Informe: La alimentación escolar en España

Redacción. LQS. Septiembre 2018

Durante los últimos años, la preocupación por la realidad que se vive en los comedores escolares y por saber qué comen los cientos de miles de niños y niñas que utilizan cada año este servicio en España ha ido en aumento

Cada vez es más difícil encontrar en las escuelas cocinas que funcionen, no digamos ya que dependan de la administración. Las externalizaciones lo han barrido todo, de tal manera que hasta la alimentación de nuestros hij@s, esos que se considera el futuro del país, comen cada vez peor. Hoy a mayoría de los comedores pertenecen a la denominada “línea fría”, comida elaborada en cocinas centrales, que se vende como el “no va más” de la calidad, con todas las garantías higiénico-sanitarias… plástico puro, comida embarquetada, enfriada rápidamente por debajo de los 4º, y que luego se regenera en cada comedor, plástico puro, en hornos con un calor moderado.

La degeneración en la que hemos dejado tantas cosas importantes, nos pasa y pasará factura, hablamos de comida y el que más o el que menos sabrá eso de “somos lo que comemos”.

La alimentación en los comedores escolares hace años que es un simple negocio, una franja más del suculento mercado de la restauración de colectividades, un negocio en el que los comensales no pueden protestar, y en el que además de alimentarles mal les negamos una educación nutricional básica.

Las empresas, principalmente cuatro (Serunion, Compass Group, Aramark, Ausolan), que controlan el mercado de los comedores escolares, son puro marketing, carteles de colores, falsas valoraciones dietéticas, menús repetitivos, elaboran con materias primas de bajísima calidad, no se abastecen de los mercados locales, de cercanía, y así hasta una larga lista de “peros” a esta gestión privada sobre la alimentación de nuestros hij@s.

Algo tremendamente similar esta pasando en todas las residencias de la tercera edad o en los centros de día, hospitales…

Adjuntamos el excelente trabajo realizado por Carro de Combate, Del Campo al Cole y SEO Birdlife: Los comedores escolares en España, un informe que nace precisamente de esa preocupación creciente con el objetivo de arrojar algo más de luz sobre este sector.

Padres y madres en buena parte del país han manifestado sus dudas sobre la calidad de la comida que se oferta, los métodos con los que se cocinan los alimentos o los modos de gestión de los comedores, entre otros

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Kéfir de agua, un revitalizante refresco

Ernesto Rodrigo*. LQS. Agosto 2017

Bien fermentado, el Kéfir de Agua, es una deliciosa bebida gasificada de manera natural, con un rico sabor, que bien fresquito, puede poner en jaque a cualquier buena cerveza artesana

Un fermentado que podemos preparar en casa

El Kéfir de agua es hermano del de leche, solo que se desarrolla en otro medio, el agua, en vez de leche. Al igual que en la Levadura Madre que usamos para hacer nuestro Pan, en el Kéfir de agua dominan los lactobacilos que no son más que bacterias y levaduras lácticas (como las del yogur) que si las hacemos llegar a nuestro organismo -a través del estómago- nos aportarán un montón de beneficios como regenerar nuestra flora intestinal; nos remineralizan, aportándonos los minerales de la panela, frutas frescas y deshidratadas que los lactobacilos han absorbido en la fermentación; es una bebida baja en calorías y azúcar, ya que la fructosa y sacarosa que aporta la panela es usada como alimento por las levaduras de manera que si mantenemos al menos dos días fuera de la nevera y un tercero dentro -mejor dos-, la casi totalidad de los azúcares disueltos habrán sido absorbidos en la fermentación; una vez llegan a nuestro intestino, los lactobacilos liberan pequeñas cadenas de aminoácidos que son capaces de estimular el sistema inmunitario y estimular además, la mucosa intestinal con su inmunidad innata.

Estas son sólo algunas de sus bondades, pero tiene más, por lo que vale la pena dedicar unos pocos minutos a su cultivo en casa, tarea fácil y al alcance de tod@s.

Bien fermentado, el Kéfir de Agua, es una deliciosa bebida gasificada de manera natural, con un rico sabor, que bien fresquito, puede poner en jaque a cualquier buena cerveza artesana.

Lo primero es conseguir los nódulos que activaran la fermentación. Si conocéis a alguien que los tenga, que os pase unos pocos para empezar, porque luego se van multiplicando rápidamente. A mí, siempre me los han pasado, pero supongo que habrá alguna manera de cultivarlos desde cero… que desconozco. Es posible encontrarlos en algunos Herbolarios especializados en producto fresco ecológico y por último, también podéis comprarlos por internet.

El primer día, lavaremos los nódulos que hayamos conseguido y los meteremos en un tarro de cristal limpio. Los lavaremos ligeramente en un colador con agua de manantial, sin cloro, declorada o de botella, igual que pasa cuando hacemos el Pan Integral con Levadura Madre, para no matar muchas levaduras inútilmente que se alborotan sólo de pensar en el trabajo que les espera y que con el cloro morirían. No estarán solos en el tarro, porque enseguida les acompañará la Panela (dos cucharadas soperas colmadas por litro), unos trozos de limón fresco ecológico, pasas, orejones o higos (los negros le dan un punto rojizo precioso) y por último lo llenaremos de agua de manantial dejando un par de dedos de aire. Lo removemos, cerramos y dejamos encima del banco de la cocina.

A las pocas horas, ya es evidente la fermentación. Podremos ver como suben y bajan los nódulos, así como los trozos de frutas ecológicas deshidratadas llevadas en volandas por cantidades ingentes de pequeñas burbujitas que las envuelven. Así lo tendremos 48 horas, más o menos,  fuera de la nevera y podemos abrirlo para cotillear y oír el discreto burbujeo. Cuando veamos que empiezan a subir y a bajar los nódulos y trocitos de frutas, podemos jugar poniéndole por detrás una linterna potente y disfrutar del bello espectáculo.

