Diálogos con Josefa García Arias

Redacción. LQS. Mayo 2019

Creo que es bueno que se enteren que hubo una parte de nuestra generación que sacrificó su comodidad para luchar por unos valores en los que creyó y en los que cree, por supuesto

Hablamos con “Chefi”, Josefa García Arias, autora del libro PASAJE A NICARAGUA. Mi experiencia de cooperante 1986-89. Una historia relatada en primera persona en plena revolución sandinista.

Tras el triunfo de la revolución popular encabezada por el Frente Sandinista, en 1979, Nicaragua se convirtió en un país exportador de un sueño que sacudió conciencias y conmocionó al mundo.
El modelo de sociedad que se pretendía llevar a cabo, en el que el pueblo se convertiría en protagonista y hacedor de su destino, consiguió atraer, entusiasmar y esperanzar a miles de personas. Brigadistas y cooperantes ilusionados con las reformas promovidas por el gobierno, acudieron al país para colaborar y apoyar al pueblo nicaragüense.
A lo largo de una década fueron millares los que participaron de manera anónima en ese quehacer colectivo, y muchos también los que dejaron su vida defendiendo aquellos ideales. La guerra de la contra, apoyada y financiada por los EE.UU, no dio tregua.
En 1986, Josefa García, Joaquín Noval Xuacu y Montse Huerta decidieron emprender ese viaje.
“Pasaje a Nicaragua” es el testimonio personal de aquella experiencia compartida.
Con una prosa ágil y amena la autora presenta a los diferentes protagonistas de ese tiempo, reflexiona sobre hechos y conflictos que marcaron esos años, relata anécdota y recuerda las emociones que la embargaron en momentos clave…

LoQueSomos: ¿Qué quiere ser tu libro: un testimonio personal, una crónica generacional, un homenaje a algo o alguien, un apunte antropológico?

Josefa Garcia «Chefi»: Mi primera pretensión fue dejar constancia escrita de algunas de las vivencias que recordaba de nuestra estancia en Nicaragua en un momento histórico como aquel. Era simplemente trasladar al papel lo que le contaba a mi hija, por tanto, es el testimonio personal de aquella experiencia. Pero un libro siempre puede reflejar algo más porque enfrente se encuentra también el lector. La gente al leerlo se puede sentir identificada, revivir ese tiempo porque tal vez participó en la reconstrucción o en la defensa del país, porque quizás desde su población apoyó la causa o mantuvo contacto con personas que cooperaban allí, o porque simplemente estaba al corriente de lo que allí sucedía. En otros casos, sobre todo entre la gente más joven, por ejemplo, de la generación de mi hija, cuando leen el libro se enteran de lo que allí ocurrió porque no tenían ni idea. Creo que es bueno que se enteren que hubo una parte de nuestra generación que sacrificó su comodidad para luchar por unos valores en los que creyó y en los que cree, por supuesto. Puede servir, por tanto, como crónica generacional, porque es cierto, nuestra generación defendió aquellos derechos y aquellos valores, defendió la ilusión de que otro mundo más justo y solidario era posible. Aunque la revolución no se logró, es cierto, pero eso les tiene que servir de ejemplo, y en el momento actual para coger el testigo porque su futuro no está nada claro, ni allí ni aquí.
Por otro lado, también pretende ser un pequeño homenaje tanto a dos personas que estuvieron conmigo en aquel lugar, Xuacu y Montse, y que hoy ya no están a nuestro lado, como a todas aquellas mujeres y hombres que colaboraron de manera anónima o que dejaron su vida allí.
Quizás sea muy presuntuoso por mi parte, pero bueno, creo que hay mucha gente que no contó su experiencia, y este libro quiere reflejar esa voz anónima, esa voz en la sombra. Fueron/fuimos muchos.

LoQueSomos: ¿Cuánta ilusión hace falta para pasar de una vida corriente en Asturias a otra en Nicaragua asolada por la pobreza, la inestabilidad y la guerra?

