Colombia. “Las Cooperativas de Trabajo Asociado son parte del plan antisindical y antiobrero”

Ingenio La Cabaña y la precarización del trabajo.

La protesta de los corteros de la caña de azúcar que se ha desatado en Cauca, Colombia, contra el ingenio La Cabaña, se fundamenta esencialmente en el rechazo total y absoluto de la patronal de los derechos laborales y sindicales.

Adolfo Tigreros, asesor del Departamento de Azúcar del Sindicato de Trabajadores de la Industria Agropecuaria (SINTRAINAGRO), conversó con La Rel sobre las Cooperativas de Trabajo Asociado (CTA), un fraude laboral, el mascarón de proa del sector agrícola colombiano.

-¿Cuál es el origen de las CTA?

-Tienen su origen en la Ley 79 de 1998, que abre a la posibilidad de usar el instrumento cooperativo en labores contratadas. Su implementación se profundiza durante la presidencia de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), quien impulsa el concepto de Estado Comunitario y pone las CTA al centro de esta política.

A los corteros, por ejemplo, les hicieron creer que, constituyéndose en cooperativas, podían transformarse en propietarios y ser patrones de ellos mismos y de su propio trabajo. Los engañaron descaradamente. En muchos casos, ni se dieron cuenta de lo que los contratistas les hacían firmar, ni de las consecuencias en cuanto a pérdida de derechos.

-¿Cuáles son sus características?

-Siendo cooperativas no están cobijadas por el Código Laboral, sino por la relación comercial, donde las contradicciones se regulan por el Código del Comercio. Además, se contratan exclusivamente valores.

En el caso de los corteros, como no había una relación laboral directa con la empresa, se fijaba un valor a la tonelada de caña cortada y, en base a ello y a los días trabajados, se pagaban los salarios y, porcentualmente, las prestaciones sociales.

Todos estos elementos eran manipulados muy fácilmente por las empresas y los contratistas, mientras los trabajadores eran constantemente víctimas de engaños en cuanto al peso de la caña cortada, al valor por tonelada o la existencia de “materia extraña” que bajaba aún más dicho valor.

Es por eso que, por ejemplo, hay centenares de trabajadores que, después de haber trabajado hasta 35 o 40 años cortando caña, descubren ahora de no tener la cantidad mínima de cotizaciones para jubilarse.

La empresa les quitó el dinero de su salario pero nunca pagó al Sistema de Seguridad Social. Ahora están enfermos, son ancianos y ni siquiera van a poder tener una pensión.

-Con el sistema de las CTA, las empresas logran mantener el trabajo informal y precarizado…

-Los trabajadores, aglutinados en cooperativas, firman un contrato laboral con los contratistas, pero al final no tienen derecho ni a organizar sindicatos, ni a reclamar absolutamente nada, porque inmediatamente son despedidos.

Incluso, hubo un contratista que permitió la constitución de un sindicato, y a los pocos días la empresa rescindió el contrato con él y despidió a todos los trabajadores.

Se llegó hasta el punto que los mismos contratistas se constituían en CTA para negociar con las CTA de los trabajadores. El resultado fue el enriquecimiento desmedido de los contratistas a costa de la sobreexplotación y la precarización de los corteros.

Y cuando comenzaban a presentar Lesiones por Esfuerzo Repetititvo (LER), nadie respondía por ellos, ni la empresa quería reubicarlos en un puesto de trabajo compatible con su enfermedad.

-Hasta que la gota rebasó el vaso…

-A partir de 2005, la gente comenzó a reaccionar y se llegó al primer paro. Si bien no pudimos derrotar al modelo cooperativo, logramos sacar a los contratistas, garantizar que no se manipulara el peso de la caña y aumentar de un 24 por ciento el valor a pagar por cada tonelada de caña cortada.

Lamentablemente, el Ingenio La Cabaña y otros ingenios violaron desde un inicio el acuerdo firmado y mantuvieron la tercerización laboral a través de contratistas.

Ante esta situación, en 2008 los corteros volvieron a parar la producción, donde la Rel-UITA nos acompañó con mucha fuerza, y después de casi dos meses de protesta, lograron recuperar el derecho a la negociación colectiva, algo inusual ya que aún estaban constituidos en cooperativas.

Años más tarde, con la suscripción del Plan de Acción Laboral dentro del marco del Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado con Estados Unidos,  se decretó la obligación para Colombia de formalizar el trabajo y acabar con las CTA, comenzando en cinco sectores claves: palma africana, caña de azúcar, minería, floricultura y en el Puerto de Buenaventura.

-¿Cómo reaccionó el Ingenio La Cabaña?

-Muy mal. En 2011, logramos un acuerdo tripartito donde los ingenios se comprometían a extender contratos directos, permanentes y sin período de prueba para todos sus trabajadores.

Además, firmamos una primera Convención Colectiva, pero el Ingenio La Cabaña la rechazó, manteniendo a los contratistas y continuando con su política semi esclavista, donde el patrón sigue imponiendo la ley a través de gritos, amenazas y maltrato.

Sin embargo, los trabajadores siguen firmes. Por más amenazas y chantaje, los trabajadores van a continuar luchando por el respeto de sus derechos y el Trabajo Decente.

* Rel-UITA

 
 

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