Redes comunitarias

Por Equipo Connecting the Unconnected*. LQSomos

¿Cuál es la relación entre la tecnología de la comunicación digital y la creación de un mundo más justo y sostenible? Anunciadas inicialmente como una salvación, las tecnologías digitales de la comunicación también han contribuido y facilitado gran parte de las actividades que destruyen la vida en el mundo. Además, dan un significado y contribuyen a las ideas hegemónicas en torno al desarrollo y el progreso

La conectividad centrada en las personas y el medio ambiente

A mediados de la pasada década, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el crecimiento de la penetración de la telefonía móvil comenzó a ralentizarse. Esto, más que quizás cualquier otro indicador, es una clara señal de que el modelo dominante de conectividad en todo el mundo –es decir, los servicios móviles comerciales– ha empezado a llegar a sus límites, eso sin mencionar la calidad de la conectividad, a quién se le proporciona, su valor social o el hecho de que apenas la mitad de la población mundial puede conectarse. Está claro que hay que adoptar otros enfoques de la conectividad para que todos y todas puedan disfrutar de sus beneficios.

Como sector, la agricultura comparte muchos de los retos del sector de las telecomunicaciones, tanto en lo que respecta a la concentración del mercado como a los intereses de las grandes empresas, lo que genera resultados poco óptimos. Pero también es un sector en el que los pequeños actores desempeñan un papel crucial.

En 2014, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) publicó un informe titulado El estado mundial de la agricultura y la alimentación que revelaba que existen más de 570 millones de explotaciones agrícolas en el mundo, más del 90% de las cuales están dirigidas por un individuo o una familia y dependen principalmente de la mano de obra familiar. [1] Estas explotaciones familiares producen alrededor del 80% de los alimentos del mundo; sin embargo, aunque las explotaciones de menos de una hectárea representan el 72% del total, sólo controlan el 8% de todas las tierras agrícolas. En cambio, el 1% de las explotaciones del mundo tiene más de 50 hectáreas y controla el 65% de la superficie agrícola mundial.

Como han advertido numerosos informes recientes, la Tierra y sus habitantes están siendo dañados por un sistema global que valora las ganancias por encima de la vida. En el mundo de la agricultura, las pequeñas explotaciones y las cooperativas son una de las principales formas de gestionar la tierra de forma responsable y mantener la biodiversidad en todo el mundo.

El análogo de esto en la conectividad son las redes comunitarias, locales y cooperativas: soluciones autoorganizadas, autogestionadas o desarrolladas localmente para la comunicación y acceso a internet. Al igual que la consolidación que vemos en el sector agrícola, hay grandes monopolios que controlan gran parte del espectro y de la inversión, mientras que sólo conectan a la mitad de la población mundial, lo que dificulta enormemente la aparición de modelos locales y de base. A pesar de estas barreras, un número importante de redes comunitarias ha conseguido prosperar donde no existían otras redes o no son asequibles o no satisfacen adecuadamente las necesidades de la población local.

Tecnologías digitales: ¿Salvación o peligro?

¿Cuál es la relación entre la tecnología de la comunicación digital y la creación de un mundo más justo y sostenible? Anunciadas inicialmente como una salvación, las tecnologías digitales de la comunicación también han contribuido y facilitado gran parte de las actividades que destruyen la vida en el mundo. Además, dan un significado y contribuyen a las ideas hegemónicas en torno al desarrollo y el progreso.

Un ejemplo de cómo la naturaleza material y simbólica de la conectividad va en contra del desarrollo sostenible y de un mundo más justo puede encontrarse en la explosión de la extracción de recursos minerales para crear los más de ocho mil millones de teléfonos móviles en circulación. La adquisición de estos dispositivos es a la vez un síntoma y un perpetuador de las estrategias lucrativas basadas en la fabricación de necesidades, y su satisfacción temporal, a través del consumo excesivo de productos electrónicos, enraizado en la obsolescencia planificada y en una cultura de usar y tirar, que refuerza los valores del individualismo, un falso sentido de la conexión humana, y la idea que el valor de una persona se basa en lo que posee.

