Isla de Wight 1970

Mariano Muniesa*. LQS. Agosto 2020

El canto del cisne de toda una época

Significó la plataforma de lanzamiento de bandas casi desconocidas que se convertirían en iconos absolutos del rock de los 70

Esta semana se cumplen 50 años de la celebración del último gran festival de rock de la época heroica, del tiempo de los pioneros, que ha pasado a la historia de la cultura popular contemporánea como un evento irrepetible por muchos motivos: la edición 1970 y última hasta 2012 del Festival de la Isla de Wight.

Entre el 26 y el 30 de agosto de 1970 tuvo lugar la tercera edición de un festival que en un primer momento empezó con pretensiones muy modestas. El primer cartel de 1968 tenía como atracción principal a Jefferson Airplane, acompañados de The Move, Fairport Convention y The Pretty Things entre otros. Sus promotores, los hermanos Bill y Ray Foulk, junto a su socio en la empresa Fiery Creations Ron Smith, obtuvieron unos más que suculentos beneficios de esta primera intentona, con lo cual se lanzaron a preparar para el año siguiente un cartel más ambicioso, que atrajo al triple de público y que contó entre sus principales nombres con Joe Cocker, Family, The Moddy Blues, The Edgar Broughton Band y muy especialmente con Bob Dylan, que hizo en Wight’69 su primera actuación desde su accidente de motocicleta de 1966, con Paul y Linda McCartney entre el público asistente.

Así pues, para la tercera edición se redobló la apuesta y se organizó un festival de dimensiones históricas. Sobre la composición del cartel, huelga cualquier comentario. El miércoles 26 de agosto, Judas Jump, Kathy Smith, Rosalie Sorrels, David Bromberg, Redbone, Kris Kristofferson y Mighty Baby. El jueves 27, Gary Farr, Supertramp, Andy Roberts Everyone, Howl, Black Widow, Groundhogs, Terry Reid y Gilberto Gil. El viernes 28, Fairfield Parlour, Arrival, Lighthouse, Taste, Tony Joe White, Chicago, Family, Procol Harum, The Voices of East Harlem y Cactus.

El sábado 29 John Sebastian, Shawn Phillips, Lighthouse, Joni Mitchell, Tiny Tim, Miles Davis, Ten Years After, Emerson Lake and Palmer, The Doors, The Who, Melanie, Sly and the Family Stone y Tiny Tim. Y para terminar el domingo 30, Good News, Kris Kristofferson, Ralph McTell, Heaven, Free, Donovan, Pentangle, Moody Blues, Jethro Tull, Jimi Hendrix, Joan Baez, Leonard Cohen, Richie Havens y Hawkwind. Insuperable, sencillamente.

Según el libro Guinness de los Records, Isle Of Wight’70 ostentó durante muchísimos años el galardón de ser el festival no gratuito que congregó a una mayor cantidad de gente, que se calculó en más 600.000 personas, superando ampliamente a Woodstock’69. Pero sin embargo, llegar a poder celebrarlo, pese al éxito de las anteriores ediciones, fue toda una carrera de obstáculos para los organizadores llena de cortapisas y dificultades.

La Isla de Wight era un lugar de vacaciones muy apreciado por los británicos más pudientes y adinerados, un refugio para los amantes de la navegación de clase alta, y tanto ellos como muchos de los residentes tradicionales se mostraron sumamente incómodos ante la enorme afluencia de hippies, freaks y melenudos que llegaban a la isla en plena temporada veraniega. Alquilar unas pocas hectáreas de tierras de cultivo adecuadas para celebrar un festival de música no había sido en años anteriores más que un sencillo acuerdo comercial entre los promotores y alguno de los agricultores locales, pero en 1970 chocó con la oposición de varios comités del consejo local que fueron fuertemente presionados por las asociaciones de vecinos que se oponían al festival. A consecuencia de esta situación, los promotores al final no tuvieron más remedio que aceptar el único lugar ofrecido por las autoridades: East Afton Farm, Afton Down. Un resultado involuntario de esta ubicación fue que dado que estaba dominado por una gran colina, un número significativo de personas pudo ver el festival gratuitamente.

Pero obviamente, por lo que se recordará siempre el mítico festival de la Isla de Wight de 1970 fue por los apoteósicos conciertos que allí se pudieron vivir y por cómo significó la plataforma de lanzamiento de bandas en aquel momento casi desconocidas y que después de Wight, se convertirían en iconos absolutos del rock de la década de los 70. En aquellos días los Free de Paul Rodgers y Paul Kossoff dieron el salto a la fama absoluta merced a su histórico show en Wight. Dos de los grandes entre los grandes del rock sinfónico como Supertramp y Emerson, Lake & Palmer pusieron la primera piedra del edificio de su leyenda en este festival, merced a sus impresionantes shows, al igual que los irlandeses Taste, en los que brilló con luz propia una figura que sería todo un monstruo del hard rock en la siguiente década: Rory Gallagher.

Jethro Tull ofrecieron una actuación que el propio Ian Anderson me dijo en varias de las entrevistas que he podido hacer en persona con él que la recordaba como una de las más grandes que los Tull hicieron nunca en su historia. The Doors harían en Wight su última actuación en Europa antes de la muerte de Jim Morrison, The Who se sacaron la espina de su mala experiencia el año anterior en Woodstock haciendo una descarga de puro rock verdaderamente memorable que años más tarde quedó registrada en un magnífico álbum en vivo – The Who – Live At The Isle Of Wight 1970-, el genio del jazz de vanguardia Miles Davis sorprendió y cautivó a todo el público del rock con un concierto brillante, intenso y vibrante. Y por supuesto, quedó para la historia por ser el escenario de la última actuación en Gran Bretaña de Jimi Hendrix, pese a que no fue la mejor, ni estuvo a la misma altura de sus incendiarias y míticas descargas en Monterey y Woodstock.

Paradójicamente, uno de los eventos más multitudinarios de la historia del rock y que años más tarde generaría grandes beneficios para sus organizadores por las películas y documentales rodados allí – recomiendo muy especialmente el magnífico doble disco en directo y el video-concierto documental «Message To Love – The Isle Of Wight Festival 1970″P- les dejó prácticamente arruinados. La masiva cantidad de gente que literalmente desbordó las taquillas y controles de seguridad y que por tanto accedieron al recinto sin pagar entrada se calculó en unas 200.000 personas y hubo denuncias por parte del vecindario por supuestos destrozos causados por los asistentes al festival que les costaron cuantiosas indemnizaciones y fuertes multas por parte del gobierno local. A consecuencia de ello, Fiery Creations optó por no volver a celebrar el festival en Wight.

Con Wight’70, en cierto modo, al igual que había sucedido en Altamont con la tragedia del crimen perpetrado en pleno concierto de los Stones, murió de éxito toda una época, quizá la más legendaria de la historia del rock. Ya nada fue igual a partir de entonces, – “Ya no hubo color / se secó la flor” dijo en su canción “Generación Límite” Miguel Ríos- aunque al menos, siempre nos quedan grandes discos y documentales para conocer, recordar y revivir aquellos inolvidables días del verano crepuscular de 1970.

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* Nota original del diario “La Región”

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