Diarios. A ratos perdidos 1 y 2, Rafael Chirbes

Por Cecilia Remis. LQSomos.

Los diarios de Rafael Chirbes: un documento imprescindible para comprender los entresijos de un gran escritor

La editorial Anagrama acaba de publicar los diarios del escritor valenciano Rafael Chirbes (Tabernes de Valldigna, Valencia, 27-6-1949 – 15-8-2015) bajo el título A ratos perdidos 1 y 2, que comprenden desde el año 1984 hasta el año 2005 y que revelan algunas de las filias y fobias literarias de este imprescindible autor.

Poco después del fallecimiento de Rafael Chirbes en 2015 apareció un primer libro póstumo indispensable: la novela Paris-Austerlitz. Ahora, seis años después de su muerte, el lector tiene en las manos sus diarios, que el autor revisó y preparó para su publicación.

Son anotaciones recogidas en diversos cuadernos que cubren el periodo que va desde 1985 hasta 2005; es decir, desde sus inicios como escritor, antes de publicar su primera novela –Mimoun, finalista del Premio Herralde en 1988–, hasta poco antes de su ya inapelable consagración internacional con Crematorio.

Con la aparición de esta novedad editorial las redes sociales y varios mass-media ha hecho mucho hincapié en las anotaciones del gran Chirbes hacia el mediocre Arturo Pérez-Reverte, plagiador reconocido e imitador macarra

«Pérez-Reverte está convencido de que como novelista puede hacer lo que le salga de los cojones (por usar el lenguaje que le gusta) y le brinda al lector un descabellado recital de lenguaje macarra, lenguaje de corte ‘vallekano’, pura movida madrileña en boca de estos pobres hombres que tomaron sopas en el siglo XVIII», critica en las páginas de sus diarios.

Chirbes continúa describiendo la obra afirmando que Reverte, «sin salirse de ese arbitrario espacio, ofrece un esperpento de rancio españolismo levantado en armas frente a lo ‘gabacho'». Y, a su entender, esto constituye «una forma de variante de ‘Torrente, el brazo armado de la ley’, en la que no faltan toques de lo que conocemos como prensa del corazón».

En esta entrada, el autor va desgranando frases de ‘Cabo Trafalgar’ y apostilla con ironía que «el autor es académico». «El artefacto va dirigido a un público de ideología tan confusa como la que mueve las hinchadas de los campos de fútbol», lamenta Chirbes, quien además ve «xenofobia (antigabacherío) y vindicación de la España de siempre» en esta novela.

«Ni siquiera en los años cuarenta del pasado siglo los novelistas del régimen se atrevieron a redactar un capítulo en ese tono», recoge el diario del escritor valenciano, quien considera que ‘Cabo Trafalgar’ «no es ‘Trafalgar’ de Galdós, sino que está más cerca de Pemán o de García Serrano, si estuviera escrito con más inteligencia».

Chirbes aclara en una parte que lo que le «escandaliza» de esta obra no es el lenguaje «ni los anacronismos que usa como chiste, sino lo que ese lenguaje traduce: los modales, el tipo moral a quien corresponde».

«Es un fruto tardío del franquismo (…) Soy solo yo, que oigo el Viva España de los campos de fútbol, el Puto Valencia de los alicantinos, el moro hijoputa, o Catalán Polaco, o el rájalo, y tiemblo porque sé que ahí se incuba el huevo de la serpiente del fascismo que venga», añade en los diarios.

«Reverte se nos muestra como un atleta olímpico, campeón en gran salto atrás. Hacer tragar como moderno lo que la historia había convertido en detestable residuo arqueológico. ¡Ah! Y repito: la crítica sesuda ha comentado favorable, e incluso admirativamente, el libro. ¿Alguien puede venir a explicármelo?», concluye esta entrada del diario…

«Estas páginas están llenas de vida, a menudo descarnada, y de literatura, pues nos abren la puerta de algunos episodios íntimos, pero también nos permiten acceder a su taller de escritura. Podría decirse, por tanto, que recogen la verdad de un hombre que vivió casi siempre, hasta donde pudo cumplirlo, al margen de la mayoría de las convenciones, y la de un narrador que nunca dejó de buscar la manera de presentar la realidad al ritmo de la historia, de la sociedad y de los individuos, sujetos de un tiempo que es todavía el nuestro.»

