Pedro Casas*. LQS. Octubre 2018

¿Qué queda de Ahora Madrid y de Ganemos Madrid?

El origen de la candidatura de Ahora Madrid se puede remontar hasta donde queramos, como inspiración, etc. (las transformaciones del 15M entre otras referencias), pero su origen concreto está en el proceso que fueron capaces de iniciar personas y colectivos relacionados con ciertos espacios que se reclaman del municipalismo en Madrid en 2014. El anuncio de la creación en Barcelona de Guanyem Barcelona tiene su eco por aquí con el nombre de Ganemos Madrid (GM), que empieza a convocar de manera abierta y participativa plenarios y grupos de elaboración de lo que podría ser un programa electoral municipal.

A la llamada acuden personas, a título individual o vinculadas a movimientos sociales, y partidos políticos como IU o EQUO. Desde la recuperación de las elecciones democráticas, no había sucedido un proceso abierto y participativo como el que se llevó a cabo, creando fórmulas originales para que la participación de los partidos políticos, ni los desdibujara, ni les permitieran hacerse con las riendas. De esta manera Ganemos Madrid queda configurado como una amalgama ingeniosa de procedentes de diversas culturas, organizaciones y personas a título individual y colectivo.

Podemos irrumpe con fuerza mediática y electoral en 2014, y decide evitarse posibles casos de corrupción en candidaturas municipales que pudieran ensuciar su convencido “asalto a los cielos”. Eso supone no presentarse como partido a las elecciones municipales, pero sí en candidaturas de confluencia, que le permitieran participar del poder sin coste. Esa decisión les llevó en el caso de Madrid a un matrimonio de conveniencia con Ganemos, creando el partido instrumental Ahora Madrid (AM). Ganemos, que entonces controlaba todo el proceso (Podemos no participaba y sólo observaba desde fuera), se dejó deslumbrar por la deseada aportación de votos de Podemos, y le concedió la capacidad de bloqueo (todo se decidiría por consenso o decisión, al 50%), sin valorar que la renuncia de Podemos a presentarse por su cuenta le obligaba a juntarse con alguien, sin disponer por ello de mucho margen de maniobra. Ganemos consiguió mantener las líneas generales del programa elaborado de manera participativa, y unas primarias reales, a pesar de las reticencias iniciales de Podemos. Pero el futuro quedaba hipotecado, como así sucedió.

Ahora Madrid sólo fue capaz de elaborar unos protocolos para elección abierta de sus vocales vecinales de distrito, y poco más, ya que las mesas de coordinación, tanto municipal como de distrito quedaron bloqueadas desde el primer momento por voluntad de Podemos, cuyos aparatos cada vez más centralizados no querían compartir poder con otros agentes, sea AM, o GM. La organización de AM no llegó a existir, ya que Podemos prefería tener mecanismos en la sombra de relación con la gestión del poder municipal, EQUO hizo otro tanto parapetado en su macro área de gobierno y muchos cuadros que dieron su salto a la institución se olvidaron de quien les posibilitó el paso, separándose todos ellos de las bases que les habían aupado. IU optó por jugar en todos los tableros, compatibilizando pactos estatales con Podemos, con participación en espacios municipalistas, como GM, que le hacían posicionarse en momentos concretos de manera crítica con las decisiones que marcaba la dirección política de la alcaldesa y su equipo.

AM nunca llegó a ser lo que suponía debía ser, la estructura de alimentación y dirección política de la gestión en el Ayuntamiento de Madrid y sus distritos, incapaz siquiera de gestionar sus propios dineros. La alcaldesa Manuela Carmena deslegitimó a Ahora Madrid desde su inicio con sus dos emblemáticas decisiones de no participar en la Mesa de coordinación, y de relegar al programa a una mera referencia en lugar de un contrato con la ciudadanía de obligado cumplimiento. Y el pasado 10 de septiembre le dio la puntilla al anunciar que se presentaría con una agrupación de electores.

La gestión llevada a cabo por el equipo de gobierno de Ahora Madrid en estos tres años y medio es más decepcionante que ilusionante. Es verdad que el frenazo a la derecha ha podido paralizar o suavizar algunas de las políticas más agresivas en marcha o por venir; se han materializado gestos en el capítulo de memoria histórica y en la lucha contra la contaminación; ha desaparecido o disminuido la corrupción; se ha fomentado la participación, aunque de manera superficial, etc. Pero junto a estos aspectos, se han mantenido desarrollos urbanísticos especulativos; no se ha avanzado en políticas de vivienda e incluso el ayuntamiento ha desahuciado familias; no se ha descentralizado el ayuntamiento; se han mantenido y renovado las privatizaciones de los servicios públicos; en lugar de auditar la deuda se ha incrementado el pago a los bancos; se ha mantenido y reforzado el carácter vertical y antidemocrático de las estructuras municipales.

