Nigeria: Boko Haram a la hora de votar

Guadi Calvo*. LQS. Febrero 2019

El próximo sábado 16 de febrero, el presidente Buhari, pondrá en juego su reelección frente a un conglomerado de unos veinte candidatos

Boko Haram mantuvo hasta principios de 2015, en el noreste del país un territorio del tamaño de Bélgica, pero desde que el presidente Muhammadu Buhari, asumió su cargo, en cumplimiento de su promesa de campaña de exterminar la guerrilla fundamentalista, que desde 2009, se ha convertido no solo en la pesadilla de los nigerianos sino también de muchos de sus vecinos. Para ello Buhari, ha puesto en marcha la Operación Lafiya Dole, desde mayo de 2016, ha conseguido desalojar gran parte de ese territorio. Reconquistado a sangre y fuego, por las tropas de Ejercito nigeriano, y la Fuerza Multinacional Conjunta o MJTF (Chad, Camerún, y Níger), esta guerra no ha sido siempre limpia y son numerosas las denuncias acerca de violaciones a los Derechos Humanos. Más allá de las acciones por parte de los ejércitos regulares, los 26 mil hombres de la Fuerza de Tarea Conjunta Civil (FTCC) y los Comités Civiles de Vigilancia (CCV) grupos de autodefensas de vecinos, mal entrenados y peor armados, que su improvisación los ha llevado a cometer varios asesinatos de inocentes, mientras que los regulares han sido denunciado de ejecuciones sumarias, secuestros y torturas, cayendo en muchas oportunidades en los excesos de todas guerra sucia, como si alguna, alguna vez hubiera sido limpia.

A consecuencia que el próximo sábado 16 de febrero, el presidente Buhari, pondrá en juego su reelección frente a un conglomerado de unos veinte candidatos y en el actual presidente se acerca al fin de su primer mandato sin haber concretado su promesa de derrotar a Boko Haram, que desde 2009 ha provocado más de 35 mil muertes y un números de desplazados que sobrepasa los cinco millones de almas. En procura de interferir en las elecciones tanto Boko Haram y su desprendimiento de 2016, el Daesh de África Occidental (ISWA), han comenzado a intensificar sus ataques contra bases militares, poblados y ciudades con el fin de desestabilizar al ex general Buhari a pocas semanas de las votaciones.

Según fuentes cercanas a Washington, el plan del ISWA y Boko Haram, para hacer naufragar las elecciones, es darle más intensidad y continuidad a los ataques contra mercados, terminales de ómnibus, hoteles y centros comerciales, para aterrorizar a la sociedad civil y desgastar el acto eleccionario, por lo que se prevé en las próximas semanas una seguidilla de nuevos atentados.

Dado la cantidad de los golpes demoledores sufridos por los wahabitas, y las malas condiciones en que se encuentra muchos de sus frentes, es previsible que la oleada de ataques iniciada en diciembre pasado, se continúe de todavía más sangrienta. Por lo que habrá que preparase para lo peor, sin no logran ser detenidos, por los servicios de inteligencia locales y norteamericanos que operan en el terreno.

De hecho ya son al menos cien los efectivos del Ejército Nigeriano muertos a causa de la intensificación de estos ataques al tiempo que los muyahidines lograron incautar una gran cantidad de armas. Mientras que se mantiene en secreto el número de bajas civiles, en esta nueva campaña de los takfiries, aunque se estima estaría llegando a los 300 muertos.

El último 26 de diciembre el ISWA tomó por algunas horas el cuartel general de la fuerza multinacional en el estado de Borno, próximo a la frontera de Camerún y Chad. La presencia de los muyahidines provocó el desplazamiento de unos 50 mil vecinos de la localidad de Kukawam hacia la de Monguno, todavía con el recuerdo fresco de la matanza de unos 2 mil aldeanos de Baga, el 9 de enero de 2015, a manos de Boko Haram, que prácticamente pasó desapercibido para el mundo muy atento en la masacre de Charlie Hebdo.

Un segundo ataque se produjo a los cuarteles de Kekeno y Monguno, el día 28, provocando todavía más terror en la población, que ha comenzado a movilizarse hacia la frontera con Camerún.

El 13 de enero, fue atacada la base militar cercana a la ciudad de Magumeri en Borno y al día siguiente, fue saltada Rann, cercana a Camerún, en el área Kala Balge, una aldea improvisada, que llegó a albergar a unas 76 mil personas todos provenientes de otros puntos del noroeste nigeriano.
Tras el ataque a Rann, donde fueron asesinados unos 10 civiles, incendiadas las viviendas y saqueadas los locales de alimentos y medicinas ahora, esas 76 mil almas se enfrentan a una crisis alimentaria y sanitaria, ya que los equipos de las agencias de las Naciones Unidas que trabajan en la zona, por razones de seguridad han detenido sus operaciones.

Tres días después de ese ataque, se registró la llegada de unas 8 mil personas a Camerún, mientras se espera que el número alcance los 15 mil. Lo que ha generado la preocupación del gobierno de Yaundé, que habría ordenado operativos de seguridad, para impedir el arribo de más desplazados. Los refugiados llegaron a pie desde Rann hasta Bodo (Camerún) un pueblo fronterizo a siete kilómetros de Rann.
La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (UNOCHA) en Nigeria, ha pedido al gobierno camerunés que no expulse a los recién llegados, ya que no hay manera de recibirlos otra vez en Nigeria.
Los desplazados internos, que ahora tienes estatus de refugiados, han llegado a Camerún en muchos casos solo con lo puesto y en pésimas condiciones físicas y mentales, según las ONGs que trabajan en el lugar, que también declararon carecer de alimentos, agua y atención médica para asistirlos. Según las organizaciones humanitarias que operan en ese sector de la frontera, muchos de ellos permaneces en estado de shock y profundo estado de angustia, dado que la gran mayoría han vivió en varias oportunidades ataques de los integristas. Sin lugar donde guarecerse se han improvisados campamentos a cielo abierto y debajo de los árboles. En 2017, en un campo de refugiados de Rann, un avión de combate atacó por error el lugar asesinando a 200 personas.
El día 16 de enero, ISWA atacó al ejército en la ciudad de Gajiram aunque fueron repelidos después de algunas horas de intensos combates lo que demuestra más allá de la actividad frenética de los insurgentes estas últimas semanas, su capacidad de combate para poder ordenar esta ofensiva, que se intensificara por los menos hasta las elecciones.

Una guerra de múltiples frentes

Si bien tanto Boko Haram, liderado por Abu Bakr Shekau, que hizo su bayat (juramento de fidelidad) a Califa Ibrahim líder del Daesh (Abu Bakr al-Bagdadí) en marzo de 2015, también los hombres del ISWA, son leales a al-Bagdadí, pero la metodología netamente terrorista de Shekau, los obligó a separarse en 2016. Abu Musab al-Barnawi, líder de ISWA, no está de acuerdo con los ataques contra objetivos civiles con carros u hombres bombas y prefiere el combate contra las fuerzas de seguridad, mientras ha sido una característica típica de Shekau, los ataques utilizando suicidas, ya no solo militantes sino, y en muchas oportunidades, mujeres y niños, que son detonados a control remoto en lugares atiborrados de civiles como mercados, procesiones, iglesias, mezquitas y terminales de ómnibus.

