué hacer para justificar su vida, y por eso pierde el tiempo en el casino.

Su problema consiste en que no se encuentra nada interesante en su cerebro, representado en el poema por la cabeza, al tomar una parte por el todo: se halla “el vacío / del mundo en la oquedad de su cabeza”, una particularidad común a muchos hombres de su tiempo, a juzgar por la reiteración con que expuso el poeta esa identidad nacional, quizá extensible a otros períodos también. Por ejemplo, el número L de los “Proverbios y cantares” en el mismo libro explica:

–Nuestro español bosteza.
¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?
Doctor ¿tendrá el estomago vacío?
–El vacío es más bien en la cabeza.

Este anónimo personaje del casino también bosteza, y lo hace por aburrimiento al hablar de política, en una de esas pláticas de café en las que ninguno de los contertulios acierta a comentar algo importante, porque carece de inquietudes de cualquier tipo: “Bosteza de política banales / dicterios al gobierno reaccionario”, puesto que él es liberal y espera que vengan los suyos para resolver los graves problemas de España. Pero sus comentarios son banales, seguramente lo que ha aprendido en alguna revista de partido o en los periódicos afectos, no se le ha ocurrido al leerlo en un ensayo, porque no gasta el dinero en comprar libros.

Las dos españas

Como tantos otros españoles, también él espera que vengan a arreglar los problemas nacionales los políticos de su partido. Está convencido de que vencerán en las próximas elecciones, debido a que los gobernantes actuales, los conservadores, han demostrado ser un completo fracaso. Pero él mientras tanto no hace nada para colaborar en esa solución, pasa las tardes ociosamente en el casino, bostezando y esperando que llegue el momento del cambio. Así se enquistan los problemas, denunciados por sus correligionarios en la tertulia del casino, aunque ninguno de ellos decide poner manos a la obra para empezar a actuar con el fin de intentar solucionarlos. Esa dejadez permite que los jóvenes pierdan la confianza en el futuro inmediato, y se contagien de su inacción, como lo relata el proverbio LIV:

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Esas dos españas se encuentran en la misma situación, porque ninguna de las dos hace nada válido, una por hallarse en la agonía y otra por sentirse aburrida. Inevitablemente el bostezo continuado termina en la muerte. Para el español medio el último bostezo se convierte en el rigor mortis. Si en ese instante supremo pudiera expresar sus sentimientos, diría que al fin y al cabo no resultó duro pasar la vida en un bostezo. De esa forma evitó verse obligado a enfrentarse a los problemas cotidianos presentados en el vivir de cada día. Total, se iba a morir lo mismo.
El español joven que quiere empezar a forjar su vida se encuentra desanimado para emprender alguna actividad, debido a que sus mayores le cortan la esperanza de conseguir algo positivo, cuando mira su ejemplo. Quiere vivir, pero se lo impide el común bostezo nacional, que no valora sus iniciativas, sino al contrario, las corta al considerar que no merece la pena actuar. También él acabará malgastando las horas en el casino, criticando a los gobernantes contrarios a su ideología y esperando la llegada de los suyos para poner a España en pie. No obstante, el cambio político no le incitará a salir del casino para intervenir activamente en la vida nacional.

La cabeza como arma

Paralelo a este poema “Del pasado efímero” es el titulado “Del mañana efímero”, en el que Machado abrió una puerta a la esperanza, al entrever la posibilidad de que una nueva generación joven limpiase de bostezos a la patria adormecida. Supuso que llegaría “con un hacha en la mano vengadora”. El hacha es símbolo de revolución. Los problemas nacionales tan arraigados precisaban de una revolución para quedar resueltos, después de tantos años de corrosión y corrupción. Sucedería en el futuro, porque el presente (el poema está fechado en 1913) era tan efímero como el pasado. Así describió a la patria bajo la monarquía de Alfonso XIII:

Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste
cuando se digna usar de la cabeza, […]

Por lo que resulta preferible que el español mantenga vacía la cabeza, ya que cuando la usa únicamente le sirve para embestir a los que no comparten sus ideas. Al bostezo habitual le añadió aquí otra característica de ese español medio, que es su entrega a la oración. El español tradicional cumple los preceptos de la Iglesia, por lo menos ante la gente, aunque en su cerebro piense que son tonterías. No tiene la cabeza vacía, sino repoblada con algunas ideas aprendidas en los sermones clericales, que es peor.
Lamentablemente, esas ideas son de una brutalidad tal que incitan a embestir al contrario, para impedirle que exprese las suyas. El contrario nunca puede tener razón, es su axioma. Y es verdad que la triste historia de España cuenta con numerosos ejemplos de embestidas, empezando por las proporcionados por los reyes, como el fatídico Alfonso XIII empeñado en dirigir la campaña de África desde su palacio madrileño, hasta conducir a las tropas al desastre inevitable.

Los que embisten

Machado conocía al pueblo porque se crió en él. Aunque pertenecía a una familia culta, el abuelo médico y catedrático universitario, el padre abogado y folclorista, en su niñez sevillana escuchó a cantaores y guitarristas que le contaban coplas al padre, y ya en Madrid se educó en la Institución Libre de Enseñanza, en donde se respetaba la cultura popular tanto como la científica. Y además, como él mismo escribió en su “Retrato” para que los lectores aprendieran su ideología, “Hay en mis venas gotas de sangre jacobina”, desperdigadas en algunos poemas.
Por conocer bien al pueblo tenía necesidad de censurar algunas de sus malas costumbres, como las de bostezar en vez de actuar y emplear la cabeza para embestir. El proverbio XXIV insiste en la crítica, por el deseo de incitar a esos pobres seres sin civilizar a mejorar sus costumbres:

De diez cabezas, nueve
embisten y una piensa.
Nunca extrañéis que un bruto
se descuerne luchando por la idea.

No se trata de una paradoja, puesto que el más bruto de los seres, incapaz de pensar, es precisamente el que con más ahínco intentará defender una idea arraigada en él, quizá por la predicación de un cura. Lo malo es que esa idea no puede ser positiva, sino una brutalidad. Por eso sus argumentos bestiales tendrán un apoyo feroz para derrotar al enemigo. Esto es habitual en la historia de España. El ultramontano Ramón Nocedal, fundador del Partido Católico Nacional y director del periódico integrista El Siglo Futuro, le advirtió en el Congreso a Gumersindo de Azcárate, uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza y presidente del Instituto de Reformas Sociales: “No discuta conmigo, porque lleva las de perder: usted, con sus ideas, tiene que respetar las mías, mientras que yo, con las mías, le puedo aplastar tranquilamente.” Y tenía razón en su sinrazón obtusa. Pudo ser el modelo para ese español que bosteza y embiste descrito por Machado, un hombre de su tiempo, pero no exclusivo de él.

