Mariano Muniesa*. LQS. Agosto 2018

De no haber aparecido Brian Epstein una noche en The Cavern, muy probablemente el grupo no habría pasado de ser uno más de los miles que surgieron en Inglaterra a finales de los 50

Tal día como hoy hace exactamente 51 años, el 27 de agosto de 1967, fue hallado en su residencia del 24 de Chapel Street, Londres, el cuerpo sin vida de Brian Samuel Epstein, el hombre que cambió la historia de la música popular contemporánea. Brian Epstein, el aficionado a la música que quiso ser actor y que desde una modesta tienda de instrumentos musicales de Liverpool lanzó a la fama mundial a los Beatles e inició la revolución más grande que la cultura ha conocido, falleció debido al efecto letal que le produjo la ingesta de una dosis superior a la normal de un tranquilizante llamado Carbitral, mezclado con abundante alcohol.
Obviamente, el genio creador y el talento como compositores de John Lennon y Paul McCartney es la razón última y fundamental del éxito de los Beatles y de todo lo que sucedió desde que el 5 de octubre de 1962 pusieron a la venta su primer single. Pero no es menos cierto que de no haber aparecido Brian Epstein una noche en The Cavern, muy probablemente el grupo no habría pasado de ser uno más de los miles que surgieron en Inglaterra a finales de los 50. Epstein tuvo la inteligencia de darse cuenta de que aquel grupo, si pasaba de ser una vulgar banda más de rock’n’roll a ser algo diferente, conmocionaría la escena.

Y él obró la metamorfósis, pero no solamente eso. Supo hacer de auténtico catalizador, de pegamento entre las cuatro personalidades que formaban el grupo, supo llevarles a lo más alto y creó una estructura de negocios para la banda que les permitió ganar sustanciosos dividendos, que una vez desaparecido ellos no supieron manejar. Es opinión casi unánime entre todos los periodistas, historiadores o músicos que conocieron a los Beatles y se movieron en su entorno, que su muerte si bien no puede decirse que precipitase el final del grupo, sí que evitó que una figura en la que todos confiaban, que les conocía y que podía influir, y de hecho influía en ellos, pudiera haber hecho que los acontecimientos en esos últimos años se hubieran desarrollado de manera muy diferente.

El mánager, el hombre del 30%, el poder en la sombra… una figura tan controvertida como poco conocida, sobre la cual existe una imagen prefabricada y estereotipada de gangster, de negociante sin escrúpulos y de explotador del artista que en ocasiones ciertamente se corresponde con la realidad, pero en otros muchos casos, ese manager, ese poder en la sombra, como el caso de Brian Epstein, es fundamental en el éxito de ese artista. De hecho, si se analiza con detenimiento la historia del rock y salvo muy contadas excepciones, los grupos que han llegado a lo más alto, se han mantenido y han marcado un antes y un después, son aquellos que tuvieron un manager que les entendió, les apoyó y supo ver en ellos el potencial que los músicos muy rara vez saben ver en sí mismos.

“Si pretendeis ser como los Beatles, no duraréis ni dos años; sed lo más opuesto a ellos, así podreis jugar en su propia liga y quitarles un buen trozo del pastel”

Se dice que estas fueron textualmente las palabras que Andrew Loog Oldham dijo a los Rolling Stones cuando se decidió a trabajar con ellos como manager. Caso muy similar al de Brian Epstein, Oldham se dio cuenta nada más verles que podían ser toda una revolución en el rock británico y ademas de conseguirles su contrato con Decca, que posteriormente renegoció y mejoró, les convenció de que solo saldrían adelante componiendo canciones propias y dejando las versiones de blues standard, potenció el binomio Jagger-Richards como eje en torno al cual debía girar tanto la imagen de los Stones como su base musical, y supo motivarles para convertirles, en efecto, en la antítesis de los Beatles. El famoso titular de “¿Dejaría vd. que su hija saliera con un Rolling Stone?” no fue invención suya, pero cuando lo vio publicado, exclamó entusiasmado: “¡Esto es lo que necesitábamos!”

