La mirada de Ulises

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez. LQSomos.

Sí existe una película que rezuma el sentimiento de derrota que siguió la “caída del comunismo” es esta, obra de Theo Angelopoulus, seguramente su mejor película.

Un cineasta griego regresa a su ciudad natal para emprender un viaje en busca de tres bobinas sin revelar que contienen la mirada inocente de los pioneros del cine griego, la primera mirada. Se trata pues de un viaje a los orígenes del cine.

Durante el viaje Theo retrata poéticamente la vieja Europa, congelándola con símbolos concretos de su presente desmembración. En la cinta aparecen referencias concretas a La Odisea de Homero, un arquetipo omnipresente en la narración cinematográfica. Por ejemplo, en la película una voz pregunta ¿Quién es? y desde el barco en el cual viaja una estatua de Lenin, responden «nadie».

En el canto IX de la Odisea podemos leer «¡Cíclope! Preguntas cual es mi nombre ilustre y voy a decírtelo, pero dame el presente de hospitalidad que me has prometido. Mi nombre es Nadie; y Nadie me llaman mi madre, mi padre y mis compañeros todos».

Otra similitud en el personaje de Theo Angelopoulos, es la llegada a su ciudad natal después de haber pasado un tiempo en el exilio. Su última película se proyecta sobre las fachadas de los edificios y eso ha dividido a la ciudad. Pero esa ciudad no es la Ítaca que Angelopoulos busca.

En este relato, Ítaca se ve representada por tres bobinas de negativo aún sin revelar que el protagonista buscará a lo largo del metraje de la película. Dar luz a esa primera mirada del cine griego es la meta del protagonista; pero, como en la Odisea de Homero, más importante incluso que llegar a Ítaca (revelar las tres bobinas) es el viaje que eso conlleva. Angelopoulos busca esa primera mirada por los territorios de la antigua Grecia, mostrando la desmembración y los conflictos de la Europa del Este a lo largo de la década de los noventa.

En esta libre reconstrucción de la Odisea, debemos prestar atención al papel que juegan las mujeres. En la película de Angelopoulos, Penélope, Circe, Calipso y Nausícaa se ven representadas por la misma actriz (Maïa Morgenstein).

Otra referencia muy clara al poema épico de Homero es el uso de la niebla. Homero usa la niebla para que, al llegar a Ítaca, Ulises no pueda reconocer la ciudad que le vio nacer. En La mirada de Ulises, la niebla aparece también justo antes de que los químicos revelen el negativo de las tres bobinas.

Detengámonos en una secuencia que podríamos considerar como metáfora de la búsqueda de la identidad y de sus paradojas. El primero se corresponde con el pasaje de Polifemo en la Odisea homérica. Keitel acaba de despertar, después de su nekyia. Su compañera de viaje y amante recién consumada es una trabajadora de la filmoteca de Skopje. Se despide de ella en medio del llanto y parte en una embarcación. “¿Le interesa? Odessa, Constanza, el Danubio y Alemania. Para un coleccionista”, dice el capataz.
Transportan la gigantesca estatua de Lenin desmontada en pedazos para venderla a un coleccionista particular. Keitel se embarca agarrado a la baranda del navío que se aventura a través del Danubio con el cadáver simbólico e histórico de Lenin y del comunismo, marmóreo, silencioso, inmutable. Los habitantes de la riera del río corren siguiendo al ídolo desmembrado, se santiguan, prestándole una paradójica reverencia al símbolo caído de un comunismo que solamente existió en el imaginario de las personas que soñaban con un mundo nuevo.

La “ficha

To Vlemma tou Odyssea (Ulysses’ Gaze). La mirada de Ulises.
Año: 1995. Duración: 176 min. País: Grecia
Reparto: Harvey Keitel, Maia Morgenstern, Erland Josephson, Giorgos Konstas, Dora Volanki, Alekos Udinotis, Thanassis Vengos, Thanos Grammenos, Mania Papadimitriou, Angel Ivanov, Ljuba Tadic, Yorgos Michalakopoulos
Dirección: Theo Angelopoulos. Guion: Tonino Guerra, Theo Angelopoulos, Petros Markaris. Música: Eleni Karaindrou. Fotografía: Giorgos Arvanitis

Un cineasta griego, exiliado en los Estados Unidos, regresa a su ciudad natal para emprender un apasionante viaje. De Albania a Macedonia, de Bucarest a Constanza (Rumanía), a través del Danubio hasta Belgrado y por fin a Sarajevo. En su camino se cruza con su propia historia, con el pasado de los Balcanes, con las mujeres que podría amar. Espera recobrar con estas imágenes olvidadas la inocencia de la primera mirada..

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