Una biografía posible

Situemos al hombre “Del pasado efímero” en su tiempo vital: nació hacia 1845, al comienzo del reinado de Isabel II, cuando se promulgó una nueva Constitución para afianzar el poder real. En consecuencia cumplió 23 años en el momento en que el ejército y el pueblo organizaban la Gloriosa Revolución en setiembre de 1868, y la abominada Isabel II tuvo que exiliarse en París. Vivió el reinado de Amadeo de Saboya, la I República, la restauración borbónica en la persona de Alfonso XII, el desastre de 1898, y en el momento del poema es vasallo de Alfonso XIII con 70 años. Una vida, pues, en la que ocurrieron acontecimientos notables, en los que debió de limitarse a ser espectador, ya que no se nos dice que interviniese en nada.
Destaca el poeta que “vio a Carancha recibir un día”, el popular torero José Sánchez del Campo, más bien entrado en carnes, razón de su apodo Cara–Ancha en los carteles, que Machado hace una sola palabra. Pasó a la historia de la tauromaquia por ejecutar la suerte de recibir al toro desde que la probó en 1881, según copio de una enciclopedia taurina sin entender lo que eso significa, ni me importa. En ese año nuestro hombre cumpliría 36 de su edad, por lo que pudo verle torear, ya que sus únicas distracciones, además de las tertulias en el casino, eran poco recomendables, y entre ellas figuraba contemplar corridas taurinas:

Sólo se anima ante el azar prohibido,
sobre el verde tapete reclinado,
o al evocar la tarde de un torero,
la suerte de un tahúr, o si alguien cuenta
la hazaña de un gallardo bandolero,
o la proeza de un matón, sangrienta.

Y sus contertulios lógicamente seguirían esos mismos modelos de distracción, por lo que se entiende la postración de España, animada por estos liberales con una idea muy extraña sobre el comportamiento cívico adecuado. El afán de Machado, como el de todos los institucionistas, consistía en educar a los españoles a la usanza europea, cultivando las tradiciones nacionales, pero las buenas, no las protagonizadas por tahúres, toreros, bandoleros o matones. Aquella España de la restauración borbónica volvía a ser tan decadente como la de Isabel II, de modo que la Gloriosa Revolución no había servido para nada, fue una esperanza frustrada.

Un tipo sin historia

Le hemos inventado unas fechas biográficas, para adaptarlo a la época del poema. Sin embargo, Machado advierte en los versos finales que este hombre es un arquetipo, no pertenece a ninguna época: es un español intemporal, que puede ubicarse en cualquier momento que prefiramos, precisamente porque él carece de historia, pese a haber sido testigo de tantos sucesos:

Este hombre no es de ayer ni de mañana,
sino de nunca; de la cepa hispana
no es el fruto maduro ni podrido,
es una fruta vana
de aquella España que pasó y no ha sido,
esa que hoy tiene la cabeza cana.

Aunque dice que es un hombre de nunca, por el contexto se deduce que eso significa que en realidad tipos así no existen para la historia de España, no dejan huella, viven una vida anodina sin pertenecer a ningún tiempo, aunque se hallen situados en uno concreto, incluso revolucionario, porque no son seres de ese tiempo. En el hoy del poema España “tiene la cabeza cana”, como la de aquella generación nacida hacia 1845. Ya que no posee un pasado tampoco puede aspirar a conseguir un futuro, no es nadie.
Vivió en una España “que pasó y no ha sido”, porque no ha quedado ninguna influencia de la Gloriosa Revolución, sino solamente el recuerdo de una faena realizada por Cara–Ancha en el ruedo. Esa etapa pasó sin hacer algo positivo, de modo que es factible considerar que no fue. Así es siempre España, en cualquier momento de su triste historia. Así la vio Machado y así la describió en sus versos. Es inútil lamentarse por lo que pudo ser y no fue. Su poema resume la biografía de cualquier español de ese tiempo.

La rabia y la idea

Sin embargo, no quiso perder la esperanza a causa de esa realidad comprobada. El pasado y el presente eran terriblemente desesperados, pero tal vez en el futuro resultase posible otra España, según adivinó en “El mañana efímero”. Quería creer que una generación que estaba naciendo entonces, hacia 1913, conseguiría modificar la historia. Era la nueva “España de la rabia y de la idea”, que traería un alba de oro al siglo XX. Las estructuras anquilosadas de la vetusta monarquía serían destruidas y reemplazadas por un sistema sólido, apuntalado por quienes cumplirían 23 años en 1936.
No acertó en la profecía, porque cuando pareció que se estaba cumpliendo con la proclamación de la República, traída por una generación impulsiva que imponía con decisión rabiosa sus ideas renovadoras, la otra España arraigada en el pasado borbónico se sublevó, para retroceder hasta las peores etapas de la triste historia secular de España, y repetir la más sanguinaria. Esa España embistió a la otra con ímpetu, y la destruyó, puesto que siempre la fuerza bruta consigue imponer sus ideas monstruosas. Así se estableció el fascismo, y Machado fue a morir en la libertad del exilio.
Y así continuamos, mordiendo con rabia nuestras ideas, en espera de algo nuevo que tal vez llegue algún día. Nosotros así nos lo decimos confiadamente en nuestras conversaciones de café, entre bostezos incontenibles. Suponemos que alguna vez cambiará nuestra mala suerte, la misma suerte que padecieron nuestros mayores. Y qué vamos a hacer si es así siempre la historia de España, y se repite inexorablemente. Esperar y bostezar.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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Un homenaje a Hebe Uhart, escritora

Acacio Puig*. LQS. Octubre 2018

«En mi casa no tenía acceso a la lectura, apenas unos libros de mi hermano, que eran muy teológicos. No fui estimulada a escribir, nadie me pidió ni me obligó a que escribiera. Pero, seguramente, debe haber habido un estímulo subterráneo, alguna cosa que hay en las casas porque, si no, ¿para qué mi mamá me contaba tantas historias? Hasta que un primo, más culto, me dijo: Tenés que leer a Neruda, a Guillén y a Vallejo’. Y los leí. Después entré en la Facultad de Filosofía y empecé a vincularme con otra gente sabia con la cual hablábamos de libros»

El pasado jueves, 11 de octubre, murió en Buenos Aires la escritora argentina Hebe Uhart. Tenía 81 años.
Escritora desde su infancia, ahondó en el pequeño-gran mundo que tanto juego dio a Marcial, el maestro del epigrama nacido en Bilbilis (hoy Calatayud) un 1 de marzo del año 40 de la era cristiana.
Hebe, amaba lo pequeño… pequeñas editoriales, pequeña vivienda, breves textos.
Sirvan estas Tres Crónicas Mínimas como mi sentido homenaje.

