Sanidad – Reflexiones

María Noes*. LQS. Enero 2021

Imagináis un lugar en que los medios informaran diariamente de estadísticas sobre contagios y/o fallecimientos por covid19 , también se dieran las cifras reales de pacientes que están empeorando y muriendo por no atenderlos, tratarlos, medicarles correctamente, intervenir quirúrgicamente patologías importantes como las oncológicas, cardíacas, infecciosas, renales, etc.? Porque esto es lo que está ocurriendo, ante la «prioridad de la pandemia».

Como trabajadora de un servicio de urgencias de la sanidad pública (donde también se atienden este tipo de patologías) por desgracia soy testigo activo de que en muchos casos es demasiado tarde para ellas y ellos, el covid19 acapara de forma exclusiva la atención de la medicina especializada para consultas programadas y el resultado por protocolos cuadriculados e inflexibles es la suspensión de estas consultas de enfermedades susceptibles de un seguimiento riguroso para evitar fatales desenlaces.

En mi hospital están cerrados los quirófanos programados, solo funcionan a medio gas los de urgencias, miles de personas se han quedado en standby cuando tenían que haber sido intervenidas para mejorar su salud o salvar la vida.

Con todo esto quiero decir que al igual que la sociedad civil merece ser conocedora de un debate público científico contrastado acerca de las ventajas, verdades y mentiras, intereses, medios de propaganda, inconvenientes y riesgos de la vacuna Pfizer por parte de la sociedad científica con diferentes criterios, también tiene derecho a saber las cifras de seres humanos que empeoran dramáticamente en una sociedad supuestamente desarrollada con una sanidad pública «garantista» y los y las que están falleciendo ¿Y sabéis por qué? Porque en plena intensificación de esta supuesta oleada de contagios, con una sobrecarga de trabajo inhumana en detrimento de la atención a los pacientes y que recae sobre los y las trabajadores, los recursos humanos lejos de aumentar están disminuyendo, estamos mucho peor que al principio de todo esto.

La asistencia a los pacientes que acuden por urgencias no es la que debería ser, sumado al seguimiento e intervenciones que he mencionado anteriormente. ¿El mensaje ha de ser «quédate en casa», como la más descarada invitación a seguir siendo sujeto pasivo de lo que cuentan los medios de comunicación del poder dejando las cosas como están? El mensaje debería ser: exige el necesario refuerzo humano y material de la sanidad pública, la apertura de centros de salud de forma presencial, que se reintegre (reincorporando el personal suficiente) la educación para la salud en los barrios y la prevención, porque de esta forma se rastrearían fácilmente los casos a seguir y se atenderían los pacientes no covid19, háganse contratos dignos a las trabajadoras de la salud y no de días o semanas, exige participación como usuario en las mesas de decisión de las áreas de salud.

El mensaje que pretenden «cívico» es una gran trampa colmada de intereses capitalistas ante una pandemia, ni tan mortal, ni tan austera, porque su atención y tratamiento no está exento de enormes beneficios, el resto de enfermedades no, por este motivo está muriendo un porcentaje de población mucho mayor que el que se registra por la pandemia, ante nuestro silencio y obediencia ciega, invito encarecidamente a la reflexión, os aseguro que cada jornada es una batalla contra la desesperanza ante la falta de recursos, el cansancio psicológico y físico y tanta manipulación e hipocresía de quienes gestionan los recursos y el dinero público, ojalá quienes salíais a los balcones a aplaudir recuperárais las calles, esa sí sería la vacuna definitiva. Tan sencillo como invertir la información para que se hable de los ninguneados, de los no atendidos, daría como resultado la toma de medidas necesaria para esa reconstrucción y fortalecimiento de nuestra sanidad pública que ya estaba desmantelada y deteriorada y para la que la gestión de esta pandemia ha supuesto el tiro de gracia.

* La autora de este texto, enfermera en País Valenciá y colaboradora de LoQueSomos prefiere, por asuntos laborales, guardar el anonimato.

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