El agricultor en peligro de extinción (1)

La tragedia en los campos valencianos y la crisis de precios en los alimentos.

El presente artículo no pretende ser un riguroso estudio científico sobre la causa de la crisis agrícola. Ni es el objetivo, ni su autor está capacitado para hacer semejante tarea. Se pretende únicamente dar una serie de datos que concitarán una serie de conclusiones personales. Para ello, se analiza someramente la crisis de la citricultura valenciana (España), que puede servir como muestra de otras crisis, en otros lugares.

El autor proviene de una familia fuertemente enraizada en la citricultura valenciana desde hace varias generaciones y durante los últimos años trabajó en un comercio de exportación de naranjas, lo que le permitió conocer y palpar la crisis y la zozobra en primera persona. Además ha vivido tres años en Centroamérica, lo que le ha permitido conocer la crisis agrícola en dicho continente.

Justo cuando se estaba redactando este escrito se produjo la triste noticia del fallecimiento de Joan Brusca (secretario de la Unió de Llauradors i Ramaders). Sirva este artículo de homenaje y de recuerdo para este gran defensor del campo valenciano.

Las buenas épocas

La naranja era fuente de riqueza que determinó la historia, progreso e idiosincrasia del País Valenciano. Fue motor durante años, no sólo de la economía valenciana, sino también de la española. Vicente Caballer, catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia, afirma al respecto que: "Los españoles tienen una deuda histórica con los valencianos debido a que la producción, comercialización y exportación de naranjas y mandarinas puede ser considerada como la principal actividad económica de España a lo largo de todo el siglo XX, si tenemos en cuenta la aportación al PIB, a la Balanza de Pagos y su carácter social…" (1). Según el mismo autor, las exportaciones de naranja suponían el 20% del total en España en el año 1930 y el 16% en 1962, época en la cual irrumpe el turismo y se moderniza la industria. En el año 2002, las exportaciones del País Valenciano supusieron el 12% del total de la nación (2).

De la misma manera, todas las labores asociadas al campo proporcionaron trabajo a infinidad de personas, ocasionando grandes flujos migratorios hacia tierras valencianas. La naranja marcó también las tradiciones, el paisaje, la lengua y la cultura propia, condicionando festividades, aleccionando una serie de costumbres autóctonas, etc. Sin rubor se puede afirmar que la naranja generaba trabajo y futuro, y lo que es más importante, dicha riqueza se distribuía entre mucha gente, por cuanto las explotaciones eran minifundios en manos de miles de pequeños agricultores. Los trabajos asociados al campo repartieron el patrimonio a mucha más gente.

La hecatombe

La otrora brillante y espectacular agricultura valenciana no es ni sombra de lo que era. Las condiciones comerciales que sufren los agricultores (productores) son inaceptables en cualquier país desarrollado y democrático. Subrayar que la crisis la sufren los productores, porque el resto de cadena productiva, especialmente los distribuidores, gozan de excelente salud económica. Valgan algunas cifras y datos para entender la dimensión de la tragedia:

-En muchos casos, el agricultor no vende las naranjas con un precio prefijado al operador (comercio privado o cooperativa. Denominados también comerciantes. Compran las naranjas al agricultor, las preparan, las envasan y las venden a un distribuidor, mercado de abastos, centro comercial, supermercado, etc.). Existe un contrato de compra-venta, pero no siempre se usa. El agricultor entrega los cítricos y, al final de temporada, recibe una cantidad de dinero del operador. Expoliar la renta del agricultor bajo esta modalidad se denomina "Compra a resultas" o "Comercializar".

-En la campaña 2005-2006, el agricultor percibió el 68% menos respecto a 1997, según la Unió de Llauradors i Ramaders –asociación englobada dentro de la nacional Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG)–. Para la Federación Provincial de Agricultores y Ganaderos de Castellón (FEPAC) –enmarcada en la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (ASAJA)–, los precios de dicha temporada fueron inferiores a los de hace 20 años (3). El agricultor ha sufrido un aumento de precios en los bienes de consumo que necesita para vivir, sobre todo en la vivienda, mientras el valor de sus cítricos ha bajado vertiginosamente.

