“Incluso desde un punto de vista personal, el arte es vida sublimada. Engendra una dicha mayor, pero a la vez consume con mayor rapidez. Graba en el rostro de su servidor las huellas de aventuras imaginarias y espirituales, e incluso cuando la vida externa se desliza en medio de una paz monástica, produce a la larga un mimo, un refinamiento exagerado, un cansancio y una curiosidad de los nervios tales como una vida repleta de pasiones y goces libertinos que difícilmente sería capaz de producir…”
Thomas Mann, La muerte en Venecia

“Dile a Serret que a mí me desesperaría que mis figuras fueran exactas; dile que no las quiero correctas desde un punto de vista académico. Dile que si fotografiara a un cavador, la verdad es que no cavaría. Dile que encuentro admirables las figuras de Miguel Ángel, aunque las piernas sean decididamente demasiado largas, los muslos gruesos y las caderas demasiado anchas. Dile que, a mis ojos, Mollet y Lhermitte son por ello verdaderos pintores, porque no pintan las cosas como son, de acuerdo con un análisis árido y rebuscado, sino como ellos, Mollet, Lhermitte y Miguel Ángel, las sienten.Dile que mi gran anhelo es conseguir pintar tales inexactitudes, tales anomalías, tales modificaciones, tales cambios de la realidad para que salgan, ¿por qué no?, mentiras si se quiere, pero más verdaderas que la verdad literal.Expresar al campesino en su acción: he aquí, lo repito, lo que es esencialmente moderno, el corazón mismo del arte moderno; aquello que no hicieron ni los griegos, ni el Renacimiento, ni los antiguos holandeses”.
Vincent Van Gogh, Cartas a Theo

Las primeras manifestaciones artísticas coinciden con la aparición de las primeras formas de organización social. Si el tabú del incesto señala el tránsito de la naturaleza a la cultura, el arte pone de manifiesto la dimensión estética del ser humano, que no se conforma con la mera supervivencia. Se ha especulado mucho sobre cuál es el impulso dominante de nuestra especie. Es imposible determinar si ese papel corresponde a la voluntad de poder (Nietzsche), el instinto sexual (Freud) o el anhelo de trascendencia (Zubiri), pero todo indica que el ser humano ha perdido la espontaneidad de las otras especies. Sus actos ya no obedecen a patrones fijos de conducta, determinados por la herencia biológica, sino que reflejan una preocupación ética y estética. Estas inquietudes nacen de la necesidad de hallar un sentido a las cosas. La plasticidad de nuestro cerebro explica la creatividad de nuestra mente, que no cesa de elaborar teorías para explicar su entorno. El hombre no se limita a habitar la realidad, sino que necesita recrearla y comprenderla.

Sabater Pi observó en los chimpancés una rudimentaria sensibilidad estética, que se plasmaba en la composición de ciertas simetrías con ramas, hojas o piedras. La neurología afirma que el cerebro humano también obtiene placer con la simetría, pero la pintura dadaísta o la música dodecafónica cuestionan esta teoría. Desde sus inicios, el arte o la música son algo más que proporción, equilibrio o armonía. La desproporción, lo monstruoso o la disonancia son formas de expresión artística que revelan el trasfondo simbólico, filosófico o religioso de la actividad creadora. La vieja polémica entre fondo y forma sólo evidencia una profunda incomprensión del fenómeno artístico. La forma siempre es solidaria e indisociable del fondo. Sin una elaboración formal, no hay arte, pero eso no significa que el arte sólo sea forma. Ni siquiera la música es pura forma. Los últimos lieder de Schubert expresan la intuición de la muerte y la novena sinfonía de Beethoven constituye un canto a la fraternidad universal.

En sus inicios, el arte se confunde con el mito. Situadas en lugares inaccesibles, las pinturas rupestres no fueron concebidas para su contemplación, sino para cumplir una imprecisa función religiosa. Al igual que la poesía, el arte evocaba los orígenes míticos de la comunidad, promoviendo su cohesión. Esta circunstancia explica que las obras no se firmaran. El arte era algo impersonal: la expresión de una colectividad. Hasta el Renacimiento, no surgiría la figura del artista. Ya en el Romanticismo, la creación se asociaría el genio, a las grandes personalidades, como Goethe, Byron o Beethoven. En nuestros días, el artista es un inadaptado o un empresario que explota su nombre como una marca comercial. Hace unos años, se hablaba de la muerte del arte, pero el arte ha continuado produciendo obras. Es difícil imaginar un futuro sin manifestaciones artísticas. El arte no es un fenómeno coyuntural, sino un impulso elemental de la condición humana.

* Into The Wild Union

Imagen: La Mort de Marat, obra de Jacques-Louis David

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