Presas del olvido: Danza de las palabras

Cristina Ridruejo / Iñaki Alrui*. LQSomos. Diciembre 2018

Trenzas en movimiento sobre la historia reciente de lo que fue la larga noche del franquismo y reivindicación de la palabra mujer, mujeres

Escritos contra el olvido

Tomasa Cuevas, una vida llena de cárcel, represión, lucha y utopías. En los años setenta, magnetofón de antaño en mano, se recorrió la península en busca de compañeras presas y recogió su testimonio oral, luego todo lo publicaría en Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas.
En 1978 Juana Doña (también: una vida llena de cárcel, represión, lucha y utopías) publica Desde la noche y la niebla, con prólogo de Alfonso Sastre ¡admirable!. Un libro autobiográfico, testimonio novelado, en que con historias reales deja bien clara la importancia de las mujeres en la lucha de resistencia antifranquista.
En 1982 Consuelo García publica Las cárceles de Soledad Real (Otro ejemplo de dignidad, Soledad: una vida llena de cárcel, represión, lucha y utopías)

De estos relatos, vivencias reales, y de los de otras mujeres, arranca Presas del olvido

Movimientos abstractos: danza de las palabras

Desde la escena nos trasladan al 19 de noviembre de 1933, son las primeras elecciones en que la mujer ejerce su conquistado derecho al voto. La alegría es inmensa y ya se respira en la sala… ¡Silencio! la función comienza.

Mujeres, urna, hermosa tricolor, risas, canciones, libertad, papeletas, todo es un barullo o un pequeño estallido de algarabía, porque las que están, las que nos lo cuentan son luchadoras, motores de transformación social, son republicanas, las primeras feministas de nuestra historia, tienen todo por ganar y van a pelearlo.

Trío coral de voces para canciones de compromiso en una alegría que se va apagando con la sublevación fascista. Alterados movimientos en la escena hacia ninguna parte, búsqueda de aire, o mejor: necesidad de viento fresco.

La guerra, sobrecogedora. Con muy poco estás ahí. Solo unas luces vibrando, focos girando enloquecidos y ante ti, tres mujeres alternando estilizados pasos de danza con cuerpos arrastrándose, retorciéndose de la manera más desgarradora. A un lado, una mujer formando un retrato vivo de Francis Bacon, expresión certera de la sinrazón.

Y explota la danza, discontinuidad desigual de movimientos determinados que cambian hacia lo dubitativo desde la fragilidad de lo humano.
Son las mismas pero cambian, ahora la tríada lleva otra ropa y hasta otros cuerpos que suben y bajan desde el desquicio a la pausa acompañadas de gritos sin voz y de silencios escandalosos.
Ahora caminan entre muertos, entre palizas, acompañadas de chinches y piojos, esperando un fusilamiento o poder matar el hambre.
No presencias la coreografía, de pronto te encuentras sumergida en la cárcel, en la tortura. No lo ves desde fuera: los gestos, las figuras de danza son tan conmovedores que estás dentro, estás allí con esas mujeres, viviendo su calvario, su sufrimiento y también sus momentos de ternura, de camaradería. La maternidad, la desesperación. No hacen falta palabras: lo entiendes todo porque lo sientes todo, imposible permanecer al margen.

Los pies llevan un rato descalzos, vínculos directos a la tierra, raíces en lo humano entre la pasión y el miedo. Ahora el relato es drama.

No rendirse, quererse, cuidarse, sobrevivir, ayudarse, son mujeres y lo hacen. Entre todas construyen: madres, hermanas, parejas, milicianas, presas que no serán nunca del olvido, son vida que fluye y no se doblega, sed de futuro en baile visceral que fluye para la rebeldía.

¡Mujeres somos!

Una visión femenina que tan poco nos han contado, la vida de las mujeres en la cárcel: las torturas son similares, pero hay que sufrirlas con unos paños —las compresas de entonces—; las rejas son las mismas, pero hay que pasar ahí dentro un embarazo, un parto, la desesperación de no poder alimentar a tu bebé y lo peor: perderlo. El hambre, el frío, la suciedad. Las veladas haciendo punto, el cariño, las risas en femenino, la consternación y el desaliento: el tiempo largo, larguísimo, de la cárcel, suspendido en el aire eterno de la danza.

Danza de transgresiones para la Verdad, la Justicia, la Reparación.
Mucha valentía artística en la compañía The Little Queens. Mamen Agüera, Patricia Gimeno García y Nuria Gil López se revuelven con sus cuerpos entre el miedo y la rabia para emocionarnos con su defensa de la libertad.
Están presas y sin embargo su dignidad las hace libres como lo es su baile, que hace de la danza una quimera. Gracias.

La función termina, resuenan los aplausos. Pero el silencio sigue, nos lo llevamos dentro, nos han narrado tanto dolor, tanta lucha… tanta rebeldía. ¡Romper el silencio!

Ficha artística

Dirección coreográfica: Mamen Agüera
Intérpretes: Mamen Agüera, Patricia Gimeno, Nuria Gil López
Composición musical: Daniel Salamanca, David Morales
Música base: Paloma Carrasco López
Asistencia voz: Ana Crouseilles Bástida
Mezclas de estudio: Lisi Búa
Diseño de iluminación: Pilar Duque de Estrada
Técnica: Pilar Duque de Estrada
Vestuario: Karmen Abarca Llorente
Cartel: Jorge Bayo
Diseño gráfico:Daniel Salamanca
Fotografía: Claudio Palazzo
Gestión: Coro Bonsón

Nota uno: Lo peor de ir a una representación como esta es acudir el ultimo día, y llenarte de rabia por no poder decir a l@s tuy@s que vayan a verla, que no se la pierdan. Deseando que la pongan de nuevo en escena, porque hay que verla ¡Necesidad!

Nota dos: … Además nos anuncian el cierre del Teatro de la Puerta Estrecha, la especulación en Lavapiés avanza a pasos largos. Menos mal que nos aseguran que volverán a encontrar local en la zona y reaparecerá el local teatral en primavera del 19, lo creemos, sabemos que hay ovarios para eso y para más.

* Miembros de la Asamblea de Redacción de LoQueSomos

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