-En la misma temporada 2005-2006, según datos de la Unió de Llauradors i Ramaders, los costes de producción aumentaron casi un 12% respecto a la media de los últimos cinco años (4). Un estudio de la Universidad Politécnica de Valencia, publicado en diciembre de 2006, establecía en 0,19 euros/ kilo el valor de los costes de producción (5). En esa misma época, según la FEPAC, la Conselleria de Agricultura (6) había fijado el precio de dicha variedad en 0,19 euros/kilo en el campo (7), aunque realmente algunos operadores estaban pagando cantidades que oscilaban entre los 0,12 y 0,18 euros/kilo (8). Estos datos muestran cómo los precios recibidos no cubrían ni los costes de producción. El Comité de Gestión de Cítricos, la Federación de Cooperativas Agrícolas y CITRUSAT, precisaron que el precio justo a pagar al agricultor sería de 0,55 euros/kilo (9). La realidad era más testaruda, pues se pagaba una tercera parte de dicho precio justo.

-Según el Censo Agrario, el campo valenciano perdió casi el 50% de los titulares de explotaciones entre 1989 y 2003. En 1989 se contabilizaban 286.886; en 1999 bajó a 222.454, y para 2003 la cifra sufrió una merma espectacular, situándose en 149.207 titulares (en el País Valenciano existen más de 4 millones y medio de personas). En los últimos años, los titulares de explotaciones jubilados aumentaron del 33,58% al 37,65%. Sólo el 1,7% de los agricultores tiene menos de 30 años (10). En Castellón (una de las tres provincias del País Valenciano), los agricultores representan el 7% de la población activa (11).

-De 2000 a 2004, la superficie citrícola disminuyó un 5% gracias en parte al negocio inmobiliario, que desgraciadamente supone la única vía de escape ante la agonía. Evidentemente pocos se benefician, aunque la metamorfosis del territorio ahí está: la agricultura se cambia por cemento (12).

-En un estudio del Observatorio Ocupacional del Servicio Público de Empleo Estatal, publicado en los medios en diciembre de 2006, la agricultura había sido la única actividad económica con un comportamiento negativo en Castellón. Los puestos de trabajo ligados al campo fueron los únicos que descendieron en los últimos tres años (13).

-En la campaña 2006-2007, según el Ministerio de Agricultura, el descenso del precio de los cítricos para el agricultor fue casi 30 veces mayor que la media de los otros productos alimentarios. Esta disminución sitúa al naranjero como el agricultor que más ingresos perdió, aunque eso sí, la media estatal en el sector agroalimentario fue también negativa (14).

-En la finalizada campaña 2007-2008, la producción se vio mermada en un 25% respecto al año anterior, lo cual debería haber repercutido en una ligera subida de los precios. Sin embargo, el aumento del valor ha sido inexistente o insignificante en el mejor de los casos. Muchos operadores han seguido comprando "a resultas".

-Según la FEPAC, entre un 5 y 10% de las fincas naranjeras castellonenses se han abandonado o no están bien cuidadas. Siguen existiendo productores que no han cobrado la naranja del año anterior y otros asociados a cooperativas tuvieron incluso que pagar (15).

Los motivos

Existe consenso generalizado entre agricultores, operadores y organizaciones de diversa índole en cuanto a los motivos de la agonía del campo valenciano. Destacaríamos tres principalmente, muy relacionados entre sí.

1. Concentración de la demanda.

Vicent Goterris, de la Unió de Llauradors i Ramaders, advierte que "cinco grandes cadenas controlan el 40% de la producción y eso es una barbaridad" (16). Según la European Marketing Distribution, en los próximos años, 10 cadenas de minoristas podrían dominar el 70-75% del mercado alimentario europeo (17).

La mayoría de naranjas y mandarinas que se producen en España van al mercado europeo y, evidentemente, esta concentración de la demanda, unida al exceso de oferta, deriva en prácticas abusivas por parte de intermediarios y grandes cadenas, llegando a exigir los precios a pagar y las características de las naranjas. Los operadores ven estipulado y ahogado su precio de venta, aunque no lo defienden y acaban trasladando dicha reducción al agricultor a quien compran sin precio y, tras hacer las cuentas, le dan una pequeña limosna.

