Cuando el capitalismo sufre hay que sacrificar la democracia

“Lo que nos dice (Standard & Poor’s, S&P) es claro: para los inversores, la zona euro y Europa tienen necesidad de un marco político riguroso, estructurado, eficaz, capaz a medio y largo plazo de respetar sus compromisos (…) De cierta manera, es un exhorto a una gobernanza política y económica más sólida, y nuestra respuesta no tiene ambigüedad: es el acuerdo franco-alemán elaborado (el lunes 5 de diciembre) por Nicolás Sarkozy y Ángela Merkel”, declaró el primer ministro francés François Fillon ante la Asamblea Nacional al comentar el anuncio de S&P sobre una eventual degradación de la calificación del crédito de 15 países de la zona euro (ZE).

El acuerdo Merkozy, como lo titula la prensa, impone la austeridad a perpetuidad para la ZE mediante sanciones automáticas para los países que violen los limites de los déficits presupuestarios, y anclando límites a la deuda fiscal en las Constituciones de los Estados miembros de la Unión Europea (UE), como define sucintamente la agencia Bloomberg. Gracias a la amenaza de los mercados, es decir de S&P, el acuerdo Merkozy será probablemente aceptado cuando se reúnan, este viernes 9 de diciembre, los dirigentes de los 27 países de la UE, de los cuales 17 forman parte de la ZE.

La sombra de la Comisión Trilateral.

En una entrevista con Mediapart (1) el historiador y antropólogo francés Emmanuel Todd aborda la crisis política europea y declara que en las partes débiles de la ZE, “o sea, toda la zona, salvo Alemania”, las naciones están confrontadas a una “forma de hibridación”, que define como el nombramiento bajo la presión de Berlín de tecnócratas que previamente trabajaron para Goldman Sachs (G&S) para poner orden en las finanzas públicas.

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¿Hacia el final de la Unión Europea?

Europa atraviesa un período muy convulso pues la crisis financiera está poniendo todavía más difícil el proceso de construcción europea (imprescindible para que pueda competir como potencia mundial) y el colapso económico que se está haciendo visible en los países periféricos y emergentes previsiblemente acabará generando tendencias proteccionistas muy serias que podrían desembocar en la desaparición del actual Unión Europea (UE).

Así, el presidente francés, Nicolas Sarkozy y la canciller alemana, Angela Merkel, han presentado este viernes en Marsella los detalles de su plan para reformar el Tratado de la UE que podría incluir la imposición de sanciones automáticas para los países que incumplan los objetivos de déficit (con el objetivo de restaurar la confianza de los mercados) y la aprobación para marzo de un nuevo Tratado en el que podrían estar sólo los 17 países del euro en lugar de los 27 socios actuales.

¿Hacia la Europa de los Nueve? Podríamos asistir, asimismo, en el horizonte de 2013, al inicio de la desmembración de la actual Eurozona y su sustitución por una constelación de países satélites dentro de la órbita de la alianza franco-germana (la llamada Europade los Nueve), debido a las exigencias del BCE de cumplir con el límite marcado para el déficit público del 3% para 2013, empresa harto complicada para países como Portugal, Italia, Grecia, España, Malta, Chipre e Irlanda, que superan con holgura el primitivo listón fijado por el BCE (3%).

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De nuevo el eje París-Berlín-Moscú

El elemento clave en este arreglo es que el gasoducto no pasa por Polonia ni por ningún estado del Báltico, ni por Bielorrusia o Ucrania. Así, todos estos países no sólo pierden cualesquiera que fueran las cuotas de tránsito que pudieran cobrar, sino que tampoco pueden utilizar su localización intermedia para retenerle el abastecimiento de gas a Europa occidental mientras negocian acuerdos con Rusia

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Del referéndum griego a la caída de Berlusconi

Nunca antes el capitalismo financiero había mostrado tan abiertamente su poder omnímodo. Ya no se trata de ganar espacios, sino guardar en el armario, por tiempo indefinido, el traje democrático que cubría sus vergüenzas. Las decisiones políticas se toman en los consejos de administración de bancos, empresas trasnacionales y bolsas de valores. Con este panorama, sus hacedores han decidido dar un nuevo golpe de mercado a las instituciones democráticas en Grecia, cuna de la democracia y en Italia, crisol del derecho político.

Para solucionar los problemas de déficit público nada mejor que poner en la cúspide del Estado a empleados de confianza. Hombres curtidos en la limpieza contable. Sujetos implacables, cuyos méritos consisten en hacer ganar millones de euros para sus jefes. Personajes oscuros y desafectos de la política, cuya única misión en la vida consiste en hacer cuadrar la caja. Tanto entra tanto sale. Como si la actual crisis fuese un problema de gestionar una mal llevada cuenta de haberes y debes. En esta lógica la democracia no tiene cabida. Los ciudadanos se transforman en números de una operación contable. Y algunos de ellos restan y no suman. Deben ser eliminados, resultan nocivos.

La designación sin mediar proceso electoral alguno de Mario Monti, en sustitución de un decrépito Berlusconi, sea dicho de paso, el presidente de gobierno con más años en el ejercicio del poder en Italia, si exceptuamos al Duce, Benito Mussolini, es un mal síntoma. No sólo por la forma, cuestión que hasta hoy los defensores de la democracia representativa cuidaban en extremo, sino por el fondo. Monti es un profesor de medio pelo, cuyos éxitos no están en la academia sino en ofertarse como un buen gestor al capital usurero. Empleado de la gran banca y las empresas trasnacionales, consejero de Coca-Cola y consultor de Goldman Sachs, participa en el club Bilderberg de los elegidos. Entre sus gracias se encuentra su rechazo a la militancia política, así, dice, no sufre presiones de indeseables y obedece a pies juntillas la voz de sus amos, recortar derechos políticos y beneficios sociales en pro de una saneada economía de mercado.

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