Este renovado impulso en los ataques frenéticos de los muyahidines tanto de Boko Haram, como de ISWA, obligará al presidente Buhari a redoblar sus esfuerzos para contener la ofensiva e investigar si detrás de esta campaña sangrienta no están enmascarados interés político de algunos de sus contrincantes electorales ya que la presidencia de Nigeria significa administrar el mayor productor del continente de petróleo y gas. Por lo que Buhari, ya no solo debe guardar por la seguridad de los casi 200 millones de nigerianos, sino también, por su propia sobrevivencia política.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Nigeria: Boko Haram lejos de la derrota

Guadi Calvo*. LQS. Septiembre 2018

El presidente Muhammadu Buhari, realiza una fuerte campaña para incentivar a los desplazados internos, entre un millón y medio y dos, comiencen a retornar a sus lugares de origen para volver a poner en marcha la cadena productiva, prácticamente paralizada en el norte del país, desde que el grupo wahabita intensificó sus acciones

Desde hace dos años, con alguna frecuencia se anuncia la derrota definitiva del grupo terrorista nigeriano Boko Haram, a manos de los efectivos de la Operación Lafiya Dole, que desde mayo de 2016, conforman la Fuerza Multinacional Conjunta (MJTF) compuesta por tropas de Nigeria, Níger, Chad y Camerún.
Aunque según se ve los muyahidines parece no enterarse. Desde este último viernes se registra una gran actividad en el área de Guzamala, en el nordestino estado de Borno, donde una facción escindida de Boko Haram, capturó la ciudad de Gudumbali, donde al menos murieron ocho civiles, después de ocupar y saquear una base militar cercana donde capturaron gran cantidad de armamento, incluso tanques y otros vehículos, mientras lo que no alcanzaron a llevarse ha sido destruido.

El hecho ha vuelto a provocar que más de tres mil de pobladores buscaran refugio en los bosques cercanos. Muchos de los que escaparon se refugiaron en Damasak, a unos 80 kilómetros de la frontera con Níger, mientras que otros huyeron hacia Gajiram, una ciudad ubicada al sur de Gudumbali, donde en un ataque similar en junio último fueron asesinados nueve militares. Los vecinos reportaron que a diferencia de otras oportunidades que la ciudad fue conquistada por los integrista y fueron sometidos a las estricta sharia o ley islámica, fueron alentados a abandonar el área de combates.

El hecho se produce mientras el gobierno del presidente Muhammadu Buhari, realiza una fuerte campaña para incentivar a los desplazados internos, entre un millón y medio y dos, comiencen a retornar a sus lugares de origen para volver a poner en marcha la cadena productiva, prácticamente paralizada en el norte del país, desde que el grupo wahabita intensificó sus acciones, en 2011, provocando cerca de 25 mil muerto y la destrucción de millones sembradíos.
El presidente Buhari, ex militar y presidente de facto entre 1983 y 1985, llegó a la presidencia tras imponerse en las elecciones de 2015, con la promesa fundamental de exterminar el terrorismo, a meses de las nuevas presidenciales, en febrero de 2019, Buhari que aspira a un segundo mandato, sabe que si no logra dar grandes pasos en esa dirección, será muy difícil de poder alcanzar la reelección.

La toma de Gudumbali, se inició el viernes último cuando un número indeterminado de muyahidines, ingresaron a la ciudad en camiones militares perfectamente uniformados y pertrechados, que con artillería pesada atacaron la base militar con una dotación de750 efectivos. Según algunos vecinos el ataque al regimiento habría empezado a las 7:50 pm del viernes y se continuó hasta la madrugada del sábado, cuando las tropas regulares se vieron obligadas a retirarse.

Ataques similares se han producido estas últimas semanas en otras localidades de los estados de Borno y Yobe, que han sido negados por la jefatura, aunque ya se ha advertido a los comandantes de las unidades militares, los graves castigos que podrían sobrevenir si abandonaran sus posiciones frente a la insurgencias wahabita.

Gudumbali, ya había sido tomada en 2014 por los integristas que la mantuvieron bajo su control hasta 2016. En julio pasado el Jefe del Estado Mayor del Ejército, Tukur Buratai, había inaugurado en esta ciudad un cenotafio para recordar el asesinato de 144 soldados en un ataque de terrorista en 2014.
Algunas autoridades civiles del estado de Borno, han sugerido que entre los regulares, habría agentes encubiertos de Boko Haram, como ya se ha observado en situaciones similares, que lograron evitar que lo tropa resistiese con más empeñó, instalando el terror entre los soldados que finalmente se dieron a la fuga.

Los terroristas que participaron de la toma de la ciudad y la base de Gudumbali son miembros de la facción de Boko Haram, liderada por Abu-Mosad al-Barnawi, el nuevo emir del Daesh en África Occidental, luego de haber desplazado de su cargo a Abubakar Shekau, en 2016, quien estaba al mando de la organización desde 2009 y quien en marzo de 2015, había realizado el bayat (juramento de fidelidad) al líder del Daesh, Abu Bakr al-Bagdadí.
La escisión lejos de ser pacifica fue el resultado de largas y sangrientas disputas internas donde se llegaron a asesinar altos mando de la organización que finalmente eclosionó en agosto de 2016, lo que obligó al Daesh, a elegir al-Barnawi como su nuevo emir en ese Wilāyat (provincia del califato).
Volver a los orígenes.

Abu Mus’ab al-Barnawi, quien ha sabido ganarse la gracia del Califa Ibrahim, está dando un giro importante en las acciones militares de la organización, estableciendo el fin de los ataques indiscriminados contra objetivos civiles, en los que han muerto miles de inocentes, preferentemente en mercados y terminales de buses, donde atacantes suicidas, por lo general mujeres y niños, detonados a control remoto, estallaban entre la multitud. En los últimos años de mandato de Abubakar Shekau, prácticamente había desechado los ataques a blancos militares, concentrándose, por su facilidad, en ataques suicidas. Shekau, todavía controla un número importante de la fuerza de Boko Haram, por lo que no se descarta que los ataques contra la población civil se continúen.
Con el liderazgo al-Barnawi, su nueva organización también conocida como Wilayat Gharb Ifriqiya o ISWAP (Provincia de África Occidental del Estado Islámico), parece haber tomado el rumbo original de la organización fundada en la ciudad de Maiduguri en 2002 por Ustaz Mohammed Yusuf, padre de Abu Mus’ab al-Barnawi, conocida como Jama’atu Ahlis Sunna Lidda’awati wal-Jihad, (Comunidad comprometida con la propagación de las enseñanzas del Profeta y la Yihad).

El mullah Yusuf fue asesinado extrajudicialmente por la policía en 2009 después de que ordenó una insurrección armada generalizada en las ciudades del noreste, atacando comisarías, saqueando tiendas e incendiando residencias de funcionarios. El hecho convirtió hasta la entonces secta religiosa para la promoción de wahabismo, financiada por Arabia Saudita, en el movimiento terrorista, más letal del oeste africano que siguió siendo financiada por la familia Saud.
A la muerte del mullah Yusuf, ocupó el cargo de emir Shekau, cambiando el nombre de la organización a Boko Haram en lengua hausa “La educación occidental está prohibida”, mientras que Abu Musab al-Barnawi, fue por años portavoz de la organización y también jefe logístico, quien tuvo a su cargo la responsabilidad de la creación de nuevas redes de aprovisionamiento de armas procedentes de Sudán y otros países africanos, que llegaban con regularidad a Nigeria, atravesando miles de kilómetros desérticos.