Pasadas las 48 horas, meteremos el tarro en la nevera, donde igual que la levadura madre del Pan, continuará fermentando. Después de un día en la nevera -mejor dos-, ya podemos colarlo y llenar las botellas que guardaremos en la nevera listo para beber. Retiraremos la fruta, separaremos y lavaremos (ligera y suavemente) los nódulos, y ¡volvemos a empezar!.

Os aseguro que vale la pena y si no es por salud, hacerlo porque es algo que podéis hacer y que sustituye a cualquier refresco que saciará vuestra sed y que podréis ofrecerlo a quienes pasen por casa.
Eligiendo ingredientes de calidad, mimando el proceso y llevando salud a nuestra boca, nos mimamos a nosotr@s mism@s, al tiempo que recuperamos nuestra soberanía para decidir lo que comemos. ¡Buen provecho!

* Molino del Villar, Agricultura Sin Venenos y Energías Renovables
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También hablamos del Kéfir de leche, click aquí

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Emisiones imposibles

Grain – IATP. LQS. Agosto 2018

Para evitar la catástrofe climática, debemos reducir la producción y el consumo de carne y productos lácteos en países superproductores y superconsumidores, en las poblaciones opulentas en todo el mundo, y al mismo tiempo apoyar la transición hacia la agroecología

Las más grandes compañías de cárnicos y de lácteos del mundo podrían superar a Exxon, Shell y BP como los contaminadores climáticos más grandes del mundo en los próximos decenios. En un momento en que el planeta debe reducir drásticamente sus emisiones de gases con efecto de invernadero (GEI), estas corporaciones gigantes de las proteínas animales globales están impulsando el consumo mediante el aumento de la producción y las exportaciones.

GRAIN y el IATP examinaron las 35 compañías más grandes del mundo y encontraron que la mayoría de ellas no está reportando los datos de sus emisiones de GEI y pocas se han fijado metas con el fin de reducir sus emisiones totales. Necesitamos con urgencia construir sistemas alimentarios que satisfagan las necesidades del planeta, los agricultores y los consumidores. Para hacerlo, debemos romper el poder de los grandes conglomerados productores de carne y lácteos, y lograr que rindan cuentas por su inmensa huella climática.

Leer informe completo:
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Agricultura ecológica… y algo más

Ernesto Rodrigo*. LQS. Junio 2017

Se nos llevan la tierra para embolsarla y llenar grandes estanterías anónimas preñadas de claudicaciones ante las mal llamadas leyes del mercado

Hablar de agricultura ecológica, no es lo mismo que hablar de Agricultura local y sostenible, no es lo mismo que soberanía alimentaria, vida sana y justicia social. Una cosa es cumplir una normativa respecto a las técnicas de manejo de los cultivos sustituyendo los tratamientos convencionales de síntesis por otros no tóxicos, pero otra muy distinta, es hacerlo por el compromiso de elegir vida, defenderla valientemente, cosa que nada tiene que ver con quienes sólo ven en la producción eco, una forma de negocio, de gran negocio. Ese negocio es el que están haciendo las grandes superficies, el capitalismo verde, el que a zarpazos, está quitando el pan de la boca a muchos pequeños proyectos.

Un veterano proyecto valenciano con 19 años a sus espaldas, será otro de los que en breve cerrará sus puertas ante las dificultades de continuar. Se llama L’Hort de Carmen y dio sus primeros pasos recuperando unas tierras abandonadas en Alcácer, devolviéndoles la fertilidad con mucho trabajo, ilusión y responsabilidad, apostando no sólo por una agricultura sin venenos, sino por una agricultura justa y responsable en todos y cada unos de los procesos en los que han intervenido sus manos, donde las relaciones con las personas han sido un reflejo de las relaciones que han mantenido con cada puñado de tierra trabajada. No es justo, no. Se nos llevan la tierra para embolsarla y llenar grandes estanterías anónimas preñadas de claudicaciones ante las mal llamadas leyes del mercado. Casi dos décadas dedicadas pacientemente a enseñar a quienes consumen, que la calidad de los alimentos consiste en darnos salud, que no es sensato alimentarnos con venenos, que no es posible dar vida, matando vida, ahora se estampan contra el muro de la especulación y de la inconsciencia.

Nuestra elección a la hora de llenar la cesta, es la que marca la diferencia entre dar vida a estos insustituibles pequeños proyectos o a que muchos de ellos, se vean obligados a abandonar sus sueños. Tu compra para ellos es decisiva. Tu compra para las grandes superficies es una más, que se mezclará con las sucias monedas ganadas vendiendo basura. Basura que poner, basura que comer, basura para un mundo de basura, basura para seguir corriendo, no sea que paremos y nos planteemos por qué, por qué tenemos que abandonar nuestros sueños, por qué resignarse a acabar con el planeta, por qué des-cuidarnos?.

Brindo por la gente buena de L’Hort de Carmen! y os deseo, compañer@s, buen camino.