Las organizaciones de agricultores coinciden en señalar a estos dos agentes (operadores y grandes cadenas de distribución) como responsables de la tragedia de la naranja. Los que menos notan la crisis son los grandes operadores y multinacionales agro-exportadoras, que al trabajar con volúmenes estratosféricos de fruta pueden permitirse el lujo de vender barato y seguir obteniendo beneficios. Por eso, a la paulatina reducción de agricultores también hay que añadirle la desaparición del pequeño operador tradicional que no puede competir.

El tercer y principal culpable en todo este caos resultan ser las diferentes administraciones políticas, escudadas en la ortodoxia neoliberal. Se ha permitido y se ha facilitado que grandes supermercados y centros comerciales vayan desplazando al pequeño comercio familiar de toda la vida, monopolizando la distribución y venta no sólo de las naranjas, sino de la mayoría de productos de consumo. No se ha establecido ninguna legislación en materia de precios agrarios. Se tolera vergonzosamente que los agricultores reciban migajas a cambio de unas naranjas que llegan al consumidor a unos precios astronómicos. Supuestamente esta es la tatareada libertad de comercio, pero aún hay más.

En una entrevista al "socialista" Josep Puxeu cuando era Secretario General del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), se le presentó la queja de las organizaciones agrarias sobre la responsabilidad en la crisis de precios de las grandes empresas distribuidoras y supermercados. Pues bien, el Sr. Puxeu, respondió a esta queja de la siguiente forma: "Culpar a la distribución en muy fácil y quedas como un campeón cuando lo haces, pero el resultado que nos muestra el Observatorio de Precios es que los márgenes que se aplican son estrechos y no indica una posición de abuso" (18).

Al analizar someramente los precios de la variedad clementina que ofrecía el Observatorio de Precios del MAPA (19), se advirtió un primer punto que dejaba en entredicho las afirmaciones del Sr. Puxeu: dichos precios se calculan mediante estudios en el mercado nacional, mas, sin embargo, los propios datos del Observatorio indicaban que cerca del 60% de la producción de mandarina española se exportaba.

El Observatorio, para la campaña 2006-2007, determinó que el productor obtenía el 10% del precio final en destino. Es decir, le pagaban a 0,17 euros/kilo una fruta que llegaba al consumidor a un precio de 1,62 euros/kilo. El mayorista se quedaba con el 31% y el minorista con el 59%. Según FEPAC, el precio de la clementina en los supermercados de Castellón, en la temporada 2006-2007, se incrementó entre un 650% y un 1.500% respecto al precio en el campo (20). En un estudio de la Unió de Llauradors i Ramaders del año 2005, se estipulaba el precio medio que percibía el agricultor en 0,19 euros/kg. Con referencias de la Universidad Politécnica de Valencia mencionadas por la Unió, se indicaba que la clementina salía de los operadores a un precio promedio de 0,47 euros/kilo. El precio final de venta en supermercados era de 1,99 euros/kilo. Es decir, el agricultor obtenía el 10% del precio final, el comerciante y la cooperativa el 15% y los intermediarios y supermercados se llevaban el 75% del valor final (21). Según las organizaciones agrarias, en algunos lugares de Europa se llegaron a vender a 3 euros/kilo, lo que significa un mayor abuso hacia el productor y el consumidor (22).

Contrariamente, algunas cadenas de supermercados como Aldi y Lidl vendieron naranjas a precios excesivamente bajos (incluso por debajo del precio de coste) como una especie de reclamo para atraer a potenciales clientes. Esta práctica, que obliga a otros minoristas a bajar precios y que comprime más aún los márgenes de ganancia, es repudiada por las organizaciones de agricultores que incluso elevaron una denuncia a la Comisión Europea (23), aunque en abril de 2006 este organismo concluyó que no había posición de abuso de ambos supermercados.

Pues bien, ante este panorama de indefensión, despotismo y de autoritarismo de las grandes cadenas, intermediarios y supermercados, el hecho de defender un precio justo para el agricultor fue tildado por un funcionario público de alto rango del MAPA como "quedar como un campeón". Que el agricultor no cubra gastos y perciba de media un 10% del precio final de venta al consumidor "no indica una posición de abuso".