El modus operandi de la industria de las telecomunicaciones y de Internet, que proporciona la mayor parte de la tecnología de comunicación digital que todos utilizamos, se basa y se nutre de los aspectos más elementales y destructivos del capitalismo de la «novelería». El orden mundial actual se enfoca implacablemente en hacer las cosas lo más rápido y masivamente posible, basado en el imperativo de poner el capital a disposición de los medios productivos y garantizar un rápido retorno de la inversión y el valor para los accionistas. Las herramientas tecnológicas desarrolladas bajo estos imperativos deben extraer el máximo valor posible de los usuarios y usuarias, mercantilizando y manipulando su atención y sus «data bodies”[2] a través de algoritmos propietarios. Tal vez sea paradójico que la industria de las telecomunicaciones sólo es capaz de dar servicio de forma rentable a la mitad de la población mundial, lo que crea una enorme y creciente brecha digital.

Si bien hay que enfrentar esta brecha digital, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) pueden y deben emplearse y desplegarse de forma diferente. Las redes comunitarias son un ejemplo de ello. Una forma de entender las redes comunitarias es a través de la lente de la «tecnología apropiada», definida como de pequeña escala, asequible para la población local, descentralizada, de uso intensivo de mano de obra, eficiente energéticamente, respetuosa con el medio ambiente y con la autonomía local. En esta definición encontramos dinámicas similares en la gestión de la tierra y la agricultura a pequeña escala, en el sentido que el movimiento de la tecnología apropiada surgió de la crisis energética de los años 70, de forma similar a los enfoques basados en la tierra que promueven la conservación del medio ambiente buscando «cerrar el ciclo», como la permacultura.

El concepto de conectividad y comunicación como elemento fundamental de la comunidad, en lugar de un servicio más que ésta consume, está en el centro de cómo y por qué las redes comunitarias son un importante camino a seguir si queremos que las TIC contribuyan positivamente a un planeta más sostenible y ambientalmente estable. Las redes comunitarias encarnan intrínsecamente los principios de sostenibilidad y participación local, y no hacen recaer la carga de la conectividad en otra persona o entidad. En su lugar, aprovechan los recursos limitados –pero el ingenio ilimitado– de la población local para atender la necesidad y el deseo inherentes al ser humano de comunicarse y estar informado. Debido a estos atributos, las redes comunitarias son consideradas como facilitadores clave del acceso sostenible.

Dentro de las redes comunitarias se valora la diversidad, y se está reconociendo que puede haber vínculos entre los conocimientos digitales y, por ejemplo, las tecnologías y habilidades alternativas de base que ya usan las mujeres, como el tejido. Así como las mujeres son fundamentales en la agricultura a pequeña escala, también lo es su papel en la implementación y gestión de las redes locales.

Además, la banda ancha móvil es utilizada por menos del 20% de la población de los países menos desarrollados (PMD), y en sólo cuatro PMD, el abono al servicio de banda ancha móvil, con un paquete de datos de 1,5 GB, cuesta menos del 2% de la renta nacional bruta (RNB) per cápita, que es la meta de asequibilidad fijada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Las redes comunitarias ofrecen una de las pocas perspectivas reales de permitir que los apenas conectados y los no conectados participen de forma más significativa en la defensa del planeta.

Redes comunitarias: Soluciones locales y sostenibles

Gracias a la labor del proyecto «Connecting the Unconnected» (conectando a quienes no tienen conexión), hemos tenido el privilegio de trabajar con redes comunitarias de todo el mundo y apoyarlas, y hemos visto de primera mano cómo estas redes encarnan y reproducen valores de desarrollo sostenible y participativo. [3] Las redes comunitarias sostienen el uso de los conocimientos locales relacionados directamente con la administración de la tierra y los conocimientos tradicionales sobre el mundo natural. Participan en actividades económicas locales basadas en el decrecimiento, la economía circular y el reciclaje. Son más conscientes del uso de la energía que las redes tradicionales, y comparten los conocimientos libremente para que todos puedan contribuir. No es de extrañar que muchas redes comunitarias estén situadas en regiones afectadas por el cambio climático, y al estar basadas en gran medida en la agricultura y los cultivos de subsistencia, se ven directamente afectadas por el deterioro de las condiciones ambientales.