«Chefi»: Creo que aquí se juntaron varias circunstancias: en primer lugar el hecho de ser joven. No es lo mismo tener 28 que 63, y aunque allí conocí a gente que tenía más edad de la que tengo yo ahora, sin embargo, la mayor participación era de jóvenes que cooperaban en su tiempo libre –o en todo su tiempo– para ayudar a sacar adelante el país. De los de más edad, la mayoría iba con programas de cooperación con el gobierno, más específicos, y con unas condiciones económicas y sociales diferentes.
En segundo lugar, ser consciente de la situación de ese país, de lo injusto de aquella guerra sin tregua contra una población que había sido capaz de liberarse de un tirano que la mantenía en la miseria, en el analfabetismo y bajo una represión feroz; un pueblo que había decidido su destino y no se lo dejaban recorrer. Y al mismo tiempo ser consciente de su necesidad de ayuda: era una obligación moral ayudar a aquel pueblo que era el símbolo de la lucha contra la injusticia representada por aquel atropello por parte del gigante del norte.
Y en tercer lugar era el comienzo de una vida en común con Xuacu, mi compañero.
Todas estas razones pueden explicar esa ilusión por ir y formar parte de aquel proyecto común.

LoQueSomos: Y dándole la vuelta a la pregunta anterior ¿cómo se pasa de una vida aventurera y solidaria en Nicaragua a la “normalidad” de la vuelta a Asturias?

«Chefi»: No fue fácil, eso lo aseguro, y tampoco entró dentro de lo que podríamos llamar normalidad. Puedo distinguir dos etapas. La primera, nada más llegar, la del nacimiento de mi hija. Fue maravillosa la experiencia y me volqué en su cuidado y educación. Pasé de un mundo a otro con la misma ilusión y entusiasmo. Yo siempre me apasioné –a veces demasiado– con aquello que hacía y no iba a ser menos con mi hija. Los primeros años fueron de descubrimiento de un mundo maravilloso y desconocido que necesitaba toda mi atención. Y mi hija se la llevó siempre. Vivíamos en un pueblo porque consideramos que era la mejor opción para los planes que teníamos. Allí trabajé de manera esporádica en varios trabajos que surgieron. Pero aquella tranquilidad no funcionó y cinco años más tarde, cuando me encontraba buscando otros horizontes, llegó la enfermedad y se llevó a Xuacu en pocos meses. Tremendo golpe. Y ahí comenzó una nueva etapa que exigió el empleo de toda mi fuerza y energía, no quedaba más remedio. Dio sus frutos y hoy tengo una hija maravillosa. También fue, al cabo de un tiempo, el comienzo de un nuevo empleo que requería mi compromiso, mi esfuerzo, mi solidaridad, era con víctimas de violencia de género. Con ellas llevo más de veinte años. Así que apenas sí me percaté del paso de una situación a otra porque la vida no me dio tregua.

LoQueSomos: ¿Se fue una idealista y volvió una luchadora o se fue una luchadora y volvió una idealista, y en qué grado?

«Chefi»: Se fue una mujer muy idealista y en aquel momento menos luchadora, o eso creía yo. Pero me fui a defender unos valores y unos ideales en los que creía. Los defendí y luché por ellos desde el ámbito que mejor conocía: la educación, sin olvidar por supuesto otros aspectos. Allí luché también contra el miedo, contra la ignorancia, contra la impotencia y la rabia, contra la burocracia, hasta luché, sin luchar, contra la contra. Incluso más, luché contra el asco y grima que me producen las cucarachas, jajaja…
Volví, y conmigo regresó la mujer idealista, ¿menos idealista? Yo creo que no porque todo lo que allí había conocido me convenció de que había valido la pena defenderlo. ¿Menos luchadora? Tampoco. Yo diría que menos implicada en el activismo político de calle. Pero luchadora, mucho más, solo que al comienzo la lucha fue mucho más dolorosa, personal y solitaria e implicó toda mi fuerza y energía. Y luego ya fue la lucha y el trabajo diario con mujeres víctimas de violencia de género. Es otro espacio, otro ámbito diferente pero también durísimo y para el que se necesitan grandes dosis de ilusión, de esperanza, de pasión y de concienciación.

LoQueSomos: Pese al mucho tiempo transcurrido, mantienes en tu narración una altísima intensidad emocional. ¿Todavía sientes la palpitación de tu llegada a Nicaragua?