Mientras tanto, Ganemos Madrid ha ido perdiendo efectivos por el camino: unos al colocarse en la institución, y otros ligados a los colectivos y movimientos que le dieron impulso, y que han ido alejándose cada vez más, decepcionados con la desnaturalización del proyecto. En lo organizativo pocas estructuras de distrito se mantienen, y ninguna sectorial, reduciéndose a una coordinadora que lleva propuestas a la mesa de coordinación con Podemos (con nulo resultado) y de vez en cuando emite un comunicado criticando alguna decisión del gobierno municipal. Al menos se ha mantenido alguna relación fluida con concejales que se reclaman de este espacio, pero poco más.

La debilidad actual de Ganemos Madrid es la base de su incapacidad para tener iniciativa alguna, a la espera de conocer las decisiones de otros, en particular IU, que si se mantiene de manera hegemónica en este espacio no es porque sea su apuesta estratégica, sino porque le puede servir de flotador en una hipotética negociación electoral de la que ahora parece haberse quedado fuera.

Descritas así las cosas, esperando haber sido riguroso en el análisis (aunque ya sé que no a todas y todos gustará), cabe hacer balance concreto de la situación para ver qué se puede hacer, desde una perspectiva municipalista, para que la corriente social que un día fue capaz de visibilizarse también en las instituciones, pueda mantenerse, por minoritaria que fuera, al servicio de los movimientos transformadores.

A los movimientos sociales que tenemos claro que las transformaciones se consiguen y mantienen en la calle, nos ayuda tener gente en las instituciones, para facilitar información, poner los medios públicos al servicio del pueblo, y ser altavoz mediático de las reivindicaciones. Esta relación contradictoria entre la calle y la institución es muy positiva cuando funciona y es impulsada y dirigida desde los movimientos (no al revés).

Por eso pienso que merece la pena intentar mantener la visibilidad institucional de un proyecto transformador municipalista, que base su proyecto más en los contenidos de lo que quiere para Madrid y las formas de gobernar y relacionarse con las y los vecinos, por encima de otras cuestiones como las primarias (al menos de momento). ¿Cómo? Veamos qué hay.

Ahora Madrid es una referencia electoral ganadora en Madrid, y que goza de prestigio entre amplias capas electorales de la ciudad. Tiene (tenía) un programa electoral atractivo, que no ha sido cumplido en aspectos importantes por la comodidad de plegarse a los poderes económicos y mediáticos. Y es (era) una referencia unitaria de la izquierda, algo que ya sabemos lo difícil que es crear y lo fácil que es destruir, como así ha ocurrido por obra y gracia de la alcaldesa y sus seguidores (y luego harán llamadas a la unidad: al tiempo). Por esta voladura irreversible, y por el desprestigio acumulado en estos años de incumplimientos, AM pertenece a la historia, sin futuro ninguno.

Ganemos Madrid ha mantenido el tipo de alguna manera en su proyecto de transformación real de la ciudad, sobre todo por la coherencia que han tenido algunas concejales, y por ciertos comunicados emitidos, aunque sin base social que los apoyase. Hoy ha perdido su organización, la vinculación con los movimientos que lo catapultaron y su autonomía. Sería muy difícil, aunque no imposible, recuperar los dos primeros, pero su falta de autonomía, en particular respecto de IU, le hace incapaz de una tarea que, de conseguirlo, evitaría partir de nuevo totalmente de cero.

Intentemos una candidatura municipalista, radical, asamblearia, que aun siendo posiblemente minoritaria, puede ejercer mucha influencia en el devenir de esta ciudad y sus vecinas y vecinos.

Conocemos el riesgo del contagio institucional, epidemia ya muy bien diagnosticada y poco combatida; pero existen otros riesgos tan peligrosos o más, como el aislamiento social o la renuncia a influir para que la trasformación llegue a todos los barrios de la ciudad, no sólo en nuestro pequeño círculo de incondicionales.

Una vez más nada hay que perder y sí mucho que ganar o mantener.

* Activista social. Miembro de la asamblea de redacción de LoQueSomos
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