El Derecho es Memoria, es Justicia. Aquí, no

Enriqueta de la Cruz*. LQS. Marzo 2021

Los valores son una constante en esta abogada en su obra, la conciencia y la consciencia de lo que supone tanto la aplicación como la ausencia de la aplicación de la ley, que, es obra del hombre y tiene que contemplarlo

Ana Messuti, abogada de la Querella argentina que no puede ser española porque aquí no hay justicia ni hay vergüenza ni hay más que chalaneo político y mentiras y un arropar a los ladrones; Ana, acaba de publicar un libro toda luz y de los de verdad, imprescindibles. Se llama: “Derecho como memoria y justicia”. Es una obra para amantes del derecho, y para los que se acercan a entender, a comprender en serio y con rigor nuestro presente, tras el abordaje del pasado y con afán de superación.

Messuti es especialista en Filosofía del Derecho por la Universidad de Roma y doctora en Derecho por la Universidad de Salamanca. Trabajó como funcionaria en la Naciones Unidas en Viena y Ginebra y es autora, entre otros libros de: “El tiempo como pena”, otra maravilla de obra. Forma parte, sí, del equipo de abogados que interpuso en 2010 la Querella argentina por las víctimas del franquismo. El sentido humano que para esta autora tiene el derecho y, por extensión, la justicia, está presente en toda su obra y en esta en particular.

Su reciente libro “Derecho como memoria y justicia” es una construcción académica y al tiempo accesible, llena de referencias y citas de clásicos y teóricos especialistas en la materia. Es teoría fundamental, y es praxis. La autora nos introduce en los principios del derecho y su aplicación, en el concepto de verdad y la realidad de “los crímenes ausentes”, en la conciencia jurídica universal y las sucesivas secularizaciones que lo han impregnado para concluir que tanto la supuesta “pureza” formal, como la cientificidad absoluta cuando se habla de derecho y justicia no es válida sin el contexto, la realidad, aun la invisible, el paso del tiempo en la balanza con sus cambios y nuevas visiones, así como la consideración y mirada concreta a la víctima, que nunca más puede estar relegada con cualquier excusa. Pues un sistema jurídico a la altura de los tiempos, debe ser para el mundo humano y no para el imaginario del jurista.

Como afirma Ana Messuti, el objetivo del derecho no es ni la seguridad ni cualquier otra cuestión, sino que es la justicia.

Los valores son una constante en esta abogada en su obra, la conciencia y la consciencia de lo que supone tanto la aplicación como la ausencia de la aplicación de la ley, que, es obra del hombre y tiene que contemplarlo.

Messuti nos habla de impunidad, analiza lo que supone pasarla por alto, el precio que las sociedades acumulan al hacerlo. Y al volcar su experiencia en la Querella argentina, nos descubre: “somos conscientes de que no son los argumentos esgrimidos por la justicia española la razón para no ocuparse de los crímenes cometidos durante el franquismo, sino que una decisión previa de no ocuparse de esos crímenes la ha llevado a buscar, encontrar y afianzar argumentos que respalden esa decisión. No se trata de una postura de teoría general del derecho. Se trata de una auténtica voluntad política que se legitima escudándose en determinados principio e instituciones jurídicas. Como si hubiese un imperativo, que en muchos casos se considera consecuencia de un compromiso político sellado en la ley de Amnistía, de que no se hable más de ellos”.

La clave, el meollo es la ley de amnistía, la que quiso ser de punto y final. Imposible pero cierto, la que quiere hacer valer el llamado poder político que apoya el pudridero y a la Monarquía. Como en los viejos tiempos hiciera lo más rancio de la política de la derecha y curil, lo hacen ahora también desde el “sagrado pacto” la llamada izquierda embelesada con los asientos de terciopelo y los sueldos, los que no pasarán a las bibliotecas del saber, pero saben vivir a lo grande en lo efímero que no se llevarán a la tumba ni les cubrirá, precisamente, eso no, de honores… Ahora parece que hacen con Zarzuela milongas para la continuidad, en lugar de abrir las venas tumefactas de este país del asco de los crímenes tapados y los que se siguen cometiendo, este país que tiene para guasa y para trajes de diseño que van a Palacio derechitos pero no para el salario vital que sigue como anuncio para bobos, con mil trabas, sin rodar siquiera eso, que sigue enquistado. Abrir para limpiar la pus.

