Emma Penella, se fue la voz rota

De Emma Penella (Manuela Ruiz Penella) contaba Adolfo Marsillach en su libro de memorias “Tan lejos, tan cerca”, que su belleza era tan impactante que cuando apareció en el Teatro Español contratada por Luis Escobar, “se fundieron las bombillas de todos los camerinos y José María Rodero se puso de puntillas para verla mejor”. Contando también Mur Oti a este respecto, que era tan espectacular su belleza que los rodajes se llenaban de “eléctricos” y otros operarios que la ovacionaban en los descansos.

Efectivamente, los 20 y los 30 años de Emma Penella son de una belleza trasgresora que acompañaba una voz rota cargada de sensualidad y fuerza dramática, doblada sistemáticamente hasta que Bardem en sus “Cómicos” la recuperó para hacerla eternamente reconocible.

Emma nació en Madrid el día 2 de marzo de 1930, la mayor de otras dos hermanas actrices y de una cuarta que no lo fue. Hijas del matrimonio formado por el salmantino Ramón Ruiz Alonso, cuya responsabilidad en la muerte de Federico García Lorca toma fuerza de nuevo en estos días con la aparición del nuevo libro de Ian Gibson, y de la hija del Maestro Penella, una mujer cuyo marido cercenó sus aspiraciones artísticas con una frase lapidaria cuando a punto estaba de debutar como cantante de ópera: “Si eres del teatro no me caso contigo”.

Todas ellas toman algo de su abuelo para la composición de su nombre artístico: Emma toma directamente el apellido de tan famoso compositor (que también lo es de su madre) autor del célebre pasodoble “El gato montés”, Elisa (Granada 1936) toma el “Montés” del título de la canción, y Teresa (Madrid 1939) adopta “Terele” en honor a su tía, la actriz “Teresita Silva”, por ser como en la intimidad se la llamaba, y “Pavez” por el segundo apellido de su abuela materna, la chilena Emma Silva Pavez. Emma Penella, Elisa Montés y Terele Pavez que tan solo una vez trabajaron juntas en el cine: “La cuarta ventana”

Durante su educación primaria asistió Emma a tres colegios de monjas, donde estuvo interna entre los 5 y los 16 años, por lo que es comprensible que su primera vocación fuera la de misionera. Lo que no lo era tanto es que la hiciera compatible con la de bailarina, que fue más bien la que adoptó ante la oposición de su padre cuando decidió no terminar el bachillerato por trabajar en el Teatro Maria Guerrero como meritoria.

Lamentablemente la mayoría de los espectadores la recordarán para siempre en el papel de “Concha” de la serie “Aquí no hay quien viva”, medio en el que apareció esporádicamente desde que en 1981 lo hiciera por primera vez en “Sabor a miel”, y en el que se ha perpetuado gracias a la inusitada audiencia que ha tenido el programa.

Fue galardonada en seis ocasiones con el premio C.E.C. (Círculo de Escritores Cinematográficos) y tres con el del Sindicato Nacional del Espectáculo, y en 1995 con el prestigioso “Mayte” de teatro por “La taberna de los cuatro vientos”, Concediéndole el 24 de marzo de 1998 la Medalla de Oro de las Bellas Artes además de otros muchos premios y reconocimientos de difícil enumeración por su extensión.

Fue la mujer del productor Emiliano Piedra, con el que mientras vivió mantuvo un romance eterno. Emiliano era un productor valiente que había empezado en el cine como simple proyeccionista que viajaba durante los fines de semana de aldea en aldea, como los “titiriteros” de Serrat. Su arrojo le causó grandes problemas que a punto estuvieron de costarle la cárcel cuando los veintiocho millones que costaba producir “Campanadas a medianoche” de Orson Welles se convirtieron en setenta.

Hoy se nos ha muerto por sorpresa, este 27 de agosto de 2007 de un verano que termina entre violencias y calamidades que nos alertan de un futuro preocupante. Y mañana será enterrada en la Almudena junto a su marido como querían, para convertirse en historia real la que tantas historias ajenas representó desde aquel día de 1949 que sin aparecer en los créditos doblaba la figura de Amparito Ribelles en “La duquesa de Benamejí”. Después fue Marga en “Cómicos” (Juan Antonio Bardem 1953), actriz joven, experimentada y decepcionada del mundo del teatro. Consuelo en “Carne de horca” (Ladislao Vajda 1953), la novia enamorada que se hace bandolera infiltra en la partida del “Lucero” para vengar a su amado. La Ivón de “Los peces rojos” (José Antonio Nieves Conde 1955), artista de variedades del Teatro Pavón de Madrid. La comentada Estrella de “Fedra” (Manuel Mur Oti 1956), hermosa hija del farero ciego codiciada por los hombres de Aldar en la misma medida que es odiada por sus mujeres. La Lola de “El batallón de las sombras” (Manuel Mur Oti 1956), la prostituta del “47 duplicado” que levanta la envidia de sus vecinas con sus perfumes, sus pieles y sus vestidos. La antológica Carmen de “El verdugo” (Luis García-Berlanga 1963), hija del verdugo Pepe Isbert y esposa de su sucesor, Nino Manfredi. Exuberante mujer de poderosas caderas que plancha mientras un mechón negro llena su cara de misterio. Otra Lola, la Lola Vélez de “Lola, espejo oscuro” (Fernando Merino 1965), niña de orfanato, fregona de escaleras y corista que se hizo una chica muy guapa y muy cara en las noches de “Riscal”. La Rosa de “La busca” (Angelino Fons 1966) inspirada en la novela homónima de Pío Baroja, prostituta que atiende la barra de un “chamizo” entre las ruinas suburbiales. La Fortunata de “Fortunata y Jacinta” (Angelino Fons 1969) de Pérez Galdós, la bellísima mujer que habita el número 11 de la Cava de San Miguel, en cuyo mercado descuartiza pollos y en las noches yace con su amante Juan de Santa Cruz: “El delfín”. La María de “Padre nuestro” (Francisco Regueiro 1985), criada analfabeta a la que el señorito Fernando hizo una hija antes de hacerse Cardenal en Roma. La Carmen de “Pídele cuentas al Rey”, (Antonio Quirós en el año 2000), esposa y madre de mineros en tiempos en que se cierran las minas asturianas y acecha la miseria.

Botones de muestra de una larga e intensa carrera que hoy se cierra con el reconocimiento y el aplauso de todos los que compartimos admiración por ella.

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