«Chefi»: Fue el descubrimiento de un mundo nuevo, de un mundo que, a pesar de los estragos de aquella infame guerra, palpitaba en todos los rincones que visité. Fue el primer contacto con aquella realidad y con su gente así que las emociones y los sentimientos estaban a flor de piel y era imposible no sentirlos. La luz, el color, el bullicio o la alegría de la gente te asombraba y te sorprendía.. Era la efervescencia de los sentidos : el olor, el tacto, el oído, la vista y el gusto se alternaban y experimentabas toda clase de emociones y sensaciones a cada paso que dabas. Y por supuesto, cuando me puse a escribir, a sacar fotografías, cartas y demás material, la emoción me fue embargando y con cada hoja escrita o con cada pasaje del libro me transporté a aquel momento puntual y lo reviví. De ahí lo doloroso que me resultó, y quizás el hecho de que se transmita esa intensidad emocional a la que te refieres. Los recuerdos estaban en algún lugar, escondidos, y no resultó fácil sacarlos a la luz.

LoQueSomos: ¿Qué queda en ti de aquella joven que en 1986 voló cargada de ilusiones a la Nicaragua revolucionaria?

«Chefi»: En esencia quedan los valores que me llevaron allí. Sigo siendo una mujer inconformista, solidaria, tolerante y que pretende ser socialmente justa, pero es cierto que mi capacidad para creer en la bondad del ser humano es cada vez menor. Sí confío y espero que las nuevas generaciones recojan el testigo y recuperen aquel espíritu, que luchen por que no les arrebaten los derechos conquistados. Pero es una esperanza. Yo puse mi granito de arena e intenté transmitirle a mi hija esa inquietud y ese idealismo, ese espíritu combativo y esa capacidad crítica. Ella y las jóvenes como ella tienen que percatarse de que vamos hacia un futuro cada vez menos equitativo y más injusto socialmente, que involucionamos en derechos y libertades. Y no podemos dar ni un paso atrás, como ciudadanos ninguno y como mujeres muchísimo menos. Así que con los medios que tengamos a nuestro alcance no nos queda más remedio que seguir y apoyarles. No soy muy optimista respecto a lo que podremos conseguir o proteger, pero ahí estaremos.
En una de las presentaciones un chico me preguntó qué se podría hacer para involucrar a los más jóvenes en estos temas, y mi respuesta fue que tendría que formar parte de los valores que se transmitieran en la familia y de la educación en valores que se desarrollara en la escuela. Es difícil que ellos se interesen si en ningún lugar se les enseña, y si el único valor al que se le da importancia es al dinero y las cosas materiales que se pueden obtener con él.

LoQueSomos: ¿Qué ha hecho más daño: la contrarrevolución de la CIA, la burocracia del FSLN, los buscavidas locales…?

«Chefi»: Difícil me lo pones, jeje. El FSLN no tenía gente suficiente en sus filas, dentro de su organización, así que tuvo que echar mano de personas que no tenían ni la formación ni la conciencia ni la honestidad suficiente, y allí, en Siuna, también la encontramos. Nosotros observamos cómo aparecían productos subvencionados, de los que enviaban cada cierto tiempo desde Managua, en el mercado del pueblo, en la calle, y a las pocas horas de llegar a Siuna, o al día siguiente. Veíamos cómo se retenían y no se distribuían, y cuando les preguntabas por ello, porque era para repartir entre la población, lo único que conseguías era que te escucharan amablemente pero luego siguieran actuando igual. Los mandos –que eran todos del ejército y se multiplicaban hasta no llegar a saber quién era quién, habiendo representantes de todo tipo: del Frente, del gobierno local, regional, nacional, del ejército, de la policía, del ministerio del interior, etc- no aceptaban una crítica a su manera de hacer las cosas, aunque al principio las toleraban por el hecho de ser nosotros. Pero estuvimos “en observación” un tiempo, sobre todo al final, porque (a esa conclusión llegamos) no se fiaban de nuestra lealtad. Tuvimos una persona que vino a vivir a la casa donde nosotros residíamos para controlar nuestros movimientos y escuchar nuestras conversaciones sin que nos percatáramos, por la noche. Pero sí nos percatamos. jajaja. También es cierto que la situación no podía dejar de ser controlada porque el apoyo a la contra por allí, aunque no muy notable, sí existía.
También advertías la prepotencia con la que actuaban algunos de ellos, aunque es cierto que no todos, y el halo de poder que les rodeaba. Eso también nos llamaba la atención. Como también el hecho de que no se tomaran medidas contra los que se sabía que se aprovechaban de aquella situación.
En cuanto a la contrarrevolución, nunca se sabrá a ciencia cierta el verdadero alcance de la participación de la CIA en la guerra contra Nicaragua. La contra tenía sus motivos para querer derrocar al gobierno sandinista pero sus acciones nunca hubieran tenido el alcance que llegaron a tener si no hubiera sido por el despliegue de medios militares que se les facilitó por parte de la CIA. La CIA participó en todo tipo de operaciones para apoyar a la contra y sostener una guerra que asfixió cada vez más la economía del país y desgastó la energía del pueblo nicaragüense. La administración Reagan presionó desde todos los ámbitos y medios y con todo tipo de argumentos para desprestigiar la revolución y poder acabar con ella. La derrota militar nunca la consiguió, pero el desgaste y descontento del pueblo se hizo evidente cuando votó en 1990.