Para Messuti la cuestión es que “nuestro presente tiene una exigencia respecto a nuestro pasado… Se trata del reconocimiento del valor ético de nuestra procedencia, de una ampliación de nuestro horizonte que nos lleva a hacer propia las verdades pasadas, a no cerrar los ojos ante todo aquello que nos ha sido transmitido, y que nosotros a la vez transmitiremos. Si estas verdades constituyen nuestra herencia, no podemos aceptarlas sin más. Es necesario que hagamos Beneficio de inventario, lo que significa aceptar aquello que nos parece bien y disociarnos claramente de aquello que nos parece mal. Es decir, calificar como criminales los hechos que ahora, conforme a nuestro horizonte jurídico actual, consideramos criminales, a pesar de que en el pasado no se los ha juzgado como tales. En ello está en juego no solo la ética que vivimos ahora, sino la que transmitiremos”.

La abogada afirma que “los hechos denunciados por las víctimas en esta Querella han de considerarse crímenes, aun en el caso de que se hubiesen cometido al amparo de la legislación vigente en esa época”. Además de aclarar la imprescriptibilidad en los crímenes de lesa humanidad y alumbrarnos sobre cómo camina la Querella, analiza la presencia de la mujer en esta Causa y la universalidad del caso Timoteo Mendieta, importante logro de la Querella argentina pues fue la primera exhumación de restos (los suyos y de otros 49 fusilados), por orden de un juez, en este caso, la jueza Servini, que instruye la Causa, sentando un precedente internacional y de cooperación judicial de España con Argentina.

Messuti subraya la contribución de España a los juicios a los militares y genocidas argentinos, con los que se habían iniciado en nuestro país contra ellos y por las sentencias emitidas por el Tribunal Constitucional y el Supremo en el caso de Guatemala (23 de septiembre de 2005) y el caso Scilingo (2 de julio de 2007), respectivamente. “Sentaban antecedentes muy valiosos sobre la jurisdicción universal y la aplicación de la normativa internacional para proteger los derechos humanos”, afirma.

“No obstante, la situación en España cambió notablemente”, nos recuerda. “En 2006 llegaron al Juzgado central de instrucción nº 5, a cargo del juez Garzón, denuncias en las que se solicitaba una investigación sobre los asesinatos, desapariciones, torturas y exilios forzados cometidos en España desde 1936. En 2007, asociaciones de familiares desaparecidos presentaron nuevas denuncias penales ante la Audiencia Nacional”. Y según palabras del propio Garzón, que transcribe Messuti: “En un principio la Fiscalía aceptó la investigación, pero algo cambió, porque el 29 de enero de 2008 emitió un informe contrario a la competencia del Juzgado de Instrucción número 5 sobre dichas denuncias (el fiscal se basaba en la Ley de Amnistía de 1977)”.

Como en Argentina se hizo, bastaría legislar, bastaría cortar con esa ley de punto final y con la obediencia debida que es indebida, es asquerosa. Bastaría la voluntad. Pero no la hay y como digo en otro artículo esta semana, yo, señores y señoras, me borro de este politiqueo en busca de otros horizontes, no quiero ni mentarlos, no me sirven quienes así actúan. Me repugna el circo, me da arcadas… Y como también digo, seguimos en mucho en la corrupción de los tiempos de Barea, don Arturo, que la denuncia, de cuando la guerra de Melilla, el desastre, ese ejército, ese M. Astray, esa mala situación, eso tan mortalmente niebla paralizante, que no nos deja vivir. La forja de un rebelde. Y ¿cómo no?

El libro “Derecho como memoria y justicia” ha sido editado por Postmetropolis Editorial en su sección Polis. Es una esperanza.

* Enriqueta de la Cruz, periodista, escritora
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