Tres crónicas mínimas

1.-
La nieta juega con la botella.
Absorto, el abuelo mira el mantel granate del restaurante.
La abuela mira al abuelo.
El papá de la niña mira el móvil.
Esperan el menú… en familia.

2.-
En la plaza, dos terrazas de bar con sombra.
La clientela se entrega al autoservicio.
(¿Para qué contratar camareros?).
Las neuronas se anestesian a golpe de tercios.
Todo el mundo habla a voces: no quieren sentirse solos.
Sentado en un banco, bajo los soportales… fumo y observo.

3.-
Carlos, amigo poeta, me muestra un vídeo con éxito en internet.
Territorio exótico.
El perrito de un grupo de turistas se encara a un cocodrilo y le hace retroceder.
Los turistas jalean la bravura del perrito: ¡duro con él, valiente!
El cocodrilo recula, el perrito le persigue hasta el cañaveral.
De una dentellada, el cocodrilo agarra al perrito del cuello y lo arrastra al río.
Los turistas sufren…Bon appétit!

* Acacio Puig, artista plástico y pensionista. Histórico militante de la izquierda revolucionaria, represaliado por el franquismo, activista memorialista

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El sueño de la razón y la cautela antifranquista de Buero

Acacio Puig*. LQS. Septiembre 2018

“¡Si amanece, nos vamos!”, “¡Si amanece nos vamos!”…

En febrero de 1970 el dramaturgo Antonio Buero Vallejo estrenó en el Teatro Reina Victoria de Madrid la obra El sueño de la Razón, pieza valiente por lo que denunció y discreta por lo que defendía.

El contexto: el triste paisaje socio-político-cultural del franquismo tardío.
El asunto: Goya, el gigante sordo recluido en la Quinta en compañía de Leocadia su postrer joven amante y ama de llaves, pasa por las armas del discurso al régimen absolutista del rey Fernando VII, el déspota entronizado por conservadores y liberales como repulsa política a la invasión napoleónica.

Por desgracia con Fernando “el narizotas”, se enterraba en España el librepensamiento entre griteríos y soflamas populares del siniestro ¡Vivan las cadenas! Logrado el trono, acudirán en auxilio del autoritarismo fernandino, censores, inquisidores, militares asustados por la ejecución de Riego (y las consiguientes purgas en el ejército) y activas bandas armadas bautizadas como Los Voluntarios del Rey.
Y como telón de fondo, crímenes que no cesan, el asalto a las viviendas de familias progresistas, las torturas y los asesinatos de opositores cuyos cadáveres acabarán en las cunetas.

En medio de esas tinieblas Francisco de Goya pinta y expresa el horror al que va dando forma con sus pinturas negras…Poderoso testimonio pictórico cuando, dormida la razón, se hacen visibles la barbarie, la superstición y las fanáticas servidumbres de la esclavitud aceptada. Enhiestos los martillos reaccionarios contra herejes, masones, contra ilustrados en suma, Fernando VII dará libre curso a sus ansias de poder y a su enfermiza necesidad de humillar la inteligencia (“¡No quiero gallos de pelea! ¡Quiero vasallos sumisos, que tiemblen!”).

El genio aragonés resiste en la Quinta, en el vértigo de las pesadillas del Aquelarre, de la bacanal de monstruos que aúllan su ¡viva la muerte!… y por medio de Goya, también resiste Buero.
Durante aquél crepúsculo del franquismo que pretendía una mínima ratio de “normalización cultural”, siempre acompañada por la durísima represión selectiva, Buero, Sastre, Raimon, José Ortega y tantos otros mantuvieron abiertas las trincheras de la oposición cultural a la dictadura. Después de tres décadas de cruenta represión de masas y cubierto el objetivo enunciado por el general Mola de aterrorizar al conjunto de la población, la dictadura buscaba cómo sucederse a sí misma, cambiando lo mínimo, atando el futuro y combinando apertura (El sueño de la razón) y prohibiciones (fue el caso de Marat-Sade de Peter Weiss en traducción de Alfonso Sastre y suspendida al día siguiente de su estreno en el Teatro Español de Madrid).

De modo que tras la corteza de los simulacros, los monstruos goyescos arrancan con alucinadas presencias todos los disfraces para alumbrar la diabólica y cruda verdad de los criminales por la gracia de dios, ayer Fernando VII y entonces -en el no tan lejano año 1970- “el generalísimo” Franco y su régimen como subtexto y alusión velada.

La permanente presencia de pinturas y grabados que emergen y se desvanecen en un formidable reto escénico, la reiterada alusión a Saturno devorando a sus hijos, los temores y los celos del gigante sordo, sus dudas entre el exilio y la resistencia…tejen la dimensión existencial de quien, anciano y vencido, acabará refugiándose en Burdeos, como más tarde, tantas fatigadas personalidades republicanas optarían por el exilio fuera interior, en otros países o mediante el recurso a un antifranquismo pragmático, en definitiva prudente y elusivo.

Y finalmente, El sueño de la razón nos arroja un Goya amargo y decepcionado que ante la barbarie que asola su lamentable patria, parte a Francia.
“¡Si amanece, nos vamos!”, “¡Si amanece nos vamos!”… En la España de 1970 el Amanecer seguía siendo sangriento y con ribetes falangistas.

* Acacio Puig, artista plástico y pensionista. Histórico militante de la izquierda revolucionaria, represaliado por el franquismo, activista memorialista

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Dedicatoria de acción de “Poesía a viva voz”

Daniel de Cullá. LQSomos. Agosto 2018

Cuando el pasado viernes, por la mañana, traje al “SanFran” la convocatoria de “Poesía a Viva Voz”, para colgarla en su tablón de anuncios bellamente berretoso, me encontré con Pelayo, un “master chef y barman” de primera, “cum laude”, con másteres conseguidos a puro huevo, no como esos másteres de algunos políticos alcanzados en el Rastro madrileño de ciertas universidades; además de que es un tío majo y está “cañón”, como he escuchado decir de él a alguna chica.

Él me dijo:

Haces el Acto a esta hora de las seis de la tarde, en domingo, porque no vendrá casi nadie, ¿eh?

Yo le respondí:

Pues sí. De este Acto lo que importa es mostrar nuestro apoyo a la Acción Poética Global con todos los Continentes, que se celebra durante este mes de Agosto, celebrando la Poesía y la Cultura atacadas por injustos y excluyentes sistemas de opresión y represión que atacan el pensamiento libre y su canción, y siempre influenciados por las religiones y su nefasta tradición. Además de que si los que cantan o se expresan libres son jóvenes, estos regímenes se abalanzan contra ellos cual hienas, apostándose quién de entre ellos mostrará peor maldad.