Las redes de comunicación que crean comunidad son un espacio donde las personas se encuentran para decidir sobre las tecnologías que necesitan y quieren

En 2019, a través de un programa de becas para el aprendizaje de redes comunitarias, con el apoyo de APC[4], se llevaron a cabo proyectos en el sur y el sudeste de Asia, América Latina y África, muchos de los cuales tenían como objetivo clave la preservación de la biodiversidad. A través del proyecto Gram Marg Broadband, la Fundación de Investigación para el Desarrollo de BAIF y el IIT Bombay contribuyeron al crecimiento de las redes comunitarias en una remota aldea rural de Maharashtra, India. El proyecto se centró en la digitalización de los conocimientos locales relacionados con los medios de vida rurales de las comunidades indígenas. El proyecto pretendía construir una infraestructura de conectividad que fuera relevante para la comunidad, mediante el uso de una plataforma digital de intercambio de conocimientos para la capacitación económica y la promoción de los medios de vida locales.

Algunas de las preocupaciones fundamentales en la región son la pérdida de conocimientos tradicionales sobre la agrobiodiversidad y los cultivos autóctonos, y el impacto del cambio climático y los patrones meteorológicos en el rendimiento de los cultivos y la biodiversidad. La plataforma, de código abierto, permite a los agricultores compartir información y crear conjuntamente conocimientos sobre variedades de cultivos autóctonos, formas de arte cultural como la pintura, la artesanía, la música, etc. Todo ello es recogido por la comunidad y almacenado en un repositorio en un servidor de acceso local.

Este sistema facilita los medios de vida sostenibles mediante una plataforma de comercio electrónico, que asegura la conexión directa entre el agricultor y la clientela para la venta y la compra de bienes. En la red comunitaria de Pathardi, en Maharashtra, las mujeres desempeñaron un papel de liderazgo en la recopilación de información sobre los distintos tipos de biodiversidad disponibles en el pueblo. Esta información se recogió en forma de grabaciones de audio reproducidas en una radio comunitaria, y de fotografías y videos de diferentes variedades de plantas y cultivos. Las mujeres también recogieron información sobre los distintos métodos adoptados por la comunidad para conservar las semillas. Otros métodos de conservación de la biodiversidad a los que contribuyeron las mujeres fueron los festivales tribales de alimentos silvestres en los que las mujeres ofrecieron recetas tradicionales.

En América Latina, cuando se planifica una red comunitaria, las comunidades se centran en sus procesos de comunicación tradicionales, antes siquiera de pensar en la conectividad. Por ejemplo, en el trabajo conjunto realizado en Cuetzalan del Progreso, Puebla, México, con la Unión de Cooperativas Tosepan, la importancia primordial de la comunicación ha sido la revitalización de las lenguas náhuatl y tutunaku. Una lengua indígena viva como el náhuatl constituye un sistema de pensamiento-sentimiento donde la naturaleza y el medio ambiente son el centro y el ser humano es apenas una parte del ecosistema.

En este contexto, el lenguaje es vital para el cuidado y la defensa del territorio, por lo que en ese sentido, una red que crea comunidad a través de la comunicación encuentra el diálogo, los conocimientos, las experiencias, las historias, las necesidades y los sueños que la anclan al territorio.

Las redes de comunicación que crean comunidad son un espacio donde las personas se encuentran para decidir sobre las tecnologías que necesitan y quieren. De este modo, se generan espacios educativos donde la gente puede reflexionar sobre los dilemas de internet, las redes sociales y la privacidad en territorios donde se protege y defiende la vida de todo tipo.