La nueva táctica del ISWAP, concentra sus recursos no solo en atacar objetivos militares, presidiendo de asesinar civiles, sino también al modo de la organización chií político-militar libanesa Hezbollah de asistir a las comunidades aisladas proveer de equipos para extracción de agua y provisión de electricidad, además de perseguir y ejecutar a miembros de Boko Haram, aparados en la indefensión de las aldeas, y ejecutar a sus propios combatientes acusados de violar, robar o matar. Además en áreas del norte de Borno, que limita con el lago Chad y que se encuentra bajo control del ISWAP, proporcionan ayuda a los desplazados y préstamos blandos a pequeños productores, táctica también utilizada en un primer momento por Yusuf, para conquistar adeptos.
Ocupar el lugar del estado ausente, generará en el ISWAP, un importante colchón de sostenimiento en las poblaciones que controla, dando un giro político importantísimo frente a la sociedad civil y obligando a las autoridades federales a implementar otros métodos para combatir al ISWAP, fuera de los estrictamente militares.

La guerra de Boko Haram, ha obligado a casi dos millones de nigerianos a refugiarse a las orillas del lago Chad, sumándose a los más de veinte millones de personas que viven en sus riveras, de las que nueve, se encuentran próximos a sobrellevar una crisis alimentaria y sanitaria, dada la escasez de agua en la región, ya que la insurgencia, según estudios de UNICEF, ha dañado el 75% de la infraestructura de agua en el noreste de Nigeria, que alberga a más de 24 millones de personas, lo que ha provocado una reducción drástica de lo que fue el lago más grande del continente pasado de ocupar un área de 25 mil kilómetros cuadrados, en los años 60, con más de 135 especies de peces, a 2500 veinte años después, reducido casi a la nada la fauna ictícola, incrementando las áreas desérticas. La evaporación del lago se debe a una conjunción de distintos efectos como el manejo irresponsable del agua y al cambio climático, que acaba con los pueblos tanto como la guerra.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Las mil vidas de Boko Haram

Guadi Calvo*. LQS. Agosto 2018

Las operaciones militares conjuntas del ejército nigeriano junto a los de países vecinos, el surgimiento de los Comités Civiles de Vigilancia (CCV) grupos de autodefensas de vecinos, por lo general mal armados y peor entrenados, que en más de una oportunidad utilizan su fuerza para ejecutar venganzas y ajustes de cuentas

Con alguna frecuencia, las autoridades nigerianas han dado por derrotado al grupo insurgente Boko Haram, en diciembre de 2015, solo a siete meses de haber asumido el cargo, el presidente Muhammadu Buhari, anunció que: “Boko Haram había sido técnicamente derrotado”, lo que se reiteró el 1 de enero de 2018. Casi de manera calcada el 4 de febrero, pasado el general de división Rogers Nicholas del ejército nigeriano anunció que había “derrotado totalmente la insurgencia de Boko Haram”. Y parecía cierto, el viernes anterior, cientos de militantes se habían rendido mientras otro buen número de ellos escapaban al otro lado de la frontera.

Horas después de este último anunció, la fracción Abu mus’ab al-Barnawi, el joven líder que disputa el poder al mesiánico jefe Abu Bakr Sheakau, del grupo integrista que desde el 2009 provocó más de 30 mil muertes, y 2.5 millones de desplazados, asesinaba nueve soldados, en un asalto al cuartel de Kanama en el estado de Borno. Mientas que al día siguiente, Sheakau, tan alucinado como siempre, en un video advertía: “Tenemos buena salud y nada nos ha sucedido”. Y al parecer no miente.

A pesar de la asfixiante Operación Lafiya Dole, puesta en marcha en mayo de 2016, por el gobierno del presidente Buhari, con la coordinación de la Fuerza Multinacional Conjunta (MJTF) con sede en Yamena (Chad) compuesta por los efectivos de los ejércitos de Nigeria, Níger, Chad y Camerún, que ya ha conseguido abatir a centenares de militantes wahabitas, del grupo Boko Haram, la organización integrista que en marzo de 2015 hizo su bayat o juramento de lealtad al Daesh, sigue golpeando, ahora con intermitencias, pero siempre de manera sanguinaria y efectiva.
El viernes 20 de julio un atacante suicida, se inmoló en una mezquita en el área de Mainari en Konduga, al noreste del estado de Borno, en el primer rezo del día, asesinado a por lo menos ocho personas e hiriendo a cerca de una docena. El atacante habría operado un IED (Dispositivo Explosivo Improvisado) lo suficientemente poderoso como para hacer colapsar al edificio.

El último 17 de julio, un grupo de camiones con carga comercial y custodia militar, fue emboscado en el estado de Borno, cerca de la aldea de Mussini a pocos kilómetros de la frontera con Camerún. Tras forzar a la columna a detenerse y asesinar a nueve choferes, Saquearon la carga y prendieron fuego a los vehículos.
El penúltimo fin de semana de julio, los muyahidines tendieron una nueva emboscada a las tropas del ejército en Bama estado de Borno, al tiempo que ocuparon la base militar de la vecina Yobe, donde procedieron a saquearla y robar armamento.

Diferentes versiones hablan de numerosas bajas producidas a los atacantes mientras se confirma la muerte de una veintena de soldados. El pasado jueves 19, en Chad, en la región del lago, elementos de Boko Haram atacó un pueblo al sur de Dabua, cercana a Níger, degollando a 18 personas, hirieron a dos y secuestraron a diez mujeres. Así todo las autoridades locales informaron a las poblaciones de la región que, “su seguridad está garantizada”, a pesar de las reiteradas emboscadas y atentados suicidas.

Aunque las operaciones militares conjuntas del ejército nigeriano junto a los de países vecinos, el surgimiento de los Comités Civiles de Vigilancia (CCV) grupos de autodefensas de vecinos, por lo general mal armados y peor entrenados, que en más de una oportunidad utilizan su fuerza para ejecutar venganzas y ajustes de cuentas, que poco tienen que ver con las acciones de los terroristas y la implementación por parte del ejército de los Batallion d’intervention rapide (BIR) fuerzas móviles de rápido desplazamiento, no consiguen detener a Boko Haram, que a pesar de haber perdido poder de fuego y respuesta, siguen muy operativos.

La guerrilla integrista en agosto de 2016, sufrió un desprendimiento importante, cuando la jefatura del Daesh, decidió el remplazo de Abu Bakr Shekau, por Abu mus’ab al-Barnawi. Lo que Shekau se negó a aceptar, produciendo un “sisma” en el interior de la organización, más violenta del oeste africano, Estado Islámico de África Occidental (ISWA), al mando de Abu Mus’ab al-Barnawi, según se cree negociando con el gobierno una rendición, que junto a su lugarteniente, Mamman Nur, se ocuparon una importante área del lago Chad, mientras los seguidores de Shekau parece haberse asentado, una vez más, en el bosque de Sambisa

La división no ha debilitado a la organización, muy por lo contrario, ha vuelto a aumentar sus acciones tras casi año y medio de derrotas. En este último junio 43 personas, murieron en una ola de ataques suicidas en la ciudad de Damboa.
Los ataques suicidas contra objetivos civiles o “blandos” como mezquitas, mercados y estaciones de autobuses, en muchos casos llevados a cabo por mujeres o niños, se han convertido en lo más característico de los ataques de la facción dirigida por Shekau.

