Los millonarios espaciales y sus Juegos Olímpicos en Marte

Por José Luis Lanao*. LQSomos.

Ahora Bezos acaba de manifestar que se quiere llevar al espacio a algunas figuras relevantes de los Juegos Olímpicos…

Se quieren ir. Ya lo tienen decidido. En realidad ya se han ido. Lo han disfrazado de viajes turísticos espaciales para millonarios. Este mundo ya no les interesa. Demasiados impuestos, demasiadas regulaciones, demasiadas agresiones a la “libertad individual”. Buscan un suelo deshabitado. Para parcelar. A su gusto. Sin vicios colectivos. Un apacible paraíso fiscal interestelar donde descansar. Un refugio galáctico donde protegerse de tanto gasto público, de tanto subsidio desaprensivo, de tanto despido remunerado. Un desierto, desierto de derechos.

Hace unos días, Jeff Bezos se fue a “gravitar” por el espacio exterior como quien se va a comprar el pan. Necesitaba ver las cosas desde otra perspectiva. En su persistencia por ver la Tierra como un hueso de aceituna le ha nacido un sentimiento nuevo de liberación. Una llamada mística de neoliberalismo cósmico. Allá abajo -en ese hueso de aceituna tan exprimido- sus ex trabajadores de Amazon “gravitan” en la difícil creación de un sindicato y de unos derechos mínimos negados, sistemáticamente, por el ex magnate. Paradojas de gente rica. De cósmicos viajeros multimillonarios que viajan poco al centro del corazón humano.

“Wall Street no construyó este país, la clase media construyó este país, y los sindicatos construyeron la clase media. Por eso pido al Congreso que apruebe la ley de Protección del Derecho de Organización y podamos apoyar el derecho a sindicalizarse”, declaraba hace unos meses Biden, ese reconvertido “bolivariano” tan alejado del ex presidente con aire de bebé con sobrepeso, siempre enfadado. Es el dinero que no escucha.

Ahora Bezos acaba de manifestar que se quiere llevar al espacio a algunas figuras relevantes de los Juegos Olímpicos. Sus preferencias están puestas en el plusmarquista de natación Caeleb Dressel y en la velocista Elaine Thompson-Herah, pero se barajan otros nombres: Armand Duplantis, Jacobs, Luka Doncic, Simone Biles. Se quedan en tierra, lógicamente, el cubano Julio la Cruz, al grito de “patria o muerte, venceremos”, y la gacela venezolana Yulimar Rojas. La oferta no es una tontería. Hay que tener cuidado. El millonario espacial te planta en Marte unos Juegos Olímpicos sin IVA en un abrir y cerrar de ojos.

Pues que se vayan. Que nos dejen en paz. Que se edifiquen un mundo nuevo. Que se lleven sus Bancos “Mundiales”, sus “fondosmonetarios”, su Consenso de Washington. Que se lleven sus multinacionales disfrazadas de instituciones deportivas asépticas, y esa “gimnasia rítmica” financiera tan propensa al desasosiego. Que nos dejen empezar de nuevo. Sin los errores del pasado. Desde la tierra mojada. Desde el grano, la semilla, el agua fresca sin privatizar. Para arrancar de nuevo. Desde la pobreza limpia, austera, de camisa blanca, recién planchada, como única pertenencia, como única belleza del mundo por conquistar.

* Ex jugador del Club Atlético Vélez Sarsfield, campeón Mundial Juvenil 1979. Nota original del diario argentino Página 12

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