En África, en el norte de Uganda, BOSCO utiliza la energía solar para alimentar su red comunitaria, que se extiende por más de 400 kilómetros en 13 distritos. La red conecta un total de 54 centros, que incluyen escuelas, clínicas de salud, centros comunitarios de TIC y oficinas locales de ONG y del gobierno. BOSCO también ha establecido sistemas grandes de energía (6 KW y 30 KW) que alimentan tres escuelas secundarias. Los jóvenes de las comunidades reciben formación sobre el funcionamiento y el mantenimiento de los equipos solares.

BOSCO surgió como una forma de conectar a la comunidad en torno a mensajes de paz y esperanza, ya que la población local no podía conectarse a la radio nacional ni a ninguna forma de comunicación con el exterior durante la guerra que dejó a muchos desplazados en campos de refugiados. BOSCO se creó para conectar a la comunidad y sacarla del aislamiento. El desarrollo y el uso de la energía solar surgen en BOSCO y en varias otras redes comunitarias del continente como una extensión de las formas de sostener la vida.

Conclusión

Mientras las grandes empresas tecnológicas y los operadores de telecomunicaciones tradicionales empujan a las poblaciones de todo el mundo a ir más rápido y a seguir consumiendo, la pandemia de coronavirus y el deterioro del estado del planeta nos exigen que reduzcamos y vayamos más despacio, que encontremos formas de vivir más armoniosamente con nuestro entorno y que hagamos de las comunicaciones digitales una parte integral de este cambio. Para hacerlo de forma responsable, debemos apoyar los esfuerzos del Sur global para repensar la conectividad. En palabras del reconocido economista y experto en desigualdades Tony Atkinson:

La dirección del cambio tecnológico debería ser una preocupación explícita de los responsables políticos, fomentando la innovación de una forma que aumente la empleabilidad de los trabajadores y haga hincapié en la dimensión humana de la prestación de servicios[5].

Las redes comunitarias de todo el mundo están haciendo esto y mucho más, y como tales son parte integral de cualquier estrategia para crear un mundo más verde y más justo.

Recomendaciones para las redes comunitarias

– Desarrollar la capacidad de las comunidades, y especialmente de las mujeres y las minorías étnicas, para conectarse en un plazo y un proceso que les resulten cómodos y les permitan atender sus necesidades locales y prácticas.

– Crear un espacio para que las mujeres tomen decisiones de gobernanza de la comunicación y asuman funciones de liderazgo en sus comunidades.

– Crear mecanismos para que esas comunidades y las organizaciones que las apoyan compartan experiencias y aprendan unas de otras.

– Invertir en tecnología libre y de código abierto que sea:

o Fácil de usar, que no requiera conocimientos técnicos previos y que esté bien documentada

o Asequible para construir o comprar y operar

o Lo suficientemente robusta como para funcionar en entornos adversos

o Fácil de entender en cuanto a su funcionamiento y fácil de reparar localmente

o Adaptable a las necesidades y casos de uso locales

o Eficiente energéticamente (consume poca energía) y puede funcionar con energía renovable

o Optimizado para las condiciones donde es limitado el ancho de banda de las redes comunitarias.

– Crear un entorno político y normativo más propicio, por ejemplo:

o Proporcionar financiación pública a las iniciativas de redes comunitarias

o Crear unas condiciones más equitativas para la interconexión con las infraestructuras más grandes/dominantes

o Facilitar el acceso al espectro, especialmente para la banda ancha móvil

o Crear opciones adecuadas para las redes comunitarias dentro de marcos reguladores de licencias que no supongan cargas económicas y burocráticas indebidas para las redes comunitarias.

* Equipo del proyecto «Connecting the Unconnected» (Conectando a quienes no tienen conexión)
Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento No. 554: Tecnología y medio ambiente: Respuestas desde el Sur

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