* Molino del Villar, Agricultura Sin Venenos y Energías Renovables
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La ciencia transgénica y Monsanto-Bayer

Silvia Ribeiro*. LQS. Abril 2018

No existen semillas transgénicas en el mercado que no sean propiedad de esas cuatro megaempresas. Es tan claro que su interés es la venta de agrotóxicos, que por ello la aplicación de éstos, sobre todo glifosato, ha crecido exponencialmente, más de mil por ciento en los pasados 20 años en los países donde se producen más transgénicos

La adquisición de la megaempresa transgénica Monsanto por la vieja fabricante de venenos y farmacéuticos Bayer fue aprobada en marzo de este año por la Dirección General de Competencia de la Unión Europea y la semana pasada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Aunque falta la aprobación de otros países, estas decisiones marcan la consolidación de la última de las megafusiones de las industria de semillas y agrotóxicos que comenzó en 2015. Las otras fueron la de las trasnacionales estadunidenses Dow y DuPont, que formaron una nueva división agrícola para sus negocios de semillas y agrotóxicos llamada Corteva Agrisciences y la de la trasnacional de origen suizo Syngenta con la empresa nacional de ChemChina, que planea fusionarse además con Sinochem, otra estatal china.

Las oficinas de competencia consideraron que las tres fusiones eran problemáticas, pero especialmente la de Monsanto-Bayer. Para aprobar las fusiones, plantearon a todas que debían deshacerse de parte de sus negocios para evitar el dominio del mercado, una expresión a todas luces retórica y sin sentido real.

En efecto, quien ha cosechado las actividades de las que se han ido desprendiendo las otras empresas ha sido BASF, otra rancia trasnacional alemana fabricante de venenos químicos.

Bayer accedió a vender a BASF su negocio de semillas y una parte del negocio de agrotóxicos, especialmente glufosinato, ya que varias de sus semillas transgénicas son tolerantes a este herbicida. Pero de ninguna manera abandona el terreno: seguirá con el negocio de semillas transgénicas y nuevas biotecnologías –como CRISPR-Cas9– que tiene Monsanto, y agroquímicos aún más tóxicos como Dicamba, también de Monsanto.

Quedan así solamente cuatro megaempresas que tendrán entre ellas más de 60 por ciento del mercado global de semillas comerciales, 100 por ciento del de semillas transgénicas y más de 70 por ciento del mercado global de agrotóxicos. Las supuestas condiciones de las oficinas de competencia parecen más bien una broma, ya que en realidad engordaron a BASF, la única empresa de agrotóxicos y transgénicos que quedaba fuera de la ronda de fusiones que inició en 2015.

Otro motor de las fusiones ha sido acaparar el manejo de datos masivos (big data) agrícolas y climáticos. Por esta razón, Estados Unidos le planteó a Bayer que debía vender parte de sus activos en agricultura digital, cosa que finalmente Bayer accedió, pero manteniendo la licencia de uso de éstos. Básicamente, todas los probables movimientos que anunció el Grupo ETC desde 2015 sobre las fusiones se han cumplido. Sigue ahora la próxima ronda de fusiones, en la cual las empresas de maquinaria –como John Deere, AGCO y CNH– probablemente se tragarán a las cuatro anteriores, para pasar a tener control de todos los primeros eslabones de la cadena agrícola: semillas, agrotóxicos, maquinaria, datos agrícolas y climáticos, y seguros. (1)

Este es el contexto real de las semillas transgénicas: cuatro empresas gigantes y sin escrúpulos, cuya fuente principal de lucro ha sido fabricar venenos, y todas con con un historial negro de crímenes contra el ambiente y la salud, incluyendo catástrofes como el derrame químico en Bhopal, India, que mató a miles de personas y envenenó a casi medio millón.

Es un contexto que no se puede olvidar, no sólo porque son las mismas empresas y el mismo afán de lucro a cualquier costo, también porque significan una garra de acero cada vez más apretada sobre los mercados agrícolas en todo el planeta.

Cualquiera que defienda las semillas transgénicas sin referirse a este contexto está ocultando la realidad. No existen semillas transgénicas en el mercado que no sean propiedad de esas cuatro megaempresas. Es tan claro que su interés es la venta de agrotóxicos, que por ello la aplicación de éstos, sobre todo glifosato, ha crecido exponencialmente, más de mil por ciento en los pasados 20 años en los países donde se producen más transgénicos, como Estados Unidos, Argentina y Brasil.

Es por ello falaz y cínica la charla de Francisco Bolívar Zapata en el reciente seminario Los alimentos transgénicos a debate (2), en la que afirma que el uso de transgénicos disminuye el uso de agrotóxicos. Se refiere en forma notablemente anticientífica a datos parciales para falsear conclusiones: asegura que el maíz transgénico Bt, usa menos herbicida que el convencional. Oculta decir que la cifra total de agrotóxicos (herbicidas, funguicidas, etcétera) en maíz de Estados Unidos aumentó con el uso de transgénicos y que las empresas de transgénicos ahora venden maíz Bt con tolerancia a herbicidas, con lo que el aumento de uso de agrotóxicos está asegurado.

En el mismo debate, Rosaura Ruiz, quien moderó la mesa, afirmó que disentir en ciencia es sano y que cada uno seguirá luchando por su posición. Por supuesto, la duda y el debate honesto es la base de la ciencia. Pero para que eso sea válido la premisa debe ser que no se libere ningún transgénico al ambiente ni al consumo hasta que exista consenso sobre sus riesgos. De lo contrario, no es un debate científico, sencillamente se está usando a la población, la biodiversidad y la naturaleza como conejillos de Indias de cuatro megaempresas trasnacionales y unos cuantos científicos que se alquilan para ellas.

Notas:
1.- ¿Todo se reduce a controlar el Big Data?
2.- UNAM, 11-13 abril: Los alimentos transgénicos a debate
*.- Investigadora del Grupo ETC. Publicado en “La Jornada”

España, mayor productor de alimentos ecológicos y el que más químicos tóxicos usa

Miguel Jara*. LQS. Marzo 2018

Los escándalos alimentarios, la preocupación por una alimentación saludable, por saber de dónde viene y cómo se produce nuestra comida está llevando a un boom de la alimentación ecológica… Los pesticidas y otros elementos sintéticos son sustancias químicas que se fabrican para matar insectos y malas hierbas en los campos de cultivo

España es un país de contradicciones y ello se nota de manera especial en el modelo de producción y consumo de alimentos. Nuestro país es el primer productor de Europa de alimentos ecológicos y está entre los diez primeros del mundo en consumo bio. Pero también somos el único país europeo que permite cultivos transgénicos y también campeones europeos en uso y abuso de químicos tóxicos en la agricultura.

