Redacción. LQS. Febrero 2019

Con la liberación de Francia de la ocupación nazi, “L’Humanité” se convirtió en el primer periódico del país, ya que, como premio a la resistencia de los comunistas durante la ocupación, el Gobierno les dio preferencia en el acceso al papel en un momento de gran escasez

El rotativo fundado por el líder socialista Jean Jaurès en 1904 no tiene asegurada su supervivencia hasta el 18 de abril, fecha de su aniversario, lo que pone en peligro a uno de los últimos grandes periódicos comunistas de Europa occidental.

Asolado por las deudas y en caída libre de lectores, el periódico declaró el último jueves la suspensión de pagos y fue puesto bajo control de un administrador judicial, una espada de Damocles para uno de los tres diarios centenarios de Francia junto al decano, “Le Figaro”, y el católico “La Croix”.

La cabecera por excelencia del movimiento obrero en Francia viene subsistiendo a duras penas gracias a las ayudas estatales.

Ningún presidente francés quería la mácula de ver desaparecer el histórico diario y, por ello, lo mantenían con respiración artificial.

Con una tirada de apenas 30,000 ejemplares, los últimos años se convirtieron en una pelea permanente por la supervivencia.

“Su historia está ligada a la del Partido Comunista de Francia”, explica el historiador de prensa Patrick Eveno.

“L’Huma”, como se le conoce en Francia, fue obra de Jaurès, fundador del Partido Socialista, pero, cuando en 1920 se produjo la escisión con los comunistas, fueron estos quienes se quedaron con la cabecera.

“Siempre ha sido un diario de gran celebridad, pero con pocos lectores”, asegura Eveno, quien recuerda que en tiempos de su fundador, asesinado en 1914, apenas vendía 80,000 ejemplares cuando otros rotativos tiraban un millón.

Desde su adscripción al Partido Comunista, su línea editorial fue de la mano de las diferentes tendencias que dominaron el mismo, “en muchas etapas dictadas directamente desde Moscú”, según el estudioso.

Los años 30 fueron los de su esplendor, convertido en referente de la lucha contra los fascismos en Europa, a los que siguió la clandestinidad durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), cuando bajo el régimen de Vichy logró sacar 317 números, a pesar del veto del poder.

Con la liberación de Francia de la ocupación nazi, “L’Humanité” se convirtió en el primer periódico del país, ya que, como premio a la resistencia de los comunistas durante la ocupación, el Gobierno les dio preferencia en el acceso al papel en un momento de gran escasez.

Pero en los años 50 comenzó una decadencia sostenida. “El diario quedó totalmente vinculado a la Unión Soviética, tanto en su línea editorial como en su financiación”, señala Eveno.

Opuesto a la guerra de Argelia, volvió a tener problemas con el poder y vivió otros “años de plomo”, con 205 causas judiciales abiertas en su contra.

La “perestroika” (la reestructuración emprendida en 1985 por el entonces líder soviético Mijaíl Gorbachov) cortó el cordón umbilical con Moscú y el diario comenzó a depender de las ayudas del Estado francés, que suponen un tercio de sus ingresos, según el historiador.

Eveno reconoce que es un rotativo de mucha carga ideológica, pero que “siempre ha tenido muy buenos reportajes sobre el mundo obrero”.

A lo largo de sus más de cien años de historia, en sus páginas han dejado huella los principales intelectuales de la izquierda francesa.

El 31 de julio de 1914, al término de una cena con sus compañeros de “L’Humanité”, Jaurès ultimaba un editorial con tono pacifista en un céntrico café de París, cuando el radical nacionalista Raoul Villain disparó dos veces con su revolver y le asesinó.

El poeta Louis Aragon dirigió durante años su suplemento literario, Pablo Picasso dibujó en varios números y Paul Eluard escribió también en sus páginas.

Desde 1994, “L’Humanité” dejó de ser órgano central del Partido Comunista de Francia (PCF) y cinco años más tarde rompió su vinculación con esa formación, aunque nunca dejaron de depender el uno del otro.

“Un nexo letal para el diario porque su declive coincide con que apenas quedan ya votantes comunistas”, indica Eveno.

La ruptura oficial se tradujo en que la hoz y el martillo desaparecieron de su cabecera, pero eso no implicó que el diario siguiera siendo el de la clase obrera y diera su nombre a la fiesta que anualmente organiza el PCF.

L’Humanité

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