2. Sobreoferta de naranjas y mandarinas.

a. Aumento de la producción

Un pequeño comerciante entrevistado comentaba que él compraba y manufacturaba naranjas para luego cederlas sin precio a un intermediario. O sea, que los agricultores ceden sus naranjas sin precio a un operador que, en algunos casos, las vende a los intermediarios también sin precio. La gran pregunta es: ¿cómo se ha llegado a esta dinámica? ¿Por qué los agricultores y operadores no tienen la sartén por el mango?

Tomás García Azcárate, Jefe de la División Hortofrutícola de la Unión Europea, afirma: "Hay un exceso de oferta. La producción de cítricos ha crecido mucho más que la demanda…" (24). Leopoldo Arribas, periodista, escritor y experto agrícola declara que "…dado el fardo de toneladas de producción con que contamos, y que, se quiera o no, son la clave del problema. Es imprescindible condenar un buen montón de toneladas para que la próxima campaña no estemos aún peor en cuanto a producción en cantidad" (25). Vicente Bordils, representante del comercio privado, sentencia: "la ley de la oferta y la demanda se ha roto. Sólo hay oferta y ése es el drama" (26). Cualquier agricultor a quien se le pregunte dice lo mismo: hay mucha naranja, pero ¿por qué hay tanta naranja? Indudablemente porque no ha existido ningún tipo de planificación desde ninguna administración.

Este incremento ha sido dramático para el agricultor. Antes los operadores buscaban al productor, ofrecían un precio y mandaban a los recolectores. Ahora a muchos se les queda la naranja en el árbol y otros las recolectan ellos mismos y las transportan hasta el operador.

 
A este aumento de superficie y producción hay que añadirle otro fenómeno paralelo: la disminución en el número de explotaciones. Entre 1989 y 1999, descendieron prácticamente en todas las zonas naranjeras de España salvo en algunas donde el incremento fue insignificante. Indudablemente el País Valenciano sufrió la mayor parte de estos abandonos (29). Estos datos sugieren otro fenómeno más preocupante: se está produciendo una concentración de la tierra. Si bien es cierto que muchos agricultores han venido adquiriendo nuevas fincas, no son menos ciertos los comentarios de la gente del sector que advierte cómo grandes empresarios de la construcción, azulejeros, aristócratas, grandes comerciantes, etc. se han convertido en nuevos y acaudalados terratenientes. Incluso hay grupos de inversión dedicados a obtener réditos a través del cultivo de nuevas fincas citrícolas. Los datos hablan por si mismos: los minifundistas de toda la vida desaparecen ante la crisis, mientras los ricos e inversionistas acaparan cada vez más tierra, producción y beneficios.

Ante estos hechos, las organizaciones agrarias han exigido al gobierno español que prohiba nuevos plantíos. El posicionamiento de éste quedó reflejado en las palabras de Josep Puxeu, "número dos" del MAPA: "…pedir que se limiten las plantaciones queda muy bonito, pero es difícil que progrese porque las políticas de contingentación no valen en la UE, que está apostando cada vez más por la liberalización" (30).

Hay dos aspectos a destacar en esta declaración. El primero desde el punto de vista técnico, al no ser verídico el razonamiento en toda su extensión porque existen políticas de cupos en el marco de la UE. El segundo punto: no se puede tolerar, en un estado democrático, que decenas de miles de personas pierdan su forma de vida porque así lo establezca una doctrina económica destructiva, que desconocemos y que nos están imponiendo sin consultarnos.

b. Importaciones.

En las importaciones se pueden distinguir dos canales de entrada. El primero correspondería a la fruta manufacturada que entra directamente en los mercados europeos. Los productores de la cuenca del Mediterráneo se agrupan en una organización denominada CLAM, que engloba a España, Francia, Italia, Grecia, Turquía, Israel, Egipto, Túnez, Argelia y Marruecos. En la temporada 2003/2004,  según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), estos países fueron responsables del 17% de la producción mundial de naranjas y del 25% de mandarinas. Dentro de los países CLAM, España producía aproximadamente un tercio de las naranjas y la mitad de las mandarinas. En cuanto a exportaciones, y según la misma fuente en la misma temporada, a la zona CLAM le correspondía el 55% del total mundial en naranjas y el 72% en mandarinas (31).