La industria de los productos químicos usados en la agricultura facturó en España 1.100 millones de euros en 2016, según la patronal de los fabricantes AEPLA. No hay país en Europa que los haya consumido más en los últimos años: un promedio de 73.000 toneladas anuales para el quinquenio 2011 a 2015.

Los pesticidas (hay quien llama a esos productos fitosanitarios -un poco paradójico ¿no?, apellidar sanitarios a productos tóxicos-) y otros elementos sintéticos son sustancias químicas que se fabrican para matar insectos y malas hierbas en los campos de cultivo.

Como cuenta El Confidencial, son utilizados en todo el ciclo agrícola: antes y después de la siembra, durante el crecimiento, para la maduración de los frutos, también muy poco antes de la cosecha y finalmente para mantener los productos después de ser recolectados.

El más usado de esos productos es el herbicida glifosato (una de sus marcas comerciales más populares es Roundup) potencial cancerígeno según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este producto es muy usado en cultivos transgénicos.

No sé qué meamos en España pero cuando se ha analizado la orina de la población francesa casi el 100% de las personas se comprueba que mean glifosato. En casi todos los casos (29 de 30), la concentración en el pis es mayor que la máxima admitida para presencia de un plaguicida en el agua de beber (0,1 ng/ml).

Otra paradoja española: En nuestro país no hay asociaciones de los profesionales de víctimas por el uso de pesticidas. En Francia ya hay al menos ocho.

Y como comento más arriba, España es el primer país productor de agricultura ecológica en la Unión Europea. Hasta hace poco adolecíamos de estar a la cola del consumo. Es decir, producimos mucho pero utilizábamos poco los alimentos ecológicos. Es en 2015 cuando se revierte esa situación y nos colamos en el TOP10 de países de mayor consumo en ecológico del mundo.

Los escándalos alimentarios, la preocupación por una alimentación saludable, por saber de dónde viene y cómo se produce nuestra comida está llevando a un boom de la alimentación ecológica (también llamada bio de biológica u orgánica, ésto más en el mundo anglosajón).

Cuando hablamos de agricultura ecológica, tenemos que referirnos a sus principales objetivos, entre los que destaco:

1) trabajar con los ecosistemas de manera integrada
2) mantener y mejorar la fertilidad de los suelos
3) producir alimentos libres de residuos químicos tóxicos
4) utilizar el mayor número de recursos renovables y locales
5) mantener la diversidad genética del sistema y de su entorno
6) evitar la contaminación resultante de las técnicas agrarias
7) permitir que los agricultores realicen su trabajo de manera saludable y con una remuneración justa

Las virtudes que acompañan a un alimento ecológico respecto a uno no ecológico son los beneficios sociales y medioambientales que nos aportan y la mayor composición nutricional.

Esta tendencia hacia la agroecología es imparable hoy. Por ejemplo, en Galicia el sector de la alimentación bio crece a un 30% anual. Por cierto que en tierras galegas también se producen paradojas. Allí existe la única plantación de té que hay en Europa en ecológico. También puede encontrarse una fruta endémica gallega, el mirabel, que se cultiva exclusivamente en ecológico. Yo no sabía de su existencia.

Los gallegos son pioneros y líderes en todo lo que respecta a las algas comestibles, un manjar. Y también en lo que respecta a los mejillones ecológicos. Incluso tienen la única plantación de lúpulo ecológico que existe en Europa, para la fabricación de cerveza por ejemplo.

Bueno, pues eso, que hay una tendencia al alza y que vamos a verla crecer en los próximos años pues las políticas internacionales para combatir el cambio climático van en línea con reducir los impactos ambientales de la producción y consumo de alimentos.

No olvidemos también que una agricultura y ganadería tóxica genera enormes gastos sanitarios (y sufrimiento) pues en buena medida las enfermedades que nos asolan a la población occidental tienen su causa en la sobrecarga tóxica que soportamos.

* Miguel Jara, escritor y periodista independiente. Especializado en la investigación de temas relacionados con la salud y la ecología, autor de varios libros sobre esta temática. Esta nota esta acopiada de su blog: http://www.migueljara.com/

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Contra los contaminantes hormonales

Claudia Ortín Sancho*. LQSomos. Enero 2018

Los EDC se encuentran en multitud de productos de consumo habitual, esto supone que se está expuesto por vía digestiva: alimentos y agua con residuos de plaguicidas. También por vía respiratoria, si se aplican pinturas, desinfectantes, lacas… Por vía cutánea se está expuesto si se utilizan cosméticos, productos de higiene…

Una batalla contra los contaminantes hormonales

Los disruptores endocrinos tienen la capacidad de alterar el sistema hormonal y se encuentran en alimentos y artículos de consumo habitual. Pueden afectar al sistema reproductor y se les relaciona con casos de cáncer y enfermedades neurológicas, inmunológicas y metabólicas. Zaragoza trabaja en prevenir la presencia de estos contaminantes.

Envases alimentarios, tickets de compra, champú, esmalte de uñas, ropa y productos de limpieza. Son solo algunos ejemplos de objetos en los que se puede encontrar contaminantes hormonales en productos utilizados en el día a día. Se denominan disruptores endocrinos (o EDC, por sus siglas en inglés) y son sustancias sintéticas que tienen la capacidad de alterar el sistema hormonal, ocasionando daños en la salud de un organismo o de su progenie.