Sangre en lago del Chad

La región del lago Chad, que comparten fronteras Níger, Chad, Camerún y Nigeria, de muy duras condiciones de vida, donde se han asentado, más de dos millones de desplazados, es de muy poca profundidad, pero tiene un espejo de agua de aproximadamente 1300 kilómetros cuadrados, que desde hace cuarenta años se encuentra en un franco proceso de agotamiento y donde la pesca es cada vez más escasa.

En toda la región del lago la violencia terrorista, sigue en constante aumento desde 2015. Allí pelotones de Boko Haram se han atrincherado en la región, sacando provecho de las vastas extensiones pantanosas de muy difícil acceso, provocando incontables acciones terroristas de diferentes rangos de violencia, ataque y saqueos contra los campos de refugiados, robos, ataques a unidades del ejército y secuestros extorsivos, en 2015 fueron 392, en 2016, se produjeron cerca de 280 operaciones y en 2017, fueron 362 las incursiones wahabitas.

El estado norteño de Borno, y la ciudad de Maiduguri, su capital, han sido otro claro objetivo del terrorismo, donde más de 90 ciudades y pueblos del estado fueron atacados el año pasado, mientras que Maiduguri, se convirtió en el centro urbano con el mayor número de ataques. En su mayoría ataques suicidas, que acumulan casi una 12 mil víctimas mortales desde 2015.

Un elemento fundamental en la conflictividad de la región, es la presencia cada vez más activa de los Estados Unidos, que de manera muy gradual han ido elevando el número de efectivos cerca de 7 mil, en todo el continente, y en menor grado tropa francesas, solo en Níger unos 800 boinas verdes, asisten a las tropas nigerinas, en su lucha contra el terrorismo asentado fundamentalmente en el norte de Mali, militantes a fines a al-Qaeda y al Daesh, que transitan en rutas del desierto entre Mali, Libia y Níger.

El gobierno de Camerún ha reconocido que un número indeterminado de comandos de SEAL, están colaborando con sus cuerpos especiales para luchar contra Boko Haram, un fantasma siempre oportuno.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Nigeria: Masacre en el Cinturón Medio

Guadi Calvo*. LQS. Julio 2018

A pesar de que las tres grandes etnias nigerianas Hausa en el norte, Yoruba al suroeste e Igbo en el sureste, han logrado imponerse al resto de las minorías las luchas interétnicas constituyen una problemática constante, fundamentalmente entre agricultores y pastores que regularmente permiten que su ganado penetre las tierras de cultivo y se rehúsan a pagar indemnizaciones a los agricultores cuyos cultivos son afectados

En pleno siglo XXI, muchas comunidades siguen librando conflictos que para la mayoría de la humanidad, parecerían haber sido superados hace siglos. En algunos lugares la vieja disputa entre los pastores nómades y los agricultores sedentarios, se resuelve con la misma violencia de siempre, al mismo costo de vidas y prácticamente con los mismos métodos.

Durante el último fin de semana una masacre volvió a sacudir Nigeria, ya acostumbrada a las acciones del grupo integrista Boko Haram, pero en este caso las muertes no fueron ocasionadas por la banda terrorista, sino que se debieron a la larga e intermitente “guerra” que distintos grupos étnicos y religiosos mantienen en la región central del país conocida como el “Cinturón Medio”. Que históricamente ha sido una frontera natural entre el norte esencialmente musulmán y el sur cristiano.

La región habitada mayoritariamente por grupos étnicos minoritarios, que se extiende a lo largo del país de manera longitudinal, aunque no cuenta con límites precisos, ya que esta signada por la importante diversidad de los pueblos, algunos todavía nómades o semi-nómadas, que expanden o dilatan sus fronteras, según la época del año.

Es importante señalar en este punto que Nigeria, ex colonia británica independizada durante los años sesenta, y que hoy cuenta con cerca de 200 millones de habitantes está compuesta por más de 250 etnias y donde se habla más de 50 lenguas. Algunas de estas antiguas naciones, han sido rivales ancestrales y que por la aberración colonialista, se vieron compelidas a conformase en una único país, tras la el proceso independentista.
Las profundas rivalidades que el colonialismo británico ocultó a sangre y fuego, en Nigeria, han abierto conflictos secesionistas como el de la guerra de Biafra (1967-1970) que dejó más de un millón de muertos, 400 mil desplazados y secuelas que a casi 50 años todavía siguen al tan latentes, que parecen estar a punto de volver a estallar.

A pesar de que las tres grandes etnias nigerianas Hausa en el norte, Yoruba al suroeste e Igbo en el sureste, han logrado imponerse al resto de las minorías las luchas interétnicas constituyen una problemática constante, fundamentalmente entre agricultores y pastores que regularmente permiten que su ganado penetre las tierras de cultivo y se rehúsan a pagar indemnizaciones a los agricultores cuyos cultivos son afectados.

Ya en 2013 se habían constituido un proceso de Diálogo Intercomunal conocido como el “Foro de Jos” que en el trascurso de un año y medios discutió la problemática y concluyó en una “Declaración de Compromiso por la Paz”, que desde comienzos de año parece haber volado por los aires.
Los sucesos del último fin de semana que dejó un total de 200 muertos, se los ha adjudicado la Miyetti Allah Kautal Haure (Asociación de Criadores de Ganado Miyetti ) que se opone a la aprobación de las Leyes de Prohibición de Pastoreo abierto y que ha advertido que los asesinatos eran una consecuencia directa de su oposición y que de no mediar una solución más amplia se seguirán produciendo.

En el fin de semana tras un enfrentamiento que se prolongó durante cinco horas entre pastores Fulani, de mayoría musulmana y agricultores cristianos de la etnia Berom, acusados de robar más de 300 cabezas de ganado a los fulanis, en cercanías de la ciudad de Jos, capital del estado de Plateau, que ha sido epicentro de violencia étnicas-religiosa desde finales del siglo pasado, pero que se ha incrementado desde comienzos de este año habiéndose desarrollado pequeñas batallas entre ambos grupos que han dejado más de 700 muertos, la destrucción de unas cincuenta aldeas y el desplazamiento de casi 5 mil personas.
Aunque el conflicto se centra en la disputa por las tierras cultivables entre pastores y agricultores sedentarios, se teme que el conflicto viré en un enfrentamiento etnó-religioso y se señala que son los pastores fulani, de mayoría musulmana quienes ejercen la mayor violencia en convivencia con fuerzas del ejército y la policía, que a pesar de los llamados de auxilio, prefirieron no intervenir en estos últimos combates. Según los expertos la prolongación de este conflicto podría incluso eclipsar la violencia de los muyahidines de Boko Haram en noreste del país.

El gobernador del estado de Plateau, Simón Lalong ha declarado que: “Elementos criminales con armas sofisticadas estaban exacerbando las tensiones, incluidos los mercaderes conflictivos involucrados en abigeato, robo, bandidaje, fusilamiento, torturas, violaciones y otros crímenes”. Y que podría definirse como “una invasión terrorista”.

