Exposición Poéticas de la democracia

Pablo Mayoral* / Alejandro Pacheco*. LQS. Enero 2019

En el Museo Nacional Centro de Arte R. S. (qué pena que el museo que alberga El Guernica tenga el nombre de una reina relacionada con dos dictaduras militares fascistas) se puede ver la exposición Poéticas de la democracia. Imágenes y contraimágenes de la Transición

En unas mesas situadas en la primera sala de la exposición aparecen mecanografiados algunos de los hitos principales que jalonaron los años 60 y 70 de la dictadura franquista, su represión y también sus luchas obreras y populares. En esa misma sala puede verse una fotografía de la entrada delo que el Régimen pretendía que fuese su Pabellón oficial en la Bienal de Venecia de 1976. Está cerrado, con una imagen del Guernica precintando la puerta y una pintada en su fachada en recuerdo del asesinado Grimau. La decisión de cerrar el pabellón oficial de España (aún con Franco vivo) se tomó tras la petición expresa en ese sentido de un amplio colectivo de artistas antifascistas españoles. Paralelamente y promovida por este colectivo, el pabellón italiano albergó en esa misma Bienal la Exposición “España. Vanguardia artística y realidad social (1936-1976)”.

Esta exposición de 1976 está ampliamente representada en la segunda sala. Casi con la misma disposición que en la Bienal de Venecia se pueden apreciar trabajos de Tapies, Saura, Arroyo, Genovés, Alberto Corazón, Ibarrola y Equipo Crónica. Esta sala es el corazón de la exposición Poéticas de la democracia, principio y fin de la misma, y en su centro se ofrecen 6 de los 10 cuadros de la serie “Variaciones sobre un paredón” que Equipo Crónica realizó en respuesta a los últimos fusilamientos de Franco. En todos ellos se pueden apreciar los cinco elementos que representan los asesinatos de Estado del 27 de Septiembre de 1975: una hoja de calendario con aquella funesta fecha, una banda de luto en la esquina izquierda, el muro o paredón recreado a partir de obras pictóricas o gráficas de las vanguardias del siglo XX, al igual que los personajes situados en la esquina inferior derecha, todos ellos con un luto que les tapa los ojos, y, finalmente, la paleta de pintor rota en cinco pedazos, las vidas que Franco y su dictadura arrancaron a Xosé, Ramón, José Luis, Ángel y Txiqui.

Uno de los aciertos de esta exposición es haber rescatado de los almacenes del Museo uno de estos cuadros y exponerlo a la luz pública. Aquellos días de finales de septiembre de 1975 fueron de intensa y masiva lucha, primero contra las condenas a muerte de 11 jóvenes antifranquistas (entre ellos dos mujeres, una de ellas embarazada) y, después, por la repulsa de los cinco asesinatos perpetrados por voluntarios de la Guardia Civil y la Policía Armada. Las manifestaciones contra la dictadura, en todo el mundo y particularmente en Europa, fueron multitudinarias e históricas. Más de 19 embajadores fueron llamados a consultas por sus gobiernos, y el gobierno de México pidió la expulsión de España de la ONU mientras estuviera ese Régimen criminal de Franco.

Otro de los cuadros significativos de esta exposición es “El abrazo” de Juan Genovés, que también se exhibía en aquella Bienal de Venecia. Dicho cuadro se creó para impulsar la lucha por la libertad de los presos políticos de la dictadura, como imagen de ella. Representa el abrazo de familiares, amigos y presos a la salida de la cárcel, la alegría del reencuentro en la libertad conquistada.En modo alguno es la imagen de reconciliación entre fascistas y antifascistas en la que luego algunos han tratado de convertirla. Dicho cuadro sirvió de base para la edición de 25.000 carteles a favor de la Amnistía, que fueron secuestrados y destruidos en la misma imprenta en que se habían impreso. El autor, Juan Genovés, recuerda aquellos hechosen una entrevista: “Cuando fuimos a la imprenta para reproducir los primeros carteles del cuadro, nos detuvieron. Fue en plena época Arias Navarro. Hubo una denuncia y pasé por ello siete días en la Puerta del Sol. Estuve una semana detenido en el Ministerio de la Gobernación en unos calabozos horrorosos. Cualquier joven que no haya vivido en aquella época ni se imagina que uno pudiera ir a la cárcel por pintar unas personas abrazándose, pero así era “. Posteriormente el cuadro fue comprado a un coleccionista de Chicago por el Museo Español de Arte Contemporáneo y fue escondido por las “cloacas” del Estado. Unos trabajadores del museo (miembros de CC.OO.) lo rescataron para que se expusiera públicamente, hasta que sus fondos se trasladaron al MNCARS, donde el cuadro volvió a desaparecer. Hace unos meses se decidió exhibirlo en el Congreso de los Diputados aliñado con esa fraudulenta interpretación de “reconciliación entre españoles”.

La exposición, en su conjunto, tiene algunos desequilibrios. Tiene mucho de algo y poco de bastante. Pero, pese a esas limitaciones, “Poéticas de la Democracia” exhibe una gran cantidad de documentos, pancartas, pintadas, carteles y fotos de los años 1975-77. Es testimonio de la ebullición social, política y, de modo destacado en estas salas, artística, que alentaba en aquellos momentos de esperanza en la ruptura democrática con el franquismo. Todavía en la clandestinidad, con todas las organizaciones políticas democráticas ilegalizadas y reprimidas, con la calle militarizada, con manifestantes muertos, con decenas de presos políticos, la movilización no cejaba. Especialmente está reflejado en la exposición el periodo que se cierra con el referéndum para la Ley de Reforma Política impulsado por el gobierno Suárez-UCD (15 de diciembre de 1976). Ese referéndum lo ganó el miedo y, a partir de él, las cartas se pusieron sobre la mesa y la mayoría de las fuerzas del campo antes antifranquista aceptaron copatrocinar, a cambio de suculentos espacios de gestión y ascenso social, el pacto/rendición con el que se ponía en marcha definitivamente la Transición monárquica.

La muestra exhibe mucho menos material del correspondiente al periodo que va entre la Ley de Reforma y la aprobación de la Constitución, apenas una pequeña sala. Como se sabe, la militancia artística por la libertad dio paso en los años siguientesa una burbuja de fuegos artificiales y frivolidad.

Nos resultan especialmente curiosas dos imágenes expuestas.Un cartel de las Juventudes Socialistas de Madrid (PSOE), en el que con letras grandes y claras se dice: “¡Que nadie quede atrás! La juventud es la llama de la Revolución Proletaria”. La otra es muy significativa: la primera página de la primera edición de la Constitución de 1978 encabezada por… el águila del escudo franquista. Todo un aviso: aquel texto en cuya formulación participaron partidos como la UCD y el PCE que ya ni existen, y votado por los que hoy tienen mas de 56 años, se ha convertido en un tapón antidemocrático al que se aferran las fuerzas más conservadoras y reaccionarias.

Por eso es muy de agradecer el rescate de aquel momento (especialmente 1975-1976) a través de las magníficas obras artísticas y gráficas que alumbró, con su alta carga de agitación y compromiso político con la libertad. Es recomendable redescubrir el impulso rupturista que latía en la sociedad y la cultura de esa época que apenas se menciona en la historia, puesto que parece que nada hubiera pasado en este país antes del 6 de diciembre de 1978.

Museo Nacional Centro de Arte R. S.: Del 5 de diciembre 2018 al 25 de noviembre 2019
Poéticas de la democracia. Imágenes y contraimágenes de la Transición

* Pablo Mayoral y Alejandro Pacheco son miembros de la Asamblea de redacción de LoQueSomos

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