Persiguiendo a Los Pistones…los brillos perdidos de los Ochenta

pistones2-copiaUrania Berlín*. LQSomos. Octubre 2014

Con toda probabilidad el álbum Persecución (1984), del grupo madrileño Los Pistones sea, para el que suscribe, uno de los mejores discos de pop-rock de la historia que se han hecho en este país. O, al menos, debería figurar, necesariamente, entre los cinco primeros. Eran tiempos, los años 80 del siglo XX, en los que la incipiente movida, esa cosa denostada, pateada, endiosada, divertida, con rasgos de genialidad, hortera, intrascendente y vete tú a saber cuantas cosas más… (movida promovida por los ayuntamientos, que dirían aquellos vivillos llamados The Refrescos) dio un impulso decisivo, se pongan como se pongan sus detractores, a la creatividad musical en el hasta entonces tosco, melifluo, mediocre, en definitiva, tirando a baboso panorama musical de este país. Aparecieron LP’s y canciones para darles perdigonazos a mansalva, eso es cierto, pero también otros como este Persecución, simplemente brillante en todos los aspectos y poros musicales, tanto a nivel de letras como de una bien matizada y casi diría que elegante musicalidad.

Y cómo no, LP (el cd estaba todavía en “cueros”) excelentemente grabado (parte del disco se hizo en Londres), de una transparencia sonora insólita para la época, donde el sonido “garaje” denso, sucio…opaco, solía ser la tónica dominante de algunos de los grupos que grababan con las discográficas digamos “alternativas”. Bien es cierto que los Pistones tuvieron la fortuna (o desdicha) de fichar por una multinacional como Ariola. Digo desdicha, porque fue grabar este Persecución y desaparecer el grupo prácticamente del planeta musical español. Era el peaje a pagar por ser tributario del mercantilismo que sólo busca resultados monetarios a corto plazo. Aunque también hubo una rémora importante. Y es que la llamada justamente “puta” mili obligatoria que se estilaba entonces (la que muchos tuvimos que pasar por pelotas), de Ricardo Chirinos, voz solista, perjudicó al grupo y mucho, definitivamente, en su devenir artístico.

Así pues, Pistones nos dejaron para el recuerdo un puñado de canciones imperdurables, nada rebuscadas, sino más bien directas, auténticas y con una pátina de esplendor sonoro casi siempre.
Tanto como la enérgica, pesimista y desesperadamente agónica Metadona, extraordinario retrato de esa huida hacia adelante que es (y era el azote de aquella época) el mundo de la droga..

Pasando por la grandiosa, emotiva y agradablemente nostálgica Lo que quieras oír, dedicada a la gran actriz del cine clásico Gloria Swanson…

El discurso musical en este Persecución fluye sin fisuras y nada es superficial. Canciones como Nadie, de contagiante y demoledora frescura rítmica donde se oyen los ecos del War de U2, es un acopio de sonoridad apabullante. A ello contribuye, de nuevo, la épica y rutilante voz de Ricardo Chirinos y los naturales a la vez que envolventes acordes del gran bajista Juan Luis Ambite. En Mientes el resultado es también de altísimo nivel, con la presencia apabullante del dúo Chirinos-Ambite. La breve Flores condenadas es resuelta con la misma elocuencia que las anteriores: poderío sonoro, vivacidad y un sentido inigualable del ritmo…

La más conocida de todas (y la más programada en las radiofórmulas) fue El Pistolero, quizás la menos interesante a nivel compositivo -letra-, pero a nivel musical no podía estar más inspirada. Un disco, Persecución, para disfrutar ahora y siempre…

* Urania en Berlín

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