El Ayuntamiento de Zaragoza ha mostrado su compromiso con la prevención de la presencia de contaminantes hormonales en la ciudad. Así, la concejal delegada de Medio Ambiente, Teresa Artigas, ya anunció el pasado diciembre la creación de la Comisión 21, dentro del Consejo Sectorial de Medio Ambiente, sobre contratación «sostenible y saludable».

Además, se organizó una exposición en el Centro de Documentación del Agua y Medio Ambiente que, bajo el título «Nuestro futuro robado. Efectos de las sustancias disruptoras en nuestras vidas», mostraba que en las últimas décadas se ha incrementado, sobre todo en los países más industrializados, la incidencia de enfermedades del sistema reproductor, como infertilidades, malformaciones o pubertad precoz.

También cáncer de ovarios, mama, testículos o tiroides y enfermedades neurológicas, inmunológicas y metabólicas. Asimismo, se ha observado el declive de la capacidad reproductiva de las poblaciones de numerosas especies de animales silvestres, incluyendo invertebrados, anfibios, aves, peces y mamíferos.

Estas enfermedades, tal y como ha explicado Dolores Romano, de Ecologistas en Acción, están relacionadas con la exposición, en particular durante el desarrollo uterino, a los disruptores endocrinos. Se trata de sustancias que se pueden encontrar en alimentos, productos y artículos de consumo habitual, entornos en los entornos laborales o como contaminantes ambientales y para los que no existe un umbral de exposición seguro.

Una de las formas de actuar de los EDC, destaca Romano, consiste en imitar a las hormonas naturales. El parecido químico de los contaminantes hormonales con las hormonas naturales hace que el organismo se «confunda» y active o bloquee funciones importantes para la supervivencia en presencia de estos contaminantes.

Efectos en la salud

Los estudios científicos relacionan la exposición a contaminantes hormonales con importantes daños a la salud. La investigación de los efectos de los disruptores endocrinos ha sido una prioridad durante los últimos 20 años en la Unión Europea y en otras regiones. Entre los efectos adversos que están relacionados con la exposición a disruptores endocrinos se encuentran los tumores en órganos relacionados con las hormonas, como cáncer de mama, testículo, ovarios, próstata y tiroides.

También se producen daños en el sistema reproductor masculino, como la disminución de la calidad del semen, infertilidad y malformaciones en los genitales. Además, podrían producirse daños al sistema reproductor femenino, como reducción de la fertilidad, pubertad precoz, síndrome de ovarios poliquísticos, resultados adversos del embarazo, endometriosis y fibroides uterinos.

Del mismo modo, se pueden producir alteraciones en el sistema neurológico, tales como déficits cognitivos, hiperactividad, dificultad de concentración, pérdida de memoria, pérdida auditiva, falta de coordinación motora y dificultades en el aprendizaje. También podrían provocar enfermedades metabólicas, como diabetes y obesidad, e incluso trastornos del sistema neuroinmunológico, como el síndrome de fatiga crónica, fibromialgia y esclerosis múltiple.

Efectos en el Medio Ambiente

Los contaminantes hormonales, insiste Romano, también ponen en peligro la biodiversidad del planeta. De hecho, los contaminantes se encuentran en todos los ecosistemas terrestres. Incluso se han encontrado «en la sangre de los osos polares», lamenta Romano. La consecuencia final de todos los efectos adversos es un menor éxito en la reproducción y la pérdida de especies y de biodiversidad.

En esta misma línea, Dolores Romano concreta que las aguas de los ríos, lagos y costas de España están «cinco veces más contaminados que la media europea con un tipo de EDC llamado nonifenol, que tienen como origen el lavado de la ropa».

¿Cómo se está expuesto?

Los EDC se encuentran en multitud de productos de consumo habitual (alimentos, agua, envases, juguetes, textiles, cosméticos, plaguicidas, productos de higiene, materiales de construcción y de uso clínico…). Esto supone que se está expuesto por vía digestiva, por ejemplo a través de alimentos y agua con residuos de plaguicidas. También por vía respiratoria, si se aplican pinturas, desinfectantes, lacas, sellantes, colas lubricantes o plaguicidas.

A través de la vía cutánea se está expuesto si se utilizan cosméticos, productos de higiene, ropa o sustancias empleadas en el trabajo que contengan disruptores endocrinos. Finalmente, por vía endovenosa, durante prácticas sanitarias y tratamientos hospitalarios que conllevan el uso de plásticos que contienen ftalatos o BPA.

La elevada concentración de ftalatos en los niños españoles, un 150% por encima de la media europea, «es preocupante ya que interfieren en la producción de andrógenos», detalla Romano, y están relacionados con anormalidades genitales en niños, reducción del recuento de espermatozoides, endometriosis, daños al neurodesarrollo y enfermedades metabólicas. El coste sanitario en la Unión Europea de solo algunas de las enfermedades relacionadas con estas sustancias se estima en más de 150.000 millones de euros anuales.

Consejos para evitar la exposición a los EDS

Para evitar la exposición a los EDS a través de alimentos se recomienda consumir productos de agricultura ecológica y de proximidad. Si no es posible, se aconseja lavar y pelar muy bien los vegetales antes de comerlos o cocinarlos. Asimismo, es aconsejable reducir el consumo de grasas animales, pescados grasos y marisco.

Respecto a la presencia de estos contaminantes en los envases alimentarios, se aconseja elegir envases de vidrio o acero inoxidable, reducir el uso de envases de plástico y aluminio y el teflón de las sartenes. También aconsejan evitar calentar los alimentos en estos envases y no introducir plásticos en microondas o en lavavajillas.