LoQueSomos: Colaboraste en escuelas dando formación a jóvenes y adultos. Y tú ¿qué aprendiste en aquella experiencia? ¿qué te enseñaron?

«Chefi»: La primera lección que aprendí fue lo imprescindible que resulta ir y ver la realidad que viven los pueblos como Nicaragua; las precarias o infrahumanas condiciones de vida de la mayor parte de la población y la dificultad que tienen para acceder a unos recursos que tú aquí los das por descontado.
Otra cosa que aprendí fue a distinguir entre lo verdaderamente imprescindible, lo necesario para sobrevivir, y lo superfluo, lo secundario, lo que forma parte de esa necesidad creada pero que en nuestra sociedad consideramos totalmente indispensable. En el lugar en el que residimos no teníamos acceso a casi nada y ni me importó ni lo eché de menos. Fui feliz disfrutando de lo que hacía.
Por supuesto, aprendí a querer y a valorar a las personas que formaban parte de mi entorno, porque allí la vida humana tenía escaso valor y la muerte formaba parte de la historia diaria. Hoy disfrutabas de su presencia, pero al día siguiente no sabías si podría ser. Para aquellas personas, sobre todo mujeres, la vida continuaba a pesar del dolor que suponía perder a un hijo, o a dos….a pesar de la incertidumbre con la que se enfrentaban al futuro, pues no sabían lo que les depararía el día siguiente. Se levantaban y continuaban como si no hubiese pasado nada y con una sonrisa en su boca, aunque no en sus ojos. Me valió años más tarde.
Aprendí el significado real de luchar y defender unos derechos, unos valores, unos ideales. El significado del compromiso, del esfuerzo, de la constancia. Aprendí el respeto a palabras como solidaridad y tolerancia.
Por otro lado, también aprendí a reconocer la situación real de la mujer en una sociedad patriarcal y machista. Aquella lo era y mucho. Fui consciente del escaso valor que se les daba a las mujeres allí, de la marginalidad en la que estaban sumidas las que yo conocí en Siuna, donde la revolución había llegado para cuatro, pero no para el resto. A pesar de su papel fundamental antes, durante y después de la revolución, a pesar de ser ellas las que enfrentaban el peso del hogar, las que se podían considerar el pilar de la familia -porque el hombre estaba generalmente ausente, y más en Siuna donde el guaro circulaba noche y día- y a pesar de ser el soporte económico de la mayoría de ellas, las mujeres tenían un largo camino por andar hasta que pudieran tener los mismos derechos que los hombres. Y hablo yo que estaba bien considerada por ser extranjera y profesora, y por tener un vínculo especial con mi alumnado masculino -aunque también entendí mi papel como modelo a imitar para el resto del alumnado femenino-. Sin embargo, me daba cuenta de que no se me incluía en temas de conversación de la misma manera que a Xuacu, sabía que se me marginaba en muchas cuestiones, y eso me hizo reflexionar y mucho.
Y ya para finalizar, también aprendí que para cambiar realmente una sociedad hace falta algo más que buena voluntad y buenos propósitos. Hace falta luchar diariamente y comenzar por lo más básico, la educación, y ya desde el nacimiento.

LoQueSomos: La información mundial está controlada por el “imperio”. Eso nos hace dudar de muchas cosas, o simplemente no saber. ¿Cómo llevas la actualidad de lo que se cuenta en Nicaragua? ¿Tienes alguna fuente directa en aquel país?

