Guadi Calvo*. LQS. Abril 2018

Un informe reciente de Naciones Unidas, acusa a las fuerzas keniatas parte de AMISON, de seguir permitiendo la exportación de carbón somalí, lo que la ONU prohibió en 2012, ya que es una de las fuentes de financiación de al-Shabaab, por la que obtiene unos 10 millones de dólares al año. Según el documento de los 6 millones de bolsas de carbón que Somalia exportan al año, al-Shabaab, cobra a los camiones que viajan rumbo al Puerto de Kismayo importantes “peajes”

Las bandas integristas que tras las caídas del Coronel Gadaffi y Hosni Mubarak y al calor del crecimiento de al-Qaeda y el Daesh por la financiación de Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes, se extendieron sin freno por el Magreb y prácticamente a todo lo ancho del Sahel, desde el Indico al Atlántico, ahora están en retroceso y abroqueladas en geografías cada vez más pequeñas, como es el caso de la nigeriana Boko Haram o las múltiples organizaciones que operan entre Mauritania, sur de Argelia, norte de Mali, oeste de Níger, que según se ve en los resultados no han podido fraguar su unidad bajo la bandera del Jamaat Nusrat al-Islam wa al-Muslimin (Frente de Apoyo al Islam y a los Musulmanes) que a más de un año de su integración, no han podido articular un frente de resistencia a las unidades francesas de la Operación Barkhane y a la presencia fantasmal de las tropas norteamericanas que por momentos con más o menos visibilidad aparecen en la frontera entre Níger y Mali. Frente a esta realidad solo les queda reservado acciones cada vez más enloquecidas y sanguinarias, que para nada las acercan a la posibilidad de su anhelo final que es la creación de Califato.

En este mapa africano de la derrota wahabita, junto al descalabro en Siria e Irak, el terrorismo fundamentalista solo cuenta con dos frentes afianzados, por un lado Afganistán donde los sempiternos talibanes regulan la guerra a su antojo, una guerra a dos bandas por un lado el ejército afgano apoyado por Estados Unidos y por el otro aunque acotado en crecimiento el Daesh Khorasan que no solo intentan afianzarse en Afganistán, sino también sueña con Pakistán, la ex repúblicas soviéticas de Asia Central, Irán y la India Musulmana.

El segundo frente más activo para el terrorismo es Somalia, donde la milicia al-Shabaab tras varios años de retroceso, después de su expulsión de Mogadiscio en 2011 y haber realizado en 2012 su juramento o bayat de lealtad a al-Qaeda global, hostiga no solo al gobierno somalí, perpetrado constantes y demoledores ataques explosivos en pleno centro de la capital, el más cruento se produjo el 14 de octubre pasado, cuando un camión cargado de explosivos estalló a pocas cuadras del palacio presidencial dejando cerca de 600 muertos, más de 230 heridos y unos 60 desaparecidos, desintegrados por efectos de la potencia de la explosión. También en las áreas rurales, los ataques a cuarteles tanto somalíes como los de AMISON (Misión Africana en Somalia), son cada vez más frecuente y letales.
En diciembre último un comando suicida, disfrazado de oficial, se detonó entre varios chiringuitos de té ubicados frente a la “Academia de Policía General Kahiye” de Mogadiscio, mientras los alumnos se alistaban para ensayar el desfile por su 74° aniversario de la institución. Según la versión oficial los muertos fueron 18, mientras que el vocero de al-Shabaab elevó el número a 28.

El último ataque en la capital somalí se produjo este último miércoles 4 de abril, contra una oficina pública del barrio de Wajadir, matando a tres policías y cuatro civiles. Durante el mes de marzo se reportaron varios ataques explosivos en la capital, dejando una treintena de muertos en diferentes hechos. Entre ellos el estallido de un coche bomba, al ser detenido por un control policial a menos de 200 metros del palacio presidencial y muy cerca del parlamento, el domingo 25, matando a cuatro personas, apenas unas horas antes se había producido un hecho similar también en cercanías de la capital donde los muertos fueron dos soldados que inspeccionaban un coche sospechoso, detonado por control remoto.

El día 21 una veintena de personas habían muertos mientras otras 10 resultaron heridas por el estallido de un coche bomba cerca del hotel Weheliye en la avenida de Makka Almukarramah, en Mogadiscio.