Para evitar la exposición mediante productos cosméticos se recomienda utilizar productos de higiene sin aroma. Respecto a las cremas de sol, son preferibles los filtros solares físicos, como el óxido de zinc y biológicos como el aceite de karité o el germen de trigo. También es recomendable reducir la exposición al sol.

Se aconseja utilizar productos de limpieza naturales como el jabón de sosa, el vinagre, el limón y el bicarbonato, evitar el cloro y desinfectar con vinagre. Asimismo, se pueden adquirir productos de limpieza de marcas ecológicas certificadas.

* Nota de Aragón Digital

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Los límites “seguros” de ingesta de pesticidas con la alimentación no existen

Miguel Jara*. LQSomos. Enero 2018

Sabemos que una agricultura (y ganadería) basada en el uso de productos químicos tóxicos, como los pesticidas, envenena el medio natural y a nosotros mismos. La utilización de pesticidas en la agricultura causa muchas enfermedades pero ¿qué datos más o menos recientes tenemos y cual es la dimensión del problema?

Cada año se esparcen sobre las áreas cultivadas de la Unión Europea (UE) más de 400.000 toneladas de pesticidas. Según los últimos datos de Eurostat, nuestro país es donde más se utilizan estos productos destinados a “matar bichos”. Así nos lo cuenta el periodista Carlos de Prada en el informe Alimentos con residuos de pesticidas alteradores hormonales.

Un alto porcentaje de los productos alimentarios europeos contienen residuos de pesticidas, tal y como muestran los informes regulares de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Existe una exposición generalizada de la población a estas sustancias.

Muchos pesticidas son disruptores endocrinos, esto es, sustancias que podrían alterar el equilibrio hormonal.

Son sustancias como el polémico glifosato, el herbicida más utilizado en el mundo (en Francia se han hecho estudios que muestran que casi todo el mundo lo orina); clorpirifos, cipermetrina, dimetoato, epoxiconazol, procloraz, conazol, tebuconazol o tiacloprid.

“Numerosos estudios científicos muestran que las sustancias disruptoras endocrinas podrían actuar a niveles muy bajos de concentración, inferiores a los de los límites legales actualmente establecidos. Es más, de modo semejante a como sucede con las sustancias cancerígenas, por ejemplo, se duda también de que para las sustancias disruptoras endocrinas se pueda establecer un umbral realmente seguro de exposición por bajo que sea”, afirma el informe.

Estas sustancias una vez en nuestro organismo imitan la actividad de las hormonas y con sus “mensajes” confunden los sistemas claves de nuestro cuerpo provocando disfunciones. Los daños más conocidos son los relacionados con la sexualidad y la fertilidad y también con el debilitamiento del sistema inmunitario y los retrasos en el aprendizaje infantil.

Los pesticidas disruptores endocrinos han sido asociados a infinidad de posibles efectos secundarios como diferentes tipos de cáncer, malformaciones, diabetes u obesidad. De hecho, hace tiempo nos preguntamos: ¿Estamos más gordos porque somos más tóxicos?

Existe relación causal entre el aumento de los químicos tóxicos ambientales (más bien serían industriales) y el crecimiento de la frecuencia de la obesidad en la población.

Muchas sustancias químicas sintéticas con las que nos relacionamos todos los días son los conocidos como “disruptores endocrinos” que interfieren con nuestro sistema hormonal, causando alteraciones en nuestro metabolismo. Lo hacen porque el cuerpo las acumula y las “confunde” con nuestras hormonas y pueden interferir con la regulación y conservación de la energía.

Las enfermedades son el reflejo de la pérdida de calidad de vida de una sociedad. Por paradójico que pueda parecer además, esos efectos de la industrialización alimentaria mal concebida también tiene un reverso económico. Un ejemplo que cita De Prada:

“La Endocrine Society, entidad de referencia mundial en el ámbito de las enfermedades ligadas a las hormonas atribuye a un tipo de pesticidas, los organofosforados, unas pérdidas económicas de unos 146.000 millones de euros anuales en Europa a causa de los daños sobre el sistema nervioso central infantil que se saldan con la pérdida de millones de puntos de coeficiente intelectual entre otros efectos”.

Las alertas oficiales sólo se disparan cuando esos límites se superan, cosa que solo sucede con un porcentaje reducido de las muestras que se analizan. Así que intenta convencerse a la población de que ello no representa un riesgo para su salud pero no es así.

Si antes citaba lo del glifosato en la orina de franceses y francesas hay que tener en cuenta otro dato: Existen estudios en Europa que muestran que más del 90% de los niños y madres analizados tenían en su orina al menos un metabolito asociado a la exposición a pesticidas organofosforados y que un 30% tuviese cuatro de los metabolitos estudiados.

La exposición a estos productos tóxicos es a través de la dieta, como comentaban los autores de la investigación. Y se mostraron preocupados porque la amplia literatura científica sobre el tema asocia una mayor presencia de estos residuos con un aumento del riesgo de padecer problemas de salud durante la infancia.

Hay que saber que sólo en la UE existen unas 480 sustancias autorizadas para su uso industrial en la agricultura. Pero los criterios oficiales hoy han quedado obsoletos, no tienen en cuenta el nivel de conocimiento actual de la ciencia o lo que es lo mismo, esta va muy por delante de los reguladores cuya indefinición y lentitud en la toma de decisiones que favorezcan la salud pública es clamorosa (¿quizá por la enorme presión de los lobbies que actúan en el ámbito?).