En la presente edad muestran lo mismo; y lo mismo será en la venidera.

Desde Chile, con Poetas del Mundo; desde Colombia, con Movimiento Poético Internacional; desde Rotterdam, Holanda, con Poetry International; desde Japón, con Poetry Nippon; desde Nueva Zelanda, con New Zealand Poetry; desde la India con GloMag; desde USA, con Suitcase of Chrysanthemums, desde Burgos, con Poetas del Mundo, nuestros llamados ínclitos resuenan por la Libertad de Prensa y Expresión.

Y si no viene nadie, o se ve a poca gente, poco importa. El Poeta no necesita de esa caterva de la gente que necesitan los políticos y los curas, que en aplausos es muy facultativa y muy experta, demostrando con ejemplos que lo hacen por cuantos bienes procurarles pueda.

Además de que, y pregunto: ¿Acaso necesita el Asno para Rebuznar estar rodeado de gentes? El Asno Rebuzna; y punto. ¿Necesita el pájaro de alguien para cantar? El pájaro canta, ¿o no? Tan sólo la especie humana necesita de toda esa caterva de la plebe, hato de ganado, manada, recua para trajinar, muchedumbre que va una tras de otra, que habita en ciudades, en villas, en cortijos, en aldeas, esperando que “el figura”, o los “figuras”, “Recueros” o arrieros de recua de turno les prefieran, y así la envidia procurarles pueda.

Ahora, a seguido, la presentación y lectura, si es necesario, de este mi libro “La Peseta”, que es una joya de los telares de terciopelo de la Poesía Erótica, cuyo ángulo saliente mira hacia el campo o hacia la alcoba. Cumplo yo el deber de enseñárosle. Aceptad pues benévolos mi ofrenda. Esta gloria tenéis. Tan sólo es vuestra; y la mía el haber cantado con éxito feliz la bella prenda, la “Peseta”.

Nota:
El Acto ha sido todo un éxito. Como no se abrió el bar debido a que su empleado primero, un tal “Gus”, tuvo la osadía de no bajar del primer piso, que está encima del bar poético musical, con una bicicleta colgada en el balcón del dormitorio principal, ”por estar follando como un cosaco”, como dijo un asiduo visitante, puesto que la voz o sonido bronco del jadeo del follaje se escuchaba con altos y con bajos fuertes, el Acto se realizó fuera, en las escaleras que suben al Castillo.

El Poeta y Escritor Daniel de Cullá dio una lección de Academia con su libro “La Peseta” y, al mismo tiempo, manifestó con pelos y señales las barbaridades y atrocidades que sufren los poetas y escritores, los cantautores, la gente de teatro, los raperos en su libertad de expresión y Arte en todo el mundo.

No se entiende cómo de los grupos poéticos colaboradores, excepto el de Poetas del Mundo, no vino nadie, diciendo algunos que mejor estaban “haciendo sus necesidades” en alta mar; otros, tomando el sol panza arriba; y los nudistas, calentando, unos, el percebe; otras, la chirla. También, hubo quien se disculpó diciendo que tratar de materias de solidaridad no entendía; que a ellos les interesa tan sólo el follar, o jugar al bingo.

Fueron trece los asistentes y, al desplegar el Poeta su libro “La Peseta”, todos hicieron una observación bien grata: “Que este libro había sido concebido por un sabio literato y artista; que esa Peseta, que figura la Vagina, que ilustra el libro, “será siempre alabada en demasía, y merece nuestro elogio eterno”.

Gerineldo Fuencisla, siendo las 18,45 h. p.m., calle San Francisco 7, junto al bar “·SanFran”, Burgos.

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Dos aporías de un mismo nacionalismo: Cuba y Puerto Rico*

Francisco Cabanillas. LQS. Abril 2018

En el fondo, la pregunta fundamental es,
¿cómo el sujeto queda constituido en lo enredado,
en el caos, en las rutas carnavalescas caribeñas?”
Miguel Pruné.
Ínsulas extrañas. Ciencia ficción en el Caribe hispano y otras islas adyacentes (2015).

Propuesta

(La literatura merma ante la economía neoliberal, que es ¡la verdadera ciencia ficción!).

Entre una política anticolonial puertorriqueña, en el cuento de José E. Santos, “Terminator boricua” (2007), y otra política decolonial cubana, en el cuento de Yoss, “Fangio inmemoriam big race” (2011), la ciencia ficción caribeña se enreda en un contrapunteo narrativo que, por un lado, trastoca la historia; y por el otro, plantea un nacionalismo paradójico.

La tesis no es, estrictamente, que el nacionalismo literario boricua y cubano constituya una aporía, sino que la ciencia ficción lo lleva a la aporía.

El trabajo se divide en tres partes: cuento, ciencia ficción y contrapunteo narrativo.

Cuento

Tanto “Terminator boricua” como “Fangio in memoriam big race” vuelcan en la literatura un antecedente fílmico. En el cuento boricua, un clásico de la ciencia ficción estadounidense, The Terminator (1984); en el cubano, un drama de suspenso histórico, Operación Fangio (1999), basado en un hecho real: el Gran Premio Automovilismo de Cuba del 24 de febrero de 1958.

Contraste interesante: mientras que el cuento más anclado en la apariencia del realismo literario (el boricua) se deja seducir por la emblemática película hollywoodense del androide asesino, al ciberpunk cubano lo seduce el realismo de la película que le rinde un tributo (neobarroco) a una realidad histórica.

Tensión.

En ambos cuentos, sin embargo, se trata de una politización feroz de la literatura: ficción de una ciencia politizada contra la anexión imperial usamericana (clave esta de la aporía nacionalista).

Ciencia ficción

A un primer nivel, “El terminator boricua” se vale de la ciencia ficción —definida como una relación tipo el científico-la máquina-el viaje— para ir del presente, año 2095, al pasado, año 1898, para resolver el futuro, año 2198.

A su vez, “Fangio in memoriam big race” se instala en el ciberpunk del futuro, año 2058, a cien años de la fecha histórica de 1958, para historiar el pasado reciente, del 2016, año en que colapsa la Revolución, al 2028, cuando el Navy de Estados Unidos (Thalos) “pacifica” la “guerra civil” que sigue al colapso (2016-2028), para volver brevemente al presente último, 2059, año de elecciones en el que Cuba corre el riesgo de convertirse en el Estado 52 de Usamérica.

Entre el cuento boricua y el cubano se cruzan las fechas: el presente futurista del primero, 2095, se refracta en el futuro presentista del segundo: 2059.

Contrapunteo: entre una fecha y otra, Puerto Rico se independiza en el año 2198 y se hace Estado 51 en 2068 (a esto volvemos después).

