Iñaki AlRui*. LQSomos. Noviembre 2017

“Tolerancia cero contra la radicalidad venga de donde venga…”. Esta frase la usaba varias veces el Ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, en su comparecencia en el Congreso del pasado miércoles 29 de noviembre.

Según el diccionario de la RAE, institución que, dicen, cuida el lenguaje, cosa que cada vez ponemos más en duda teniendo en cuenta las últimas acepciones de ciertos “palabros”, convertida, como todas las Reales Academias, en poltrona acomodaticia para fieles servidores del régimen, a los que llegan a llamar intelectuales… ¡Perdón! ¡me pierdo!, volvamos a “Radicalidad” la palabra que nos remite a “Radical”:

Del lat. tardío radicālis, y este der. del lat. radix, -īcis ‘raíz’.
1. adj. Perteneciente o relativo a la raíz.
2. adj. Fundamental o esencial.
3. adj. Total o completo. Cambio radical.
4. adj. Partidario de reformas extremas. U. t. c. s.
5. adj. Extremoso, tajante, intransigente.
6. adj. Bot. Dicho de cualquier parte de una planta: Que nace inmediatamente de la raíz. Hoja, tallo radical.
7. adj. Gram. Perteneciente o relativo a las raíces (‖ de las palabras).
8. adj. Gram. Dicho de un segmento morfológico: Que constituye la raíz de la palabra. U. m. c. s. m.
9. adj. Mat. Dicho de un signo (√): Que indica la operación de extraer raíces. U. t. c. s. m.
10. m. Quím. Agrupamiento de átomos que interviene como una unidad en un compuesto químico y pasa inalterado de unas combinaciones a otras.
húmedo radical

En estos casos en que las palabras pueden dar a entender muchas cosas, lo mejor es irse al origen:

Radicālis. Perteneciente o relativo a la raíz
Radix. Del griego antiguo ῥάδιξ (radiks, “rama”) y esta del protoindoeuropeo*wréh₂d-ih₂-s: Raíz.

Dicho esto, sin pedantería alguna, resulta que ser radical es buscar la raíz, verdad, compromiso, honradez, de principio a fin.
Estas declaraciones, tan en su habitual línea de meter todo en un mismo saco que previamente ha fabricado a conveniencia, las hacía el ministro ante el pleno para responder a una pregunta sobre el aumento de las actitudes violentas de la extrema derecha en las calles.

Soltó, además, alguna otra perla: “Al Gobierno le preocupa enormemente cualquier aumento de la violencia, venga de donde venga (…) Se han detectado tres nuevos grupos de extrema derecha mientras que han sido detectados seis nuevos grupos de la extrema izquierda”.

Sobre la violencia ultra desatada en Valencia y Barcelona, declaró que son “hechos puntuales”. (Si Ortega y Gasset decía “yo soy yo y mis circunstancias”, el gobierno del PP parece decir de sí mismo: “yo soy yo y mis hechos puntuales”.)

En fin, estamos acostumbrados a este tipo de declaraciones en las que no se responde sobre la violencia fascista y se la minimiza. No es nuevo. Sin remontarnos más atrás, todos los crímenes de la Transición, por ejemplo, quedaron impunes y aquellos casos, estos sí puntuales, en que los fascistas asesinos fueron juzgados y su culpabilidad quedó demostrada, salieron libres de una forma u otra…

No es sorprendente que el ministro diga que no hay fascismo en el estado español, siendo quien es. El gobierno alimenta la violencia ultraderechista en las calles con su discurso negacionista y sus estímulos políticos (y económicos). Utiliza esta violencia con dos objetivos inmediatos: como vanguardia callejera de amenaza contra el pueblo; y para conseguir, por contraste, reforzar su retórica y su publirreportaje de centralidad democrática.

Los fascistas están maltratando, amenazando, golpeando con mucha fuerza en los últimos meses, ensoberbecidos y crecidos por la campaña de “España, España, España”. Perciben, no hace falta ser inteligente para eso, que ha vuelto la barra libre (grande y una) de los años del franquismo y de la transición al neofranquismo. Los datos están ahí, en la hemeroteca, en los nada sospechosos mass-media: manifestación “ultra” en Zaragoza ante una asamblea de cargos públicos (por cierto con funcionarios de Interior), incidentes “ultras” en Catalunya el 12 de octubre, agresiones en Valencia en la manifestación del 9 de octubre… Y en las redes sociales, de todo y a todas horas: fascismo puro y duro, a la ofensiva, amparado en la impunidad. Policías que enaltecen el nazismo y sus genocidios, y quieren meter a “rojos” e inmigrantes en cámaras de gas… Nos enteramos de ello porque se dirigían a una persona famosa. Si no hubiera sido así, habría quedado, una vez más, como una amenaza perdida, real, aterradora, pero oficialmente inexistente.

Señor Zoido, usted sabe que ser radical no tiene nada que ver con nazi-fascismo. Ser radical es defender la raíz de las ideas, de los principios, ser sincero con lo que se piensa, honrado, ético. Por eso a usted no le gustan los radicales. Y cuando usted añade la coletilla “…y no vamos a permitir ningún tipo de radicalidad”, sabemos perfectamente a qué se refiere, conocemos el día a día de todas las procesadas y criminalizadas por su “radicalidad” en la opinión, por su “radicalidad” en la defensa de los Derechos Humanos, de l@s emigrantes, de l@s excluidos, la “radicalidad” en la defensa de la libertad, de un futuro mejor. Somos radicales, y a mucha honra.

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