«Chefi»: No. Cuando nos vinimos, Montse quedó allí, en Siuna, pero al año siguiente, al volver de España, murió en Managua. Sufrió un ataque epiléptico. Y fuimos perdiendo contacto con la gente que quedó allí.
A la hora de informarme, me baso en los medios de comunicación, pero eso sí, diferentes. Como dije en el prólogo del libro, el estallido social en Nicaragua hace ahora un año me preocupó y sigo estando preocupada. Lo sucedido no fue algo que naciera por generación espontánea, sino que las revueltas ya habían ocurrido en diferentes momentos a lo largo de estos años que lleva en el poder Daniel Ortega. Se alió con los que anteriormente habían sido sus enemigos, derivó en un gobierno totalitario y cedió el territorio a las multinacionales, y de ahí se derivaron las protestas de los campesinos a los que se les expropiaban las tierras o se las deforestaban. Pero se les reprimió, y ahí quedó la cosa.
Hace un año el detonante fue la reforma de la Seguridad Social que de simple protesta pasó a estallido social con unas consecuencias imprevisibles. La represión que se desencadenó -por parte de las fuerzas de seguridad y de paramilitares- para toda persona, colectivo o medio que no le fuera afín, para todo aquel que osó participar en las protestas y criticar su modus operandi, esa brutal represión contra su pueblo no puede ser justificada bajo el argumento tan manido de ser vendepatria o de estar al servicio del imperialismo. No. Y eso no quiere decir que EE.UU no tenga sus vendepatrias allí, que los tiene, sin duda, ni que no haya gente entre los opositores que desee desestabilizar al gobierno, siempre hubo, y Daniel Ortega sabe seguramente quiénes son, de eso estoy segura. Pero Nicaragua no es Venezuela ni tiene sus reservas de petróleo. Además, todo eso no justifica lo que está haciendo. Hoy hay un movimiento social en el que se agrupan muchos colectivos civiles que le están pidiendo investigar los muertos (más de 325), que le piden la liberación de los presos y presas (más de 1000), acusados de terrorismo, que le piden que puedan regresar los exiliados (más de 50.000), y en definitiva que le exigen el respeto de los derechos humanos y la intervención de organismos internacionales. Y que convoque elecciones libres y anticipadas. Y todo eso es lo que él se niega a hacer.
En ese movimiento confío.

LoQueSomos: Las revoluciones del S.XX parece que mueren o las asesinan. Tú mantienes que, pese a la situación actual, en Nicaragua está vivo el espíritu sembrado por aquella revolución sandinista triunfante en 1979. Eso es ser muy optimista, ¿no?

«Chefi»: Sí, es cierto, puede que me muestre demasiado optimista, sobre todo teniendo en cuenta acontecimientos como los que se vienen sucediendo tanto en ese continente como en Europa. La perspectiva no es muy halagüeña, no. Estamos viendo cómo los gobiernos que están surgiendo son cada vez más ultraderechistas, salvo en México que ya veremos qué les van a dejar hacer. De todos los gobiernos que habían surgido hace unas décadas, más progresistas, en donde parecía que se veía una más que notable posición a favor de medidas sociales para el pueblo, el último reducto que queda es Bolivia. A partir de entonces y a día de hoy, los que surgen están cada vez más radicalizados, pero a la derecha, lo que trae consigo un recorte tremendo de derechos y libertades como estamos viendo que pasa en Brasil, aunque no es el único. El retroceso hoy es una realidad desde el norte hasta el sur. Y es cierto que hay movimientos civiles, indígenas, que siguen luchando desde sus comunidades pero también es cierto que cada vez con más frecuencia vemos que los líderes de esos movimientos, de manera muy selectiva, son asesinados. La impunidad con la que actúan los asesinos es terrible. Y cada vez son más los que asesinan.
Pero en el caso del pueblo nicaragüense, quiero creer que “algo” de aquella semilla plantada esos años revolucionarios tuvo que germinar. No murió del todo. Fueron 10 años tan solo, pero se les dieron herramientas de participación popular y hoy los nicaragüenses son más conscientes de sus derechos gracias a aquellas enseñanzas. ¿O no?
Pensar que fui producto de aquella semilla me reconforta y me consuela.

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