Un interior cada vez más sangriento

Desde que en 2007 la Unión Africana junto a Naciones Unidas, desplegó la Misión para Somalia, (AMISON) compuesta por unos 22 mil hombres de los ejércitos de Kenia, Uganda, Etiopia, Djibouti y Burundi, que en un primer momento obligaron a los terroristas a replegarse no solo de la capital y zonas cercanas, sino de muchos pueblos y ciudades costeras, como el estratégico de puerto de Kismayo, en 2012, aunque al-Shabaab logró mantenerse activo en el centro y sur del país. La AMISON, se prepara para abandonar el país en 2020, el año pasado unos mil efectivos abandonaron el país y para octubre se esperaba la retirada de otro millar. Dadas las actuales condiciones es altamente improbable que el repliegue total de las unidades africanas pueda suceder, sino es que una fuerza superior, probablemente encabezada por los Estados Unidos, ocupe su lugar, ya que todo el país caería en manos de los terroristas solo en algunos meses.

Las tropas de la AMISON desplegadas en el interior del país y compuestas en su mayoría por efectivos ugandeses, son víctimas frecuentes de ataques producidos por al-Shabaab. Este último domingo 1 de abril, se produjeron varios contra una base de las UPDF (Uganda People’s Defence Force) y cuarteles de la SNA (Somali Armed Forces) en Qoryoley, Buula Mareer y Golwen en la región costera de Lower Shabelle, a unos 130 kilómetros al sudoeste de la capital.

Según Abdul Aziz Abu Musab, el vocero de al-Shabaab, los ataques dejaron cerca de 50 soldados ugandeses muertos y unos 14 integristas. Abu Musab declaró que la operación se produjo en represalia por la muerte de unos 30 de sus combatientes en un hecho reciente. La gran cantidad de bajas ocasionadas a las tropas ugandesas se produjo por el fallo en la operación de repliegue y cobertura de las tropas de AMISON, ya que sus milicianos habían bloqueado las vías de escape con minas y coches bombas. Tras el ataque los muyahidines saquearon comercios y propiedades de civiles, a quienes había advertido de no vender nada a los militares ya que cometían apostasía.
Según el vocero de los wahabitas el ataque a la base ugandesa de Buula Mareer se inició con la detonación de un coche bomba junto a la entrada del complejo militar, y que se provocó otra gran cantidad de muertos cuando se hizo estallar otro coche bomba contra un convoy militar que iba en apoyo de sus camaradas desde una base cercana.
Mientras fuentes oficiales dicen que en los ataques solo hubo ocho bajas de fuerzas ugandesas, mientras que los terroristas muertos fueron 66. Detallando además que la 26ª Brigada del SNA recuperó 12 fusiles AK47, 20 cohetes propulsores de cohete (RPG), 18 fusiles ametralladoras y una ametralladora,
El presidente de Uganda el general Yoweri Museveni, solo ha reconocido la baja de cuatro soldados y adjudicó la mayoría de los muertos a los terroristas. Ya el año pasado la UPDF había perdido una docena de sus hombres a manos de al-Shabaab.

Por otra parte un informe reciente de Naciones Unidas, acusa a las fuerzas keniatas parte de AMISON, de seguir permitiendo la exportación de carbón somalí, lo que la ONU prohibió en 2012, ya que es una de las fuentes de financiación de al-Shabaab, por la que obtiene unos 10 millones de dólares al año. Según el documento de los 6 millones de bolsas de carbón que Somalia exportan al año, al-Shabaab, cobra a los camiones que viajan rumbo al Puerto de Kismayo importantes “peajes”.
Es llamativo que los militares keniatas se corrompan tan fácilmente con al-Shabaab, ya que esta banda ha perpetrado innumerables acciones en la frontera con Kenia, asesinando docenas de sus compatriotas, además de haber realizado dos de sus más espectaculares operaciones en su territorio, la primera fue en septiembre de 2013 con la toma del Westgate Mall en pleno centro de Nairobi que dejó cerca de 70 muertos civiles y destruyó casi por completo el edificio y el asalto a la Universidad de Garissa donde ejecutó a 147 personas, en abril de 2015.

Somalia, habiéndose convertido desde 1991 en el epitome del estado fallido, sigue acosada con el sombrío panorama de la violencia, su realidad la enfrenta al recrudecimiento de las acciones terroristas y la amenaza de la retirada de la AMISON.
Su presidente Mohamed “Farmaajo” Abdullahi, quien asumió en febrero de 2017, con la anuencia de Washington, y que había llegado con la esperanza de un cambio radical tanto en lo político como lo social de país, se enfrenta a al-Shabbab, que es quien sigue mandando en Somalia.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
África – LoQueSomos

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