Los diarios son el autorretrato sin máscaras de un ser humano –sus dudas, flaquezas, miedos, enfermedades, enterezas, ambiciones, anhelos– y una sucesión de opiniones y vivencias relacionadas con la política, el sexo, la música, el cine y la literatura; reflexiones sobre que Chirbes amaba o detestaba, siempre de forma apasionada. Pero también ofrecen un privilegiado acercamiento a lo que podríamos llamar la cocina del escritor: Chirbes anota sus análisis –lúcidos y contundentes– sobre libros ajenos (entre ellos, unos diarios: los de Musil) y deja constancia de los entresijos de la creación de su propia obra, las dudas, las búsquedas estilísticas, su modo de mirar y retratar la realidad… Y asoman también los peajes de la «vida de escritor», por ejemplo, en el relato de un viaje promocional por Alemania en 2004, repleto de anécdotas a veces desoladoras y en otras ocasiones grotescamente disparatadas. Sin duda estos diarios están destinados a convertirse en un clásico del género, y son un documento fundamental para completar el retrato de un escritor imprescindible de la literatura española de finales del siglo XX y principios del XXI.

El autor

Desde los ocho años estudió en colegios de huérfanos de ferroviarios, en Ávila y León. A los 16 marchó a Madrid, donde estudió Historia Moderna y Contemporánea. En 1969 se trasladó a París, donde permaneció un año. También vivió en Marruecos (donde fue profesor de español), Barcelona, La Coruña, Extremadura, y en el año 2000 regresó a Alicante (Dénia y Beniarbeig). Se dedicó a la crítica literaria durante algún tiempo y posteriormente a otras actividades periodísticas, como las reseñas gastronómicas (en la revista Sobremesa; también escribió este género para El País del que fue despedido tras una crítica al restaurante Tío Pepe, que intentaba ser alta cocina del Grupo Vips, propiedad de la familia Arango, con posterioridad fue el único restaurante de alta gama que cerró en pleno auge del sector hostelero en España) y los relatos de viajes. Su primera novela, Mimoun (1988), quedó finalista del Premio Herralde y su obra La larga marcha (1996) fue galardonada en Alemania con el Premio SWR-Bestenliste. Con esta novela inició una trilogía sobre la sociedad española que abarca desde la posguerra hasta la transición, que se completa con La caída de Madrid (2000) y Los viejos amigos (2003). Con Crematorio (2007), un retrato de la especulación inmobiliaria, recibió el Premio Nacional de la Crítica y el V Premio Dulce Chacón. La novela En la orilla (2013), continúa el retrato de la España en crisis, y recibió también el Premio Nacional de la Crítica 2014 y el Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2013. Esta novela ha sido considerada el mejor libro del año, según los periodistas y críticos literarios del diario El País.
Póstumamente, se publicó la novela París-Austerlitz, que dio por terminada pocos meses antes de su muerte y que contiene elementos autobiográficos. Ambientada en París, cuenta la relación de una pareja gay entre un joven pintor madrileño y un obrero de ascendencia normanda.

Obras

Memorias y diarios: (2017), El año que nevó en Valencia, Ed. Anagrama. (2021), Diarios. A ratos perdidos 1 y 2, Ed. Anagrama.
Novelas: (1988), Mimoun, Ed. Anagrama. (1991), En la lucha final, Ed. Anagrama. (1992), La buena letra, Ed. Anagrama. (1994), Los disparos del cazador, Ed. Anagrama. (1996), La larga marcha, Ed. Anagrama. (2000), La caída de Madrid, Ed. Anagrama. (2003), Los viejos amigos, Ed. Anagrama. (2007), Crematorio, Ed. Anagrama. (2013), En la orilla, Ed. Anagrama. (2016), París-Austerlitz, Ed. Anagrama
Ensayos: (1997), Mediterráneos, Ed. Anagrama. (2002), El novelista perplejo, Ed. Anagrama. (2004), El viajero sedentario, Ed. Anagrama. (2010), Por cuenta propia, Ed. Anagrama.

* Con apuntes de Wikipedia, Editorial Anagrama y Agencias

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Un comentario en «Diarios. A ratos perdidos 1 y 2, Rafael Chirbes»

  • el 28 octubre, 2021 a las 17:25
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    Rafa Chirbes trabajó también en las revistas de Zeta Sal y Pimienta, Extra y Protagonistas, aunque nadie lo cuenta. En Sal y Pimienta tuve la suerte de conocerle, trabajar con él y hasta probar una vez su estupendo Arros al forn, típico de su Tabernes de la Valldigna. No sólo fue un gran escritor y como reflejan sus obras un hombre muy de izquierdas. Además era un estupendo compañero y buena persona. Yo así lo recuerdo.

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