Perú: ¿Puede llegar la izquierda al gobierno?

Oscar Laborde*. LQS. Mayo 2021

El surgimiento de Castillo no sólo se relaciona con el hartazgo de la sociedad peruana con la clase política. También es una señal al progresismo que no está representando a una parte de la población, víctima de la marginación y la pobreza, y quedó enfocado principalmente en las reivindicaciones de las clases medias acomodadas de las urbes

El Partido Perú Libre y su candidato Pedro Castillo, un candidato, que se reivindica claramente de izquierda pueden ganar en las elecciones del 6 de junio cuando se produzca la segunda vuelta. Así lo marcan todas las encuestas.

Pero ¿Quién es Pedro Castillo que encabezo los resultados en la primera vuelta con un 19% de los votos? Un desconocido para parte de la población de Lima y sobre todo ignorado por el periodismo, a tal punto que cuando apareció en primer lugar en los resultados de boca de urna, los canales no tenían, en un primer momento, una foto suya para poner junto al porcentaje de votos obtenidos. Maestro rural, un hombre de Cajamarca, pueblo enclavado en los Andes peruanos, un lugar muy humilde, distanciado de los centros de poder. Pero Castillo tuvo un momento de gran protagonismo cuando encabezó una huelga de maestros al margen de la conducción del sindicato. Entre los principales reclamos estuvieron el aumento de remuneraciones, el pago de la deuda social, la derogatoria de la Ley de la Carrera Pública Magisterial y el incremento del presupuesto en el sector Educación.

La huelga afectó a un millón y medio de estudiantes de la educación pública y fue acatada por la gran mayoría de los maestros. La razón principal de esta masividad fue que las bases del gremio no se consideraban debidamente representadas, ni por su sindicato nacional, ni por sus secciones regionales, ya que todas estaban bajo el control de Patria Roja, partido político de izquierda que, lejos de su prédica marxista leninista, era acusado por los maestros sindicalistas como vende huelga y cómplice de los gobiernos de derecha. De aquella época viene la confrontación de Castillo con el maoismo peruano.

No fue triunfante aquella huelga, pero sí quedó marcada la idea de que hay otro Perú ignorado, incluso por la izquierda, y que Castillo lo representa. Su partido se autodefine como de izquierda y mariateguista, referenciado a quien fuera jefe del Partido Comunista del Perú, que planteara a comienzos del siglo XX la necesidad de ver el marxismo con ojos latinoamericanos. Idea que luego plantearon Methol Ferre y Manuel Ugarte. Tuvo participación activa en las rondas campesinas, una organización surgida de modo autónomo en las zonas rurales del Perú a mediados de los ’70, creadas para la autodefensa popular ante la ausencia del estado.

Se enfrenta a Keiko Fujimori, que llega por tercera vez a una segunda vuelta, derrotada en las dos ocasiones anteriores. Detrás, quedaron varios candidatos del establishment y de la centroizquierda, con una evidente dispersión del voto producto del malestar con toda la representación política tradicional. Su apellido lo dice todo: hija del que fue dictador, que está preso por corrupto, es la representación de una derecha fascista que gobernó el Perú. Y que tiene un planteamiento abiertamente neoliberal en lo económico y represivo en lo social, además de prometer que indultará a su padre si llega a la presidencia.

El surgimiento de Castillo no sólo se relaciona con el hartazgo de la sociedad peruana con la clase política (recordemos que los últimos presidentes están o estuvieron presos o se suicidaron antes, como Alan García). También es una señal al progresismo que no está representando a una parte de la población, víctima de la marginación y la pobreza, y quedó enfocado principalmente en las reivindicaciones de las clases medias acomodadas de las urbes. Sucedió parcialmente en Ecuador en las últimas elecciones y en la primera vuelta en Perú. La centroizquierda deberá posturas, prioridades y alianzas si quiere ser protagonista en la política y las elecciones en nuestra región.

Castillo puede ganar. Para hacer un gobierno de mayorías deberá corregir algunas falencias en su planteo, como la falta de una agenda de género y la defensa de otros derechos. Le será difícil sostener sus tres principales puntos de campaña: 1) revertir rápidamente la crítica situación de los sectores más humildes. 2) cuidar los recursos naturales que padecen un extractivismo brutal. 3) producir una reforma de la Constitución y dejar atrás la impuesta por Fujimori en los 90.

Tareas complejas, sobre todo por el poder de los grandes grupos económicos. De cualquier manera será preferible para el pueblo peruano lidiar con esos problemas y no tener que soportar nuevamente a una derecha fascista y neoliberal.

* Presidente del Observatorio de la Democracia del PARLASUR. Tiempo Argentino

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