Se fijan límites de concentración de residuos de pesticidas considerando que si esos niveles no se superan no existe riesgo para la salud. Los llamados Límites Máximos de Residuos (LMR), que junto con la Ingesta Diaria Admisible (IDA), constituyen las supuestas líneas de defensa de la salud de los ciudadanos frente a estos contaminantes.

Pero lo que hoy sabe la ciencia al respecto plantea una gran incertidumbre acerca de si los LMR y la IDA cumplen adecuadamente su función de ofrecer una plena garantía sanitaria.

¿Por qué? El informe lo explica:

“Pues porque a la hora de establecer los Límites Máximos de Residuo no se ha tenido en cuenta lo que la ciencia sabe acerca de los efectos de disrupción endocrina como, por ejemplo, su capacidad de causar efectos a muy bajas concentraciones, muy inferiores a los límites legales, en especial sobre sectores de población más sensibles tales como los niños o las embarazadas, ni el efecto cóctel [sustancias que de manera aislada pueden no tener un efecto sí pueden causarlo cuando están juntas]”.

Los científicos no tienen claro que pueda haber un umbral seguro claro de exposición a estas sustancias, lo que cuestiona que los Límites Máximos de Residuos de estos productos garanticen con claridad la defensa de la salud.

Todo esto nos lleva a que han de adoptarse medidas urgentes que tienen que ver con la prohibición de estas sustancias, la correcta información para que el derecho de la población a la salud sea auténtico y la implantación de un modelo sano de producción de alimentos que pasa porque sea ecológico todo el proceso.

* Miguel Jara, escritor y periodista independiente. Especializado en la investigación de temas relacionados con la salud y la ecología, autor de varios libros sobre esta temática. Esta nota esta acopiada de su blog: http://www.migueljara.com/

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Los animales que nos comemos están “cargados” de fármacos antibióticos

Miguel Jara*. LQSomos. Noviembre 2017

Es una de las principales preocupaciones sanitarias en Europa, la creación de “superbacterias” por las resistencias a los antibióticos. Y la situación es preocupante porque si generamos esas resistencias cuando verdaderamente haga falta usar un medicamento antibiótico este no hará efecto con las terribles consecuencias que ello depara.

Uno de los principales errores que se cometen hoy con los antibióticos es el de suministrarlos de manera abusiva a los animales que luego nos comemos. Aunque los residuos de antibióticos no suelen estar presentes en la carne o la leche que consumimos (antes era habitual, ahora está más controlado y es poco frecuente). Según la Organización de Consumidores y Usuarios (1) esta situación supone un grave problema de salud pública, ya que, a mayor uso de antibióticos, mayor probabilidad hay de desarrollar bacterias resistentes a estos fármacos.

Las bacterias resistentes de los animales pueden llegar a los humanos a través del contacto directo o la dispersión medioambiental en el aire o el agua, por lo que no solo la carne, sino también los alimentos vegetales pueden contenerlas. ¿Cómo? A partir del abono o del agua de riego contaminadas con las heces de (aquellos) animales.

Según la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), España es el país de la Unión Europea donde más antibióticos veterinarios se venden, la mayoría de ellos destinados a su uso en ganadería.

El problema es tal que hay una campaña europea puesta en marcha por el BEUC (Organización Europea de Consumidores) para exigir a los Ministerios de Sanidad y Agricultura un uso más responsable de los antibióticos en los animales destinados a la producción de alimentos y frenar la expansión de las bacterias resistentes.

Las asociaciones de consumidores piden:

-Que se cambie la normativa vigente para que solo se permita el uso de antibióticos en animales enfermos.

-Que se reserven para uso exclusivamente humano y nunca se utilicen en las granjas, los antibióticos que más resistencias estén generando.

-Que se refuercen los controles para supervisar el cumplimiento de la normativa.

-Que se mejoren las prácticas de higiene y cuidado de los animales en las granjas, con lo que se reduciría la necesidad de recurrir a los antibióticos.

La aparición de cepas resistentes es un fenómeno natural que ocurre cuando los microorganismos se reproducen de forma errónea o se intercambian características de resistencia, pero la utilización y el uso indebido de antimicrobianos también acelera su aparición (2).

El problema va más allá de lo sanitario (3). También es político pues en concreto la corrupción política aumenta la resistencia a los antibióticos. Debido a este problema mueren unas 700.000 personas en el mundo cada año (los fallecimientos por accidente de tráfico son 1.200.000).

La previsión es que en el año 2050 las muertes por bacterias resistentes lleguen a los 10 millones anuales, superando la mortalidad que produce el cáncer.

En el año 2015 unos investigadores australianos intentaron validar sus sospechas (4): no sólo es la sobreutilización de antibióticos sino la falta de políticas de control de las infecciones multiresistentes en los hospitales, la falta de transparencia sobre las tasas de infecciones multiresistentes en cada hospital, la mala utilización de los antibióticos por parte de los profesionales -que se favorece cuando las instituciones ni rinden cuentas a la sociedad ni controlan factores asociados a la falta de calidad de la prescripción como la influencia de la industria farmacéutica y otros incentivos- o sistemas de control de la cadena alimentaria (5) y las aguas que no funcionan.

Hay varios factores que hay que tener en cuenta:

-Se corrobora que la disminución de la utilización de antibióticos disminuye las resistencias a los mismos.

-Cuanta más sanidad privada más resistencia a antibióticos (los investigadores creen que esto es debido a que la asistencia privada tiene un menor control).

-Los países menos corruptos, donde las instituciones funcionan mejor, los controles son más rigurosos y la transparencia y la rendición de cuentas más determinantes, tienen menos resistencia a antibióticos.

