Tomás F. Ruiz. LQS. Abril 2019

Con la detención de Julian Assange en Londres, el terrorismo USA se impone sobre la libertad de expresión

Este pasado jueves fue detenido por la policía británica Julián Assange. Según se informó, fue el propio embajador ecuatoriano, siguiendo órdenes del actual presidente del país, el que abrió la puerta de la embajada y dijo a los perros de la Gestapo: ahí lo tienen: ¡llévenselo!
La detención de Assange es una grave derrota que el terrorismo norteamericano infringe a la libertad de expresión y, por extensión, a los derechos humanos y a un mundo digno donde prevalezcan la justicia y la verdad. Si los abogados no lo remedian, Assange será enviado a Suecia, donde se le montó la farsa de violación, y de allí será extraditado a USA, donde nadie duda qué hará con él el Reichtag que lidera Donald Trump.
Se ha golpeado la integridad de un hombre que ha querido hacer prevalecer la libertad de expresión sobre la mentira y la conspiración. Este duro golpe a la libertad de prensa, es también un golpe brutal contra todo ser humano que crea en la verdad. Se ha aplastado el propósito de un sublime periodista que ha sacado a la luz los execrables crímenes que comete el gobierno estadounidense. Assange pensó que la comunidad internacional abriría los ojos y pararía los pies a esa prepotente nación. Pero no ha sido así: Julián Assange ha sido detenido por sicarios del nuevo orden mundial, un nuevo orden tan criminal y genocida como el que la Alemania nazi inició con la Segunda Guerra Mundial.

El nuevo orden social que ha encarcelado a Assange

“La detención de un periodista por publicar la verdad es un acto terrorista inadmisible, pero que ningún país o tribunal internacional lo ha denunciado aún”

Julian Assange sabía el riesgo que corría cuando sacó a la luz el terrorismo que Estados Unidos practica en todo el planeta: ataques injustificados a países indefensos, creación de grupos terroristas para socavar gobiernos legítimos, ejércitos diabólicos que arrasan a todo aquel que se oponga a su propósito de esclavizar el mundo, a todo aquel que se atreva a denunciar sus atrocidades por internet… Y lo hizo sin reparar en lo que le podría pasar. O quizá sí lo intuyó, pero pensó que el mundo entero reaccionaría y pondría fuera de juego a esas manadas de hienas que apestan en sus proyectos de someter a la Humanidad. Ese mundo en el que Julián Assange creyó desde sus páginas de WikiLeaks ha fallado. La bestia nazi que se oculta bajo la bandera de barras y estrellas ha logrado su propósito criminal; el propósito de convertir el mundo en un nuevo e inhabitable “orden social”, un lugar donde la nueva raza aria (los ricos y poderosos, al margen del color de su piel o de su hipócrita religión) imponga su objetivo de “exterminio universal” para todos los disidentes, lo que sus antecesores nazis llamaban la “solución final”.
La detención de un periodista por publicar la verdad es un acto terrorista inadmisible, pero que ningún país o tribunal internacional la ha denunciado aún. Con la detención de Julian Assange se entierra la esperanza de un futuro digno para el periodismo. A partir de ahora, como estamos viendo en la misma España, el único periodista admitido será el que sepa untarse vaselina allá por donde le van a hacer trabajar.

Cada vez más lejos de un cambio en paz

“Se ha golpeado la integridad de un hombre que ha querido hacer prevalecer la libertad de expresión sobre la mentira y la conspiración”

Con la detención de Assange se debilita la esperanza que millones de seres humanos tenían puesta en que el planeta cambiaría sólo con los buenos deseos de paz y solidaridad. Las guerras soterradas, las invasiones militares, la aniquilación de disidentes y de poblaciones indefensas que Julia
n Assange ha denunciado desde sus páginas de Wikileaks, se impondrán a partir de ahora como argumentos válidos para exterminar a todo aquel que se atreva a decir “no” al nuevo orden mundial. La Humanidad ha recibido un duro golpe del que no podrá salir sólo con los buenos deseos de construir un mundo nuevo, un mundo imaginario donde la brutal injusticia y la aberrante criminalidad que imperan en la actualidad, fueran derrotadas por la no violencia, el pacifismo y la desobediencia civil universal.
La Humanidad ha entrado en una nueva era de impunidad para los criminales, tan peligrosa como fue la ascensión de los nazis en Alemania, ochenta años atrás. Si yo fuera creyente, no dudaría en considerar que la bestia que lideró al nacional socialismo y llevó al mundo a la mayor catástrofe nunca experimentada por la Humanidad (Hitler en la segunda Guerra Mundial), se ha reencarnado en esa alimaña babeante que es el presidente norteamericano, sea cual sea su nombre, su raza o su condición social.

Dia de luto para el periodismo universal

“Con la detención de Assange se debilita la esperanza de que el planeta cambie sólo con los buenos deseos de paz y solidaridad”

Hoy el colectivo de los periodistas estamos de luto. Como de luto estaba ese visionario articulista del siglo XIX que era Mariano J. Larra cuando escribió “Madrid es un cementerio”. El silencio sepulcral en que se ha producido la detención de Assange, la falta de respuestas inmediatas por parte de organismos defensores de los derechos humanos, ha posibilitado que ahora se pueda decir que el cementerio en el que vivimos es toda la Humanidad.
Hoy, como periodista profesional, tengo que recordar mi juramento hipocrático de decir siempre la verdad. Nunca utilicé otra arma que no fuera la pluma para desmontar la mentira. Siempre se ha dicho que la prensa es el “cuarto poder”. A la vista de la detención de un hombre extraordinario que hizo de este principio hipocrático su razón de ser, Julián Assange, es posible que los periodistas estemos equivocados, que no haya bastado con escribir y contar al mundo en manos de que bestia infrahumana está la Humanidad. Quizá los periodistas tengamos que plantearnos otra estrategia de lucha más práctica y aprender a usar otro tipo de armas más eficaces y certeras que las plumas con las que hasta ahora hemos contado la verdad… ¡Assange libertad!

La caja de pandora: Wikileaks

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