Según datos del propio CLAM citados por Vicent Estruch, profesor de Economía y Ciencias Sociales de la Universidad Politécnica de Valencia, en las últimas temporadas España ha exportado el 50% de las naranjas y el 70% de las mandarinas de la zona mediterránea, lo que supone, si lo comparamos con temporadas de los años 80, un aumento en la exportación de naranjas y el mantenimiento de la cuota en las mandarinas (32). Esto supondría que España exporta alrededor del 25% de la naranja y el 50% de la mandarina a nivel mundial. Los mercados de destino han sido los europeos, salvo porcentajes irrelevantes a Estados Unidos y Oriente Medio. Comparar las cifras actuales con otras más antiguas, permite concluir que España ha mantenido su cuota de exportación a nivel mundial en naranjas y mandarinas. Por lo tanto, este canal de importaciones no ha influido en la crisis de la naranja valenciana.

Existe una segunda vía de entrada de naranja de otros lugares del mundo, a través de operadores españoles. Ximo Tirado y Doménec Nàcher, secretario de comunicación y secretario técnico de la FEPAC respectivamente, explican cómo los propios comerciantes y cooperativas compran naranja del exterior para mantener sus mercados y clientes una vez finalizada la campaña y la producción española, evitando así que otros se adueñen de dicho espacio (33).

Aunque destacan que dichas importaciones se suelen efectuar fuera de temporada, es cierto también que al principio y final del período éstas se han solapado con la producción nacional. De hecho, es una realidad la existencia de producción extranjera en plena campaña, como bien destaca Joan Brusca, secretario de la Unió de Llauradors i Ramaders, quien afirmó, en el momento álgido de la temporada 2005/2006, que las importaciones habían aumentado un 34% respecto al año anterior. Concluyó diciendo que "el sector siempre ha tolerado este tipo de importaciones porque, en un principio, se producían en contra estación y mantenían los canales de distribución de nuestros operadores comerciales, pero ahora conllevan problemas como plagas o el aumento de la competencia como herramienta comercial para presionar los precios" (34). Tirado y Nàcher ratifican las afirmaciones de Brusca sobre la calidad y los problemas fitosanitarios de la producción foránea y, sobre todo, su utilización como argumento de chantaje hacia el productor local. Huelga decir que este tipo de importaciones en otros tiempos tal vez no hubieran supuesto un quebradero de cabeza, pero en épocas de crisis como ahora representan un obstáculo más para el agricultor tradicional valenciano.

Hay que especificar que la importación de naranjas del exterior no tiene por qué beneficiar a los agricultores de los países del Sur. Este falso axioma, perifoneado muchas veces por las propias ONG's, hay que analizarlo caso por caso y, en materia citrícola, se derrumbaría ante ciertos datos. El 75% de las explotaciones citrícolas valencianas (país del Norte) son de menos de 10 hectáreas, y tan sólo el 2,5% supera las 20 (35). Según el Instituto de Comercio Exterior, en Marruecos (país del Sur), "el 75% de la superficie agrícola corresponde a pequeñas explotaciones familiares, dedicadas prácticamente a una agricultura de subsistencia. El 25% restante lo constituyen grandes explotaciones agrícolas de regadío, modernas y con una clara vocación exportadora" (36). Por lo tanto, en Marruecos, el pastel de la agroexportación está en manos de unos pocos afortunados con grandes superficies de las mejores tierras, entre ellos la propia monarquía marroquí (37). Paradójicamente, también hay agricultores españoles que han "deslocalizado" su producción porque "mientras que un bracero cobra en España 40 euros de media por jornada, en Marruecos reciben cinco. El agua, cuando la hay, aquí cuesta 30 céntimos de euro el metro cúbico. Allí, 10 veces menos. Lo mismo pasa con el gasóleo para los camiones: un 25% menos en Marruecos. Y, encima, la gran extensión de tierra que va a tener le permite abaratar muchos costes”. Como dato curioso, el 80% de las exportaciones freseras marroquíes estaban en manos de empresarios españoles (38). Como se verá más adelante, los agricultores del Sur que destinan su producción a la exportación tienen el mismo problema que los valencianos: el intermediario. Por tanto, cabe afirmar que la exportación de productos agrícolas desde Marruecos beneficia a un mínimo de latifundistas, aristócratas y extranjeros; mientras que la exportación de cítricos desde el País Valenciano fue una actividad que proporcionó futuro y trabajo a cientos de miles de personas.