También fue en 1967 cuando se inició un distanciamiento entre los Rolling Stones y Andrew Loog Oldham que terminaría en la disolución de la sociedad que formaron. Oldham, que era el productor artístico de los discos, no compartía el anhelo del resto del grupo por experimentar con nuevos sonidos y ello se hizo evidente durante la grabación de ‘Their Satanic Majestic Request”. Las constantes discusiones entre grupo y productor en el estudio y el resentimiento que Mick Jagger y Keith Richards tenían hacia él por haberse desentendido de los juicios y las condenas de cárcel que sufrieron en junio de aquel año, llegaron a un punto en el que de común acuerdo, en septiembre de 1967 Oldham se desvinculó como productor y manager de la banda, aunque quien se hizo cargo a partir de entonces del grupo, sobre todo en la parte económica, Allen Klein, acabaría siendo el peor enemigo de los Stones de por vida, y estuvo a punto de dejarles en la ruina.

“Era preferible que tuvieras como enemigo a Stalin antes que a Peter Grant”

Así de claro lo dijo Jimmy Page a la revista británica Kerrang! cuando el mítico manager de Led Zeppelin murió en noviembre de 1995. Indudablemente, el caso de Peter Grant es el más representativo de la figura del manager que es un miembro más de la banda, se desvive por ellos y es una pieza absolutamente clave en su éxito. Nadie duda de que Led Zeppelin nunca hubieran llegado a lo más alto del rock sin él. Artífice de uno de los contratos discográficos más multimillonarios de la historia de la industria musical y negociador implacable con los promotores de conciertos, consiguió acumular para ellos una verdadera fortuna y excepto en las cuestiones artísticas, todas las decisiones relativas al grupo pasaban por sus manos.

Aunque Grant pasó también a la historia como uno de los tipos más peligrosos y con menos escrúpulos del negocio musical. Rodeado tanto él como el grupo siempre de un ejército de guardaespaldas que en la mayoría de los casos eran delincuentes que venían de lo peor del hampa londinense y que se hicieron tristemente célebres por el expeditivo y violento trato, con brutales palizas incluidas que dieron en muchas ocasiones a periodistas demasiado entrometidos, fans que intentaban saltarse los controles de seguridad, roadies de otras bandas en muchos de los festivales en los que Led Zeppelin tocaron y hasta a dueños de tiendas de discos que vendían material pirata del grupo, si existía una consigna en el mundo del rock en los años 70 era no buscarse nunca problemas con Peter Grant.

Del Greenwich Village al Monterey Pop

Albert Grossman, el manager que lanzó a la fama a Bob Dylan y que posteriormente hizo lo propio con Janis Joplin tras ver su actuación en el Festival de Monterey, es otro de esos managers sin los cuales no podría explicarse la historia de estos dos astros del mundo del rock. En el caso de Dylan, fue como su alter-ego durante años, y entre los los dos hubo una arraigada, estrecha y sincera amistad, hasta que un día, los abogados del cantante descubrieron que por una interpretación muy discutible de uno de los contratos que Dylan había firmado con Grossman, éste se había quedado con el 50% de sus derechos de autor ilegalmente. En julio de 1970 rompieron su relación y se enfrentaron agriamente en los tribunales durante varios años
Cuando Albert Grossman fichó a Big Brother & The Holding Company, les hizo grandes, los llevó al éxito y sobre todo, apostó en todo momento por Janis Joplin como la líder de la banda e incluso como una gran artista en solitario en un futuro a corto – medio plazo, objetivo que consiguió. Pero les obligó a incluir en su contrato una cláusula que les prohibía consumir ningún tipo de droga por vía intravenosa, cláusula que en 1969 descubrió que estaba incumpliendo Janis Joplin. Pero en lugar de encarar la situación y amenazarla con romper el contrato, suscribió una póliza de seguros que le proporcionaría 200.000 dolares si Janis fallecía por accidente, con una prima anual de 3.500 dólares. Janis murió de sobredósis menos de un año después de la suscripción de aquella póliza…

Siempre controvertidos, siempre bajo sospecha, a veces con razón, a veces sin ella, pero imprescindibles en la historia del rock, y que según una acertada reflexión de Andrew Loog Oldham, su rol debe tener fecha de caducidad: “Yo supe perfectamente cuando tuve que dejar a los Stones, y creo que no me equivoqué. Cuando un grupo llega a lo más alto, cuando ya son estrellas, ya no necesitan un manager amigo o un confidente; necesitan un contable. No hay nada más destructivo para el ego de un artista que convivir día a día con alguien que en cualquier momento puede decirte: “Yo te saqué de la mierda y eres una estrella gracias a mi”. Es ley de vida, y yo lo entendí y lo asumí”.

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* Nota original del diario “La Región”

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