De Cuba, no se sabe cuándo, entre 2028 y 2059, se hace Estado Libre Asociado de Norteamérica. ¿Después de la intervención de los Thalos?

A un segundo nivel, el humanismo anticolonial de “El terminator boricua” se vale de la ciencia ficción, sin ciborgs ni clones ni replicantes, para resolver un problema político de 300 años. Ciencia fantástica del tiempo libertario.

A su vez, el transhumanismo decolonial de “Fangio in memoriam big race” se vale de la ciencia ficción —sin humanos, llena de hologramas, plagas transgénicas, ciborgs vivientes, bioandroides infantiles, sistemas electrónicos, deslizadores magnéticos, tecnología bioinformática, trenes de levitación magnética antigrav, turboflaps, holoseries, protectores bucales de biogel hechos de caña… —; se vale de todo eso para plantear un problema de involución política: el retroceso de la república a la colonia moderna.

La ciencia ficción caribeña se colma de fricciones políticas.

Contrapunteo narrativo

Fricción entre el humanismo anticolonial y el posthumanismo decolonial, nostálgico este de la modernidad boricua del año 2198: una ficción con la ciencia y la tecnología para volver al pasado, alterarlo y reconectarlo con la dirección histórica del independentismo hispanoamericano decimonónico, truncado en 1898. Una modernidad (la boricua de 2198) donde el homo sapiens controla la ciencia.

¡Nostalgia posthumanista!

Contrapunteo del cuento boricua, publicado en 2007, y el cubano, publicado en 2011, cuya fricción trastoca la historia.

No solo porque, desde el cuento cubano, la anexión de 2068 rompe la continuidad colonial de 300 que plantea el cuento boricua con la independencia en 2198, sino sobre todo porque, al hacer de Cuba otro Puerto Rico, como plantea críticamente “Fangio in memoriam big race,” el cuento pone patas arriba la gramática decimonónica de la caribeñidad cubanorriqueña, según la cual Cuba se ha posicionado como el futuro de Puerto Rico.

¡Virazón!

Por eso, el personaje que parodia la voz de Martí, “el Apóstol,” en el cuento cubano, critica en spanglish el trastoque que hace del Estado Libre Asociado boricua el norte político de la Cuba posthumanista del año 2059 (otro Estado Libre Asociado de Norteamérica): “I’m afraid that this jodida island will continue being un feudo yanqui…es like Puerto Rico hace décadas: todos los boricuas love a lot feeling big patriots saying shits de los americanos, pero very happy que estaban también de have the hated passport of the Empire. Y ya sabes: Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas…”

El contrapunteo de la ciencia ficción caotiza la historia.

Conclusión

Divergencia (islas que no se repiten): el futuro republicano de Puerto Rico, finalmente independiente, choca con el futuro “neo-neocolonial” de Cuba, convertido en otra versión del Estado Libre Asociado de Puerto Rico.

Convergencia (islas que se repiten): aporía nacionalista. Tanto la ciencia ficción anticolonial boricua como la decolonial cubana parten de una premisa paradójica: la idea que, en el siglo XX, XXI o XXII, la culminación del imperialismo usamericano en el Caribe hispánico culmina en la anexión.

Aporía: desde la historia reciente de Puerto Rico (ley PROMESA de Obama en 2016) y la de la Cuba de Obama y Trump (2016-2018), para el imperialismo usamericano el Caribe hispánico funciona mejor como colonia: ¡nunca, desde 1898, como estado federado!

La realidad (inmediata) rompe la ciencia ficción.

Como tributo a los versos decimonónicos de Lola Rodríguez de Tió, “Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas,” la ciencia ficción puertorriqueña escribe “El terminator boricua”; como su herejía más salvaje, la ciencia ficción cubana pone sobre la mesa “Fangio in memoriam big race.”

Vuelta al epígrafe:

“En el fondo, la pregunta fundamental es, ¿cómo el sujeto queda constituido en lo enredado, en el caos, en las rutas carnavalescas caribeñas?”

Como sujeto, el nacionalismo queda constituido como una aporía: la anexión como culminación del colonialismo/neo-neo colonialismo.

*Trabajo presentado en la conferencia “Calibanías y caribeñidades: espacios y topografías,” llevada a cabo en Marquette University del 5 al 7 de abril de 2018.

Más artículos del autor
* Francisco Cabanillas (1959, Puerto Rico) enseña lengua española, cultura y literatura hispanoamericana en Bowling Green State University, Ohio. Ha publicado cuatro libros de ensayo: Escrito sobre Severo (1995), Pedreira nunca hizo esto (2007), K-lores del trópico: ensayos transboricuas (2012) y Ensayos silenistas (2014). Miembro de LoQueSomos

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Adiós al librero negrocriminal: Muere Paco Camarasa

Javier Coria*. LQS. Abril 2018

Era curioso pasarse a tomar unos vinos con Paco –Paco El Ciego, llamado así en la clandestinidad antifranquista, por su galopante miopía- y encontrar personas llegadas de los lugares más insospechados del mundo para hacer una visita a esta pequeña librería, que digo pequeña, minúscula en espacio pero grande en saber y en fondo editorial

La leucemia se nos ha llevado al hombre que sabía demasiado de novela policial, Paco Camarasa (Valencia, 1950)

«… En mi época de universitario, leer novelas policíacas era pura evasión y estaba mal visto. Había que tragarse los tochos de ‘Así se templó el acero’, ‘La joven guardia’ o los libros de López Salinas y esas cosas…»

Impartió su cátedra desde la pequeña librería de su querido barrio de la Barceloneta. Durante 13 años, junto a su esposa Montse Clavé, ese barco varado en la calle de la Sal, no sólo fue refugio de lectores y autores de España y Catalunya, sino de todo el mundo; porque no había autor policiaco que se preciara que no pasara a ver al gran divulgador del género y maestro de ceremonias de los cenáculos más negros de la ciudad. Por allí pasaron los autores extranjeros Ian Rankin, Petros Márkaris, Maj Sjöwall, Donna Leon, Dennis Lehane, Andrea Camilleri…, o Francisco González Ledesma, Alicia Giménez Bartlett, Andreu Martín o Carlos Zenón, entre otros. Era curioso pasarse a tomar unos vinos con Paco –Paco El Ciego, llamado así en la clandestinidad antifranquista, por su galopante miopía- y encontrar personas llegadas de los lugares más insospechados del mundo para hacer una visita a esta pequeña librería, que digo pequeña, minúscula en espacio pero grande en saber y en fondo editorial, porque allí se encontraban libros descatalogados, viejas ediciones de bolsillo, desvencijados cuadernillos del “Club del Crimen”, “Biblioteca Oro”, etc. Y claro, fueron famosos sus mejillones y el vino que cualquier visitante de los sábados podía degustar gratis en “Negra Y Criminal”. Luego, el éxito o la moda del género, las leyes del mercado, vamos, llevó a Paco y a Montse a cerrar la librería que tenía más amigos que compradores.