A estos conflictos en el centro del país juntos a la latente amenaza del grupo integrista Boko Haram, y las guerrillas que operan en el sur del país contra instalaciones petroleras, es uno de los mayores problema para el presidente Muhammadu Buhari, un ex general y presidente de facto (1983-1985), que pretende buscar la reelección en febrero, ya que las y que su triunfo electoral de 2015, se le atribuyó a sus promesas de paz y estabilidad, en momento de que Boko Haram, desplegaba su campaña de terror en prácticamente todo el norte del país, habiendo asesinado desde 2009 a más de 30 mil personas.

Entre las secas y las lluvias

La crisis de los campos de pastoreos se está intensificando a raíz de dos situaciones: el constante crecimiento de población de nigeriana, que invade terrenos cultivables o de pastoreo para viviendas y la expansión de la región árida del Sahel hacia el sur de las fronteras del Sahara.
El Foro de Jos ha hecho un llamado a la comunidad a la Unión Africana, para que condene los hechos y exija al gobierno del presidente Baharí para que contenga estas acciones y proteja a los pueblos del cinturón central. El foro señaló que de profundizarse la crisis étnica en Nigeria podría llegar a producirse algo similar al genocidio ruandés de 1994, que en pocas semanas dejó más de un millón de muertos.

Además el Foro, ha hecho un llamado a la Corte Penal Internacional para que investigue el genocidio en el Cinturón Medio y llevar a los responsables ante la justicia. Mientras que se llama a los gobernadores de los Estados del Cinturón Medio, a armar ejercito privados en defensa de los agricultores.
El gobierno federal anunció el envió de una fuerza especial al estado de Plateau para reforzar la seguridad local y que los refuerzos incluirían dos helicópteros de vigilancia policial, cinco vehículos blindados, más tropa y oficiales de las Fuerzas Especiales de Intervención Policial, para dar cobertura a las comunidades, más vulnerables en todos los pueblos, aldeas, y asentamientos en todas las áreas afectadas del Cinturón Medio.

En los primeros meses de 2016 mercenarios contratados por los Fulani asesinaron a más de 300 campesinos de varias aldeas de Agatu, en el Estado de Benue, parte del Cinturón, donde además quemaron casas, graneros e iglesias y obligaron a desplazarse decenas de miles de personas. La misma clase de ataques se repitió en otros estados de del cinturón central: en Plateau, Kaduna, Taraba, Nasarawa y Adamawa. Más allá de las claras evidencias de la responsabilidad de los fulanis por estos hechos nunca han sido detenidos y mucho menos castigados por las autoridades federales de Abuya.

Mientras las tribus nómadas que utilizan las migraciones estacionales hacia el sur a través de las comunidades de Cinturón Medio durante la estación seca y hacia el norte durante las temporadas de lluvias, la desertificación y el aumento poblacional, sigan aferradas a sus ancestrales costumbres y la seudo modernidad no intervengan en la resolución de estos conflictos los hombres se seguirán matando en procura del bienestar de sus clanes como desde los principios del tiempo.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Nigeria: Boko Haram no se rinde

Guadi Calvo*. LQS. Marzo 2018

Boko Haram, aún cuenta con estructura suficientemente importante como para atacar lugares tan distantes como el norte de Camerún, donde en 2016 produjo 26 y el año pasado 32 ataques; o en la región fronteriza de Diffa, entre Níger y Nigeria, que en 2016 fueron 18, mientras que al año siguiente se constataron solo 7

El ataque del viernes 16 de febrero, en que tres suicidas del grupo Boko Haram, de lo que se cree participaron mujeres, detonaron sus chalecos explosivos en medio de la concurrencia del mercado de pescado de Konduga, a las afueras de Maiduguri, capital del norteño estado de Borno, dejando al menos 22 muertos (algunas fuentes ya hablan de que serían 40 los muertos) y más de 40 heridos, trae una vez más la atención de la prensa internacional sobre el grave conflicto que asuela a Nigeria desde el año 2009 ya ha producido más de 30 mil muertos y casi tres millones de desplazados.

Es relativamente cierto lo declarado en varias oportunidades, desde fines de 2015, por el presidente nigeriano Muhammadu Buhari, sobre la derrota del grupo fundamentalista, que hasta su asunción en mayo de ese año, protagonizó infinidad de matanzas quizás la más importante se produjo en enero de 2015 en la localidad de Baga, también en el estado de Borno, que a lo largo de tres días arrasaron varias aldeas, lo que dejó un saldo cercano a los 2 mil muertos. Aunque disminuido Boko Haram sigue golpeando.

Desde que el general Buhari, asumió su segundo mandato presidencial, las operaciones del ejército nigeriano junto a la Fuerza de Tarea Conjunta Multinacional (MNJTF), compuesta por unidades militares de Benín, Chad, Camerún y Níger, Boko Haram ha recibido innumerables golpes que obligaron a replegarse a los fundamentalistas, perdiendo grandes porciones del territorio que había conquistado frente a la desidia de las fuerzas armadas en conjunto con las fuerzas políticas, a las que se las sospecha que esta guerra contra el terrorismo, ha sido una excelente cuartada para esquilmar las arcas del estado.

Más allá de esas victorias del ejército, la banda liderada por el mediático y estrafalario Abubakar Shekau, quien alguna vez amenazó a Barack Obama con vender como esclavo, suele golpear con fiereza a la población civil, sin impórtale que la enorme mayoría de los muertos son musulmanes. Con la debacle la organización se ha fracturado por lo menos en dos grupos a partir de agosto de 2016.

Este último ataque es uno más de los muchísimos que viene pergeñando con las mismas características, utilizando como atacantes a mujeres, incluso niñas, que disimulan los explosivos en sus burkas, y se infiltran en lugares con aglomeración de personas: mercados, plazas, mezquitas, terminales de buses. Se ha comprobado que en algunas oportunidades esas “atacantes” son detonadas por control remoto. Como los sucedidos en el mercado de Biu, en diciembre último que provocó 13 muertos y 53 heridos, unos días antes con la misma metodología dos mujeres se detonaron en una mezquita de Adamawa, en el noreste del país, en esa oportunidad los muertos fueron 50. En agosto de 2017, 27 personas murieron y otras 80 resultaron heridas, en Mandari, cerca de Mandiguri. La lista que describe esta metodología es tan extensa como la de otras aberraciones que han producido la banda terrorista, a lo largo de su historia.

Tras este último ataque el Jefe del Estado Mayor del Ejército, general Tukur Buratai, ha ordenado la búsqueda y captura, vivo o muerto, de Abubakar Shekau, a las tropas acantonadas, en Camp Zairo, un antiguo Centro de Comando y Control, arrebatado en enero de 2016, tras la operación “Deep Punch II” a los terroristas en el bosque Sambisa, hasta entonces un verdadero santuario para los muyahidines nigerianos, según algunas versiones Shekau tras la pérdida de Sambisa, estaría refugiado en la zona montañosa de Mandara.

Más allá de estar batiéndose en derrota, la milicia que ha jurado bayat (lealtad) al Daesh en marzo de 2015, en 2016 produjo 910 muertos y el año pasado cerca de 1000.