Esto se debe a la menor supervisión y aplicación de las leyes en los países más corruptos, no sólo en la medicina humana sino también en la calidad y seguridad de la alimentación y el agua. La reducción de la resistencia a los fármacos antimicrobianos “requiere una combinación de políticas destinadas a limitar el uso de antibióticos en las personas y, quizás más importante aún, el desarrollo de mejores controles sobre la corrupción”, argumentan los responsables del citado análisis.

Los informes sobre el problema, como los de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el último data de 2014, alertan de un panorama muy preocupante pero no señalan a la corrupción política (6) como han hecho esos investigadores.

Así que como vemos se pueden tomar diversas medidas para que los tratamientos convencionales contra las infecciones no se vuelvan ineficaces, lo que incrementa el riesgo de propagación de las enfermedades.

Notas:
1.- La OCU advierte del peligro de las bacterias resistentes por el mal uso de antibióticos en animales
2.- Resistencia a los antimicrobianos
3.- La corrupción política aumenta la resistencia a antibióticos
4.- Antimicrobial Resistance: The Major Contribution of Poor Governance and Corruption to This Growing Problem
5.- Animals on Antibiotics: Could Pigs on Pills Make us Ill?
6.- El primer informe mundial de la OMS sobre la resistencia a los antibióticos pone de manifiesto una grave amenaza para la salud pública en todo el mundo

* Miguel Jara, escritor y periodista independiente. Especializado en la investigación de temas relacionados con la salud y la ecología, autor de varios libros sobre esta temática. Esta nota esta acopiada de su blog: http://www.migueljara.com/

Nuestra alimentación NO se basa en la explotación

Ernesto Rodrigo. LQSomos. Septiembre 2016

Hace años, quien no comía alimentos de origen animal, era vegetarian@ y quien comía de origen animal sólo huevos y lácteos, pues ovo-lacteo-vegetarian@.

Más tarde, mucho más tarde, en el Estado Español se acuñó el término de «vegano» para describir a aquellas personas, que además de no comer ningún alimento de origen animal, por coherencia, tampoco se vestían ni usaban ningún elemento de origen animal, pero el veganismo, fue definido mucho antes y por primera vez en el año 1951 por Leslie Cross.

Hace 30 años, en el Estado Español era realmente difícil y complicado encontrar alimentos sin venenos de origen vegetal y mucho más, de origen animal, por lo que quien quería comer de otra manera y no apoyar con sus hábitos, al convencional sistema de explotación de recursos, animales (incluida la especie humana) y cultivos, debía recurrir a quien los producía directamente de la manera más respetuosa que se podía dar en aquel momento o autoproducirlos.

Gracias al trabajo que durante décadas hemos realizado quienes no hemos dejado de apostar por un Suelo Vivo como alternativa al sistema establecido, hoy es muy fácil llenar la cesta de alimentos ricos, sin venenos y sostenibles, ya sean de origen animal o vegetal.

Pero este consumismo voraz e inconsciente, que no es otra cosa que uno de los pilares de retroalimentación del sistema capitalista, puede convertir los alimentos ecológicos -como ya está ocurriendo- en meros productos de consumo, aislados totalmente de un comercio justo, consciente, responsable, de un consumo local y sostenible, por lo que cada vez es más fácil, encontrar grandes empresas convencionales, que ahora ven en el mercado ecológico… no más que un nicho de mercado del que sacar buenos beneficios, sin dejar por ello de envenenar la Tierra y a quienes la compartimos. Es algo tan mediocre como que quienes generan las guerras y su lucro con la fabricación y venta de armas, nos venden al mismo tiempo -como hemos visto en Barcelona- un mar de paz donde zambullirnos y purificarnos, utilizándonos para mantener y validar el estado de cosas tal y como nos las venden sin cuestionarnos nada.

Una cosa es llenar la barriga y otra muy distinta, nutrirse

Alimentarse de vegetales ecológicos, de proximidad, sí, de caras conocidas, o de pequeños proyectos, respetuosos y por ende libres de venenos y de sufrimientos, es posible y es una buena opción, más aún si tenemos en cuenta que una cosa es llenar la barriga y otra muy distinta, nutrirse. Pero alimentarse de alimentos vegetales preñados de tóxicos y de sufrimientos, no es una buena opción, por más que la vorágine de consumo nos lo venda como una evolución de la coherencia progresista. Nada más lejos.

La agricultura convencional continúa arrasando con el Planeta, y con quienes lo habitamos, reduciendo a la mínima expresión nuestra calidad de vida, esa que nos debería permitir disfrutar de todo con quienes nos rodean, sean de nuestra misma especie o de otra, corra por sus venas sangre o savia. La agricultura convencional no se diseñó después de la Segunda Guerra Mundial para acabar con el hambre como nos han inducido a creer, sino para convertir a la especie humana en una fuente inagotable de ingresos, envenenándola directamente de su medio ambiente o a través de los alimentos que consuma, abocándola inexorablemente al consumo masivo de fármacos para mantenerse en pie.

Se puede vivir de manera saludable sin consumir alimentos de origen animal -doy fe de ello- y realizar cualquier tipo de trabajo por duro que sea físicamente o por mucho que nos estruje el cerebro, siempre y cuando la mayoría de lo que llevemos a la mesa sea sin venenos, de agricultura biológica, siempre y cuando nos cuidemos, porque cuando mimamos y cuidamos el origen y calidad de lo que comemos, nos estamos mimando y cuidando a nosotr@s mism@s, pero de ninguna manera podemos alimentarnos de manera saludable si la base de nuestra alimentación está envenenada.

Cuando decidimos alimentarnos con alimentos sin tóxicos o con ellos, estamos eligiendo y apostando por mantener la vocación de la Tierra para seguir viva, o por aniquilarla.

* Molino del Villar, Agricultura Sin Venenos y Energías Renovables
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