Paco Camarasa fue durante 12 ediciones Comisario Jefe del Festival BCNegra, que dejó por la enfermedad, tomando el testigo Carlos Zenón. Recibió La Medalla de Oro de Barcelona a la labor Cultural; y escribió, a modo de heterodoxo diccionario, sus experiencias en Sangre en los estantes (Destino). Fue amigo de nuestra revista, y en Rambla escribimos sobre él en varias ocasiones. A modo de homenaje reproducimos aquí la entrevista que Francesc Sans y un servidor le hicimos en 2013. ¡Va por ti, maestro!

Entrevista al librero “negro y criminal”

Más artículos del autor
* LQSomos en Red

Almuerzo en la Fonda Feliz

Francisco Cabanillas. LQS. Marzo 2018

Fueron ellos [los esclavos en el Caribe] los responsables,
incluso de modelar los paladares de sus amos.
Sidney Mintz

I

Localizada en la segunda mitad del siglo XX de la literatura puertorriqueña, la Fonda Feliz, ambigú emblemático del cuento de Ana Lydia Vega, “Historia de arroz con habichuelas” (1982), se llena rápidamente de comensales.

Hambrientos, vienen al mediodía en busca de los platos que leyeron en la prosa de Edgardo Rodríguez Juliá: Elogio de la fonda (2001).

De fondo, la Fonda Feliz despliega una cita holográfica del gastropoema por antonomasia de Luis Palés Matos, “Menú” (1941): “Mi restorán abierto para ti transeúnte peregrino.”

II

Los primeros que llegan, uno con un poemario de Pablo Neruda bajo el brazo, el otro, con una novela de Luis Rafael Sánchez, son los filósofos: Chomsky, Zizek y Enrique Dussel.

Condensación: tres filósofos cuya biomasa política curva el espacio literario de la Fonda Feliz.

Chomsky, sin pelos en la lengua, lo pone todo sobre la mesa tan pronto se sienta frente a los sorullitos de maíz: Zizek, dice el lingüista más activamente político de Usamérica, no es más que pose. Su filosofía no dice nada.

Como si no fuera con él la cosa, Zizek se sienta entre Chomsky y Dussel. Picotea sorullitos. Pide tostones. Se limpia la nariz con la servilleta. Se hala la camisa del pecho. Dice que le gustaría escribir un libro sobre el escritor argentino decimonónico por antonomasia: Domingo Faustino Sarmiento. Habla de Fidel Castro y de la castración; del amor duro del Che; del chavismo…

Insiste en su visión eurocéntrica: cualquier camino que tome Europa, tiene que ser por la vía de la modernidad. Fuera de la modernidad, nada.

Chomsky subraya la tradición crítica de la Ilustración (por lo que, al votar a Hilary Clinton en las elecciones de 2016, lo hizo, para evitar el hedor, con la nariz tapada).

Dussel, que para contextualizar América Latina tuvo que inventar una historia no eurocéntrica, en la que no se habla de Nuevo Mundo y se desmiente la filosofía de la historia de Hegel, mira sobre todo a Zizek, quien no conoce nada de la colonialidad constitutiva de la modernidad.

Lo mira y piensa en Chomsky.

La transmodernidad, le dice Dussel a Zizek, atraviesa la modernidad de rabo a cabo, por ser esta inseparable de la colonialidad; en el proceso, la transmodernidad busca reconectar con lo que la modernidad hegemónica dejó fuera, como sería, entre otros reacoplamientos, el poder obediencial de los zapatistas. Un poder que, contrario al de la modernidad, no se concibe para dominar.

Zizek se toma un café descafeinado antes de pedir una empanadilla de pizza.

De espalda, en una mesa redonda para dos, José Francisco Ramos relee, ante una sopa de plátano humeante, el prólogo que le hizo al libro de ensayos de Yván Silén, Los ciudadanos de la morgue (1995), en el que hablaba de la cacocracia, el gobierno de los peores, antes, mucho antes de que Trump pusiera de moda el término.

La cacocracia se mira en el espejo de la cleptocracia.
Sobre una mesa vacía ha quedado abierto un texto clásico de Chomsky, The Culture of Terrorism (1988), en el que, una vez más, retrata la política exterior usamericana.

III

Como si fueran personajes de la literatura de Julio Cortázar, llega primero David Sánchez, estuche del saxo tenor al hombro; al rato, se sienta junto a él Miguel Zenón, cuyo saxo alto trae fuera del estuche.

Entre los dos, el jazz boricua saxofonea como nunca antes lo había hecho el saxofón puertorriqueño, siempre supeditado al protagonismo del trombón y la trompeta.

Sánchez toca los primeros minutos, fragmentados y afrocaribeños, de “Los Cronopios,” tema de Street Scenes (1996) en el que el jazzista cita un texto clave de Cortázar: Historia de cronopios y famas (1962). Libro de cuentos en el que una de las historias casi nos pisa los talones: “A la hora del almuerzo este cronopio gozaba en oír hablar a sus contertulios, porque todos creían estar refiriéndose a las mismas cosas y no era así.”

Zenón se suma al delirio saxofónico, aportando su dosis de jazz latinoboricua influido por la literatura de Cortázar: nada más y nada menos que un CD, Rayuela (2012), con el título de la novela más feroz de Julio, Rayuela (1963). Una propuesta composicional de diez temas que Zenón titula con nombres de la novela:

1. Talita
2. La Muerte de Rocamadour
3. Gekrepten
4. Buenos Aires
5. Morelliana
6. Oliveira
7. Berthe Trépat
8. Traveler
9. La Maga
10. El Club de la Serpiente

Sánchez y Zenón llenan La Fonda Feliz de música literatucéntrica, lo que provoca una reacción a distancia, formando un triunvirato, por parte de otro saxofonista del jazz boricua, Furito Ríos, en cuyo CD, La Maestría (2012), el saxofón diplomado se sale del jazz para entregarse a la salsa: clave del jazz latino, según el maestro.

IV

Entre la pintura canónica de Ramón Frade, El pan nuestro de cada día (1904), la fotografía descomunal de Víctor Vázquez, El pan nuestro de cada día (1998), y el ensayo iluminador del blog Celabie, “El plátano nuestro de cada día” (2016), las artes visuales y la literatura traman el tributo al plátano más dialógico de la cultura puertorriqueña.

Conversación entre las artes visuales que el ensayo visibiliza: el pan nuestro boricua ha sido el plátano.