Boko Haram, aún cuenta con estructura suficientemente importante como para atacar lugares tan distantes como el norte de Camerún, donde en 2016 produjo 26 y el año pasado 32 ataques; o en la región fronteriza de Diffa, entre Níger y Nigeria, que en 2016 fueron 18, mientras que al año siguiente se constataron solo 7, en el litoral del lago del Chad, lugar donde se han refugiado la mayoría de los desplazados, la frecuencia es la más baja 2 en 2016 y 3 en 2017. Mientras que en Nigeria los ataques en 2016 fueron 80 y en 2017, 119, de ellos, 59 suicidas.
Se cree que la ofensiva del ejército a lo largo de este año podría llegar a estrangular a la guerrilla takfiristas ya que Washington ha decidido levantar las restricciones para la venta de armas a Abuya, aunque las condiciones norteaméricas aún no han sido aceptadas por parte de Nigeria.
Un frente fracturado, pero activo.

La división en dos líneas de producida en agosto de 2016, hasta ahora no parece haber tenido más consecuencias, que las que venía sufriendo por la embestida del ejército nigeriano, hasta esa fecha, ni mucho menos hay indicios de una guerra interna entre ambas facciones, como muchos habían augurado.
Las disputas entre Abubakar Shekau y el líder de la banda escindida, Abu Musab al-Barnawi, no han sobrepasado hasta ahora, las contradicciones tácticas de ambos líderes. Se espera que dada la situación de la organización, no resuelvan sus pleitos por la vía armada, ya que una guerra interna sería el golpe final para el grupo. Para 2014 se consideraba que la banda contaba entre 15 y 20 mil militantes, mientras que en la actualidad el número ha disminuido en un 50 % y algunos informen dicen que la mayoría de esos milicianos se ha ido con al-Barnawi. Ya que sus estrategias no contemplan el ataque a civiles, lo que ha redundado, no solo en la aceptación de la tropa, sino también en la recuperación del apoyo popular que siempre tuvo la Boko Haram.

Historias de canibalismo forzado, rituales de sangre, violaciones, torturas a los propios militantes, alentados por Shekau, que se desarrollan en los campamentos de Boko Haram se han generalizado en los últimos años, lo que ha hecho que muchos de los hombres de Shekau, decidan desertar e incluso entregarse a las autoridades.

Aunque la derrota de Boko Haram, en este caso se prevé y estos ataques configuren los estertores de una muerte segura, la compleja situación del norte nigeriano, tardará en resolverse, ya que al ser la parte más pobre del país, Nigeria está claramente dividida en dos sectores un norte musulmán y sin grandes recursos económicos y el sur cristiano y con riquísimas explotaciones petroleras y agrícolas que al decir en verdad poco redunda en la población. Esta diferencia sumada a la violencia terrorista del norte que reclama cada vez más recursos financieros para combatirla es lo que está alentado un fuerte movimiento separatista.

Tras la derrota del fundamentalismo, el norte del país necesitara más allá de un proceso de negociaciones y reconciliación, de políticas de inclusión para ciento de miles de jóvenes abandonados de la mano del Estado, lo que dio oportunidad a las mezquitas y madrassas wahabitas financiadas por el Reino Saudita a la formación de terroristas. Incluso son muchos emires del islam nigerianos que se han formado en la Universidad Islámica de Medina en Arabia Saudita.

La guerra pareciera estar cerca del fin, aunque ahora Nigeria deberá vencer los motivos que la han generado, fundamentalmente marginación, exclusión y pobreza, de no ser así Boko Haram, tarde o temprano será invencible.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
África – LoQueSomos

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Nigeria: Boko Haram vive… matando

Guadi Calvo*. LQSomos. Noviembre 2017

Más allá de las declaraciones del presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, a fines del año pasado, sobre que el grupo integrista Boko Haram, (la educación no islámica es pecado) en hausa, una de las 400 lenguas locales, había sido “aplastado”, Boko Haram, vive y vive matando, tras el lanzamiento en mayo de 2016 de la operación Lafiya Dole, en hausa bien hecho.

El martes 21 de noviembre se volvía a registrar un ataque suicida en la ciudad de Mubi, en la región de Adamawa, en una mezquita repleta de fieles, quienes se preparaban para el primero de los cinco rezos o salat a los que obliga el Corán, el salat del alba o fayr. El ataque que dejó por lo menos cincuenta muertos y un número indeterminado de heridos se produjo en el sector masculino, donde se encontraban muchos menores. La particularidad del atentado, responde al modus operandi, que la organización viene practicando, tras las sucesivas derrotas que el ejército nigeriano le está propinando desde el cambio presidencial en mayo de 2015, en que utiliza menores y mujeres como suicidas, en muchos de esos casos detonados a control remoto. En este caso se cree que habrían sido dos los menores suicidas.

La agencia de la ONU para la Infancia (UNICEF) denunció en 2016 el aumento de la utilización de menores de ambos sexos, incluidos bebés, para acciones suicidas de Boko Haram, no solo en Nigeria, sino también en Níger, Camerún y Chad. En 2014 habían sido solo cuatro los ataques de estas características, mientras que en 2015 fueron 56, en 2016 “bajó” a 30 y hasta donde hay registro de este año el número ya habría trepado a 35, según la misma fuente las tres cuartas partes de los menores serían niñas.

Las nuevas políticas antiterroristas han podido desalojar al grupo de los grandes bosques de los Estado de Borno y Adamawa con un territorio similar al tamaño de Bélgica. Durante más de diez años, la organización fundada por el emir Mohammed Yusuf, en 2002, utilizó como cuartel general, donde tenía sus campos de entrenamiento y mantenía cientos de rehenes, por los que cobraba importantes rescates o los obligaban a incorporase a sus filas. Se cree que fue justamente en ese sector donde han mantenido por muchos meses a las 220 alumnas secuestras de una escuela católica en la localidad de Chibok en abril de 2014.

La organización integrista, si bien nació como un grupo religioso, se radicalizó mucho más tras la confusa muerte de Yussuf en 2009 según la comunicación oficial murió en combate, mientras otras fuentes insisten en que fue asesinado en cautiverio, víctima de “la ley de fuga”. Tras la asunción como emir del segundo de Yussuf, Abubakar Shekau, la banda integrista se radicalizó en extremo hasta que en marzo de 2015, juró bayat (lealtad) al califa Ibrahim, (Abu Bakr al-Bagdadí) líder y fundador de Daesh. Pocos meses más tarde, en agosto de ese mismo año, Shekau declaró la creación del califato islámico en el municipio de Gwoza, en el Estado de Borno, donde se cree fue fundado el grupo.

Se estima que las víctimas mortales de Boko Haram rondarían entre las 20 y 25.000 almas y produjo casi tres millones de desplazados, que se encuentran en una situación humanitaria crítica, viviendo en campamentos, que suelen ser blanco de ataques. El grupo ha llegado a operar en países vecinos a Nigeria, como Camerún, Níger, Chad y Beni, cuyos ejércitos han debido conformar una fuerza conjunta para repeler sus acciones.

Este último ataque revela que los wahabita, si bien han sido reducidas sus acciones en muchos sectores de noroeste del país, donde se asienta la mayoría musulmana, se encuentra todavía en condiciones de producir daños de magnitud.

El ataque del pasado martes 21 de noviembre que se produjo a las 5,30 de la madrugada, es el primero que desde que Boko Haram fue expulsado de la ciudad de Mubi a finales del 2014. Y fue llevado a cabo no por acciones de militares, sino por milicias conformadas por un grupo civiles constituidos en muchos sectores del país, para contrarrestar las acciones no solo de los terroristas, sino también del propio ejército que en muchas oportunidades han cometido abusos contra los pobladores civiles y sus propiedades, dejándolos así entre dos fuegos.