3. Problemas estructurales del sector.

Para Ximo Tirado y Doménec Nàcher, la sobreproducción no es tan grave ahora. Lo puede ser en un futuro inmediato y, por eso, junto a otras organizaciones agrarias, han solicitado a las autoridades que limiten la superficie de cultivo.

En teoría, el problema de la compra "a resultas" surge con el nacimiento de las cooperativas. Éstas recolectan la producción de sus asociados y, al final de temporada, reparten beneficios. Por su manera de funcionar están obligadas a recoger toda la producción, incluida la fruta de menor calidad. Si a ese hecho se le suma el incremento de producción de los últimos años, la consecuencia es clara: se generan grandes cantidades de fruta que van llenando las cámaras frigoríficas y que tienen que salir a un mercado que monopolizan unos pocos intermediarios. Este fenómeno se ve agravado por la desorganización varietal, ya que una sola variedad de mandarina se cultiva masivamente lo que obliga a los operadores a lanzar al mercado cientos de miles de toneladas en tres meses. Antes, algunos comercios detenían los envíos cuando los precios bajaban a la espera del incremento de las cotizaciones, pero las cooperativas rompieron esa dinámica y los comercios privados se vieron obligados a copiar prácticas como comprar sin precio o enviar masivamente fruta sin consideración alguna. Y lo hicieron con suma alegría, pues al comprar sin precio al agricultor pueden pagarle a final de temporada lo que quieran. Si los ingresos totales han sido menores porque los precios en el mercado fueron bajos, los operadores restan a esos ingresos los otros costes de producción existentes, se quedan con su porción de beneficios y el resto lo reparten al agricultor. Como advierte Estruch, esta táctica genera un efecto perverso ya que el operador está dispuesto a comprimir el precio de venta por kg., siempre y cuando logre cubrir costes y asegurarse una ganancia mínima. Luego podrá aumentar esa ganancia si logra incrementar la cantidad de Kg. vendidos. Por eso, al operador le interesa sacarse de encima la mayor cantidad de producción, sin defender los precios. La gran cantidad de fruta y la nula cooperación entre los operadores desembocan en una competencia entre éstos por reducir al máximo los precios para poder vender la naranja. El resto ya lo saben: pasotismo gubernamental.

Además, Estruch pone de manifiesto la opacidad de la compra "a resultas" cuando señala que el comercio privado, al final de temporada, establece el precio a pagar al agricultor pero no explica cómo lo obtuvo. Se desconoce el precio al que vendió la fruta, los costes de producción y su margen de ganancia por Kg. El riesgo es mínimo.

Para Tirado y Nàcher este es el caldo de cultivo que desemboca en la actual crisis del productor. El problema no es ni la filosofía de las cooperativas ni la presencia de muchos operadores, ya que en décadas pasadas había más y, sin embargo, el sector progresaba y sembraba bienestar. El caos se origina porque el mercado está en pocas manos y los operadores (que son muchos) no se ponen de acuerdo en establecer un precio mínimo de venta y, más bien, compiten entre ellos. Si se añade el problema de la sobreproducción apuntado por otros expertos, se va conformando el trágico cuadro clínico de la crisis naranja.

Las modalidades de saqueo se han perfeccionado. Antes el distribuidor llamaba por teléfono a diferentes operadores a ver quién ofrecía el producto más barato, ahora hay un distribuidor que incluso dispone una página web donde los operadores ingresan y ofertan a la baja sus naranjas y mandarinas. En la web se indican las características exigidas por el comprador, los operadores pujan y se va observando como el precio decrece progresivamente.

Notas:

1. "¿Deuda histórica o Levante feliz?", CABALLER, V., en Levante Mercantil, 24 de septiembre de 2006.

2. Comunidad Valenciana

3. "Los cítricos se pagan un 68% menos que hace una década", GUARDIOLA, D., en Periódico Mediterráneo, 3 de mayo de 2006.

4. "La renta agraria ha caído un 14% en el último año", GUARDIOLA, D., en Periódico Mediterráneo, 24 abril de 2006.