La Fonda Feliz se mira en un espejo literario: la historia del arroz y las habichuelas se ha comido el plátano.

Visualidad que el ensayo pone en palabras: “Uno de los elementos más utilizados por los artistas para representar una idea de identidad nacional lo es el plátano” (Celabie).

Desde la fotografía, El pan nuestro de cada día (1998) penetra una dimensión metafórica de la pintura, El pan nuestro de cada día (1904). La tesis de la fotografía hace click: la comida diaria de la puertorriqueñidad, una cultura falocéntrica desde 1493, ha sido mitigada por la agencia matrial, cuyos senos nos miran sin pestañear.

Encuadre y firmeza: determinación. Lo matrial como el poder de las tetas sobre el Señor Plátano.

Desde la literatura, la complicidad platanera del ensayo, en Celabie, se materializa en un cuento clave de Manuel Ramos Otero, “Vivir del cuento” (1987), el cual la poeta Áurea María Sotomayor pone sobre la mesa de la poesía caribeña, donde comen poetas como Derek Walcott y Aimé Cesaire.
“De Puerto Rico [dice el personaje de Ramos Otero en “Vivir del cuento”] no recuerdo nada excepto una quebrada, una finca de plátanos y panapenes, una sopa de guinea y cuatro hermanos que murieron de raquitismo, de paludismo, de lombrices. Hace más de treinta años que vivo aquí, en Molokai, con los leprosos.”

“Vivir del cuento” cuenta que cuenta el cuento de un trabajador puertorriqueño desplazado a Hawaii en 1899: “Y el marido de Norma comentó que en Hawaii se daba una yautía que crecía salvaje en el agua pero que por más que habían tratado de sembrar matas de plátanos el terreno de Hawaii no dejaba que la mata llegara a su madurez y la abuela de Norma les enviaba plátanos por correo desde Puerto Rico.”

Cuento que empieza desde cero, “Cuando salí de Puerto Rico no sabía nada de Hawaii,” para elevarse después, como metacuento, al cuadrado: “El cuento es cosa de mujeres, dijo alguien desde el público, y estoy de acuerdo: Scheherehzada emancipó las musulmanas que estaban en la calle de la muerte y todo contándole cuentos interminables al verdugo.”

V

Como si estuviéramos en la segunda mitad de 1960, entran a la Fonda Feliz los poetas nuyoricans, Pedro Pietri, Miguel Piñero y Victor Hernández Cruz, recitando a coro la última estrofa del poema gastrocéntrico de Palés Matos, “Menú” (1941): “Mi restorán te brinda sus servicios. / Arrímate a la mesa, pasajero, / come hasta hartar y séante propicios / los dioses de la Uva y el Puchero.”

Hernández Cruz lleva un poemario de William Carlos Williams en el bolsillo trasero del pantalón.

Pietri fuma; pide a los saxofonistas la melodía de “Sabor a mí” (1964), de Los Panchos. La escucha mirando a Furito. Apuntando con el dedo hacia El pan nuestro de cada día (1904) de Frade, Pietri le recita a Dussel este fragmento de su opus magnum, Obituario puertorriqueño (1973/77):

Todos murieron
aborreciendo las tiendas de comestibles
que los convencieron creer en hacer bifes
habichuelas y arroz a prueba de balas

Dussel dice que sí con la cabeza (consciente de que Pietri murió en 2004).

Miguel Piñero pide la palabra. Escupe tinta contra el cenicero. Rompe la poesía desde la biografía. Dice que la calle siempre ha estado dura; por eso mismo, él, antes de morir en 1988, pidió que lo cremaran y que esparcieran sus cenizas por el Lower East Side del bajo Manhattan.

Para perdurar, para seguir siendo desde las calles nuyoricans donde se jugó la vida a pelo, como el bandido que siempre fue: musa maldita y genial.

En el gastropoema “The Menudo of a Cuchi Frito Love Affair / El menudo de un amorío Cuchi Frito” (1985), Piñero se culinariza en una hibridación chicanizante:

disturbing my macho machete pride (perturbando mi orgullo de macho machete)
so that la mancha de plátano (para que la mancha de plátano)
reminded me that I was a weak mondongo (me recordara que soy un mondongo débil)
my love . . . my life . . . my pride was a burnt chicharrón (mi amor… mi vida… mi orgulo era un chicharrón quemado)
a cold mofongo (un mofongo frío)
a melted piragua (una piragua derretida)

El proceso de hacerse comida mexicoamericaniza la fritanga boricua: “I turned into a hot tamale (Me convertí en un tamal caliente). Zigzaguea con gusto entre lo chicano y lo boricua: “state of rage (estado de furia) an alcapurria gone insane (una alcapuria enloquecida) when I saw these two enchiladas (cuando vi estas dos enchiladas) in a pastelillo embrace (en un abrazo pastelillo).

Repara en lo boricua: “so in my pasteles envy (de modo que en mi envidia pasteles) my tostón jealousy (mis celos tostón) that my salchicha eye spied (que mi ojo salchicha espió) the chorizo the mad morcilla drive” (el impulso chorizo morcilla loca). Dramatiza el fogón desde el vernáculo: “asi fue que fueron / traspasados los dos bacalaos.”

Finalmente, estalla etnoculinariamente: “and now with my burrito strike (y ahora con mi golpe burrito) displaying my quenepa pride (mostrando mi orgullo quenepa) in my tamarindo smile (en mi sonrisa tamarindo) I remember the pegao and the uncooked taste (recuerdo el pegao y el sabor crudo) of the frijol menudo of my cuchifrito / love affair . . . (del frijol menudo de mi amorío chuchifrito).

Deseoso de unidad, Piñero, un animal herido por la vida que le tocó fumarse hasta el cabo a la intemperie de Nueva York, escribe el poema en una servilleta que pega en la pared:

The Menudo of a Cuchi Frito Love Affair

I turned into a hot tamale (Me convertí en un tamal caliente
state of rage (estado de furia)
an alcapurria gone insane (una alcapurria enloquecida)
when I saw these two enchiladas (cuando vi estas dos enchiladas)
in a pastelillo embrace (en un abrazo pastelillo)
so in my pasteles envy (de modo que en mi envidia de pasteles)
my tostón jealousy (mis celos tostón)
that my salchicha eyes spied (que mi ojo salchicha espió)
the chorizo the mad morcilla drive / el impuslo chorizo morcilla brava
asi fue que fueron (so the two)
traspasados los dos bacalaos (bacalaos were ran through)
and now with my burrito strike (y ahora con mi golpe burrito)
displaying my quenepa pride (mostrando mi orgullo quenepa)
in my tamarindo smile (en mi sonrisa tamarindo)
I remember the pegao and the uncooked taste (recuerdo el pagao y el sabor crudo)
of the frijol menudo of my cuchifrito /
love affair . . . ( del frijo menudo de mi amorío cuchifrito)

Victor Hernández Cruz se saca de la manga su segundo poemario, Snaps (1969). Pide saxofón con clave y lee del libro que tiene en las manos: “Energy is red beans (La energía es las habichuelas rojas)… is mofongo cuchifrito stand… (es mofongo puesto de cuchifrito).