Mubi, a 200 kilómetros de Yola, capital de la provincia del Estado de Adamawa, con una población de 130.000 personas se ubica al este del país, próxima a la frontera con Camerún, había sido tomada por los muyahidínes en octubre de 2014, estableciendo la rigurosa ley islámica, conocida como sharia (senda o camino del Islam) y cambiándole en nombre por Madinatul Islam, en lengua árabe Ciudad del Islam.

En los últimos meses, Boko Haram, concentra sus actividades en el extremo norte del Estado de Adamawa, donde se cree tiene su cuartel general en las montañas de Mandara, al este del Estado. Desde allí practica acciones de baja y media intensidad, como el atentado de fines de octubre a las afueras de la ciudad de Maiduguri, capital del estado de Borno, que se saldó con 13 muertos y 18 heridos, que le sirven para mantener la tensión y dar una continuidad a la leyenda de ser la organización fundamentalista más mortífera de África Occidental.

Una guerra inadecuada

A pesar de los ocho años de guerra que el ejército nigeriano contra Boko Haram, todavía no termina de concretarse en una victoria definitiva y por lo visto faltan años para alcanzarla.
Los hombres del ejército nigeriano, que ya han arrebatado 27 áreas que estaban en manos de los terroristas, no solo deben luchar contra una de las organizaciones más letales del mundo, equipadas con armamento de última generación y con un gran entrenamiento, sino que también tienen que enfrentarse a la corrupción imperante de los mandos medios y altos, no solo de las fuerzas armadas sino también del gobierno.

Se sabe que Boko Haram financia su guerra y sus hombres con otros “negocios” como el de dar apoyo armado a los carteles sudamericanos de la droga, que desembarcan su mercadería en el Golfo de Guinea para enviarlas a Europa, tras alcanzar la costa sur del Mediterráneo en Argelia, Túnez y Libia. Y eso mientras que a los hombres del ejército en el frente de combate, se les escamotean los sueldos, el armamento e incluso los víveres y la asistencia sanitaria, algo que obliga a los soldados a endeudarse o ser sostenidos por sus familias. El presidente Baharí, que ha tenido una larga carrera y movida carrera militar llegando a general, llegando a la presidencia tras un golpe de Estado en 1983, lugar del que fue desalojado del mismo modo dos años más tarde, es un perfecto conocedor del estado de semi esclavitud al que son sometidos los soldados, quienes se cobran sus padecimientos a la población civil cada vez que tienen oportunidad.

En una carta anónima que le han hecho llegar, se le informa al presidente que ni siquiera los soldados muertos en combate reciben un entierro adecuado y sus cuerpos son abandonados en los lugares que cayeron.

Desde que asumió a través de unas elecciones el cargo de presidente Buhari, sabía que el primer y más grande problemas del era Boko Haram. Por esa razón había tomado la responsabilidad de atender a la tropa involucrada de manera directa con esa guerra, incrementando el presupuesto militar de 2016 y 2017, mejoras que evidentemente han sido desviadas hacía los bolsones de la corrupción.

El gobierno anterior presidido por Goodluck Jonathan había gastado en 2015 la cantidad de 2100 millones de dólares en la compra de armamento, que nunca llegó a destino, razón por lo que en este momento se están juzgando varios alto funcionarios de Jonathan.

Mientras en 2016, un grupo de viudas de militares muertos en combate contra Boko Haram, denunciaron que sus pensiones no eran pagadas, lo que ha obligado a muchas de ellas a retirar a sus hijos del colegio.

Por otra parte, se ha conocido que cerca de 2.300 hombres, sospechosos de haber pertenecido a la organización terrorista, están siendo enjuiciados desde el mes pasado, a puerta cerrada, sin acceso de familiares y la prensa, por lo que será muy difícil creer en un debido proceso cuando lleguen las condenas. Los primeros 1.670 de los detenidos que fueron a juicio se encuentran en la base militar en Kainji, en el Estado central de Níger. Terminado este primer juicio, le seguirán 651 detenidos en el cuartel Giwa en Maiduguri, capital del Estado de Borno.

Organizaciones humanitarias han denunciado las terribles condiciones de los centros de detención militares y reveló que cerca de 1.200 prisioneros fueron ejecutados extrajudicialmente y otros 7.000 murieron desde 2011, estando bajo custodia de las fuerzas de seguridad. Por eso se cree que el número de miembros de Boko Haram, según agencias occidentales, es de 6.000 hombres, alcanzaría un número mucho mayor en una guerra donde todos viven… matando.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
África – LoQueSomos

África Occidental: La batalla silenciosa

Guadi Calvo*. LQSomos. Agosto 2017

A medio camino entre el Sahara y las sabanas. Un gran sector de África Occidental, particularmente en el arco que entorna el Golfo de Guinea y donde convergen el África negra y animista, con los pueblos árabes musulmanes, está al borde de un colapso social y cultural, político y económico que puede convertir a todos los países afectados en una cinturón de Estados Fallidos.

Con fronteras tan permeables como indefinidas, que posibilitan las filtraciones de traficantes de drogas, de armas y de personas, contrabandistas de hidrocarburos, oro y uranio. En muchos casos, también se dedican al secuestro y la extorsión, que ya les ha dejado cerca de 120 millones de dólares pagados fundamentalmente por empresas norteamericanas y europeas. A este estado de cosas hay que agregarle el permanente arribo de oscuros predicadores wahabitas, financiados por Arabia Saudita y otras monarquías del Golfo Pérsico, que han instalado el fundamentalismo religioso como única salida.

Esta vasta geografía convertida en una de las regiones más convulsas del mundo, santuario de terroristas, que en muchos casos también son los mismos traficantes, que mudan de actividad, nombre y fronteras de manera constantes, haciendo muy difícil su persecución.

Toda la región está inmersa en la pobreza extrema, devastada por la explotación de los consorcios occidentales, la crisis ambiental y la desocupación. Con una población en la que más de la mitad tiene menos de 15 años y el promedio de natalidad es de seis hijos por mujer, la única salida para millones de jóvenes es la emigración o enrolarse en las organizaciones fundamentalistas.

En barrios de Bamako y pueblos del interior de Mali, siguen estableciéndose mezquitas, madrassas y centros religiosos financiados desde Riad, lo mismo sucede en Mauritania, Burkina Faso, Costa de Marfil, Camerún y Ghana, donde la radicalización de los sectores populares es cada vez más fuerte, en contrapartida de la disminución de las viejas comunidades sufíes, una escuela mucho más abierta e integradora establecida en África occidental, desde hace siglos que van perdiendo miembros frente al despliegue del wahabismo, impulsado por los petrodólares sauditas.

En África Occidental, los ataques y atentados por partes de bandas integristas se suceden de manera constante. En cada uno de ellos los muertos se cuentan por decenas. Prácticamente no hay semana, en que en algún punto del Sahel y la costa occidental del continente, no se registre alguna operación devastadora contra la población civil, cada vez más indefensa, cada vez más abandonada, no solo por sus gobiernos ineptos y corruptos, sino también por las grandes organizaciones internacionales, que parecen tener un solo objetivo: impedir, a como dé lugar, la llegada de más refugiados a Europa.