5. "Los citricultores piden un mínimo de 0,25 euros/kilo para la nulera", GUARDIOLA, D., en Periódico Mediterráneo, 9 de diciembre de 2006.

6. Institución del gobierno autónomo valenciano.

7. "El consumidor paga hasta dos euros por un kilo de nuleras", AGUILAR, E., en Periódico Mediterráneo, 27 de noviembre de 2006.

8. Idem 3.

9. "La necesidad de un precio", GUARDIOLA, D., en Periódico Mediterráneo, 7 de diciembre de 2006.

10. "Taronges al 4000%", PICÓ M.J., en Levante, 22 de octubre de 2007.

11. "El 30% de los agricultores ha dejado el campo en 10 años", GUARDIOLA D., en Periódico Mediterráneo, 7 de enero de 2006.

12. "El campo valenciano ha perdido un tercio de sus agricultores en cinco años", JLZ, en Levante, 18 de julio de 2006, pag. 36. y "El 30% de los agricultores ha dejado el campo en 10 años", GUARDIOLA D., en Periódico Mediterráneo, 7 de enero de 2006.

13. "La agricultura pierde aún más terreno en el tejido productivo", GUARDIOLA, D., en Periódico Mediterráneo, 7 de diciembre de 2006.

14. "La citricultura es el sector agrario que más ingresos ha perdido del país", GUARDIOLA, D., en Periódico Mediterráneo, 29 de abril de 2007.

15. "La campaña citrícola comienza con la mejor perspectiva en años", AGUILAR, E., en Periódico Mediterráneo, 24 de septiembre de 2007.

16. "La FAO califica a la clementina como la fruta con mejor futuro", AGUILAR, E., en Periódico Mediterráneo, 27 de noviembre de 2006.

17. http://www.emd-ag.com/s/markt002.shtm

18. CARBO, S.: "Queda bonito pedir que se prohíba plantar cítricos, pero es difícil que progrese", en Levante Mercantil, 21 de enero de 2007.

19. http://www.mapa.es/estadistica/pags/PreciosOrigenDestino/pdf/8.pdf

20. El preu de la clemenules s'ha incrementat fins a un 1500% des de l'arbre al consumidor a Castelló", FEPAC, Revista FEPAC-ASAJA, Castellón, junio 2007, nº 161, pag. 6.

21. "La Clemenules es 947 veces más cara en el súper que en el campo", LEVANTE DE CASTELLÓ, en Levante, 21 de diciembre de 2006.

22. Idem 7.

23. "Los hipermercados de la UE hunden el precio de la naranja", GUARDIOLA, D., en Periódico Mediterráneo, 12 de diciembre de 2005.

24. "Faltan comerciantes de verdad para dar salida a toda la producción de cítricos", CARBO, S., en Levante, 4 de octubre de 2007.

25. "Así vamos", ARRIBAS, L., en Levante Mercantil, 1 de abril de 2006.

26. "La trastienda de la venta "a resultas", CARBO, S., en Levante Mercantil, 4 de febrero de 2007.

27. http://faostat.fao.org/site/502/default.aspx

28. "La citricultura española, evolución y perspectivas de futuro", ESTRUCH, V., en Agricultura Familiar en España, año 2007.

29. Anuario Estadístico Agrario

30. Idem 18.

31. http://www.fao.org/es/esc/common/ecg/28189_es_bull2006.pdf

32. Idem 29.

33. Entrevista con Ximo Tirado y Doménec Nàcher el 3 de octubre de 2007.

34. "Los cítricos importados aumentan un 34%", en Periódico Mediterráneo, 12 de enero de 2006.

35. "El precio que recibe un agricultor por un kilo de naranja cae un 36% en 12 años", en El País, 15 de abril de 2007.

36. El estado de la agricultura en Marruecos. Elaborado con información procedente de publicaciones del ICEX (Insstituto de Comercio Exterior)

37. Intermón Oxfam

38. "Paco, otro agricultor que emigra a Marruecos", DE LA CAL, J.C., en El Mundo, 25 de septiembre de 2005.

* Investigador asociado de la Cátedra “Tierra Ciudadana – Fondation Charles Léopold Mayer”, de la Universitat Politècnica de València.

Autor del libro El parque de las hamacas.

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