Homenaje a Ruedo Ibérico

Ángel Escarpa Sanz*. LQS. Julio 2019

Mi homenaje más sentido para aquel colectivo humano que hizo posible la Editorial Ruedo ibérico y nuestra formación antifascista, así como la caída de la Dictadura

“La Guerra Civil española”, “El laberinto español”, “Historia de la España franquista”… José Martínez, M. Tuñón de Lara, Max Aub, I. Gibson, G. Brenan, M. Koltsov, A. Vilanova, M. Gallo…

Aquellos libros olían a clandestinidad, a libertades por estrenar, a escapadas a Perpiñán para ver la película de Bertolucci, a botes de humo de la policía, a obreros en las calles, a pintadas antifascistas. Aquellos libros, aún hoy, siguen conservando el aroma acre de las descargas de los fusilamientos de Grimau y de los de septiembre de 1975. Huelen a gente huida al monte, a gente republicana esperando aún escapar de aquel cepo en el puerto de Alicante, cuando ya se desplomó el último frente. Huelen a Colliure, a Barcarés, a todos los campos de concentración a orillas del Mediterráneo; a combatientes españoles en los frentes de Europa. Despiden un olor a poemas de Blas de Otero, León Felipe, Celaya, Machado, leídos en pequeñas tertulias, mientras Alfonso Sastre y los del Proceso 1001 hablan de esto y aquello en Carabanchel.

Esos libros siguen oliendo a utopías irrealizables, a memorables estrenos de Buero Vallejo, a grises tardes de domingo, con el fútbol a toda pastilla en la tele o en la radio -para que no oigan los vecinos-, mientras se lee en soledad el “Mundo Obrero” o se discuten con los camaradas las últimas consignas del Comité Central, llegadas de Francia, para la huelga.

Transcurridos sesenta años de aquellos codiciados libros de esta editorial española radicada en Francia, hago memoria del tiempo y de los hombres y las mujeres caídos: Yolanda González, Salvador Puig Antich, Pedro Patiño, Carlos González, aquel joven asesinado por la extrema derecha por llevar una insignia del PCE, los obreros muertos en Vitoria, en Granada… Cuánto papel impreso, cuánto gesto heroico anónimo para que no faltasen unas octavillas en aquellas remotas jornadas del 1º de Mayo en la Glorieta de Atocha, cuando aún estaba prohibido hasta soñar con los partidos y los sindicatos obreros legalizados.

Hoy, cuando el mismo Carnaval tiene más poder de convocatoria que los sindicatos, cuando un simple “botellón” en la plaza tiene más influencia que una plataforma por la defensa de las pensiones públicas, no puedo por menos de hacer un ejercicio de nostalgia y recordar aquellos años en que los libreros, gente que vendíamos libros en los tenderetes del Rastro madrileño, ayudábamos a poner en circulación aquellos libros que cruzaban la frontera, poniendo en marcha una maquinaria que contribuiría a hacer saltar por los aires la Dictadura. Leo ahora “José Martínez: La epopeya de Ruedo ibérico”, de Albert Forment, y vengo a entender la gran odisea de aquella heroica empresa, con sus momentos de pasión para publicar los libros de García Oliver, Mera, Jesús Ynfante, Luis Ramírez…, con sus momentos de asfixia económica. No creo que haya existido en el mundo de la edición una aventura más apasionante que aquella de los días de la rue de Latran. Cabe destacar la generosidad política de Pepe Martínez para publicar libros que no siempre hubiese bendecido, como los de García Venero, H. Southworth o el de Calvo Serer.

Algo murió dentro de nosotros también el día aquel de marzo de 1986 en que se vino a descubrir el cadáver de este infatigable luchador, la primera de un sinnúmero de derrotas que habríamos de sufrir los que apostábamos contra la OTAN, por un mundo sin bloques militares.

Pudieron trivializar muchas cosas, pero conservamos íntegro el hermoso recuerdo de aquella editorial, de Pepe Martínez, de todos aquellos que hicieron un día posibles las editoriales: Oasis, Ciencia Nueva, Finisterre, Cénit, Librería Española de París, Ediciones Turner, Júcar, Cuadernos para el Diálogo, Ebro, Campo Abierto, ZYX, Escélicer, Losada; todas aquellas editoriales libertarias que se llevaron un día los vientos de la guerra. Nuestro más emocionado recuerdo para aquellos que acercaron a nuestras vidas la letra impresa, el diseño gráfico; desde los libros y los tebeos de nuestra más remota infancia, hasta aquel “Hermano Lobo” de ayer; desde el Daniel Gil de las impagables cubiertas de la editorial Alianza, hasta el “Forges” que nos dejó hace tan solo unas jornadas, sin olvidar a Víctor Mora, a Carlos Jiménez, ni siquiera a la editorial Bruguera, que hizo posibles nuestras delicias durante varias generaciones. Porque los libros siempre serán esa cuerda que una a los pueblos, por encima de las guerras, por encima de los tiranos y por encima de los idiomas.

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Un comentario sobre “Homenaje a Ruedo Ibérico

  • el 14 julio, 2019 a las 14:23
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    Compañero Ángel.
    Gracias muy sinceras por tu cálido homenaje al RUEDO y sus gentes -director, escritores, lectores, difusores…
    Es bien cierto que el antifranquismo, plural y militante, tendrá siempre impagable deuda con aquell@s que desde Paris hicieron contrainformación, análisis y nutrieron nuestras neuronas y militancia.
    El Ruedo fue nuestro oxigeno.
    A veces, reaparece alguno de sus libros (o los cuadernos) en la madrileña Cuesta de Moyano…
    ¡Qué interesante sería (mas que interesante IMPORTANTE) poner en pié una edición-Homenaje que recuperase para el presente una selección de textos e imágenes publicadas en aquellos libros que fueron también «un arma cargada de futuro».
    De modo que sí, muchas gracias compañero.

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