En el norte de Mali, que desde abril del 2012, la virulencia terrorista no ha cesado a pesar de la presencia de las tropas francesas de la Operación Serval, a la que siguió la Operación Barkhane. Son más de 3.000 militares franceses, que operan también en Chad, Mauritania y Burkina Faso, que a pesar de que ya han eliminado a centenares de muyahidines e incautado más de 250 toneladas de armamento y explosivos no consiguen controlar el espiral de violencia. En 2016, se registraron más de un centenar de ataques y atentados y por lo que va de este año la cifra no será menor.

Esto deja en evidencia la torpeza tanto de las operaciones de los efectivos franceses, el ejército malí y los integrantes de las tropas de La Misión de las Naciones Unidas en Malí (MINUSMA) unos 12.000 hombres de 50 países, entre Francia, Reino Unido, Alemania, Suecia y Estados Unidos, aunque la mayoría de la tropa procede de países africanos, con pésimo entrenamiento. Desplegados en Gao, Kidal, Tombuctú y Mopti, norte y centro de Malí, esta misión se ha coinvertido en una de las más letales para los cascos azules, ya que ya son más de 130 las bajas mortales desde 2013.

El terrorismo no solo resiste, sino que sigue con la iniciativa y ánimo combatiente, a principios de esta semana se produjeron dos ataques contra efectivos de la ONU. El lunes, 14 en la ciudad de Douentza en la región de Mopti al sur del país dos miembros de los cascos azules fueron asesinados, al tiempo que era atacada la base de la ONU, en la ciudad sagrada de Tombuctú, donde seis guardias de seguridad privados murieron a mano de otro grupo wahabita.

Estos dos episodios se suceden apenas horas después de un mortal ataque contra el restaurante turco Aziz Istanbul en pleno centro de Uagadugú la capital de Burkina Faso, frecuentado por gran cantidad de extranjeros. Dos hombres llegados en moto abrieron fuego contra los asistentes, resultando 18 personas muertas y otras 20 heridas.

El local atacado se ubica en la Avenida Kwame N’kurumah, a 200 metros del centro gastronómico, que junto al hotel Splendid, en enero de 2016, fueron el foco del peor atentado en la historia del país, en el que habían muerto 30 personas.

Si bien ningún de los muchos grupos que operan en la región se han adjudicado los ataques, los especialistas coinciden en que podrían ser hombres a las órdenes del legendario Mohktar Belmokhtar, líder de al-Murabitun, organización que desde marzo pasado, se integró junto a Ansar Dine, el Emirato del Sáhara de Yahya, las Brigadas de Liberación de Macina, Ansarul Islam, Sariat al-Ansar, en Jamaât Nasr al islam wa al-mouminin» (Grupo para la Defensa del Islam y los musulmanes), vinculados a al-Qaeda global.

Lo que sucede en el norte de Mali, ya nada tiene que ver con las reivindicaciones del pueblo tuareg, que en 2012, se rebelaron contra Bamako, exigiendo la independencia de su ancestral territorio: Azawad, extremadamente rico en uranio. Tras los acuerdos de Argel, firmado en 2015, por la Coordinadora de Movimientos del Azawad (CMA) y el gobierno de Mali, las organizaciones terroristas siguen intentando enmascarase con la lucha de los tuareg, a pesar de que el pueblo azul, adjura de los principios del wahabismo.

El principal comprador de armas europeas y norteamericanas es Arabia Saudita, quien sigue financiando centenares de mezquitas y madrassas en África intentado expandir el wahabismo basamento filosófico del fundamentalismo de al-Qaeda y del Daesh.

Boko Haram no se rinde

A pesar de la guerra que los gobiernos de Nigeria, Chad, Níger, Camerún y Costa de Marfil llevan contra el grupo integrista Boko Haram, está decidido a no rendirse y responder golpe por golpe.

Una cadena de atentados se produjo el último martes dejando una treintena de muertos y más de 90 personas heridas. Tres ataques simultáneos, realizados por mujeres suicidas, en diferentes sectores de la localidad de Mandari, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Maiduguri capital del norteño estado de Borno. Esta operación fue como respuesta a las acciones del gobierno que se ha lanzado a localizar y detener al líder del grupo Abubakar Shekau.

Boko Haram ha dado muestras de su irreductible fanatismo y no será vencido hasta que no se logre una acción conjunta de los gobiernos de la región y la comunidad internacional que a pesar de conocer que es Arabia Saudita y las monarquías del Golfo Pérsico, quienes financian y alientan estos grupos, siguen haciendo grandes negocios con ellos, permitiéndoles que sigan expandiendo el rigorismo religioso que arrastra a miles de jóvenes a una muerte segura.

La batalla silenciosa en el occidente de África se sigue librando cada día, sin que al parecer a nadie le importe demasiado resolverla.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional

La fàbrica

fabrica-niños-nigeria-LQSomosSilvia Delgado*. LQSomos. Abril 2016

Estos días atrás he leído que en Nigeria (sobre todo), proliferan cada día más, las fábricas de niños. Lugares donde las mujeres son forzadas a parir y después les arrancan sus bebés para la venta de órganos, la brujería o para ser dados en adopción.

Pensando en esto, me acordaba también de los niños robados en el Estado español, décadas de mentiras, secuestros, abusos, impunidad, que han sido descubiertos y que ahora mismo naufragan en la memoria colectiva, como si esto nunca hubiera sucedido o pertenecieran a un tiempo muy pretérito.
No puedo evitar pensar en la naturaleza cruel del ser humano. De un color u otro, pertenecientes a una cultura u otra, a una religión u otra.
La normalización del espanto, el mercadeo de carne humana, el desprecio por la justicia, la ausencia de miedo, de castigo, produce estos monstruos bien organizados que hieren gravemente el porvenir y la esperanza.

Y claro, pensar en esto, en el abuso del crimen, en las consecuencias de estar en lugares donde los verdugos pueden vivir libres, pensar en las mujeres como máquinas, como incubadoras múltiples, como animales preñados en cuadras, me obliga, para no desfallecer, a buscar los escasos retazos de humanidad que andan por ahí esparcidos.

Porque quedarse anclada en el horror, quedarse mirándolo, quieta, llorosa, sólo puede llevarme a la rendición. Y no pienso hincar en el suelo mis rodillas.
Lo cierto es que sobran los motivos para despreciar a la humanidad pero entre tanta oscuridad es fácil ver el fulgor de la gente limpia y aunque den ganas, a veces, de encerrarse y tirar la llave lejos, a veces también se iluminan las calles o las casas o las personas con dignidad, entonces, amanecen las razones suficientes para admirar al ser humano en su imperfección y nobleza.

Y pensando en esos niños de los que hablaba al principio, en los niños transformados en seres casi inertes que se compran y se venden, pienso que es tan vital como urgente creer que otros niños, los hijos que hoy están agarrados a las faldas de sus madres, mañana puede ser que nos conduzcan firmes, convencidos, a espacios donde no serán posibles estas felonías.

Debemos soñar con, que ni una sola infancia más, estará abandonada a su suerte.
No es posible el mañana sin sueños que empujen las horas, ni los días.
No es posible el futuro sin niños que recojan el testigo de la rebeldía.
Y no es posible vivir sin soñar que un día será cierta la utopía.

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