Cesa el ruido de platos (y de plátanos). El silencio de la cocina se escucha en el comedor. El poeta mezcla el español: “a comer / a comer / todos a comer…”

El triunvirato saxofónico enfatiza la política cultural de Snaps. Zenón lleva el alto al punto más bajo del registro; Sánchez se pasa al registro alto del tenor; Furito sopla el soprano desde la manteca.

El olor a Sofrito (2005), en la pintura de Nick Quijano, llena el espacio de ajo y cebolla.

Los filósofos escuchan a los músicos y a los poetas (el más nietzscheano de los filósofos, baila).

Como si estuviera viajando en tren de Madrid a Marruecos, donde vive en Kenitra desde hace más de una década, Hernández Cruz taconea sobre el papel en blanco de la poesía que está por hacerse. Invoca a los ancestros de Aguas Buenas.

Las páginas de Snaps, amarillas como están después de casi 50 años, vuelan al son de la cocina nuyorican: “cuchifritos & rice (arroz) & beans (habichuelas) by (en) / la bodega de pepe…”

Los poetas nuyoricans vuelven al poema de Palés Matos, “Menú” (1941), y gritan al unísono: “palmeras al ciclón de las Antillas, / cañaveral horneado a fuego lento, / soufflé de platanales sobre el viento…”

VI

El espectro del boricua José Padilla, arrestado en 2002 como sospechoso de conspirar contra Estados Unidos en la llamada Guerra contra el terrorismo, declarada por G.W. Bush en 2001, entra como si fuera un zombie de la ciencia ficción caribeña al que le han borrado, además de sus derechos constitucionales, el sentido de identidad personal.

Detrás del espectro de Padilla, entra el primer soldado estadounidense nicaragüense, Camilo Mejía, quien, en 2004, se negó a seguir peleando en Irak, por lo que cumplió un año de cárcel.

Entre el espectro del “ex combatiente enemigo” y la materialidad del “desertor” que se opuso a la brutalidad de la guerra injusta contra iraquíes y soldados usamericanos, a los que el neoliberalismo neoconservador del complejo militar industrial y de la industria del petróleo sacrificaba con impunidad, la Fonda Feliz se radicaliza.

Cuando llegan los ex presos políticos puertorriqueños, Rafael Cancel Miranda, Elizam Escobar y Oscar López Rivera, la literatura se politiza.

VII

De algún teléfono celular se escucha un tema de Calle 13: “Tengo hambre, mucha, mucha hambre” (2005).

El mesero que le sirve una ensalada de pulpo a Chomsky —un mozo muy parecido al protagonista de la película de Arturo Ripstein, La virgen de la lujuria (2002)— cita un verso de Violeta López Suria: “Soy la que se alimenta / De la música triste” (1953).

Enrique Dussel y Francisco José Ramos hablan del “encubrimiento del otro” y de la “estética del pensamiento.”

Entre los narradores que entran, como quien dice, por la cocina, uno, dado a la poesía, el dominicano Pastor de Moya, “tomo mis crías y les doy de comer” (2000), llega con un ejemplar de Los nuevos caníbales. Antología de la más reciente cuentística del Caribe hispano (2000), el cual pone sobre la mesa como si fuera un suculento plato del “menú” de Palés Matos, abierto en la página del cuento de su compatriota, Máximo Vega: “¿Sopa de pollo para qué? Estamos hablando de comida.”

Intertextualidad; desde “Menú” (1941), Palés Matos contesta la pregunta entre paréntesis: “(Sopa de Martinica, caldo fiero / que el volcán Mont Pelée cuece y engorda; / los huracanes soplan el brasero, / y el caldo hierve, y sube, y se desborda, / en rebullente espuma de luceros.”

La Fonda Feliz se traspapela con el viento. De la cocina, llega una bola de humo con olor a pernil de Guavate que reivindica la gastroliteratura boricua; entre otros, el ensayo de Rosario Ferré, “La cocina de la escritura” (1980), y las novelas de Eduardo Lalo, Simone (2011), y de Juan López Bauzá, Barataria (2012).

Otra vez, la voz del poeta, Hernández Cruz, traspasa el inglés del poemario nuyorican, Snaps: “que suene la conga ahora / que suene la conga ahora.”

Los saxofonistas miran a los filósofos en busca de complicidad. ¿Le gusta el jazz a Chomsky?

Furito le saca punta al soprano, con el que subraya pasajes de la primera novela sobre Héctor Lavoe, Rompe Saragüey (2016).

VIII

La realidad intensifica su grado de culinariedad. De una novela de ciencia ficción, Exquisito cadáver (2001), surge la herejía de Rafael Acevedo, que llega vestido con el uniforme de chef: “el cuerpo del personaje principal de la fiesta apareció en la cocina, crudo, pero aderezado como si fuera la gran cena… rodeado de pasta, spaghetti ai frutti di mare.

La narrativa boricua se estremece. “La carne es el placer de la carne,” dice Marta Aponte Alsina en la novela La muerte feliz de William Carlos Williams (2015). Los críticos literarios googlean sobre la antropofagia con los dedos llenos de mayoketchup y sal de los tostones.

¡Bingo!: la crítica encuentra una novela corta, La muerte de mamá (2004), en la que el personaje de Yván Silén se come a la madre muerta.

Deglutiéndose a sí misma, la literatura se alimenta de su propia poesía.

IX

En vez de terminar a la una de la tarde, el almuerzo en la Fonda Feliz se prolonga indefinidamente, como si fuera un cuento de no acabar o un poema con final abierto.

Para ponerle un poco de límites al festín, como dique, la historia culinaria de Cruz Miguel Ortiz Cuadra, Puerto Rico en la olla. ¿Somos aún lo que cominos? (2006), cuya traducción al inglés, Eating Puerto Rico: A History of Food, Culture, and Identity (2016), hace saltar a los poetas, traza un mapa alrededor de seis alimentos clave de la dieta boricua: el arroz, las habichuelas, la harina de maíz, el bacalao, las viandas (incluido el plátano) y la carne.

Desde la novela negra, Wilfredo Mattos Cintrón cocina comida criolla.

X

Todavía se escuchan los diez minutos más largos en el jazz latino de Ray Barreto: “Cocinando” (1972).

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